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miércoles, 6 de marzo de 2019





Hoy primero os voy a contar un sueño. Estando en el hospital como acompañante de un ser muy querido mostré LAS HERMANAS ROMANOV, de Helen Rappaport a través de las historias de Instagram. Al poco de volver a casa escribí en Facebook lo que más abajo os reproduzco. Había soñado con Rasputín...

Estoy leyendo este libro y estoy tan obsesionada que no me deja en paz ni despierta ni dormida. Hace unas noches tuve un sueño de lo más inquietante y lo recuerdo con tal nitidez que todavía me produce escalofríos. Rara vez me acuerdo de los sueños, pero este sí ha sido uno de los elegidos y ha quedado indestructible... Hemos pasado unos días en el hospital y acostada en el "agradable" y "confortable" sillón de acompañante tenía enfrente una silla que estaba al lado de la ventana. Pues allí sentado, enfocado por la luna a su pesar, con su largo pelo lacio y grasiento, estaba Rasputín mirándome con esos ojos que no existen palabras en este mundo para describirlos que no sean traídas desde las profundidades más oscuras y misteriosas y volver temblando. ¡Qué miedo sentí! Cuando las brumas del sueño se alejaron, la silla quedó vacía, pero él seguía allí, su presencia llenaba la habitación. No quería volver a dormirme, pero en los hospitales se duerme tan mal y tan poco que enseguida caí de nuevo y ya no sé si permaneció en el cuarto observándome, tan quieto, desde la silla que por el miedo cada vez la sentía más cerca de mí. 

Estoy ya en casa y espero que no siga mirándome... Aunque teniendo en cuenta que todavía me quedan por leer bastantes páginas, temo que me visite de nuevo. Noooooo

Terminé el libro y he de decir con alivio que no volvió o por lo menos no lo recuerdo. Al principio interpreté este sueño como una pesadilla sin más, producto de la lectura del libro y del cansancio, sin embargo, según avanzaba en esta biografía, me quedé con otra interpretación. Cuando Rasputín acudía ante la llamada de los zares, como padres muy preocupados por su hijo Alexey y su dura enfermedad, siempre los tranquilizaba y les decía que se iba a recuperar. Ahora quiero pensar que encontró un camino a través del libro, saltó sobre mi obsesión por este trozo fascinante de la historia de Rusia y de algún modo me tranquilizó también a mí. 

La historia de los últimos zares de Rusia, de sus cuatro hijas y del que tendría que ser el heredero al trono, el pequeño Alexei es realmente fascinante, y la figura de Rasputín, que logró un lugar privilegiado entre ellos, todavía la hace más atrayente. Sabía que este libro me absorbería demasiado y que podría perder fácilmente la objetividad, por lo que volví a ver, para remediarlo en parte, la célebre secuencia de las escaleras de Odessa de la película EL ACORAZADO POTEMKIN, de Serguéi M. Eisenstein. Al encontrarme con el zar Nicolás II y con la zarina Alejandra Feodorovna, padres amorosos y entregados a su matrimonio y a sus hijos, no quería olvidar que como representantes de un sistema autocrático, obsoleto y condenado a desaparecer se habían resistido a los avances sociales que en otros países europeos ya estaban instaurados. Un pueblo empobrecido y más aún, hambriento, tras la guerra ruso-japonesa, no podía permanecer resignado y fiel mucho más tiempo al zar. La I Guerra Mundial empeoraría todavía más la situación y se precipitarían los acontecimientos. Claro, el cambio que se imponía les llevó a un nuevo régimen al parecer aún más terrorífico, pero eso ya es otra historia. Yo lo que pretendía es ordenar mis sentimientos, no olvidar mi compasión por ese pueblo y observar a esta familia desde una perspectiva justa, no mitificándolos ni colocándoles en una posición superior a esos pobres seres. Hubiera sido muy preferible que se acabara con un tipo de gobierno ya insostenible de otro modo, nunca el derramamiento de sangre debería ser el camino para nada, pero mi compasión debía estar junto a todos los que sufrieron, no solamente sentirlo por quienes tienen el foco sobre ellos. Hasta aquí mis precauciones con los zares, que creía necesarias, pero muy distinto era con las niñas y el niñito, ellos eran tan inocentes, estaban tan ajenos a la realidad del pueblo, que con ellos no me servía ninguna película. 

"Miré sus rostros vivaces, jóvenes y expresivos de forma algo indiscreta, y en esos dos o tres minutos aprendí algo que no olvidaré hasta el fin de mis días. Mis ojos se encontraron con los de esas tres desafortunadas jóvenes por un instante, y cuando mi mirada penetró hasta lo más hondo de sus torturadas almas, yo, un revolucionario probado, me sentí sobrecogido por un intenso sentimiento de pena".

Todos los que las conocían las estimaron. A través de estas páginas bien documentadas se erigieron ante mí con sus risas juveniles y sentí toda la pena inevitable por unos seres hermosos que nacieron con el destino truncado, en un momento de la historia tan convulso que tuvieron toda su vida, mientras florecían, la muerte rondándolas. Es imposible no sentir compasión por ellas. He mirado y remirado las fotografías que vienen en el libro, he vuelto una y otra vez al tocador lila de la zarina, hubiera querido coser la ropita de mis muñecas de ojos tristes junto a ella y sus hijas... El último día tan lejano en realidad en el tiempo me pareció leyendo que sucedía justo en ese momento y fue imposible detener la emoción. 

Libro fascinante, bien documentado, con hermosas fotografías y que te deja al acabarlo una gran sensación de añoranza de tan adentro de sus cuartos como entra. 

Texto y foto: Ana Martínez García. 

2 comentarios:

  1. Una reseña fantástica de una novela que no tardaré en leer gracias a ti.
    Un beso:)

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