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sábado, 21 de noviembre de 2020

BERLÍN ALEXANDERPLATZ 

de Alfred Döblin 


Walter Benjamin dijo que 'Berlín Alexanderplatz' era <<el más avanzado, vertiginoso, último y adelantado escalón del viejo Bildungsroman>>, pero también dijo Muschg que Döblin estaba, con algunos otros -Kafka, Musil, Barlach, Jahnn-, <<en las filas de los narradores que fueron despertados o fustigados por el expresionismo y forzaron en Alemania el derribo de las murallas de la tradición burguesa>>.


Franz Biberkopf sale de la cárcel después de cuatro años con el firme propósito de ser honrado. En el Berlín de 1928, en la Alexanderplatz, proletario, ex presidiario, hombre de proceder primitivo no lo va a tener nada fácil para lograr su propósito. Alejarse de antiguas amistades y subsistir trabajando sin delinquir le supondrá una lucha diaria y en ella los golpes de aquellos en quienes va a confiar pondrán a prueba su determinación, "...qué pasa con este hombre. Siempre tiene mala suerte". "Un hombre en cambio, tiene unos ojos, y en él hay muchas cosas, todas desordenadas; puede pensar un infierno de cosas y tiene que pensar (su cabeza es terrible) en lo que le va a ocurrir". 

Alfred Döblin en un collage de multitud de elementos nos presenta a un antihéroe en su batallar diario a la búsqueda -confusa en su sentir rudo y primario- por el significado de su vida siendo golpeado una y otra vez. Caerá y se volverá a levantar en un Berlín que es capital de la modernidad, en continua trasformación, donde las vanguardias nacen al son de la música en los cabaret; una sociedad que se mueve entre el hedonismo y una realidad de grandes desigualdades; el enorme desempleo genera desencanto, amargura y crispación en los ciudadanos, dando lugar a una inestabilidad social y política que con el tiempo acabaría desembocando en el ascenso al poder del nacismo. La violencia serpentea por las calles como un monstruo ciego y embestirá sobre las criaturas que encuentra a su paso. Los bajos fondos, la prostitución, la delincuencia, están a un paso, enfrente del proletario que se mantiene en el límite. 

El primer sentimiento que despierta Berlín Alexanderplatz es de desconcierto. La forma peculiar de narrar de Alfred Döblin cuesta al principio y la lectura es más lenta hasta que te acostumbras y entonces ya no puedes dejar de leerla y sin duda te das cuenta de que estás ante un libro realmente excepcional. En ella coloca un sinfín de componentes, con un cambio continuo de puntos de vista del narrador, sintiendo que es el propio Döblin que ahora se acerca, después se distancia o incluso interpela a Biberkopf y habla con él; se vale de diálogos, pensamientos, monólogo interior y hasta el subconsciente en una alternancia vertiginosa con fragmentos de coplas populares, descripción de carteles publicitarios, anuncios en los periódicos, etc, etc. Toda esta amalgama de un realismo expresionista resulta estimulante y una magnífica representación de la infinidad de sensaciones que se dan en una gran ciudad y sobre sus perdidas criaturas. No llega al grado de complejidad del Ulises, de Joyce con el que a menudo es comparada esta novela, y aunque tiene momentos en el que cuesta avanzar algo más en otros es absolutamente vertiginosa. Franz Biberkopf es un personaje que detestas, pero al que no puedes dejar de observar y seguir, el autor nos lo muestra de tal modo en su descarnada humanidad que acabas queriendo que logre su propósito.

Una gran obra de naturaleza didáctica y literariamente experimental que tuvo un extraordinario éxito cuando se publicó, pero que no le dio sin embargo a su autor el reconocimiento que sin duda merecía y hasta después de 1945 no comenzaría a posicionarse en el importante lugar que hoy ocupa: "... gozne en definitiva entre una tradición que acaba y otra que empieza, debe situarse seguramente la verdadera importancia de Berlín Alexanderplatz". 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

domingo, 8 de noviembre de 2020

2666

de Roberto Bolaño

- La parte de Fate

- La parte de los crímenes

- La parte de Archimboldi




LA PARTE DE FATE

En la tercera parte de 2666, Fate, periodista afroamericano que escribe sobre temas políticos y sociales, es enviado a Santa Teresa para cubrir un combate de boxeo en sustitución de un compañero que ha sido asesinado. Realizando su trabajo va a saber de los crímenes de mujeres y va a conocer a Rosa, la hija de Amalfitano. 

La urdimbre que Bolaño ha ido tejiendo en estas tres partes tiene un momento cumbre al final de la de Fate que te deja sobrecogida por lo que implica en la trama principal de la novela y por cómo lo orquesta el autor. En esta tercera parte la sensación de peligro va ir in crescendo hasta un desenlace en el que confluyen infinidad de filamentos sensoriales que el autor ha ido templando. Bolaño, si hubiera querido, hubiese podido terminar la novela en esta parte y, sin duda, ya sería una gran obra. Pero va más allá, porque en ella lo que nos viene a decir es que ese final satisfactorio con el que exhalas un suspiro de alivio ha sido un espejismo, que la pesadilla continua y en la siguiente parte te va a lanzar al mayor de los abismos. 

LA PARTE DE LOS CRÍMENES

Esta parte es una travesía por el infierno. Inevitable no tener presente a Dante. Son casi cuatrocientas páginas de horror. No voy a suavizarlas. Bolaño no se regodea, pero nos da la medida exacta con pasmosa sobriedad y de forma notarial de lo que allí sucedió. Y no sabes qué hacer con semejante realidad, te descose a tirones, a desgarrones. Tu concepción del mundo se desmorona. Es la maldad con mayúsculas. No hay alivio en esta parte. No lo hay porque si terribles son los crímenes, el descuido, la falta de interés, la desgana, la corrupción que arrastra a casi toda la policía es tal que no quedan nada más que muertes y más muertes. Pero no intentar agarraros a ese "casi", porque no sirve de nada o de apenas nada. Los pocos, poquísimos, que intentan hacer bien su trabajo, que les duele, que les preocupa, son de un modo u otro alejados de los casos, boicoteados, desanimados. Se pierden pruebas continuamente, no se observan con atención los lugares donde aparecen los cadáveres, si hay un policía que comienza a elaborar teorías, a seguir ciertas pistas que se repiten o parecen importantes, poco menos que se ríen de él. Esas mujeres, muchas unas niñas, no parecen importar a casi nadie. A sus familias, las que la tienen, pero las autoridades no les hacen ningún caso. Son pobres la mayoría, trabajadoras de las maquiladoras: "... en medio de la colonia La Preciada, como una pirámide de color melón, con su altar de los sacrificios oculto detrás de las chimeneas y dos enormes puertas de hangar por donde entraban los obreros y los camioneros". Hay un momento de chistes machistas contados por los propios policías que llamarlos vomitivos es quedarme muy corta. 

A qué se agarra el lector en semejante infierno, pues a lo único que brilla en el desierto de Sonora, manchada de sangre y arena, la Literatura de Roberto Bolaño, que se erige inmensa y es lo que te permite seguir y por lo que sigues. El mal, el horror del mundo y la literatura van paralelos en 2666, se entrecruzan, se fusionan a veces, hay momentos en los que no sabes distinguirlos. Es la búsqueda de la pepita de oro, la escapada de la pesadilla, los brazos extendidos en alguna parte, entre la muerte, el horror y las alucinaciones. 

LA PARTE DE ARCHIMBOLDI

A esta parte llegas exhausta después de la anterior. Aunque tiene momentos duros también, pero es ya muy diferente. Junto con la primera es con la que más disfruté. Si recordáis, en 'La parte de los críticos' estos persiguen la figura del escritor Benno von Archimboldi. Este no deja de estar presente en mayor o menor medida a lo largo de toda la novela y aquí por fin lo vamos a conocer. Desde su infancia -es un niño extraño-, adolescencia, su paso por la guerra, cómo descubre un cuaderno que va a ser decisivo para él como escritor... Su paso por la casa de campo de un barón, con una familia aristocrática decadente y muy particular; inolvidable la baronesa von Zumpe y el deleite que supone su aparición durante toda esta parte; ¡estará Drácula!... Muchísimas referencias literarias entrelazadas con las historias de los diferentes personajes. Esta parte es una novela en sí misma y en la que los nexos, como ocurría con las otras partes, son muy importantes y al ir reconociéndolos completaremos algunos círculos, mientras el texto se sigue bifurcando una y otra vez en diversos caminos por los que seguir adentrándonos. Esta parte es la gran recompensa de 2666, aunque emerjas de ella llena de cicatrices que dolerán siempre.

Se dice que 2666 es una novela inacabada. No es así exactamente. Roberto Bolaño, cuando ya la muerte le dijo que no esperaba más, la tenía terminada. Le podían quedar detalles por pulir, pero lo fundamental estaba. Es que no se puede terminar del todo algo así, es imposible. Pero después de casi mil doscientas página en las que te da tantísimo, en la última no te quedas con la sensación de algo incompleto. Quedan las respuestas que nunca se responden, como sucede en la propia vida a menudo, Pero la experiencia ha sido tan grande que no le haces ni un solo reproche y la terminas satisfecha y segura de que ha sido una gran lectura.

No sé si ya lo dije en mis textos anteriores sobre esta novela, si lo he dicho, lo reitero, y es que en todas esas páginas he sufrido lo indecible y he disfrutado mucho, pero ni en una sola me he aburrido. Ni en un párrafo siquiera. Cómo no mostrarme agradecida ante este escritor. Está en mi altar. Un altar imperfecto, pero el mío. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.


miércoles, 28 de octubre de 2020

EL CORAZÓN VERDADERO

de Sylvia Townsend Warner


En EL CORAZÓN VERDADERO, de Sylvia Townsend Warner, Sukey Bond, huérfana de dieciséis años que acaba de dejar el orfanato por el fin del período reglamentario de permanencia en este tipo de establecimientos, es enviada para trabajar en una granja de Esses. Allí conoce a un muchacho muy peculiar del que se enamora. Pero a Eric todos lo consideran un ser que no es como lo demás, que algo no va bien en él, por lo que su relación es contemplada como un imposible y los separan al poco de conocerse. Sukey es muy ingenua, de sentimientos puros y de una confianza en la mayoría de sus congéneres todavía no quebrada por la experiencia, que con una determinación digna de admiración toma la decisión de luchar por estar junto al ser amado, ignorando lo que otros piensen sobre él.

Sylvia Townsend Warner, nacida a finales del siglo XIX, musicóloga, novelista y poeta, se inspiró para escribir esta novela en la historia de Cupido y Psique, recogida en EL ASNO DE ORO, de Apuleyo y la ambientó en plena época victoriana. Para los que no conozcáis esta historia que nos dejó el escritor romano, os hago un pequeño resumen. Psique, representación del alma en forma de divinidad griega, es tan hermosa que la propia Afrodita celosa de su belleza envía a su hijo Eros (Cupido) para que le lance una de sus flechas y se enamore de alguien de fea apariencia y de malos sentimientos. Sin embargo, es Eros el que cae rendido de amor por Psique y se la lleva a su palacio. Es una historia de amor preciosa que en parte reconoces en la novela de la que hoy os hablo. Claro, no exactamente. Pero es bonito buscar las similitudes.

Cuando salió este libro me lancé a él de inmediato sobre todo por esta historia de la que os he hablado y la comencé con muchísima ilusión. Siento decir que el interés se me fue quedando en las manos, ahí exangüe y casi agonizante. Estuve a punto de dejármelo en la página cincuenta más o menos. Sukey me parecía demasiado ingenua y no terminaba de sentirme interesada por lo que tenía que contarnos. Pero las descripciones del paisaje y de las costumbres victorianas me parecían muy bonitas y me retenían. Decidí proseguir y mejora en la parte central bastante, tiene unas páginas que las disfruté mucho. Ella es tan cándida, tiene tan poca experiencia en la vida que en su viaje para buscar al muchacho se dan una serie de mal entendidos muy divertidos. Me quedo en especial con su encuentro con un vagabundo y cuando acude a buscar trabajo en una casa de lenocinio, sin imaginar ni por un solo instante a lo que se dedican allí. Peeero, vuelve a decaer en la última parte. Ya a esas alturas no me la iba a dejar y la terminé aburrida como una mona, quedándome de nuevo tan solo por las descripciones. La trama es demasiado simple. Uno de los fallos principales que le he encontrado, es que resuelve las situaciones complicadas demasiado rápido y hasta de un modo brusco, algunas muy importante resultan bastante inverosímiles. Además con recursos un tanto facilones. No entro en detalles por no destripar demasiado. 

A ver. No tenéis que hacerme caso a mí. Creo que puede ser un libro que guste a otros lectores. La autora escribe bien. Yo venía de la enormidad literaria que es 2666, de Roberto Bolaño y de Stefan Zweig, además con un libro con una historia muy especial para mí por lo que ya os conté. El argumento se me quedaba aquí muy corto en comparación. Pero leída en Navidad, por ejemplo, se me ocurre que puede resultar una historia sencilla muy bonita. En este mundo tan cínico, en el que ya parece que no creemos en casi nada, es reconfortante dejarse fuera el propio descontento y seguir a Sukey, que es toda inocencia, pureza y bondad. Cómo no se deja convencer por lo que piensan los demás, ni arrastrar por sus prejuicios de todo tipo y sigue su viaje sin decaer su amor en ningún momento es algo muy destacable y para estimarlo. Por lo que si os llama la atención, olvidar lo que os cuento. Era imposible que pudiera competir con los libros que yo acababa de terminar. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

jueves, 15 de octubre de 2020

LA EMBRIAGUEZ DE LA METAMORFOSIS

 de Stefan Zweig


Llevo años buscando la historia que en este libro nos relató Stefan Zweig sin saber que le pertenecía. Siendo muy joven vi una madrugada en la 2 de rtve una pequeña serie de dos capítulos que me impactó muchísimo. No percatándome en ese momento de que su recuerdo quedaría atrapado en mi memoria para de forma persistente asomar la cabecita cada cierto tiempo, no me fijé entonces ni en el título, ni en el nombre de los actores, ni si estaba basada en un libro; no me quedé con ningún dato que me sirviera después para quizás poder localizarla y verla de nuevo, solo su argumento quedó perfecto en mí, como si una y otra vez hubiese vuelto a ver la serie la noche anterior. Cuando su recuerdo comenzó a ser recurrente en cada establecimiento que entraba la buscaba y traté de encontrarla, cómo no, por Internet, pero con tan pocos datos nunca di con ella. No podéis imaginaros cuánto la he buscado. Cuando ya casi había perdido la esperanza de encontrarla, hace un par de semana me topé con ella aquí en Instagram, si no con la serie, sí con la historia. ¡Por fin! Y estaba tan asombrosamente cerca...

El veintiuno de septiembre veo que Rocío de @librosylibrosylibros nos habla de La embriaguez de la metamorfosis y antes de pararme a leer lo que nos tenía que decir sobre esta lectura, pensé: "qué raro, con un título tan bonito y lo mucho que me gusta Stefan Zweig, que nunca me haya fijado en este libro". Pues bien, en cuanto comencé a leer el texto me quedé boquiabierta, ya que era, sin ninguna duda, la historia que tantos años llevo buscando. De inmediato me fui a comprar el libro. También, cómo no, por enésima vez traté de dar con la serie, pero esta vez con con más información. Y sí que la encontré, pero en alemán. Al parecer hay una versión en español, que debió ser la que vi entonces, pero no he dado con ella. No importa, leer el libro ha sido como sonreírle a mi otro yo, a la que una madrugada conoció una historia que se le quedaría cosida a los recuerdos y que tantas veces le tiraría de las costuras. Y lo más importante es lo que nos cuenta Zweig y cómo nos lo cuenta. La mayoría de las veces el libro es la pieza más valiosa.

Es una historia triste como una certeza absoluta sobre la vida que nunca se podrá rebatir. Uno coge su certeza y se la guarda como un gran hallazgo y sin embargó se posará sobre su ánimo tan pesada y húmeda como una gotera que se convertirá en riada con el paso del tiempo y lo arrasará todo.

Hay libros en los que llueve sin parar sobre un techo de vigas carcomidas. Ni el aire puro ni las flores frescas que se pongan en los botes de hojalata detendrá la podredumbre. Hay un transcurrir monótono, plomizo, de una rutina en la pobreza que detiene las ilusiones, convierte en muecas las sonrisas y el futuro se oculta tras una nebulosa cada vez más densa y asfixiante del que más se anhela escapar que alcanzarlo.  

Así encontramos a Christine, con los ojos apagados por el desánimo y la monotonía. Lleva una existencia gris en un pequeño pueblo, Klein-Reifling, Austria. Su día a día transcurre cuidando a su madre enferma y con un trabajo que odia como ayudante de correos. Lleva en su rostro el rictus de la escasez, de contar cada céntimo, de vivir una rutina que ahoga su naturaleza bajo una niebla que le cala el ánimo, el sentir e incluso el respirar. Tan solo las veladas junto al maestro del pueblo en que les lee a la madre y a la hija, apenas dibujan una finísima grieta de luz en sus existencias. Hasta que un día llega una carta que como una inesperado truco de la naturaleza pondrá en marcha una metamorfosis que quedó inacabada por la guerra y el infortunio, de la pobre Christine, polilla olvidada hasta de sí misma, y surgirá entonces una preciosa mariposa. Como un cuento de la cenicienta que se vivirá en Viena, en un gran hotel...

Las historias que nos pertenecen darán con el modo de encontrarnos. Qué alegría cuando el encuentro se produce. Esta vez ha sido de la mano de otra lectora, Rocío, y es enorme mi agradecimiento. La magia está en los libros y en quienes creen en ella. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.


martes, 6 de octubre de 2020

 

~2666~

LA PARTE DE AMALFITANO

de Roberto Bolaño


En algún momento de la cena Amalfitano creyó notar un cruce de miradas más bien turbio entre el rector y su mujer. En los ojos de ella percibió algo que podría asemejarse al odio. La cara del rector, por el contrario, manifestó un miedo súbito que duró lo que dura el aleteo de una mariposa. Pero Amalfitano lo notó y por un instante (el segundo aleteo) el miedo del rector estuvo a punto de rozarle también a él la piel. Cuando se recuperó y miró a los demás comensales se dio cuenta de que nadie había percibido esa mínima sombra como un hoyo cavado aprisa y de donde se desprendía una fetidez alarmante. 

En esta segunda parte de 2666, de Roberto Bolaño, el personaje central es el chileno Amalfitano, profesor universitario en Santa Teresa. Recordemos: Santa Teresa es la ciudad inventada por Bolaño que representaría Ciudad Juárez en Mexico. Escenario de terribles asesinatos contra cientos de mujeres. Amalfitano también es un experto en Benno von Archimboldi, aunque algo menos apasionado que los cuatro críticos de la primera parte. Está en esta ciudad con su hija Rosa y se pregunta a menudo qué le ha llevado a vivir allí, pudiendo trabajar en otros lugares. 

Esta parte es la más enigmática y un tanto críptica. Se nombran numerosos filósofos en un curioso juego o ejercicio del propio Amalfitano que establece a través de él conexiones importantes con la primera parte del libro y también según avance el texto algunas otras con la tercera. Principalmente lo que recorre toda la narración es el miedo que siente por su hija Rosa en esta ciudad que con lo que está sucediendo no parece que sea el lugar más conveniente para ella. El miedo se irá apoderando hasta tal punto del padre que temerá volverse loco. La especie de náusea, alucinación o sensación de dimensión paralela que sufre por su preocupación nos hará dudar en efecto de su cordura, aunque cualquier padre lo podría entender y sus temores acaban impregnando toda la lectura. Al fondo de su miedo un misterioso libro se establecerá como símbolo de lo inexplicable, de la cualidad de otro mundo o de submundo que posee Santa Teresa. 

En la parte de Amalfitano el lector siente que debe estar más atento que en la primera y es dónde Bolaño suele descolocar a quien no esté familiarizado con su modo de escribir y creía que el libro iba de la inocente investigación sin más de cuatro amigos sobre un escritor. Ahora no sabe qué ha ocurrido y se puede sentir más perdido. Sin embargo, si el tremendo agarre que se produce en la primera parte continúa, se deja atrapar en el estado de pesadilla de Amalfitano, al llegar al momento cumbre que va a alcanzar en la tercera será consciente de la enorme altura de este escritor y cómo articula de un modo asombroso la historia en diferentes partes interconectadas y como entrelaza otras con ramificaciones infinitas, pero sin extraviar en ningún momento la raíz principal.  La diferentes sensaciones se irán superponiendo, plenitud, desasosiego, angustia, miedo, asombro, admiración, emoción... El libro en tus manos se va convirtiendo en una construcción inmensa con innumerables puertas que se abren y se cierran, personajes que viene y van o nunca más aparecerán. Una construcción que representa el mal absoluto sin razones, sin justificaciones, un mal desnudo, untuoso, instalado en el centro mismo de la náusea; o la gran posibilidad de abrir las ventanas y ventilar o saltar y romperte la crisma o enloquecer de una vez o sentir que solo algo importa: la Literatura con mayúsculas.  

Continuará... 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

miércoles, 30 de septiembre de 2020


~2666~

LA PARTE DE LOS CRÍTICOS

de Roberto Bolaño 


    ...la figura de cuatro ángulos que componían los archimboldianos era impenetrable y también, a esa hora de la noche, susceptible de volverse violentamente contra cualquier injerencia ajena. Al final siempre quedaban ellos cuatro caminando por las calles de Avignon con la misma despreocupada felicidad con que habían caminado por las renegridas y funcionariales calles de Bremen y como caminarían por las variopintas calles que el futuro les tenía reservadas, Morini empuaJdo por Norton, con Pelletier a su izquierda y Espinoza a su derecha, o Pelletier empujando la silla de ruedas de Morini, con Espinoza a su izquierda y Norton, delante de ellos, caminando hacia atrás y riéndose con la plenitud de sus veintiséis años, una risa magnífica que ellos no tardaron en imitar aunque ciertamente hubieran preferido no reírse y sólo mirarla, o bien los cuatro alineados y detenidos junto al murete de un río historiado, es decir de un río que ya no era salvaje, hablando de su obsesión alemana sin interrumpirse entre ellos, ejerciendo y degustando la inteligencia del otro, con largos intervalos de silencio que ni siquiera la lluvia podía alterar.

 Dada la magnitud de 2666, de Roberto Bolaño y ya que está articulada en cinco partes, voy a dividir la reseña en tantos textos como partes tiene. 

Este primer texto corresponde a LA PARTE DE LOS CRÍTICOS:

Los cuatro críticos literarios, el francés Jean-Claude Pelletier, el italiano Piero Morini, el español Manuel Espinoza y la inglesa Liz Norton, tienen en común el gran interés que sienten por un escritor alemán de éxito irregular, Benno von Archimboldi. Los cuatro se van a conocer en uno de tantos congresos sobre literatura alemana a los que acuden y lo que comienza por un mismo interés profesional los acaba convirtiendo en grandes amigos.  

Las investigaciones de los críticos sobre Archimboldi les llevan a dar siempre con la misma barrera infranqueable al tratarse de un escritor muy oculto y desconocido. Apenas se sabe nada de su vida, se desconoce su paradero y prácticamente solo disponen de su obra para el desarrollo de sus trabajos sobre él. En uno de los muchos congresos en los que se encuentran van a dar con una pista que parece más fiable y que les llevará hasta Santa Teresa -ciudad inventada por Bolaño que representa Ciudad Juárez-, en Mexico. Allí sabrán de los numerosos asesinatos de mujeres en Sonora, estado de Santa Teresa.

Antes de proseguir os voy a confesar que es imposible que yo logre transmitiros ni mínimamente lo grande que es esta novela y no estoy hablando de sus más de mil páginas. Es lo de menos. No puedo ni siquiera escribir estas palabras sin dejar de notar un nudo en la garganta por la emoción. Es tan grande, literariamente hablando, es tan hermosa y tan dura y dolorosa a la vez, que me siento incapaz de hacerle justicia como merece. Es ese tipo de novelas de las que no vuelves igual. Desde un punto de vista literario siento que he regresado mejor, enriquecida; desde el humano, he vuelto rota. 

Por qué te rompe esta novela. Porque Roberto Bolaño tres años antes de morir, con la muerte metiéndole prisa, les rinde tributo a las cientos de mujeres que fueron violadas, torturadas y asesinadas en Ciudad Juárez y que durante mucho tiempo pareció que no importaban a casi nadie. Les erige un monumento literario de enorme importancia. Mezcla ficción y realidad y con su descomunal talento les hace una ofrenda de conmiseración en una bellísima urdimbre literaria.

Aquí en esta primera parte, la de los críticos, se enteran de estos crímenes estando en Santa Teresa, pero no los vamos a conocer todavía. Según avanza la novela iremos teniendo más datos sobre ellos hasta llegar a la cuarta parte, la de los crímenes, que es la más dura y de la que ya hablaré en su momento. Antes de llegar a Santa Teresa además de la amistad que se va fraguando entre los cuatro críticos y sus investigaciones sobre Archimboldi hay historias de amor, de sexo y otras muchas narraciones que les llegan a ellos o se les entrecruzan y nos serán relatadas. Hay abundancia de personajes. Os aconsejo que os hagáis una lista. Unos no volverán a salir, otros volverán en las otras partes o aunque no salgan se establecerá con ellos alguna conexión clave en la novela. 

Lo más destacable de esta parte, aunque todo es una maravilla, es cuando llegan a Santa Teresa y Bolaño te transmite de un modo casi palpable, pero de un modo sutil, que esta ciudad es un lugar diferente, como de otro mundo. Y es como un cambio del propio aire, como si la capa atmosférica sufriera una modificación sustancial y entrara en otra dimensión. Hay un momento en el que los críticos tienen unos sueños en sus cuartos que en sí mismos ya son unos relatos magníficos, inquietantes, alguno casi aterrador. Pero es que en el significado que adquieren en el conjunto de la novela es una genialidad. 

La prosa de Bolaño al pronto no es intrincada o es engañosamente sencilla y es muy adictiva porque todo el tiempo sientes que está pasando algo fundamental o que va a pasar. Da bastantes datos, se entrecruzan muchas historias, hay numerosas referencias literarias, filosóficas e históricas. Y siempre parece que si te dejas un dato te vas a perder más adelante. No tiene por qué suceder. Hay conexiones más importantes que otras y si las olvidas o no las tienen en cuenta no te pierdes, pero disfrutarás menos de la novela, desde luego. 

Dicho todo lo anterior, 2666 es una obra que no voy a aconsejar a nadie que la lea. No quiero esa responsabilidad. Me explico. Algo tan grande cada lector tiene que decidirlo por sí mismo. Sí os digo que en mi humilde opinión es una obra muy buena, muy importante, desde su valor literario de una influencia enorme, que ya se ha ido viendo y que se irá viendo aún más según pase el tiempo. Es una novela que rompe con lo que había, Bolaño es un innovador y explora diferentes modos de narrar no explorados. 

Texto y foto: Ana Martínez García.

miércoles, 9 de septiembre de 2020


EL MAGO DE LUBLIN

 de Isaac Bashevis Singer


La quietud de la muerte se cernía sobre el apartamento, una quietud que parecía llena de gritos reprimidos. Pero en el exterior aún se escuchaban murmullos y susurros. Yasha permanecía en pie en el centro de la habitación, mirando por la ventana el azul pálido del cielo por donde se elevaba, volando, un pájaro. De pronto oyó música. Un músico callejero había entrado en el patio y tocaba una vieja melodía polaca, la balada de una muchacha que había sido abandonada por su amante. Los chiquillos se agrupaban en torno del músico y, aunque pareciera extraño, se sintió agradecido a aquel organillero. Su tonada había hecho desaparecer el silencio de la muerte.


Yasha Mazur, conocido como el mago de Lublin, es un judío polaco que ha renegado en parte de su religión, lleva tiempo que no sigue sus preceptos, no acude a la sinagoga e incluso se enorgullece de tener sus particulares opiniones sobre Dios. Su profesión, además, le permite viajar continuamente de aquí para allá en su carromato, con su ayudante Magda, un mono, un cuervo y un loro, y llevar una vida de libertino teniendo una amante casi en cada lugar en el que actúa con el mayor de los desprecios hacia su matrimonio con Esther. 

Yasha Mazur, es en verdad un gran mago que ha alcanzado cierta celebridad en los teatros de Varsovia.  Es capaz de abrir cualquier tipo de cerradura, hay, de hecho, quien durante meses se dedica a construir complicados mecanismos para ponerlo a prueba y siempre sale airoso; realiza peligrosas acrobacias sobre una cuerda; practica la hipnosis, y muestra una destreza con los naipes que asombra donde quiera que vaya. Su profesión lo es todo para él y aparentemente durante mucho tiempo ha llevado esta vida sin preocuparse de si estaba bien o mal o si dañaba a los demás. Es amable y cariñoso con las mujeres con las que se relaciona, pero no se compromete con ninguna, ya que no oculta que está casado y de hecho siempre acaba volviendo con su mujer Esther. Pero esta siente que pese a llevar veinte años casados, su marido sigue siendo un misterio para ella y que nunca llegará a entender sus complejidades. Y es que Yasha lo mismo se muestra como un niño alegre y divertido que acto seguido se deja llevar por una inexplicable melancolía. Será la aparición de Emilia, viuda católica con una hija, quien lo convence de que está desperdiciando su talento en la provinciana Varsovia y que en otras ciudades de Europa tendría la fama y la gloria que merece. Le exigirá que lo deje todo y que juntos se marchen de Polonia. Pero para el viaje y los primeros meses necesitarán una gran cantidad de dinero y la única forma de conseguirlo precisará que deje atrás sus escrúpulos y dar un paso para el que no habrá vuelta atrás. Esta mujer, de posición elevada venida a menos, que en cierto modo lo desprecia, le causa tal impresión y tiene tal poder sobre él que lo colocará al borde del abismo, sumiéndolo en una lucha interior entre el bien y el mal. Las dudas que le surgen le harán mirar su vida con detenimiento y reflexionar sobre su proceder hasta ese momento. 

EL MAGO DE LUBLIN, del Premio Nobel de Literatura en 1978, Isaac Bashevis Singer, está considerada la novela más importante de la literatura yidis. Pero como suele suceder con los grandes escritores, los temas suscritos a un determinado grupo social o a una religión se convierten en universales en sus manos. La crisis existencial y religiosa que sufre Yasha, su bajada a los infiernos, no le resultará indiferente a toda persona que ha recapacitado alguna vez sobre su proceder con los demás y consigo mismo en su modo de vivir. Las grandes preguntas y preocupaciones vitales nos son comunes a todos. 

Es una novela muy bien narrada, ambientada en Polonia, en el siglo XIX, que nos permite seguir la evolución psicológica y los planteamientos metafísicos de su protagonista con gran interés y disfrutar a la par de sus habilidades como ilusionista, hasta llegar a un punto culminante donde la realidad adquiere tintes sobrenaturales. La descripciones son muy bellas, de la naturaleza, muy tiernas con los animales, de la ciudad, la evocadora luz de las farolas de gas... Después el cambio que se opera en Yasha admite diferentes interpretaciones. Una de ellas, es que pese a ser un redomado mujeriego, no conoce a las mujeres en absoluto. Es aquí donde la novela me ha resultado más insatisfactoria, pues al darnos su parecer sobre ellas, en su modo de verlas, ninguna te resulta atrayente, las vemos a través de sus ojos poco halagüeños y pese al cariño que les muestra, nos aparecen como interesadas, muy dependientes y con poco mundo interior. Que es importante para el desenlace que nos las muestre así, desde su impreciso punto de vista, pero aun así, eché de menos ver a alguna de ella un poco más allá. Lo que no impide que merezca la pena su lectura por otras muchas razones. 

Lo cierto es que hacía tiempo que tenía curiosidad por este escritor y repetiré con él, desde luego. Pero antes quiero leer a su hermana, la también escritora, Esther Singer Kreitman, con la que al parecer tuvo una relación difícil. Creo que hay algunos títulos traducidos al español. A ver qué puedo encontrar. Singer se inspiró en ella para crear su inolvidable personaje Yentl, de uno de sus cuentos y de una obra de teatro en los que se basó Barbra Streisand para el musical homónimo dirigido e interpretado por ella misma. Magnífico musical, en el que su protagonista se viste de hombre para poder estudiar en la escuela Talmúdica, prohibida a las mujeres. 

Texto y foto: Ana Martínez García.