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jueves, 6 de junio de 2019



Conocí TRILBY, de George du Maurier a través de El mago, de John Fowles. Tras investigar un poco de inmediato sentí una gran curiosidad por su trama y el interés se agudizó aún más al saber del enorme éxito que tuvo cuando se publicó en la última década de la época victoriana. Fue tanta la fascinación de los lectores por esta novela que se habló de la "Trilbymanía". En el postfacio de esta edición de Funanbulista escrito por Max Lacruz Bassols, nos da, además, el dato curioso de que el autor, en realidad caricaturista e ilustrador, se la ofreció a su buen amigo Henry James y que este la rechazó, aduciendo que era un regalo demasiado generoso y que debía escribirla la propia persona que la había ingeniado.

Tras leerla me encuentro dividida. No me ha parecido una buena novela. Se nota demasiado la inexperiencia del autor y resulta un texto un tanto inconexo, ingenuo a menudo y tiene unos personajes estereotipados con los que no logras ni empatizar ni sentirte demasiado atraída y en los que a menudo el discurso es incoherente con lo que realmente parecen ser. Se translucen unos pensamientos del autor más avanzados, que necesitara mostrarlos, pero se frena y no se atreve a ir demasiado lejos y da pasos adelante, para enseguida volver al redil de nuevo. Aun así, para la época, fue una novela que al lector inglés impactó y deleitó. Ese mundo de artistas, de bajos fondos, con personajes de "mal vivir", mujeres "perdidas" y una trama basada en la hipnosis que atraía muchísimo en esos años, la convirtió en una obra muy leída.  

Dicho lo anterior, y aunque parezca lo contrario, me ha merecido la pena leerla y en algunos momentos la he disfrutado verdaderamente. George du Maurier desarrolla, en efecto, una trama tan simple que con unas cincuenta páginas o menos, tal y como la trata, le hubieran bastado. Hasta más allá de la mitad del libro no se centra en ella. Pero el resto del tiempo se dedica a describir la vida bohemia de París a finales del siglo XIX y es lo que para mí salva el libro. Tuve una época en la que me obsesionaba viajar en el tiempo hasta la ciudad de la luz, al Barrio Latino, Montmartre, en resumen a la margen izquierda; subir a las buhardillas de artistas y conocer a pintores y escritores, grisetas y modelos e inconformistas que odiaban y huían de una vida encorsetada. Buscaba libros, películas, cuadros y fotografías que me llevaran hasta allí y cuando daba con ellos los leía o visionaba una y otra vez. En este sentido me ha gustado mucho y me ha sido amena la lectura. Sí, es verdad que es una historia que se regodea en los tópicos, de bohemios de buen corazón, con un malvado, cómo no, una damisela de dudosa reputación, pero de inmenso corazón y una trama atrayente que bien desarrollada se le hubiera podido sacar mucho más partido y que te deja muy a medias. Y el final es un auténtico horror, pues una Trilby que se la dibuja al principio muy interesante, moderna, acaba siendo una caricatura de la griseta que arrepentida por amor poco menos que están a punto de canonizarla y todos quedan obnubilados por su luz de santidad. Pero, como decía, luego también tiene toda esa parte de descripciones de lugares emblemáticos de París, de asomarnos a través de las ventanas de las buhardillas y las escuelas de arte y ver un mundo fascinante, entre real e inventado, que me ha gustado mucho. Adolece de lo que adolecen muchas novelas hoy en día, como puede ser mucha documentación histórica, diversos datos entre medias, echar mano de la propia biografía y que no se mezcle bien con la ficción, divagaciones que no siempre tienen sentido ni razón de ser y quedan, ahí arrinconadas, una trama y un valor literario mínimos. Es una novela de más de cuatrocientas páginas con mucho relleno. Digamos que la carne está cruda y el relleno delicioso. 

No la recomiendo a quien busque una buena novela decimonónica bien trazada, redonda, con grandes personajes. Para los que la trama sea lo principal ni acercaros. Pero, para aquellos que como a mí este mundo os haya atraído u os atrae, nostálgicos de aquel París de finales del siglo XIX, podréis encontrar provechosa vuestra lectura y disfrutarla en una buena parte. Se lee bien, en especial la primera mitad del libro, las referencias musicales, literarias, pictóricas son una auténtica gozada y las ilustraciones del propio autor son muy bonitas. Si no os decidís a leerlo, al menos investigar sobre todo lo que rodeó a la publicación de este libro, pues es muy interesante. Y en su relación con Henry James  y abuelo de Daphne du Maurier y de los niños que inspiraron Peter Pan, pues también os puede resultar muy atrayente y os apetezca conocer más de este artista. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

jueves, 23 de mayo de 2019



No había que burlarse de los muertos. Sobre todo, no había que provocar a los fantasmas.

Desde aquella sesión de manicura, no me interesaba en absoluto convertirme en una jovencita. Miraba el suelo apisonado por el peso de mi cuerpo repitiéndome que no quería sujetador, ni medias de nailon , ni laca de uñas, ni sangre entre las piernas. Quería árboles para trepar, quería mis mocasines llenos de barro, que corren cien veces más que los zapatos nuevos y que las sandalias de adolescente. Y, sobre todo, no quería aceptar que lo que hasta ahora me había empujado a saltar de la cama cada mañana acabaría importándome muy poco, mientras que la vida continuaría sin mí. Me dolía demasiado pensar que la vejez me lijaría las mañanas, dejando serrín de madera nueva en la puerta de la habitación.

BONDRÉE LA FRONTERA DEL BOSQUE, de Andrée A. Michaud.


Se pueden erigir furiosos los fantasmas ante los intrusos que entren sin ser invitados, invadiendo los lugares sagrados, donde un dolor invisible, pero todavía latente, continúa reclamando su altar.  

Bondrée es un lugar de veraneo rodeado de bosques donde las familias despojadas de responsabilidades y prisas, disfrutan de sus vacaciones sordos y ciegos a los insistentes avisos de peligro inminente que la naturaleza que los rodea intenta transmitirles; el idioma de los árboles hace siglos que los hombres lo olvidamos. Necesitarían, arropados por el tiempo laxo y de una sensación de vida sin más sobresaltos que los raspones en las rodillas de los niños, de una prueba más contundente. Y así, la desaparición de la joven Zaza Mulligan los sorprende dormitando al sol, en medio de una canción; los gritos de terror por un momento se cuelan entre las risas, entre el propio griterío de los veraneantes. Y entonces, alguien baja la música y el verano acaba de golpe, con el ruido espantoso de una trampa de animales que asoma en la tierra -¿olvidada?- su rostro atroz.

Bondrée la frontera del bosque es un thriller muy bien trazado, con un desarrollo sin altibajos que impide que decaiga el interés y un final que sorprende, bien cerrado y que no decepciona. 

Quienes le pedimos a este género que sea algo más que una trama bien urdida, no nos sentimos defraudados con Andrée A. Michaud, destacando sus descripciones del bosque, escenario de los crímenes, que lo muestran en toda su belleza y misterio, con una atmósfera inquietante, entre irreal y tangible, y la psicología de los personajes, reflejando con precisión los cambios profundos y permanentes que se producen en las personas ante la presencia de la crueldad humana.

Mencionar, por último, a dos personajes de los que quisieras seguir sabiendo tras cerrar la novela. El hombre de los libros: "Los libros nunca te hieren, por eso los había elegido" y una niña inteligente y muy especial a la que vemos dejar atrás la niñez antes de tiempo, tras la aparición de un miedo diferente y la pérdida irreparable de esa sensación de seguridad, de arropamiento que se siente en la infancia en el entorno familiar. La vida ya no será esperar los largos veranos, meter tesoros en su caja de hojalata y el futuro que parecía no significar demasiado será una nebulosa de la que estar pendiente con el temor de no saber que se esconde tras ella. 

Este es uno de los libros que me tocaron en el sorteo de Alianza Editorial y aunque no me ha enamorado tanto como "Hermano", de David Chariandy, he disfrutado de su lectura y en ningún momento se me hizo pesada y mucho menos aburrida. Se lee muy bien y con un final bien rematado, que para mí es muy importante en este tipo de libros. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

lunes, 13 de mayo de 2019

...conozco un lugar, de hecho, donde toda una colonia de literatos fue víctima de un demonio particularmente emprendedor.

La gente, sin embargo, confunde a menudo el talento literario con la integridad moral. Tiende a medir su propia existencia con el metro de la literatura más banal, esa en la que se exaltan los valores positivos, donde todo se resuelve en función del bien colectivo, en la que los malvados pierden y el bien triunfa. Pero si todo fuera tan sencillo yo no estaría aquí contando esta historia.

UN ASUNTO DEL DIABLO, de Paolo Maurensig.


El escritor italiano Paolo Maurensig en Un asunto del diablo elabora una sátira vestida de thriller sobre cómo el deseo de trascender a través de la escritura puede apoderarse de todo un pueblo y propiciar que el mismísimo diablo, adoptando la figura de un importante editor, haga de las suyas. Tan solo un extraño sacerdote sabrá de su existencia y tratará de detenerlo. 

Si extrapolamos lo que sucede en este pequeño pueblo, en el que todos se vuelven locos por publicar, a la actualidad en la que son numerosos los que creen -o creemos ja,ja,ja- llevar dentro un escritor en potencia, nos damos cuenta de que estamos ante una novela que de un modo muy ingenioso reclama cierta depuración del oficio de escritor y se burla de la arrogancia de tantos que ante la accesibilidad de las sencillas herramientas de escritura confunden vanidad con talento. En este pueblo sus habitantes con tal de ver sus escritos publicados o ganar un concurso literario serán capaces de amordazar su dignidad y sentido común y libres de las protestas de éstas "aguafiestas" caer en el esperpento e incluso en lo delictivo. Así vemos a menudo escritores o aspirantes a escritores que en las redes pueden llegar a comportamientos que van más allá de la legítima promoción de su trabajo que nos producen un poco de vergüenza ajena. 

Por medio de una trama ingeniosa, desarrollada con agilidad, que nos despierta el interés desde el principio y un desenlace que no está nada mal, el autor pretende aportarnos algo más importante que la mera resolución de un misterio y nos invita a la reflexión sobre el abanico de vanidades que airean la parte menos bonita de la comunidad literaria. Y así como a menudo los thrillers nos impelen a leer demasiado rápido y a no fijarnos en detalles que nos parezcan superfluos para el esclarecimiento de un crimen, en esta inteligente novela se disfruta de toda la lectura y no se desecha nada. Se lee con gusto y te deja con ganas de repetir con este escritor. 

Además, si os fijáis en la bonita portada del libro hay un precioso zorro. No está ahí por mero adorno. Este animal es muy importante en la novela. El autor aprovecha su simbología para aportarle un plus inquietante a la trama y dotarla de un mayor significado. Deciros que a medida que iba leyendo sentía más y más curiosidad por este animal e investigando descubrí numerosos detalles muy curiosos en interesantes sobre él. Además, como dato anecdótico, averigüe que dependiendo de nuestra fecha de nacimiento tenemos un animal espiritual y me coincidió que es el zorro, precisamente, el mío. Si leéis esta novela, no dejéis de lado la simbología de estos bellos e inteligentes animales, ya que enriquecerán vuestra lectura. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

domingo, 5 de mayo de 2019



El jardín literario pudo actuar como aliciente, en mi caso, a una edad muy temprana, mientras leía con ese ensimismamiento tan único -y por siempre irrecuperable- propio de la lectura de la infancia, cuando un mundo ficticio invade el real y una ya no sabe distinguir cuál es cuál.

Un jardín, y la jardinería como actividad, eran tan terrenalmente reales para Virginia Woolf como para cualquier persona; pero, en sus obras de ficción, jardines y plantas son manipulados, reinventados, sometidos al propósito del discurso narrativo en cuestión. Esto sucede una y otra vez, como veremos, a manos de distintos escritores; el jardín de ficción estará enraizado en la experiencia personal del autor, pero en el papel se convierte en una metáfora. 


Hay libros que llegan para regalarte el silencio. Un silencio de vientos que llevan meciendo las flores, plantas y árboles de los jardines desde tiempos inmemoriales, desde el primer jardín del Edén. Que te piden que pares y sientas, que aplastes los relojes bajo tu anhelo de paz, que vuelvas a pasear con los sentidos entregados. Hay libros que llegan para quedarse a tu lado y ser lectura y catálogo de vida. 

 
     
Algunos de los libros citados.
Vida en el jardín, de Penelope Lively es un libro que me enamoró de inmediato desde su bella portada, pero no siendo partidaria de flores sin aroma no fue hasta adentrarme entre sus páginas que estuve segura de que me aguardaba un paraíso de fragancias deliciosas que me han acompañado desde la primera a la última página. Y del aroma de las flores con la mezcla del de los libros y de la pintura de los cuadros ha resultado una fórmula realmente embriagadora y un absoluto disfrute para los sentidos. La autora repasa los jardines de su vida, tanto reales como literarios y artísticos. De lo que han significado para ella y para diferentes escritores y artistas que también fueron jardineros de pala y rastrillo y de pluma y pincel. Cómo se han relacionado con sus jardines y cómo los han llevado a sus obras. Nos va a llevar a visitar -y qué placer que lo haga- los de Jane Austen, Virginia Woolf, Elizabeth von Arnim, Beatrix Potter, Willa Cather, Elizabeth Bowen, Philip Larkin, Monet, Matisse, Edvard Munch, Van Gogh, etc. Nos habla de famosos jardineros que fueron referente imprescindible para muchos amantes de la jardinería, entre los que señala a nuestra conocida Vita Sackville-West. Pero sobre todo es un libro de una escritora que ha amado y disfrutado enormemente una actividad que ha enriquecido todas las demás facetas de su vida. 

Me he encontrado con una escritora que me ha hablado con sereno entusiasmo, desde sus ochenta y tres años, y me he quedado prendada de su voz. Es un libro precioso, que se lee con gusto. Lo he disfrutado, aunque en mi casa es mi marido el que tiene el secreto de la confiada caricia de las flores, que crecen bajo sus manos, bellas y llenas de aroma. Yo me limito a llevarlas, agradecida, a los libros con los que se entienden a la perfección. No importa si no tienes un jardín, ni siquiera un pequeño cactus, se disfruta porque está bien escrito, con manos que saben su oficio, manos diestras, tanto en la escritura como en la jardinería. Cómo me gustaría ver su jardín y su biblioteca, deben dejar aromas parecidos. 

Editorial Contraseña.

Penelope Lively ha llegado a mi vida para quedarse y como podéis ver en la tercera fotografía ya tengo dos títulos más esperándome. 

Texto y fotografías: Ana Mª Martínez García.

sábado, 27 de abril de 2019

Llegó el otoño, el otoño lluvioso y triste, que pasamos encerrados en casa, con la madrastra severa, nuestro padre completamente entregado a ella, el niño quejumbroso y la tía reumática.

Desde que sabía que eso era lo que a él le gustaba, olvidaba todas mis antiguas quejas en contra de las costumbres patriarcales de nuestra casa, y me parecía que yo misma había escogido aquel tipo de vida y que me gustaba.


Descubrí UN MATRIMONIO DE PROVINCIAS en el propio perfil de la editorial Contraseña. De inmediato me llamó la atención y más aún cuando me puse a leer sobre ella. Publicada en 1885 por Marquesa Colombi, seudónimo de Maria Antonietta Torriani es de un realismo demoledor, "sin miel", dice en el Posfacio Natalia Ginzburg. Y así es, en efecto, retrata sin una pizca de sentimentalismo, queja o adorno que vista de un modo más amable la situación de las mujeres en las postrimerías del siglo XIX italiano. Describe de forma magistral en apenas ciento y pico páginas, no le hacen falta más, cómo la única posibilidad de una mujer pasaba por el matrimonio, el único destino admisible para escapar de una rutina gris, de un aburrimiento hasta la náusea y ser lo que la sociedad les exigía. La posibilidad tenebrosa de llevar de por vida el cartel ominoso de "solterona" las empujaba a no alojar en sus mentes otro propósito que conseguir un marido y, además, convencerse de las bondades de ese futuro manipulado y marcado.  

Denza Dellara lleva una existencia en la que el tiempo parece transcurrir en un inmisericorde goteo de infinito tedio, sin más aliciente que las escasas visitas familiares. Cuando algunos comentarios la hacen ver que es una muchacha muy guapa y que, además, ha atraído la atención de un joven de buena posición, se agarrará con empecinado convencimiento a la esperanza de un pronto matrimonio que la aleje de su monótona vida. 

Es esta una novela muy corta, pero muy contundente y, desde luego, una pequeña joya literaria de una modernidad indiscutible y que os va a sorprender con total seguridad. Para mí ha sido un valioso descubrimiento. Estuvo olvidada durante mucho tiempo y fue Italo Calvino quien la rescató en 1973. Le pidió a Natalia Ginzburg una introducción en la que la escritora italiana explicaría como esta obra había sido una influencia importantísima en su escritura y que leyó por primera vez con apenas siete años, después de traérsela su madre de un puesto de libros viejos. Durante años la releería sin cesar, permaneciendo en su memoria en la más alta estima. Si estoy absolutamente convencida de que esta novela os va a gustar y sorprender, el delicioso posfacio de Natalia Ginzburg os va a enamorar.

AVISO: Os aconsejo leer el prólogo de Cristina Grande, que es muy interesante también y os gustará, sin duda, al final, pues contiene un pequeño destripamiento de la novela. A veces es inevitable para realizar un buen texto sobre una obra. No es un tirón de orejas en absoluto, pero para quien no se le ocurra pensarlo, se lo aviso.

Marquesa Colombi.



Texto y primera foto: Ana Martínez García. 

lunes, 22 de abril de 2019


Cuanto más comprendes qué es la libertad, menos libertad posees.

En el curso de una visita posterior me condujo a una galería que permanecía cerrada. Allí guardaba su colección de autómatas: muñecos, algunos de tamaño natural, que parecía que acabasen de salir de un cuento de Hoffmann. 




Para John Fowles "El mago" era la novela de la que menos satisfecho se sentía, coincidiendo con gran parte de la crítica, que no la acogió tan bien como otros títulos suyos. No obstante, los lectores no estuvieron de acuerdo y siempre ha sido para ellos el más apreciado de sus títulos. Así lo reconocía el autor en el prólogo de la segunda edición inglesa en 1977.  

Nicolas Urfe, joven insatisfecho con los últimos trabajos que ha desempeñado como profesor de inglés consigue un empleo en un colegio privado, situado en una recóndita isla griega, Phrasos. Atrás quedan el nebuloso Londres y Alison, la chica con la que se había estado viendo. Nada más llegar queda deslumbrado por la belleza de la isla y comienza expectante su nueva andadura profesional. Sin embargo, pronto las aburridas clases y la escasa comunicación con sus compañeros que apenas saben inglés lo impelen a alejarse del colegio y encontrar solaz en la soledad del mar. Y es en una de sus frecuentes excursiones que va a encontrar una solitaria villa con un propietario misterioso y fascinante que le hará sentir que tiene unos planes muy especiales para él, pero que la naturaleza y el propósito de esos planes tendrán que esperar para serle desvelados. 

Los libros como sabéis tienen tempos diferentes. "El mago" te va llevando en un suave vaivén de las olas. Avanzas intrigada, pero con apenas sobresaltos. A la vez que el joven Urfe vas haciendo pequeños descubrimientos y como en un teatro solo para ti asistes a la función con tranquila curiosidad. Disfrutas las descripciones de la isla; las conversaciones sobre arte y literatura y las narraciones que se adentran en el pasado del anfitrión a la luz de las velas en la terraza de la villa te van seduciendo cada vez más. El olor salubre del mar te invade los sentidos y otro olor, menos evidente al principio, olor a sexo, que linea a linea se va intensificando, flota en el ambiente sobre oleadas de calor. Cada vez hay más dudas, llega un momento en que hay demasiadas, no puede, no puedes confiar en nadie. Y entonces..., hacia la mitad de la novela da un giro que te sacude en tu serena lectura y la voluptuosa expectación se tronca en inquietud y febril avance hasta el final. 

Compleja, inquietante, extraña novela que me ha fascinado. Fowles dijo que era "una novela de adolescencia escrita por un adolescente tardío". Y entiendo el porqué. El adolescente sueña con vivir aventuras, con el amor y el sexo, a menudo se siente especial y solo en un mundo que no lo comprende y con el que no está de acuerdo. En el horizonte una bella isla, una misteriosa villa, un propietario rico y culto y la posibilidad de vivir algo tan diferente a la realidad que es inevitable que seduzca. Pero, ¿y los lectores que ya dejamos muy atrás la adolescencia? La añoranza de lo que soñamos, de lo creímos posible que nos alejara de esa realidad que suele ser tan gris y prosaica. 

Además de todo lo dicho y de lo que no diré, está Shakespeare y en especial, "La tempestad". Tuve una época en que me leí casi todas sus obras y me quedó, entre algunas otras, este título que debe ser que nunca se resignó a que lo dejara atrás y me ha aparecido con frecuencia. ¡Vale, lo he captado, la voy a leer! Son numerosos los escritores que se sienten en deuda con Shakespeare y le rinden honores. Fowles es uno de ellos y es una maravilla como entrelaza en la historia de la novela las numerosas referencias a esta obra en concreto y las de otras del dramaturgo inglés. Terminé de leer este libro, pero no he acabado con él. Voy a leer, como he dicho, "La tempestad" y algún título más. Es muy gratificante y estimulante cuando has disfrutado una lectura y además anotas varios títulos más que en ella aparecen y deseas leer. Ya os iré hablando con más detalle de ellos. 

Muy buen libro. John Fowles nunca me defrauda. Para eternos adolescentes que soñaron lo que solo encontrarían en las novelas. 

John Fowles en el cuarto donde escribía sus obras.

Texto y foto inicial: Ana Martínez García.


lunes, 8 de abril de 2019


Si se asomaba lo suficiente podía ver una procesión perezosa y revoloteante, las damas de Morgana bajo sus parasoles, intentando mantenerse fresquitas camino de la casa de la señorita Nell. Su madre se fundió con los etéreos y transparentes colores. La señorita Perdita Mayo estaba charlando y los tacones de las damas repiqueteaban y silenciaban -silenciaban algo...

Había sillas doradas de patas quebradizas y curvadas como bastones de caramelo, que sólo con tocarlas se deslizaban por el suelo; y estaban prohibidas -eran para el público del recital y eran frágiles a propósito. Había veladores con estatuitas rosa y conchas de carey del color de las adelfas. Las cortinas de cuentas de las puertas se agitaban y repiqueteaban de cuando en cuando durante la clase, como si viniera alguien, pero, a no ser que fuera la hora de un alumno, no tenían más significado que el perezoso parloteo de los petirrojos al aire libre. (Los McLain vivían casi enteramente arriba, excepto por la cocina, y entraban por la puerta lateral). Las cuentas tenían un suave olor dulce y te hacían pensar en largas filas de higos y frasquitos de caramelos llenos de líquido violeta, y regaliz. La Madre de Cassie decía que el estudio era un poco como la casa de la bruja en Hansel y Gretel , "incluyendo a la bruja".


Como una tarde perezosa de verano que se demora recostada en las hamacas de las casas de madera sureñas, con los ojos un poco hinchados por la siesta y que todo lo ve a través del color de una limonada muy fría. Así es la escritura de Eudora Welty en los siete relatos de LAS MANZANAS DE ORO. Es como verse atrapado en una ensoñación por momentos más profunda y en otros más consciente. La música suena siempre y proviene de una ventana alta, con sutiles cortinas blancas que se mecen al viento; un gramófono tal vez o alguien que toca un viejo piano. El sonido sube y baja, adormece unas veces y otras deja notas pegajosas en las tripas.

Desde una ciudad ficticia, Morgana, situada en Mississippi, Eudora Welty nos relata la vida de sus habitantes con su estricta estructura social, las relaciones que establecen y sus dificultades para comprenderse. Los relatos aunque independientes comparten personajes que se irán alternando y adquiriendo más o menos protagonismo en unos y otros. Sin una estricta sujeción temporal sí transcurren siguiendo un particular hilo narrativo que nos lleva a conocer el desenlace de algunos personajes en diferentes relatos.

Eudora Welty nos muestra los recovecos y miserias, grandeza y humanidad de sus personajes a través de una narrativa realista, pero con un inconfundible halo de misterio, como un vaho mágico que convierten cada párrafo en construcciones de una gran belleza y todo sin perder la elegancia en ningún momento, como una dama sureña de irreprochables modales, observadora inteligente que ahonda en el alma humana y en la idiosincrasia sureña. 

No se puede leer a esta escritora con prisas, su narrativa poética, onírica, con abundancia de referencias a mitos, leyendas y cuentos populares para resaltar, no obstante, la realidad de los seres humanos, su misterio y su constante búsqueda de un algo inalcanzable, no permite leer sin detenerse, sin saborear a no ser que obviemos lo mejor del camino, las ondulaciones de un río tranquilo tras el baño de unos niños, con los últimos rayos del sol al atardecer.  

De los siete relatos voy a resaltar "El recital de junio" y "El lago de la Luna" y son los personajes marginales los más interesantes e inolvidables. Destacar muy especialmente la relación de Virgie Rainey, una niña muy particular, y su profesora de piano, que tocarán por siempre juntas en mis recuerdos Für Elise con momentos de contenida crispación y de fondo el suave entrechocar de esas cortinas de cuentas con olor a caramelo. 

Ganadora en 1972 del Premio Pulitzer por "La hija del optimista", es una de las grandes escritoras sobre el sur de Estados Unidos. Siempre vivió en su Jackson natal en la misma casa familiar. Aunque viajó a menudo por su trabajo como fotógrafa y tras dejar la fotografía y dedicarse a la escritura era solicitada con frecuencia para dar conferencias.


Soy una escritora que ha llevado una vida resguardada. Una vida resguardada puede ser también una vida atrevida. Porque todo atrevimiento serio procede del interior. 


Texto y primera fotografía: Eudora Welty. Desconozco el fotógrafo de la foto de la escritora.