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viernes, 3 de septiembre de 2021

 UNA VILLA EN FLORENCIA

de Somerset Maugham


Se contentaba con sentarse tranquilamente en el jardín y leer algún libro, y cuando le apetecía salir prefería coger el Fiat y explorar los alrededores. Nada podía superar el encanto del paisaje toscano, con su refinada inocencia. Al contemplar los árboles frutales en flor y los primeros brotes de los álamos, con aquel vivo color que tanto contrastaba con el gris perenne de los olivos, la había invadido un sosiego que no esperaba volver a sentir.

Tal vez hubiera algo en aquella suave brisa toscana que la afectaba hasta el punto de que incluso las sensaciones físicas tenían cierta espiritualidad. Despertaba en ella la misma emoción que la música de Mozart, tan melodiosa y alegre, con aquel trasfondo de melancolía, que la llenaba de una satisfacción tan grande que tenía la impresión de liberarse de las ataduras de la carne. Durante unos minutos dichosos se purificaba de toda vulgaridad y la confusión de la vida de disolvía en una delectación absoluta.  

...era un romántico, su forma de hablar grandilocuente y exagerada era propia de un joven que sabía más de libros que de la vida...

***

Hay escritores que llegan a alcanzar una gran maestría, saben contar muy bien una historia, mantener el interés, perfilar unos personajes muy atrayentes y darnos un final en condiciones sin que sintamos que nos han tomado el pelo o que el autor ha sido incapaz de rematar bien la narración. Somerset Maugham conocía muy bien su oficio y los lectores recompensaron su buen hacer logrando en su época una gran éxito de ventas. Es reconocido sobre todo por sus novelas, aunque escribió magníficos cuentos también y obras de teatro. Un hombre muy observador y gran viajero que logró un profundo conocimiento de la naturaleza humana. Sus libros están escritos con sencillez y claridad, resultan de ágil lectura, con descripciones precisas y una estructura muy bien definida. Lo más interesante, sus personajes, que nos muestran lo inútil de ir en contra de su propia naturaleza. Su destino está en ellos mismos y en sus pulsiones, debilidades o ideales. 
La crítica a menudo no lo ha tratado como es debido y como resultado ha ensombrecido su obra, pero afortunadamente esta sigue siendo pertinaz y nos llevamos de vez en cuando una alegría como la de este verano con la edición bellísima que Pequeños Placeres ha tenido el acierto de ofrecernos de UNA VILLA EN FLORENCIA. ¡Ahora queremos más! 

Estamos ante una novelita que se lee en una tarde con dos partes bien marcadas. A Mary Panton, bella viuda con un recuerdo amargo de su matrimonio, le prestan una villa toscana del siglo XVI con unas preciosas vistas de Florencia. Desencantada del amor ahora quiere centrarse en descansar, leer o pasear por su precioso jardín y visitar monumentos. Mary es una protagonista seductora, elegante y serena en su forma de conducirse, que pretende ser más práctica después de lo vivido y decantarse por lo conveniente para ella sin dejarse llevar por el romanticismo. Pero ante una mujer tan hermosa y joven todavía la vida no puede apagar tan pronto sus focos y no podrá resistirse a tejer para ella nuevos y sorprendentes acontecimientos...

De las dos partes a mí me atrajo más la primera, quizás porque en el momento en el que estoy no me apetecen sobresaltos y lo que más anhelo es paz, buenas lecturas y un silencio de alfombra mullida o paseos por el campo. Sin embargo, reconozco que el giro que da esta novela en un momento dado resulta de lo más estimulante dentro de la lectura. Es verdad que torna la narración más predecible y un poco gastada por verla con diferentes disfraces en numerosas tramas literarias o cinematográficas, pero resulta muy interesante ver cómo hasta un acto noble puede tener trágicas consecuencias y el buen oficio del autor no deja que la historia decaiga. 

Este libro ha sido en efecto ideal para una tarde de verano. Es una puerta de entrada idónea para llegar a las grandes novelas de Maugham como SERVIDUMBRE HUMANA, EL FILO DE LA NAVAJA, EL VELO PINTADO o LA LUNA Y SEIS PENIQUES. A mí personalmente me gustó mucho LA ESPOSA IMPERFECTA, una sátira del mundillo literario en el Londres de entreguerras.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

miércoles, 11 de agosto de 2021

CRIADOS Y DONCELLAS

de Ivy Compton-Burnett 


Ha sido una muy feliz coincidencia que mientras veo la mítica serie inglesa ARRIBA Y ABAJO haya llegado a mi vida la escritora Ivy Compton-Burnett (1884-1969) y en particular con este título, CRIADOS Y DONCELLAS. Han sido numerosas las veces en las que una me recordaba a la otra y viceversa. En especial en los diálogos que se establecían entre el servicio en el sótano de la mansión de los Lamb a la que nos lleva la autora en esta novela.

Me viene a la memoria que cuando leía en la adolescencia y primera juventud a Agatha Christie de forma compulsiva -ya lo he reconocido, no sin cierto regocijo, más de una vez- alguien me comentó que no le gustaba esta escritora porque siempre era lo mismo, a lo que yo respondí que eso era precisamente lo que más me atraía de ella, que sabía lo que me iba a encontrar. No siempre queremos los lectores que nos sorprendan demasiado, a veces nos apetece leer a determinados escritores que nos van a dar justo lo que nos apetece o necesitamos en ese momento. Con Ivy Compton-Burnett nos va a suceder así. Ella estableció un esquema para escribir sus novelas y se mantuvo en él durante toda su carrera: en sus diferentes títulos nos llevará a una mansión victoriana y en ella una familia de clase media alta se encontrará en conflicto por culpa de un opresor que ejerce sobre los demás un poder tiránico. Cómo afrontará la familia esta situación a punto de estallar y con qué desenlace más o menos trágico, se nos mostrará a través de un texto lleno de diálogos hasta el punto de darte la sensación en algunos momentos de estar leyendo teatro. Estos diálogos están llenos de sobreentendidos, agudezas, alusiones, salpicados de una oscura ironía y un humor muy particular. Forma también parte de su esquema la aparición de otra familia de fuera que tendrán un papel decisivo en la trama, de nivel social más bajo, pero también con una cuidada educación y modales refinados, que en un principio parece que ventilan un poco con su entrada en escena los cuartos cerrados de la mansión. Hay más particularidades que se repiten, pero estas serían las fundamentales. Claro, por supuesto, en una edificación de estas características que se precie estará el servicio, que en esta novela en concreto tiene un mayor protagonismo y es una maravilla seguirles y ver cómo se relacionan con la familia y entre ellos. ¡Hudson y la señora Bridges!

Contiene esta novela además un magnífico prólogo a cargo del escritor mexicano Segio Pitol, que yo aconsejo que leáis al final, ya que desvela demasiado. En él entre otros datos interesantes, señala algo de lo que se dio cuenta Mary McCarthy y que me llamó bastante la atención mientras leía, y es que una mujer que en apariencia era tremendamente conservadora, con una imagen que yo no he visto nada igual en mi vida, como preservada en formol en un oscuro laboratorio victoriano, con un rictus severo que harían bajar la mirada al más pintado, pues es curioso que en sus novelas dentro de ese mundo cerrado y opresivo, colocara ventanas y respiraderos que se abren para la transgresión y la rebeldía. 

Sin duda, una escritora muy interesante, que me produce ese gratificante cosquilleo de saber con antelación lo que me voy a encontrar cuando vuelva a leer una de sus novelas. Por supuesto dentro de ese esquema cambian los personajes, las tramas, los conflictos y cómo se resuelven. Pero el enorme placer que supone pasar un fin de semana en una gran mansión, con un gran fuego en mi cuarto -aunque en este título el carbón están bastante restringido...- y que Hudson me sirva una taza de té a la espera de unos determinados acontecimientos que me despiertan mucha curiosidad, es indescriptible. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

martes, 27 de julio de 2021

 EL CASO DEL SEÑOR CRUMP

Ludwig Lewisohn

Estamos en EL CASO DEL SEÑOR CRUMP, de Ludwig Lewisohn, ante una novela incómoda, a ratos terrible, en la que llegas a sentir bochorno, indignación y también tristeza. Se bifurca en dos senderos paralelos, en uno nos deleitamos con la más delicada y excelente música clásica y en el otro tenemos la sordidez de un matrimonio desigual. Y desde el principio, un narrador al que tendremos que observar con atención.

Herbert Crump es un joven ingenuo, soñador, que recién terminados sus estudios de música sale al mundo con sus ideas preconcebidas sobre el amor y las mujeres. Al poco sufre un desengaño amoroso y tras este, conoce a Anne, mayor que él y casada. Creyendo que su historia con esta mujer seguirá los debidos derroteros se siente como los jóvenes artistas parisinos que son instruidos por amantes maduras para después seguir su camino de éxito en sus profesiones y contraer nupcias o mantener relaciones con mujeres jóvenes, como es de ley. Pero Anne con varios hijos en su haber y un marido dado a las apuestas, tiene otros planes. De hecho, de la noche a la mañana Herbert se verá atrapado en un matrimonio con esta mujer, manteniendo unos hijos que no son suyos e infinidad de responsabilidades que no le corresponden. Una vida, en resumen, que da al traste con buena parte de sus sueños y de la que todo el tiempo va a intentar buscar el modo de escapar.  

Tiene un determinado tipo de lector tendencia a la inercia, a creerse lo que se le cuenta sin un análisis más profundo; a preferir el blanco y el negro a la complejidad y variedad de los grises, y a buscar en las novelas los buenos y los malos. Henry James nos enseñó a que tuviéramos cuidado con esto, que la realidad que nos puede presentar un libro tal vez sea una realidad subjetiva. Nabokov, al que se alude para la promoción de esta novela, nos mostró como ese tipo de lector podía llegar a creer lo que decía un pederasta y de ese modo convertir a una pobre niña de la que habían abusado, en una nínfula malvada. O peor, creer que un degenerado hablaba en nombre del propio autor. Nabokov nos dio una clase magistral con su novela más conocida y controvertida y le puso un muñegote en toda la frente a ese tipo de lector, a ese mal lector. Pero muchos a día de hoy siguen sin haber aprendido la lección. 

En esta novela de la que os hablo hoy, lo fácil es ponerse en contra de Anne. Se nos dice que va enredando a un pobre muchacho, que aunque mayor de edad es muy inocente y ha crecido protegido por unos padres muy tradicionales y religiosos; no sabía nada del amor, excepto lo aprendido en los libros y en el ejemplo de sus progenitores. Pero hay algo que nos va a indicar que no todo es tan sencillo como parece. Desde el principio vamos a tener la versión de un narrador -¿interesado?- que nos da los detalles más desfavorables sobre ella. Va a centrarse de un modo realmente humillante en sus rasgos físicos, en su edad, en su catadura moral que deja bastante que desear, y en cómo las hipócritas normas sociales, durante la Belle Époque, la favorecían a ella en detrimento del pobre muchacho... Yo os digo, que cuidado con esto. Remitiéndome de nuevo a Nabokov, él diría que lo importante son los detalles y se nos dan algunos en esta novela para que como mínimo dudemos un poco del narrador. No tenemos la versión de ella en ningún momento. Desde el principio el texto nos va a mostrar a una mujer de un modo bastante negativo. Si bien para él se van a buscar eximentes a menudo, para ella, nunca. Hay un momento en esta novela en que se cuenta algo que le sucedió a Anne y yo creo que Nabokov vio a su Lolita en él. Lo que vivió de niña con un adulto en vez de servir para compadecerla, para entenderla en parte, el narrador lo utiliza para mostrar su torcida moralidad desde el principio. Aquí por fuerza hasta los lectores más crédulos con este narrador pueden desaprobar su proceder o al menos sospechar un poco de su objetividad. Digo yo. La edad, de hecho, siempre va a ser lo fundamental para juzgarla, excepto cuando puede servir para entenderla al menos un poquito. A continuación os dejo un fragmento ilustrativo. 

"En resumen, no podía soportar el mínimo ataque a la veneración que su sexo merecía. Nunca dudó de su poder para forzar esta veneración y merecerla. Cuando, a los 60 años, era una mujer sucia y marchita, afligida por las debilidades propias de su edad, su intransigencia en este asunto era tan desmesurada como lo había sido durante su juventud y su joven maternidad".

Lo que sí está clarísimos, es que esta novela no os va a dejar indiferentes, que es absolutamente adictiva, que tiene un final tremendo y que da para un debate de lo más interesante. Y que si creéis que está todo clarito desde el principio, yo de vosotros me fijaría mejor. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

viernes, 9 de julio de 2021

 EL COLECCIONISTA DE ALMAS PERDIDAS

de Irene Gracia



Los esposos hacían actuaciones con todos sus autómatas en las ferias de Europa y América, y a todos los lugares llevaban a Anatol. Como pasaban buena parte de la vida en los recitos feriales, el niño Anatol vivía en una realidad completamente distorsionada y creía que la vida era una sucesión de ferias rutilantes, llenas de ángeles y monstruos.

De tiempo en tiempo la naturaleza se encapricha con algunos vivientes y se entretiene modelándolos con una gracia especial para humillar a los que creen saber más que ella.

La historia nos ha demostrado que el verdadero arte, en parte por adelantarse al tiempo, en parte por adelantarse al deseo, fue, es y será siempre incomprendido. Con ello pretendo decirte, hijo mío, que el arte, también el mío, está escrito con lágrimas y con sangre. 

***

Hay libros que poseen la llave que abre determinados resortes abismales de nuestro interior. Dan a cuartos que conducen a ese otro que siempre encontraremos con la puerta cerrada y jugar ante esa puerta supone un misterio, una osadía y un continuo querer atisbar por la cerradura al morador de nuestra propia destrucción. 

EL COLECCIONISTA DE ALMAS PERDIDAS, de Irene Gracia, es como vivir en un sueño en el que pasearas por un antiguo cementerio y la bruma te llevara hasta la tumba de los Chat, fabricantes de autómatas, y su historia se fuera apoderando de ti hasta sentir que algo cambia en tu sustancia y te ves mirando al mundo, sin comprender, como desde unos ojos de cristal. Un mundo onírico en el que quisieras vivir, que venciera al fin la realidad, pero que se puede tornar en pesadilla. 

El ser humano no ceja de buscar vencer a la muerte, aunque sabe que en un duelo tan desigual es imposible salir victorioso. En este libro se inventa de algún modo una muerte diferente, que es vida, pero no del todo, e inevitablemente acabará siendo monstruosa. Los que se adentran hasta las regiones más oscuras buscando burlar a la gran Dama se condenan a vivir entre los muertos, tirando de ellos, resistiéndose a dejarlos marchar. La soledad que emana de este libro, que se te agarra en la lectura, que te vuelve los ojos hacia dentro en un no estar del todo aquí ni allí, es la resistencia terrible y dolorosa a la despedida de los seres amados. Para los que nos gusta instalarnos en las regiones de la imaginación y volvemos al mundo real por pura obligación, a menudo lo hacemos por quienes amamos y quedamos en un complicado equilibrio entre los que se fueron y los que siguen con nosotros. 

"El Golem", "Frankenstein", los vampiros..., son los tristes monstruos de nuestra resistencia a lo inevitable. En cambio, con los autómatas, los títeres, determinadas muñecas, puede ser como un juego. Anatol Chat preparará el espectáculo que todos quieran ver. En las ferias decimonónicas y de principios del siglo XX el público quedará asombrado ante la extraña vida que parecen poseer sus autómatas. Oh, mi pobre Anatol, tal vez yo nunca quiera ya dejarte marchar y trataré de extraer tu alma del fascinante libro de Irene Gracia y meterlo dentro de uno de mis muñecos para que siga el espectáculo. Perdóname, querido, si desde la rigidez de sus miembros no te encuentras del todo cómodo. Te contaré de nuevo los hermosos cuentos que Irene nos regaló en este libro para que de algún modo me comprendas y pasaremos las largas veladas invernales como dos soledades que se reconocen. Eso sí, creo que estarás de acuerdo en que no invitemos a Rocambor.

Sé que al escribir sobre esta novela la conversación es más conmigo misma que con vosotros. Pero es que no es fácil explicar que he sentido como si los Chat fueran mis ancestros y que sus rostros desdibujados por el tiempo Irene los hubiese vuelto nítidos de nuevo. Paseo por el cementerio de Père-Lachaise y me siento ante sus tumbas, recordando... 

En cuanto supe de esta novela, las expectativas se me dispararon. Sabía que lo amaría, que encendería los quinqués de mis cuartos secretos. Este libro surgido de la bruma, lleno de fantasía, que honra la más bella tradición de los cuentacuentos y que nos ofrece una recreación onírica y mágica del pasado, me ha fascinado. Cuando además escuché a Irene en entrevistas me pareció que era uno de esos seres únicos a los que se les ve más el alma que a los demás. Ella es, además de una buena escritora, un ser conectado por esos conductos que no todos pueden recorrer hacia el verdadero arte. La música, la literatura, la filosofía... en sus manos adquiere el aura de algo precioso que hay que explorar y que hacerlo de su mano será algo inolvidable.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

martes, 22 de junio de 2021



~LA FERIA DE LAS VANIDADES~ 
de William M. Thackeray



Puedo decir que LA FERIA DE LAS VANIDADES, de William M. Thackeray posee lo mejor de la literatura victoriana y nada o muy poco de lo peor. Puedo decir con absoluta satisfacción que entre la lectura de la novela en Alba y leer con posterioridad la magnífica introducción de la edición de Cátedra me ha llevado más de dos meses. ¡Dos inolvidables meses! He querido disfrutar de esta obra como merece, sin prisas, subrayando, tomando notas, buscando referencias... Por supuesto algo así no lo puedo hacer con todos los libros, pero de vez en cuando necesito acometer la lectura de un clásico de este modo. Y cuando sea el momento de la relectura, la lista de personajes que he elaborado y mis notas me permitirán disfrutarlo aún más. 

En esta sátira de la sociedad contemporánea, comprendida entre 1813 y 1840, muy pocos personajes salen bien parados. Thackeray con un empleo de la ironía espectacular y enormes dosis de cinismo nos muestra lo peor de un amplio grupo de personas a las que el dinero, el hacer todo lo posible por ascender en la escala social, las apariencias y, en resumen, todos los valores más superficiales, les importan más que cualquier otra cosa. Estamos ante una obra en la que los personajes son lo principal y la trama o la serie de tramas presentes en ella estarán a su servicio. El gran acierto del autor es mostrarnos sus bajezas y debilidades a través de un humor sardónico que nos hace muy divertida la lectura. Aunque no se nos va a escapar que la realidad que nos muestra es desalentadora y tendrá oportunidad a lo largo de toda la obra de demostrarnos que esto es así con una intención moralizante y didáctica, que no se hace nada pesada y en este autor es de una naturaleza muy particular y efectiva. Su empeño en desvincularse lo más posible de las narraciones sensacionalistas e idealizantes tan abundantes en el siglo XIX, lo llevarán a escribir una novela muy moderna, desmitificadora del matrimonio y de otros principios aceptados e inamovibles por la sociedad de la época.

Thackeray era muy, pero que muy listo. Escribió una novela, como os decía, muy moderna y se las ingenió para que no lo pareciera tanto, que los puritanos lectores victorianos no la rechazaran. La broma comienza con el subtítulo: "Novela sin héroe" y se supone que nos vamos a encontrar con una narración coral. Pero digo lo de "broma", porque la realidad es que hay un personaje que se apodera de este libro, que se convierte en la gran protagonista y no es otra, claro está, que Becky Sharp. Ella posee todas las cualidades para ser la perfecta heroína: inteligente, dinámica, resolutiva, encantadora, divertida, seductora, imaginativa... Todas estas cualidades en nuestro presente nos parecen dignas de admiración, ¿verdad? Podría encarnar muy bien un ideal de mujer actual. Sin embargo, en la época victoriana no hubiera sido tan sencillo que el lector aceptara a una mujer así. Entonces Thackeray lo que hace es convertirla en villana. Todas esas cualidades las subvierte y las pone al servicio de un egoísmo desmedido, una enorme ambición y un frenético deseo de llegar a codearse con las clases privilegiadas de la sociedad, cuando ella proviene del mundo bohemio. Así, de este modo, nos ofrece un personaje enorme, que nos conquista y que estamos deseando que aparezca de nuevo para saber de sus numerosas aventuras. Ese brillo en sus ojos es de pura vida. ¡Es la niña de los ojos de Thackeray! Está claro. Pero en esa manera de "colársela" a los lectores victorianos, que os decía, y en la pretensión moralizante tan propia de la literatura de la época, aunque en este autor tenga sus personales particularidades, Becky será una criatura de aligerar con increíble facilidad los remordimientos -si los tiene- y el narrador hará lo posible para que nos quede bien claro su catadura moral. Hasta qué punto es malvada y si tendrá un castigo ejemplar o si habrá redención para ella le corresponde a cada lector descubrirlo. El final tiene mucha miga y aún más el de ELLA.

El contrapunto de Becky es su amiga Amelia. La novela comienza cuando ambas terminan su periodo de formación en la academia de la señorita Pinkerton y se supone que entonces tendrán que comenzar a buscar un marido. Los diferentes caminos, aunque con significativos paralelismos, que emprenderán o a los que las vicisitudes de sus vidas las empujarán, y los momentos en los que vuelven a encontrarse, recorrerán toda la obra. Amelia encarnaría el ideal victoriano de sumisión, dependencia, entrega, abnegación... Estas se supone que eran la cualidades idóneas de la mujer de la época. Pero Thackeray de nuevo subvierte estas supuestas virtudes para la sociedad victoriana a través de numerosas ironías a costa de Amelia y nos va a mostrar que ese ideal no era tal. La salva por la bondad. ¿O se ve obligado a hacerlo? El autor con ella lo organiza de tal modo para que se gane nuestra simpatía por sus buenos sentimientos, pero dice de ella lindezas tales como que es poco inteligente, la llama ñoña, débil, simple, insulsa, absurda... Y un largo etcétera. La ambigüedad respecto a este personaje es desconcertante. Ella podría ser la protagonista, pero resulta demasiado aburrida, limitada e incluso llega a ser pesadísima en la expresión de sus afectos. ¿Le dará el final feliz que los lectores parecían reclamar? Con Thackeray nada está claro.  

Si bien Becky destaca entre todos los personajes por su brillantez, en el que depositaremos nuestras esperanzas es Dobbin. Es íntegro, leal, valiente, honrado y que nos va a dar momentos muy divertidos y emotivos. Aquellos que hayan leído EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA, de Gabriel García Márquez, vais a reconocer de inmediato en él a un clarísimo referente para la creación de Florentino Ariza, el eterno enamorado de Fermina Daza. Tanto este como aquel son personajes que me enamoraron. Dobbin no siendo muy agraciado y bastante torpe, es un amor. Es el tipo de persona fiel y constante en sus sentimientos hasta la muerte. En la introducción de Cátedra se dice que quizás sea la suya la caracterización más idealizada, pero bendita sea, porque entre tanta maldad, vanidad, egoísmo, hipocresía, traición..., él llega a suavizar nuestra desazón: "pero ¿es que no ves cuán odiosos son todos los individuos de esta obra (con la excepción de Dobbin)?", diría Thackeray en una carta. 

Es una novela extensa, aunque muy dinámica y amena, con un gran componente autobiográfico y con muchos más personajes, inspirados algunos de ellos en personas reales de la vida de Thackeray. Hay tanto que se puede decir que podría cada día escribir un texto rememorándola, extraer un fragmento, destacar curiosidades, y pasaría mucho tiempo sin que se agotara su enorme contenido. Infinidad de detalles la hacen inolvidable. Puedo decir que no me ha aburrido en ningún momento, aunque qué duda cabe, que cuando Becky salía a escena la reavivaba extraordinariamente. Pero, esté ella o no, en ningún momento se hace pesada. Os pongo un ejemplo muy claro de cómo el autor va a estar siempre a favor de entretener al lector. La batalla de Waterloo que es tan importante en la obra para el desarrollo y la caracterización de los personajes, el señor Thackeray en vez de llevarnos hasta ella, en pleno campo de batalla, nos dice que no, que nos quedaremos mejor con los civiles. Yo qué queréis que os diga, si lo tengo delante le doy un abrazo. Por supuesto, habrá lectores a los que les atraigan las narraciones bélicas y lanzarse al barro de las batallas, pero yo como nuestro escritor prefiero quedarme fuera. 

Thackeray fue, sin duda, un gran escritor, que nos dejó obras muy importantes y que gozaría en vida del éxito literario. Muy admirado, por ejemplo, por nuestra Charlotte Brontë, tuvo una existencia, quizás no tan trágica como la de ella, pero tampoco lo tuvo fácil. Su padre murió cuando era muy joven y su madre lo mandó a estudiar lejos, sintiéndose abandonado y muy solo. Como estudiante lo pasó muy mal y volcaría su nefasta experiencia en los retratos muy negativos de los centros educativos que aparecen en su obra. Posteriormente heredaría una fortuna y la perdería. Se casaría y a los pocos años tendría que internar a su mujer en un manicomio -como se llamaban entonces y hasta hace relativamente poco-. Después se enamoraría de una mujer casada, pero ella acabaría abandonando la relación. Finalmente pudo lograr cierta estabilidad viviendo junto a sus hijas. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 
Bibliografía: introducción de Cátedra.

martes, 8 de junio de 2021

~EL CUSTODIO~

de Anthony Trollope



Era un lugar tranquilo, al que daban sombra los árboles del jardín del custodio. En el lado que miraba al río se alzaba una hilera de asientos de piedra, desde donde los ancianos contemplaban a los pececillos en sus evoluciones por la corriente. Del otro lado del río había un verde prado de tupida hierba que se extendía hasta la residencia del deán y tan cerrado al público como el mismo jardín del deán. 

Había muchos libros y largas hileras de sofás. ¿Existe algo en el mundo más lujoso que un sofá, un libro y una taza de café?

El reverendo Harding es el Chantre de la catedral de Barchester y custodio del asilo de esta tranquila ciudad catedralicia. De unos sesenta años, bondadoso, de buen carácter y enemigo de los conflictos, vive en grata armonía con su hija Eleanor en una bonita y confortable casa adjunta al asilo. El trabajo no es excesivo y le permite como aficionado a la música que es ocuparse con esmero del coro de Barchester y tocar a menudo el violonchelo, motivos para él de felicidad. Pero "las voces del escándalo" azuzadas por el reformador John Bold vendrán a perturbar su plácida existencia. Y es que se va a cuestionar la cuantía que recibe por desempeñar su puesto como custodio. El acaudalado John Hiram, años ha, dejó en su testamento estipulado que sus tierras y lo beneficios que de ellas se extrajeran serían para favorecer a doce ancianos que lo necesitaran y que un custodio que se ocupara de su bienestar recibiría parte de esas rentas. Con el tiempo, a medida que las tierras iban dando más rendimiento, la diferencia entre lo que recibían los ancianos y el custodio se fue haciendo mayor a favor de este, por lo que Bold plantea que no se esté siguiendo lo estrictamente estipulado por John Hiram y la Iglesia se esté aprovechando de una donación con fines caritativos. Ante esta situación, las dudas le quitarán el sueño al reverendo Harding. Hombre bueno y honrado no se había planteado hasta ese momento que se pudiera estar cometiendo una injusticia con los ancianos del asilo y que esa injusticia le beneficiara directamente a él, para quien lo más importante es actuar con rectitud. Actitud diferente a la de su yerno, defensor de los privilegios de la Iglesia que tratará de vencer a los enemigos de esta con todas las armas legales a su alcance.

EL CUSTODIO, de Anthony Trollope, uno de los novelistas victorianos con más éxito, es la cuarta de sus novelas y la primera de sus "Crónicas de Barsetshire" formada por seis títulos ambientados a mediados del siglo XIX, que aunque se pueden leer de forma independiente todos giran en torno al mismo condado imaginario y desde la ciudad de Barchester. Es una novela que a partir de una trama sencilla, pero muy verosímil, dibuja perfectamente unos personajes de carne y hueso con unos planteamientos éticos y morales que trascienden el tema eclesiástico y el paso del tiempo. Nos lo señala de forma magnífica el gran traductor y autor del postfacio de esta edición de Alfaguara, Jose Luis López Muñoz: "El custodio examina la posición moral del titular de un cargo de responsabilidad social y de esa manera formula preguntas inquietantes sobre las conexiones entre virtud privada y vicios públicos, al mismo tiempo que pone en duda el valor de la integridad personal en un sistema corrupto".

Desde que leí "Ojo por ojo" de este autor he querido conocerle mejor. Con la lectura de su relato "La cueva de Malachi" que tanto me gustó, me entraron las prisas y este año pretendo dedicarle más tiempo. Después de leer esta novela, desde luego, más me apetece. Una elegante ironía en su texto, sosegadas descripciones de la vida inglesa de provincias, junto a unos personajes que se salen de las páginas con sus diferentes personalidades e incluso con sus tics, que te atrapan e implican en sus vicisitudes y conflictos morales, sin exabruptos, pero de forma amena y con más alcance del que algunos le conceden. Por las incómodas preguntas que se plantean en EL CUSTODIO y la lección de integridad que nos da el reverendo Harding, que es definido en algún momento como quijotesco, este libro sobrevive al tiempo y nos da sobrados motivos para leerlo con gusto y provecho. Y he de decir que no me había encontrado con un señor que me despertara tanta ternura como me ha ocurrido en EL CUSTODIO, de Anthony Trollope, con Septimun Harding, desde que leyera "Pnin", de Nabokov. Se queda para siempre en mi álbum de personajes íntegros y entrañables.

Ah, y como curiosidad, no puedo olvidar señalar los ataques a Dickens y Carlyle que aparecen en esta novela, a los que nombra como señor Popular y Antihipocresía respectivamente y que no tienen desperdicio. Cómo son los grandes escritores con sus compañeros de profesión. Luego dicen de Nabokov ja, ja, ja. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

lunes, 24 de mayo de 2021

 BERLÍN SECRETO

de Franz Hessel


Un día soñamos con una vida plena de significado y se nos quedó el sueño inerte en las manos, como un famélico y laxo muñeco de goma al que iremos cambiando de lugar, temiendo tirarlo de una vez, pero sin que ya sirva para nada. Sueños creados en serie que irán sustituyendo los perdidos en cada nuevo cumpleaños, caídos tras las puertas cerradas, golpeados por los esbirros de la realidad. Quién diseña esos sueños que solo se pagan con dinero y no son más que plástico muerto. 

Hay personas a las que otros miran no por lo que realmente son, sino por lo que representan. Así ocurre con Wendelin, joven de vida bohemia al que su madre por carta le exige que deje Berlín y se haga agricultor. Pero él lleva el sueño primigenio todavía vivo en la mirada y a su alrededor se quedan prendados de su brillo. 

Karola, bella y amada, se desentiende de responsabilidades de las que se hace cargo su hermana; mientras, su marido, metido en sus libros, aguarda a que regrese de vivir las últimas madrugadas de inconsciente juventud. En la minúscula pensión de Wendelin, en los cabarets, cafés y avenidas de Berlín, siempre rodeada de amigos vive la noche, vive planeando un futuro en el que huya de esa rutina que le roba las posibilidades de una existencia plena.

Pero una manita tira de Karola y Wendelin no es consciente de ello, solo nota que ella se le escapa. Tal vez estuvo demasiado distraído... Quizás pensó en otra mujer, en buscar la esencia de sus caderas. No puede permitir que se le escape; huirán juntos, huirán de todo. Hay que seguir hablando del Viaje.

"¿Pero quieres volver a ser un bebé, mamá?". "Sí", dije, "quiero volver a empezar desde el principio y ser del todo diferente". Entonces vi en el vidrio cómo su carita, que antes había estado risueña, se iba desfigurando, cuánto lo desconcertaba pensar que yo tenía otras posibilidades, no solo la de... ser su madre... en realidad sólo "mamá".

El dinero es un problema, claro, siempre lo es. Hay que ceder ante los que lo tienen para seguir viviendo en la aventura, en la ilusión, no ser como el resto, no dejarse atrapar. Y el precio es muy alto. La juventud se ahoga en las madrugadas frías cuando al apurar las copas, las responsabilidades están siempre en el fondo aguardándote. 

***

Franz Hessell (1880-1941) fue un conocido intelectual alemán, representante por excelencia del flâneur moderno, que tiene su origen en Baudelaire y al que se le llamaría "el constructor de Berlín". He de decir que me llevó a él mi admirado Walter Benjamin, para el que representó un gran influencia a la hora de escribir su libro de LOS PASAJES. Y, claro está, que Benjamin no me iba a llevar hasta un mal escritor. En sus largos paseos juntos por la ciudad, las obras de ambos se iban construyendo en sus insignes cabezas. El deleite que supondría escuchar sus conversaciones no lo podremos vivir, pero esta una parte importante en sus escritos. Cómo no leerlos. Cómo no pasear de alguna manera junto a ellos por Berlín o París. Nos mostrarán las ciudades como nunca las hemos visto.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.