Hoy os quiero presentar a Claudia. Ella nació en mi taller, dejó que mis manos modelaran sus rasgos, que pintara sus ojos, pero adentro estaba su alma que no me pertenecía y que anhelaba salir libre al fin.
Claudia es enigmática.
Una mujer con carácter a la que le
gusta guardar sus secretos.
Es más vulnerable y frágil de lo que
parece y necesita protegerse para
que no la dañen.
Pero una vez te ganas su confianza, ella se muestra
tal cual es, libre y cariñosa.
Le gusta ser un poco salvaje.
Quitarse el calzado y entonces
correr y bailar descalza bajo la luna
en las noches de verano,
en las noches de verano,
haciendo cabriolas entre las risas cómplices
de sus amigos, un poco
locos como ella.
Sentirse niña de nuevo es lo que pretende: libre, confiada y sin miedos.
Para al volver a casa
plasma sobre el papel
sus locuras y su amores.
Ella es poeta de la noche a la luz de un
candil.
Y siempre se deja en la playa, sobre la arena,
sus alpargatas olvidadas, que yo recojo para
abordarla después e intentar que me cuente sus secretos.
Pero a ella poco le importan, prefiere seguir bailando, corriendo, saltando
descalza para la luna. Sus secretos sólo los
sabré si me quito mis propias ataduras y
la sigo al fin libre.
Claudia es una mujer de fuerte personalidad a la que me costó convencer para que me acompañara a mi primera feria de artesanía. Pero no se arrepintió, pues las personas que allí encontramos fueron muy de su agrado: artistas amables y de mirada soñadora, sobrevivientes con poesía en esta vida de prosa ingrata.
Las ventas fueron muy bien a pesar de que no acudió mucha gente, pues el evento no se publicitó lo suficiente. Pero como bien dijo uno de nuestros vecinos, más vale poca y buena que mucha que pase de largo e indiferente.
Realmente me siento muy agradecida y feliz por la experiencia, pues las personas que alabaron y adquirieron algunas de mis piezas fueron amables en extremo. Quiero señalar en particular a una pareja de Murcia a la que nos encantó conocer a mi marido y a mí. Sus palabras me dieron mucho aliento y su simpatía propició un acercamiento más allá de la que se da entre compradores y vendedores.
No llevé muchas piezas. Por los encargos no tengo demasiadas, pero además es que a mí me gustan como compradora los puestos en los que no hay demasiado material, pero bien puesto.
Quiero darle las gracias también y muy especialmente a mi marido por su ayuda y comprensión. Sé que tenía sus dudas, porque era algo desconocido para nosotros y no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar. Ha quedado tan contento como yo con la experiencia y con ganas de repetirla!!!
La fotografía la hice el segundo día cuando ya había
vendido unas cuantas piezas. Como veis pusimos
un puesto muy sencillito para esta primera vez, pero
mi marido, que es maravilloso y tiene mucha imaginación y maestría,
está diseñando uno más
elaborado para la próxima.
















