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domingo, 25 de abril de 2021

 'La casa de Asterión', perteneciente a su libro de cuentos EL ALEPH, de Jorge Luis Borges


Hace unos días alguien me decía que soy una soberbia y recordaba entonces este cuento de Borges. Siempre me he sentido identificada con Asterión en algunos aspectos. Él en su casa es libre y prisionero a la vez como en cierto modo me sucede a mí y se protege de la plebe en ella como yo me protejo de mis semejantes en la mía. Conforme vas leyendo este magnífico relato te das cuenta de que la soberbia, la misantropía e incluso la apariencia de locura de Asterión no son más que un escudo ante la incomprensión de la gente por un destino que lo incapacitó para comunicarse y convivir con los demás. Pero la casa es hogar, refugio y fortaleza, es su reino, y pese a que te infunde cierto temor por tamaña singularidad, "hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra", cuando comenta la quietud y soledad que en ella habitan, te puede parecer un lugar ideal donde apartarse del mundo y su ruido. La grandeza de su linaje y la posesión de esta casa pueden confundirte sobre su realidad. 

Ah, pero llega el siguiente párrafo y aquí asistimos con estupor a lo que dice. Rechaza lo que los hombres pueden transmitir a los demás y niega la validez de los textos escritos. Pero a continuación viene la explicación y es que no sabe leer. Lo que pretende es disfrazarlo y lo muestra como algo que le exigía su propia grandeza. Aunque se lamenta de ello a veces "porque las noches y los días son largos". De la comprensión paso a alejarme por su arrogancia para de inmediato sentir conmiseración por él, porque comprendo que habla su ignorancia y que esta lo aisla aún más. 

En el tercero es ternura lo que despierta en ti. Es como un niñito que juega solo y que entiende que únicamente con alguien como él podrá entenderse, así que sueña con otro Asterión que lo visita y entonces le enseña feliz su particular casa y ríen juntos... En sus fantasías es feliz, pero en el párrafo siguiente veremos que su realidad pesa cada vez más. 

De nuevo en el párrafo cuarto nos habla de esa casa que es todo para él. Ciertamente no se parece a ninguna otra. Dice que es tan grande que tal vez sea del tamaño del mundo o incluso sea el propio mundo y que quizás él ha creado el sol y las estrellas. Pero que en realidad no se acuerda. El lector se pregunta si en efecto está ante un Dios o ante un lunático. De lo que estamos seguros es de su cansancio, de sus dudas y de su gigantesca soledad, tan grande como su casa que es el mundo. 

Llegamos al penúltimo párrafo donde la soberbia se diluye en la esperanza para él -y para nosotros-. Un redentor vendrá a salvarlo. Él lo espera en su cansancio, en su soledad, "ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas". 

Y en el último párrafo el ser único, soberbio, el monstruo, recoge en su cuerpo inerme nuestras lágrimas.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

miércoles, 21 de abril de 2021

OLALLA

de Robert Louis Stevenson




Cuando piense en este libro será la madre de Olalla quien me siga aterrando. Su mirada vacía será la que me persiga como si una de mis muñecas se girara y me mirase con un atisbo de vida en las pupilas, para acto seguido volverse a sumir en su perpetua inmovilidad. Será la madre de Olalla a la que vea indolente en los cuartos llenos de retratos de muertos. Será el abismo de sus miembros exangües los que quieran abrazarme y dejarme entre sus brazos atrapada para siempre. Será la madre de Olalla con su instinto de araña quien me aguarde en la enorme casona donde cientos de fantasmas se arremolinan en sus estancias de siglos. Algo insano debe crecer entre sus paredes, algo que apague la luz del sol, la risa fresca, el brillo en la mirada de los jóvenes enamorados. En ella el polvo es un ser más que se abate en toneladas sobre quienes la habiten venciendo con su peso de años y años; posado sobre los hombros como un cansancio monstruoso del que no te puedes desprender. El cansancio que parece poseer a la madre de Olalla. Qué la hará despertar... 

En OLALLA, de Robert Louis Stevenson tenemos a un oficial herido que por recomendación de su médico se aloja, para continuar con su recuperación en óptimas condiciones, en un caserón español situado en un lugar idílico por su aire puro y hermoso paisaje. Este caserón pertenece a una familia de rancio abolengo que ha ido degenerando en su aspecto económico y en su conducta hacia sus congéneres. El que su sangre se mezclara en matrimonios inconvenientes, que se diera cierta endogamia, que existieran casos de locura entre sus miembros y el prolongado aislamiento, les ha convertido en seres extraños que desean evitar todo tipo de intimidad con los demás. Ante tales antecedentes, estos le hacen prever al oficial que le aguardan experiencias un tanto turbadoras alojándose en este caserón. Y aunque el buen doctor lo tranquiliza al respecto, ya la primera noche, instalado en su aposento, el cuadro de una hermosa mujer lo trastorna hasta tal punto que sus temores parece que se convertirán en realidad y un amor oscuro y malsano puede apoderarse de él.  

Este patrón se ha seguido en literatura hasta la náusea: casa aislada con habitantes extraños y misteriosos que ocultan algún secreto, visitante más o menos incauto y todo ello entre elementos a menudo sobrenaturales o inquietantes. Es un patrón que a muchos lectores nos apasiona, pero no siempre es desarrollado con igual destreza y leídos muchos libros con este modelo cada vez te vuelves más exigente y reclamas elementos novedosos que te sorprendan. Qué duda cabe que Robert Louis Stevenson era un buen escritor y así lo he apreciado siempre, pero en esta novelita aunque está bien narrada, maneja bien los elementos tétricos de la historia y tiene momentos de gran intensidad, no me aportó nada nuevo. Excepto la figura de la madre y las descripciones de la casa, el resto caerá en el olvido de mi memoria sin pena ni gloria. Lo que no me ha ocurrido con otros libros suyos. 

Y tendría que haber hablado de Olalla. Pero es que ella no me ha interesado demasiado a pesar de su hermosura, de sus libros esparcidos por el suelo... Era su madre quien no me dejaba en paz desde sus dos túneles vacío, y sin embargo hermosos, que eran sus ojos, casi sin vida, sin  alma, araña a la espera. Olalla es un ser idealizado que no lograba ver entre su zafio y embrutecido hermano y su madre enferma de abulia que se me hicieron mucho más palpables.  

Librito que puede gustar, pero que a quienes gozáramos en su día de Poe o Gustavo Adolfo Bécquer, entre otros, e incluso tenemos muy presente la poesía de Baudelaire, se nos puede quedar un poquito corto y no por su tamaño, sino por su alcance y desarrollo en particular en su tramo final. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

viernes, 9 de abril de 2021

PERSUASIÓN

de Jane Austen


PERSUASIÓN, de Jane Austen es la última novela que terminó y se publicaría póstumamente en 1918. De carácter otoñal y un tono a veces impregnado de melancolía y toques líricos, como señaló tan acertadamente Virginia Woolf, nos habla de un momento en el pasado de Anne Elliot, nuestra protagonista, en el que toma una decisión muy importante persuadida por su buena amiga Lady Russell. Y es que Anne rechaza la propuesta de matrimonio de Frederick Wenworth, considerado por su familia como inadecuado dada su posición social inferior a la de ella. Anne renuncia a él aun estando enamorada. Pero la vida volverá a reunirlos ocho años después..., para tener una conversación pendiente, separarlos de nuevo o para que retomen lo que quizás no debió interrumpirse. Tal vez Anne dejó pasar su oportunidad de ser feliz.

De nuevo como en "Mansfield Park" encontramos ecos de Cenicienta, como nos indicó Nabokov en su Curso de Literatura, y en la introducción de esta novela lo subraya José Luis Caramés Lage. Es Anne Elliot marginada dentro de su propia familia, sobre todo por su padre y su hermana mayor, personajes de una vanidad y vacuidad casi caricaturescas. Además de no ser tenida en cuenta, es requerida a menudo para ocuparse de las tareas engorrosas, siendo ese familiar de segunda al que nadie presta atención y al que humillar es casi como una costumbre. Pero Anne es inteligente, bondadosa, resolutiva y muestra un increíble temple en situaciones en las que los demás pierden los nervios. Está muy segura de sus sentimientos y estos los conoceremos desde el principio de la novela, pues en todo momento sabremos lo que piensa. Es una mujer que despierta simpatías, comprensión y admiración fuera de su entorno familiar. El egoísmo de su padre y su hermana mayor y la irritante hipocondría de su hermana menor no les permiten verla tal cual es.

Con PERSUASIÓN termino las relecturas de las novelas de Jane Austen. Aunque ha bajado unos puntillos en mi valoración, la he vuelto a disfrutar como no podía ser de otro modo. Si durante mi primera lectura fueron "Emma" y "Persuasión" mis dos novelas preferidas, ahora "Mansfield Park" se coloca en primer lugar pisándole los talones "Emma". Quedaría así mi -subjetiva- clasificación:


Primer puesto: "Mansfield Park" y "Emma".
Segundo puesto: "Persuasión".
Tercer puesto: "Orgullo y prejuicio".
Cuarto puesto: "Sentido y sensibilidad".
Quinto puesto: "La abadía de Northanger".

Voy a explicar la razón por la que dejo compartido el primer puesto. La novela que más admiración me ha causado y que llegó a emocionarme por ser con ella más consciente que con ninguna otra del enorme talento que tenía esta escritora, fue "Mansfield Park". Hasta su final tan criticado a mí me pareció el más idóneo. Fanny Price, te agrade más o menos, actúa en todo momento con la mayor coherencia según su carácter y sus circunstancias, sin que la autora fuerce un final que pudiera agradar más a sus lectores. No me quiero extender sobre ella, tenéis en mi cuenta una reseña que le escribí hace un tiempo. Pero es en "Emma" donde encontré al mejor personaje de todos los que conforman su obra. Con sus virtudes y defectos resulta divertida y muy interesante. Una maravilla de personaje. Además, en esta novela hay algo que me complació mucho, la buena relación que tiene con su hipocondriaco padre. Demuestra una ternura hacia él que no se encuentra en sus otras novelas.

Seguramente habrá una tercera lectura y entonces tal vez los puestos cambien de nuevo. Aunque creo que Emma siempre será mi personaje preferido, Anne el que más simpatía y comprensión me despierte y "Mansfield Park" la novela que me hizo llorar de pura admiración.

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

viernes, 26 de marzo de 2021

 LA EXPOSICIÓN

de Nathalie Léger




Soy yo misma... por ella... contra mí. 


... <es demasiado tarde para empezar a vivir de nuevo cuando ya se ha comenzado a morir>>, decía ella.

... ¡ah! habría que recrear su voz, las voces del siglo XIX.


Se decía de Virginia Oldoïn, condesa de Castiglione, que era la más bella de su época. Su propia madre exclamaba: "¡He engendrado una obra maestra! Pero lo que hubiera podido suponer una increíble ventaja para ella, se tornaría en una maldición de incomprensión y soledad. 

Cuando la condesa de Castiglione hacía su aparición producía estupor. Su belleza incomodaba a las damas, que quedaban eclipsadas, y rendía a sus pies a los caballeros. Pero era tan hermosa que paradójicamente, "se admiraba su belleza como se iba a ver a los monstruos de feria". Consciente de su aspecto desde niña, como un Narciso femenino, nos dice la autora, de alguna manera se enamoró de su propia imagen y en el estudio de fotografía de Pierre-Louis Pierson creó un estanque a su medida y allí quedaría atrapada, naciendo así la leyenda. Durante cuarenta años este fotógrafo de la alta sociedad dejaría constancia de su esplendor y posterior decadencia en más de setecientos retratos. Pero siempre sería ella, al parecer, quien marcaría las directrices y el fotógrafo seguiría las indicaciones de la condesa consciente de su fotogenia y de la idea que quería representar.

La comisaria de arte y directora del Institut mémoires de l´édition contemporaine, Nathalie Léger, realiza a través de LA EXPOSICIÓN una autoficción en la que pretende desentrañar el misterio de esta mujer del Segundo Imperio, a la vez que busca las claves de algunos aspectos delicados de su propia vida entre sus fotografías familiares. Pero qué pueden decirnos estas de nosotros mismos. La ingente cantidad de fotografías que dejó la condesa de Castiglioni debería ser suficiente para obtener una gran información sobre ella, sin embargo son la muestra de un gran enigma. Qué nos empuja a investigar sobre un tema determinado y qué esperamos encontrar en él sobre nosotros mismos; qué hay antes de esa última puerta que es la muerte, qué significados podemos encontrar, y qué mantiene la ilusión de seguir buscando. Qué esperaba de esta mujer Robert de Montesquiu, poeta, dandi, mecenas y coleccionista que encontró una de las fotografías de la condesa en el fondo de una caja en un anticuario y quedó tan fascinado por ella que llegaría a poseer cuatrocientas treinta y cuatro fotografías, además de diversos objetos que le pertenecieron y que expuso en su Pabellón de las musas. 

Puede un rostro mirarnos a través de una antigua fotografía y despertar una pasión que se despereza entre montañas de polvo. Puede una mirada atravesar años y años que nos separan de ella y lograr despertar nuestro interés. Tal vez se trate de mucho más que descifrar un enigma: "... nada en el destino de esa mujer que pasó tantas horas delante de una cámara  me resultaba familiar. Y sin embargo, al abrir aquel catálogo, tuve la extraña impresión de regresar a casa y, aunque aquella casa estuviera destruida, de regresar a ella atemorizada pero agradecida" 

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

martes, 16 de marzo de 2021


MUJERES SINGULARES

de

George Gissing


En MUJERES SINGULARES, de George Gissing, novela ambientada a finales del siglo XIX, por un lado tenemos a las hermanas Madden, educadas para el matrimonio por un padre tradicional que entiende como destino ideal de la mujer ser mantenida primero por el progenitor y después por el marido. Pero que no tiene en cuenta que si estas mujeres con una instrucción insuficiente se quedaban solteras, sin familia y sin unos medios económicos suficientes para salir adelante, estaban abocadas a trabajos ingratos o directamente a la pobreza, además de a una infelicidad y frustración por sus condiciones de vida, para las que no fueron preparadas, y por no cumplir con la exigencia social de ser esposas y madres. Por otro lado, tenemos a Rodha Nunn y a la señorita Barfoot, que han logrado convertirse en mujeres independientes, desarrollando un trabajo que les agrada y que, además, tienen como misión instruir debidamente a otras mujeres para que no dependan de los demás para subsistir. 

Dentro de estos dos grupos, las historias principales serán las de Rhoda Nunn y Mónica Madden, pero en torno a ellas se articularán otras en las que los giros y los desenlaces inesperados darán muy buenos momentos a los lectores. Rhoda, si la trasladáramos a la actualidad, sería esa feminista -aunque el término no sale en ningún momento- más radical. Es muy dura y a veces parece hasta insensible ante las flaquezas humanas. Contraria al matrimonio, cómo actuará ante los requerimientos del primo de su socia y amiga, la señorita Barfoot, será uno de los puntos fuertes de la novela. Mónica Madden, dependienta que trabaja casi de sol a sol, se verá cortejada por un hombre bastante mayor que ella, viéndose en la tesitura de elegir entre seguir en un trabajo que le está minando la salud o casarse con un hombre que le dobla la edad y vivir una vida más cómoda aparentemente. 

Cómo estas mujeres se van a relacionar entre ellas y con los diferentes personajes masculinos en el amor y la amistad; los conflictos y debates que se establecerán en los que los divergentes puntos de vista son expuestos con claridad y de forma muy interesante, y la forma en la que los prejuicios son revisados, convierten a esta novela en un reflejo muy perspicaz de un momento decisivo en la historia de la lucha por unas condiciones más favorables para las mujeres. Pero no estamos ante un panfleto de la época. Es una estupenda y muy amena construcción literaria en la que las historias que en ella suceden ilustran diferentes situaciones y cómo el camino emprendido a partir de las circunstancias o principios particulares derivarán en desenlaces más o menos afortunados. Sin dejar de ser un novelón decimonónico, sorprende la agudeza de su autor y su moderna mentalidad para la época en la que está escrita y lo hace sin que a él se le vea demasiado. No toma partido y deja al lector que saque sus propias conclusiones sobre los personajes y su forma de actuar. 

Comencé este libro con la sensación de que iba ser una muy buena lectura, pero no esperaba que lo fuera hasta el punto que lo ha sido. Es dinámico y muy avanzado en cuanto a planteamientos sociales. Está muy bien escrito, las historias son interesantes y con los personajes no dejas de dialogar en ningún momento. Llené de anotaciones los márgenes. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

sábado, 6 de marzo de 2021


PARA MAYORES DE CUARENTA 

de Willa Cather



A una le queda como un regusto especial en la boca al decir "mis libros". Esos que son como una tarde de amarillo viejo, del suave roce de los pétalos de las flores marchitas, de delicados visillos que ondean en el transcurrir de las horas. Un regusto a un rastro de velas apagadas hace tiempo y que a un solo gesto se encienden de nuevo. El simple gesto de abrir mis libros es encender el pasado y yo puedo mirarlo a placer. El propio tiempo se enrosca en mis rodillas y ambos fingimos que no transcurre, que transitar por lugares de antaño, por textos creados a la luz de un quinqué, lo detiene de algún modo.

Willa Cather me mira con su mirada franca y límpida desde su escritorio. Me ofrece su libro y en el gesto un agradable olor a membrillos maduros se desprende de él. Lo tomo en mis manos con cuidado. Es hermoso este libro. Compuesto por seis capítulos independientes, pero que se dirigen a ese lector nostálgico de antes de 1922; a aquellos que ya tras la Primera Guerra Mundial vieron traicionarse muchos de los principios en los que creían, cuando las ilusiones de occidente se truncaron en un baño de sangre. 

En el primer capítulo, 'Un encuentro casual', nos encontraremos, en un confortable balneario, con una anciana distinguida, hermana de un gran escritor. Pero la escritora nos va mostrar, antes de saber el nombre de él, que ella es especial por su propias cualidades, por su inteligencia y elegancia. Ser invitados a gozar de su compañía y a charlar sobre literatura en la sala de lectura del Grand-Hôtel d'Aix va a suponer un enorme privilegio. Es por lo que no voy a desvelar el nombre de su hermano. Es parte del encanto de este primer capítulo, el no saberlo hasta más adelante. 

En el segundo capítulo, 'La novela Démeublée', va a teorizar Willa Cather sobre la novela. Es un capítulo muy breve, pero tremendamente lúcido y que nos deja reflexiones muy interesantes, destacando para mí la distinción que hace entre la novela como forma de diversión o como forma de arte. Habla, para sus argumentaciones, de Gogol, Balzac, Tolstói, etc.

Es el tercer capítulo, seguramente mi preferido. En 'El 148 de Charles Street', Willa Cather nos habla de Annie Adams Fields, que durante sesenta años recibió en su salón "a la aristocracia de las letras y el arte". Por allí pasaron escritores tan importantes como Charles Dickens, Thackeray y Henry James o la propia Willa Cather. Mujer de basta cultura con un tacto especial para las relaciones sociales se hizo merecedora del respeto y cariño de cuantos pasaron por su casa. Entre ellos, la escritora Sarah Orne Jewett, con la que conviviría los últimos años hasta la muerte de esta, formando lo que se conocía como "matrimonio en Boston". En estas páginas se van a invocar los fantasmas que a lo largo de los años visitaron a esta asombrosa mujer.

El siguiente capítulo precisamente se lo dedica a Sarah Orne Jewett, escritora de la que hace muy poco tiempo leí su "Tierra de los abetos puntiagudos", que me pareció un libro delicioso. Willa Cather subraya su personal estilo y sensibilidad única para describir el entorno rural y su gente. Hija de un médico acompañaba a su padre en su trabajo lo que le permitió conocer bien a los habitantes del pueblo y el campo. 

Solo un hombre se cuela entre estas importantes y singulares mujeres, y es Thomas Mann. Realiza en este capítulo, la escritora que nos ocupa, una crítica magnífica sobre una de sus grandes obras, "José y sus hermanos". Tenía a este escritor en altísima estima y le escribe un texto concienzudo, desde la consideración que merece tan gran escritor. 

Y el colofón perfecto lo pone con un conmovedor capítulo final dedicado a Katherine Mansfield. A través de un compañero de viaje conoce a la escritora niña, que ya destaca entre los demás. Tiempo después, al encuentro de la escritora adulta, con su frágil salud y su temprana muerte, no podemos dejar de lamentar que tanto talento le fuera dado para que su vida fuera tan breve. Eso sí, su obra sería inmortal.  

Un libro para lectores nostálgicos, de entonces y de ahora. Un libro elegante, culto, melancólico, de mirada amable, pero rigurosa: una auténtica delicia. 

Texto y foto: Ana Martínez García. 

lunes, 22 de febrero de 2021

 HABLA, MEMORIA

de Vladimir Nabokov


Con HABLA, MEMORIA escribió Vladimir Nabokov una de las autobiografías más originales y hermosas de la literatura. Dudo mucho que ningún buen lector se quedara indiferente ante ella. A través de quince capítulos realiza un recorrido por su infancia y adolescencia en San Petersburgo, Rusia, su exilio junto a sus padres y hermanos en 1917, los años que vivió en Inglaterra, Alemania y Francia, hasta que con cuarenta años él, su mujer y su hijo cruzaran el Atlántico hacia su nueva vida en Estados Unidos. Primero se vieron obligados a huir de Lenin y veintiún años después de Hitler.

Aun siguiendo en un principio un orden cronológico en su narración, los numerosos saltos en el tiempo que va realizando en cada uno de los diferentes capítulos y los recuerdos que elige remarcar, aportan la gran diferencia. Son como el vuelo delicado de la más extraordinaria de sus mariposas, una que fuera capaz de atravesar el tiempo y fuese dibujando con sus patas y sus delicadas alas arabescos que señalaran el secreto de lo que la vida tenía planeado para él. Porque no es la intención de Nabokov el realizar un recorrido exhaustivo por lo que fue su vida durante aquellos años, sino que su propósito es otro. Como siempre ocurre en sus mejores novelas, las intenciones ocultas, pero no imposibles de encontrar, como si de un ingeniosísimo juego se tratase, también están en su autobiografía. El gran escritor lo que pretendía era registrar las señales que el tiempo le fue dejando de un "plan invisible". Para él que entendía el tiempo como una cárcel, ve en esas señales que trazan las pautas de su existencia, el modo de trascenderlo. Y ya lo creo que lo hizo. Pero va más allá. Siempre generoso con el lector, también nos dice a nosotros que podemos si estamos atentos encontrar las pautas de nuestras propias vidas. 

Los lectores que estamos familiarizados con la obra de Nabokov, vamos encontrando sus temas recurrentes en este libro: los senderos en los jardines, las espirales de colores, la naturaleza, las mariposas, los trenes, sus espectros... , el amor. No siendo en esta ocasión una ficción, el creador que es no puede dejar de construir una obra artística y, además, como no podía ser de otro modo, tratándose de quien se trata, crea una obra genial. 

Vladimir Nabokov tuvo una infancia y adolescencia privilegiadas. Perteneciente a la aristocracia rusa vivía rodeado de sirvientes, preceptores e institutrices. Pero lo más importante, lo que le daría la fortaleza necesaria para resistir en lo difíciles momentos de su exilio, sería el haber tenido unos padres cariñosos, atentos, cultos e inteligentes que le dieron la firme base por la que caminar durante toda su vida. Cuando en 1917 con la revolución bolchevique tienen que huir con apenas unas pocas joyas escondidas en una polvera, cambiaría su trayectoria de forma radical. Toda su obra futura quedaría teñida de esa nostalgia por su Rusia natal a la que jamás podría regresar.  

Nabokov vivió momentos muy difíciles a partir del exilio, pero hubo un suceso, el más doloroso de todos, que de forma magistral a través de asociaciones, rememora en la autobiografía y le da parte de su sentido. Este suceso fue el asesinato de su padre a manos de un fascista ruso en 1922. Su padre, Vladímir Dmítrievich Nabókov, fue un importante político, al parecer un hombre muy notable, valiente, de una enorme dignidad, que le dejó una impronta a su hijo importantísima. El escritor que no se exalta, que hace gala de una gran serenidad y entereza, pese a lo que te está contando, transmite, no obstante, todo su profundo sentir. Es un bello y conmovedor homenaje el que le hace. Pero es con la educación que Nabokov dio a su propio hijo como termina de trazar el círculo que el abuelo comenzó. Al escritor le interesaba y preocupaba el momento en que los niños toman consciencia de que son seres como tales, independientes de sus padres. Ese momento tan especial y que tan fácil es de malograr, Nabokov siguiendo el ejemplo de sus progenitores y formando un protector y solícito tándem con su esposa Vera, procuró que en su hijo Dimitri no ocurriera. Así el final del libro, cuando los tres se van a embarcar hacia Estados Unidos, es especialmente emotivo. Dimitri debió sentirse muy orgulloso de su padre. De cómo cuidó sus recuerdos y honró a sus padres. 

Siempre decía que lo importante son los detalles. Esos detalles nos dirigen la mirada a sus temas y con sus temas dibujamos, gracias a su enorme talento, el diseño de su interesante vida. En cada capítulo son numerosos esos detalles que te mantienen atenta y son puro deleite. Sus juegos de niño, su viva imaginación desde muy pronto, su particular mirada. Vamos a conocer a aquellos que él quiera que conozcamos y hasta donde crea conveniente. Su mirada sobre sus seres queridos es de una gran ternura y cuidado. Es muy bonito el capítulo que le dedica a su institutriz francesa. Lo divertidas que eran sus excéntricas tías. Están los perros a los que tanto amaba su madre; la gran casa de San Petersburgo, y sobre todo, Vyra, la casa de campo. Es la historia de un gran escritor contada por él mismo con su particular e irrepetible modo, como solo los grandes pueden hacerlo. Una obra maestra.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

Bibliografía: "Vladimir Nabokov. Los años americanos", de Brian Boyd.