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lunes, 10 de agosto de 2020


DESDE QUE EL MUNDO EXISTE
de Rachel Field



Hay novelas que parecen escritas ante una ventana abierta al mar, con la mirada puesta en la lejanía, dejando que la brisa marina juegue entre las teclas, al ritmo del ir y venir de las olas y al dictado de la espuma de los recuerdos de otros tiempos. Es el mar de esta novela de un pasado en el que los barcos de vapor comenzaban a modificar el horizonte y las velas, antes dueñas y señoras, se iban replegando.

A los Fortune, que se han enriquecido con el comercio marítimo y durante generaciones han botado de sus astilleros los mejores buques de vela, les llega el momento de saltar sobre el navío de los nuevos tiempos o quedarse anclados en el pasado. 

Kate Fernald llega a La Extravagancia en la costa de Maine, Nueva Inglaterra, un frío invierno de las últimas décadas del siglo XIX. Su madre va a trabajar en la gran mansión de los Fortune como ama de llaves y ambas vivirán allí. Kate es una muchacha tímida que confiesa que no se siente a gusto con otros niños de su edad. Sin embargo, de inmediato surgirá la amistad entre ella y los hijos del comandante Fortune, Rissa y Nat, estableciéndose entre los tres un vínculo que marcará su destino. Un destino que girará en torno al sensible Nat y su pasión por la música. 

Sin que nadie pronunciara una palabra supe que había estado a punto de ocurrir algo desagradable y que, en cierto modo, tenía que ver con el piano.

DESDE QUE EL MUNDO EXISTE, de Rachel Field, es la historia de una saga naviera y de cómo determinadas decisiones pueden modificar de forma irreparable el trazo firme de unas vidas que parecían predestinadas por nacimiento desde generaciones atrás. Cómo nacen seres a veces tan únicos y especiales que si no se tiene cuidado se les puede dañar de forma irreparable; que no sirve con ellos lo establecido para otros. Es la historia de una amistad de años y de un gran amor. De ambición y de tradición. De rencores y venganzas. De avance y de destrucción. Es una novela en la que el progreso llegaba con una hacha ciega en las manos. Es la historia de una gran mansión, La Extravagancia.

Sobre La Extravagancia de los Fortune se contaban muchas historias y Jake Bullard se esforzaba por compartirlas conmigo cuando mi madre y yo íbamos a pasar el domingo a Little Prospect con el primo Sam y su familia. Volvía a oírlas en la escuela, a la que acudía sola todos los días, con mis libros y mi fiambrera. Los otros alumnos se quedaron asombrados al enterarse de que yo vivía en la mansión blanca del risco y hablaba y jugaba con aquellos niños a los que ellos solo veían pasar en carruaje para ir a la tienda o a la oficina de Correos, o sentados en la iglesia en el banco reservado a los Fortune.

Rachel Fiel fue la primera ganadora con esta novela en 1935 del National Book Award, el galardón literario más prestigioso de Estados Unidos. Y fue un premio, merecidísimo. Os aseguro que terminé el libro muy emocionada. Ha sido una lectura que he amado desde su primera línea hasta la última. Una historia diría, clásica, en el mejor de los sentidos; muy bien escrita; con una estructurada que no deja nada al azar y con detalles que van adquiriendo significados posteriores; con unos personajes inolvidables, definidos, psicológicamente ricos y complejos, pero de los que entiendes su motivaciones. De un modo magistral la autora lleva a Kate, Nat y Rissa de niños, en dos momentos diferentes, hasta una anciana que lee la buenaventura y en cómo agarran una piedra de la suerte, nos da la clave de los tres personajes. El desarrollo a continuación es absolutamente coherente con ese detalle y lo despliega de un modo bello, medido y manteniendo al lector todo el tiempo interesado e implicado.

Hay una adaptación cinematográfica del año 1947: 'Almas borrascosas'. Un título desafortunado, en mi opinión, que trata de que la asociemos con la obra de Emily Brontë y lo cierto es que las semejanzas que pudiéramos encontrarles son mínimas. Aunque al parecer la película está muy bien, no sé si verla o no de momento, porque se centra en la historia de amor y la novela es mucho más. Todo el tema naval -que no es nada pesado, todo lo contrario-, el amor de Nat por la música, las descripciones del paisaje, del día a día en la mansión... Me da miedo que se me quede muy reducida. 

Por último, no puedo terminar este texto sin un llamamiento a la editorial, Reino de Cordelia, que por favor traduzca más libros de Rachel Field. No pueden dejar de hacerlo. Comenté que 'Disturbios', de J. G. Farrell lo había dejado con pena en la estantería, que lo hubiera comenzado de nuevo nada más terminarlo y con este me ha ocurrido lo mismo. Con ambos me ha costado mucho la despedida. Vosotros, lectores, me entendéis lo que significa esa añoranza del lector con un libro nada más leer la última página. Es algo maravilloso que me parece que se produciría de nuevo con otras novelas de esta escritora.

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

martes, 28 de julio de 2020


TRAGEDIA DEL SEÑOR MORN
de Vladimir Nabokov


¡Estoy condenado! Yo no sé morir, ¡no sé!, y ya es tarde para aprender, ¡no hay tiempo!, ¡ahora vienen a por mí!...

Todo esto es un sueño... El sueño de un poeta borracho.

Vladimir Nabokov siendo muy joven repartía su talento entre la pintura y la escritura, pero fue en las letras y no en los lienzos donde acabaría empleando su amplia paleta de colores. Comenzó como poeta y escribió también teatro y relatos, pero sería en la novela donde el genio del escritor ruso alcanzaría su máximo esplendor. Inteligente como era se dio cuenta pronto dónde podría desarrollar plenamente su gran potencial. Su primera novela, 'Mashenka' o 'Mary', como prefiráis, la publicaría en 1926 y ya es una obra redonda, no le falta ni le sobra nada. Uno de sus mayores admiradores, Martin Amis, lo dijo claramente: "una pequeña joya". Y sin duda lo es. El título que hoy me ocupa, TRAGEDIA DEL SEÑOR MORN, obra de teatro escrita en ruso y de estilo shakesperiano, la había terminado dos años antes, en 1924, pero no sería editada hasta 1997. Sin estar a la altura de su primera novela, es una gran obra y para los lectores que admiramos a este enorme escritor que en este nefasto 2020 -no todo iba a ser malo- la editorial La Uña Rota la haya editado con una buena traducción directa del ruso de manos de Rafael Rodríguez y una edición cuidada con una introducción como merece, es sin duda una gran alegría que no nos podíamos perder. Y no me la he perdido.

En esta obra de teatro se ve venir al joven autor con paso firme, con su enorme talento bajo el brazo y con los temas que iría desarrollando a lo largo de su extensa carrera literaria. El juego shakesperiano es una curiosidad muy estimable para los que admiramos a ambos, resultando un ejercicio brillante. Para lo que opinaba Nabokov sobre el teatro de Shakesperare y en relación a esta obra os remito a su magnífica biografía escrita por Brian Boyd, editada en español por Anagrama. Uno de los temas más interesantes que analiza es del rechazo de Nabokov a la inevitabilidad imperante en las obras del Bardo de Avon. No nos equivoquemos, no estamos ante un imitador de Shakespeare, sino  que Nabokov, ya con las ideas muy claras, nos muestra en este juego lo que serán los principios fundamentales de su narrativa. A modo de una obra suya, él nos muestra su propia idiosincrasia.  

En las obras de Nabokov se dan tantos temas y en una escala de niveles tan asombrosa, que a mí personalmente a la hora de acometer la tarea de escribir sobre uno de sus títulos prefiero centrarme en lo que más significativo ha sido para mi. No hay ni una sola novela suya que haya leído de la que no haya extraído un mensaje claro que me sea útil. Curiosamente, él que no creía que las obras literarias debieran tener un propósito didáctico sí dejaba en ellas un importante aprendizaje a veces por la propia evolución de algunos de sus personajes, en el caso de Pnin, por ejemplo, vemos un clarísimo álter ego. En esta tragedia y siendo un tema que me interesa mucho voy a resaltar esa tarea ineludible -o debería serlo- en la evolución de un ser humano que es aprender a enfrentarse con la muerte. Asignatura cada día más pendiente en esta sociedad que nos coloca cada vez más de espaldas a ella, la pone en un escaparate y nos deja desalmados ante su llegada. En esta obra la mayoría de sus personajes de un modo u otro se van a ver cara a cara con la Parca y cada uno de ellos tendrá una reacción diferente. Voy a poner unos ejemplos sin desvelar demasiado. Está el que convencido de que el honor siempre hay que salvarlo, sobre todo en cuestión de amor, que temblará ante la muerte, pero que aun así irá a su encuentro. El que prefiere la muerte, incluso infringiéndosela a otros con espantosa crueldad por defender unos ideales revolucionarios antes de llevar una existencia en letargo; también tenemos al que inconsciente e insustancial cuando la ve cerca actúa con la mayor de las cobardías, incluso dando de lado al ser amado; la que siempre elige la vida, desde el egoísmo quizás, aunque le quede un mínimo aliento, e incluso el que sintiéndose un hombre noble de gran dignidad al llegarle el momento prefiere huir, pero se consume después al reflexionar sobre su cobardía y ve que vivir así no merece la pena. Todos estos personajes y otros más se nos aparecerán en un principio como seres muy diferentes a lo que serán al enfrentarse a la muerte, sorprendiéndose mucho alguno de ellos al ver sus propias reacciones.

Además de todos los significados que podemos extraer de cualquier obra de Nabokov, la trama principal es muy amena, muy shakesperiana, como decía, pero con unas innovaciones y unos giros que el autor ruso tiene muy claros y que rompen cierto encorsetamiento de un teatro que se impone ya que rompa con algunos principios. Ambientada en un momento histórico que no se desvela y un país que tampoco se nombra, los sucesos terribles de una revolución nos remiten por fuerza a la Revolución  bolchevique, por la que Nabokov y su familia se vieron obligados a exiliarse. Y esa presencia de la muerte como un personaje más que enfrenta al resto de personajes consigo mismos y con los demás la había tenido muy presente a pesar de su juventud por tan duros sucesos que había vivido y por la propia muerte de su padre, dos años antes. 

Ganus, es un revolucionario arrepentido que ha huido de su destierro y acude a su antiguo líder, Tremens, buscando noticias de su esposa Midia. Al descubrir que mantiene relaciones con el señor Morn lo retará a un curioso duelo que se decidirá con los naipes, a pesar de que llegado el momento le es desvelado un secreto que podría cambiarlo todo y propiciar las peores consecuencias. 

Vladimir Nabokov escribió esta obra en Praga, mientras mantenía correspondencia con Vera, que sería su esposa durante más de cincuenta años y que se encontraba en Berlín. Momentos muy difíciles para ambos en el exilio, que los unió aún más y que a pesar de todo el sufrimiento no impidieron que él se convirtiera en un enorme escritor. Ver en esta obra sus primeros pasos, ya tan seguros, tan firmes, encaminados, eso sí, hacia sus novelas con las que alcanzaría la excelencia ha supuesto un enorme placer. Una obra que se lee en nada y que se queda para siempre en ti y te acerca un poco más a su particular y rico mundo literario. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.  

sábado, 18 de julio de 2020


EL DIARIO DE VIRGINIA WOOLF
~Vol. III (1925-1930)~


El tercer tomo de los Diarios de Virginia Woolf ha sido una de las novedades más interesantes de este año. Yo los fui leyendo hace bastante tiempo, tomándolos prestados -los que tenían- de la Biblioteca Regional de Murcia. Todavía conservo las numerosas notas que de ellos extraje. Ahora, poder tenerlos en casa y leerlos y releerlos cuando me apetezca supone casi un pequeño milagro inimaginable entonces. Es de agradecer el magnífico trabajo que está haciendo la editorial Tres Hermanas. Bellos, muy cuidados y con la traducción de Olivia de Miguel, que es inmejorable. En este año tan duro el milagro de la literatura nos emociona aún más y es de ley valorarlo y cuidarlo.

En el primer tomo, con treinta y tres años, encontramos a Virginia Woolf ya casada con Leonard y afincados en Richmond. Para los que somos un poco cotillas el segundo volumen nos permite conocer sus primeras impresiones sobre la fascinante Vita Sackville-West, ya que se conocieron en el año 1926. Os dejo abajo un pequeño aperitivo. Y para los lectores de Thomas Hardy, mirad también más abajo. Y esto no es más que una pequeñísima muestra de lo mucho que contienen estos Diarios. 

EL DIARIO DE VIRGINIA WOOLF Vol. I (1915-1919).
~Jueves, 18 de julio de 1918~

"Fuimos a tomar el té al club... ¡y vaya té!: dos galletas secas, así que cuando llegamos a casa tuvimos que recurrir al pastel".

EL DIARIO DE VIRGINIA WOOLF Vol. II (1915-1919).
~Jueves, 5 de julio de 1924~

".... Pero es el empaque y la clase de Vita lo que más me ha impresionado".

EL DIARIO DE VIRGINIA WOOLF Vol. III (1915-1919).
~Jueves, 18 de julio de 1926~

"Al principio creí que era Hardy, pero era la doncella, una chica pequeñita y delgada que llevaba una auténtica cofia. Entró con un pastel en bandeja de plata y el resto del servicio para el té. La Sra. Hardy nos habló de su perro". [...] "Al momento, volvió a abrirse la puerta, con más finura, & entró al trote un viejito monfletudo y alegre que se dirigió a nosotros en un tono jovial & enérgico, como un viejo médico o abogado, diciendo: <<Bueno, cómo va...>>, o algo parecido, mientras nos daba la mano. Llevaba una chaqueta gris de lana basta y corbata a rayas".

Texto y foto: Ana Martínez García.

miércoles, 15 de julio de 2020



~DISTURBIOS~
de J. G. Farrell


"...miró hacia atrás por encima del césped, al Majestic. ¡Qué ruinoso parecía desde aquel ángulo! Las grandes chimeneas que se alzaban sobre la masa de madera y piedra le daban la apariencia de un acorazado encallado. La hiedra había empezado a crecer, a extenderse ávidamente sobre la enorme pared de muchas ventanas contigua al Patio de las Palmas. De hecho, parecía surgir del propio Patio de las Palmas, a través de un paño roto del techo podía verse un tronco que brotaba grueso y peludo como el muslo de un hombre y se ramificaba luego con múltiples dedos sobre la piedra. En las paredes del sur sobresalían como venas varicosas las cañerías oxidadas. <<Tal vez -pensó el comandante- la hiedra ayude a mantener unido todo el edificio un poco más>>".

DISTURBIOS, de J. G. Farrell.

Asistir a un baile de arañas. Deslizarse por el polvoriento suelo, mientras las mandíbulas de los muertos se desencajan en carcajadas de antaño. Una copa más, por favor. Aunque es tan anticuada la cristalería. Huele a orines de gato. Las ancianas ríen coquetas. Se quejan de las corrientes de aire, mientras buscan con la mirada al comandante y rodean insistentes al viejo médico. 

Asistir a un baile de arañas. Llevas puesto tu mejor vestido. ¡Sin medias! Qué escándalo. La música se arrastra entre los instrumentos dejados contra la pared. De sus orificios reptan el resto de invitados.

Estás en la pista baile. ¡Que alguien limpie el espejo! Quiero verme bailar... No, que lo dejen como está, velado. El Majestic es ya una tumba llena de rasgados disfraces de otra época. Una ruina que se va desmoronando sobre sus fantasmas y las ratas esperan para repartirse el botín. ¿Dónde están los gatos? Que hagan algo con estas ratas. Tantos gatos colonizando habitaciones enteras... Hay que llamar al comandante antes de que sea demasiado tarde. 


El comandante, Brendan Archer, llega al Majestic en el año 1919, en plena Guerra de Independencia irlandesa. Después de recuperarse de las secuelas de la Gran Guerra va al encuentro de su prometida, Angela, que vive en el hotel de su familia en Kilnalough -lugar ficticio situado en Irlanda-. Es un hombre distinguido, de buena posición económica, pero sin familia que lo espere. Tan solo una anciana tía a la que apenas conoce. O tal vez ya no es el mismo que era y su visita tras su salida del hospital no resultó lo que él necesitaba. Fue en 1916 durante un permiso que conoció a la señorita Spencer. El encuentro había sido muy breve, pero a partir de ese momento ella tendría a alguien a quien esperar mientras durase la contienda y él una razón para sobrevivir. Durante el resto del conflicto y el tiempo que duró su convalecencia recibió una carta por semana y aunque no se puede decir que ella fuera especialmente cariñosa le hablaba de su vida en el Majestic del que Brendan se fue haciendo una especial composición en su cabeza de tal forma que en julio cuando estaba ante la puerta del hotel, casi sintió que volvía a casa. Es cierto que tal vez el compromiso entre el comandante y Angela estuviera prendido por alfileres de humo. Pero no por ello el recibimiento fue menos caluroso por parte de su familia. Claro, a él le sorprendió que nadie viniera a llevarle las maletas, que todo estuviera tan deteriorado y que el reloj de recepción marcara una hora equivocada... Y qué decir del primer encuentro con su prometida -"mitad ella y mitad desconocida, pero ninguna de las dos mitades correspondía a la imagen que había tenido de ella cuando leía su carta semana"- en el Patio de la Palmas donde la vegetación había tomado el lugar y se veían polvorientos muebles allí y allá. Lo mejor sería regresar cuanto antes a Inglaterra. Pero estaba tan cansado y hambriento. Por una noche soportaría las sábanas húmedas que se encontró en el cuarto, al que no le acompañó nadie, ningún botones, ni ningún miembro de la familia, y al día siguiente hablaría seriamente con Angela. No contaba con lo que le aguardaba: conocer a otra mujer, Sarah, y lo que le supondría; entablar una peculiar y dependiente amistad con Edward, el padre de su "prometida"; que las ancianas, clientas instaladas a perpetuidad en el ruinoso hotel, tal vez le robarían el corazón; que aquel primer gato que se recostó en sus rodillas, ignoraba que sería el primero de una auténtica legión de pequeños felinos,  y que los disturbios, afuera del hotel, pero a nada, tan cerca y tan terribles serían su día a día. Y que cada día, al menos al principio, planearía marcharse, sin conseguirlo.

Es muy difícil explicar esta novela. La encontré buscando otro título en Acantilado y en cuanto leí la sinopsis y fui a investigar más sobre ella y sobre el escritor, J. G. Farrell, por Internet, supe que había encontrado algo grande. Un hotel de lujo, que gozó de gran prestigio, pero que a la llegada del comandante se encuentra en absoluta decadencia, dejado por sus dueños que viven inmersos en la preocupación diaria por el conflicto irlandés y por los continuos disturbios de los que tienen noticia e incluso sufren cerca de ellos; el comandante que llega y se convierte en uno más de esta curiosa comunidad y las historias de todos los demás personajes pintorescos e inolvidables. Una novela redonda, de principio a fin, como la vida, con momentos terribles, podía reír a carcajadas y a la página siguiente llorar o espantarme por los sucesos dolorosos e incomprensibles derivados de cualquier guerra. Hay en ella amor, soledad, cerrazón, sensualidad, humor... Y muchos, muchos gatos. Si buscáis información sobre DISTURBIOS veréis que simboliza el fin del imperio británico, como era en el siglo XIX, y los conflictos con Irlanda, que hasta hace muy poco seguían coleando y los representa este autor de un modo asombroso, original, hermoso, patético..., a través de lo que sucede en el Majestic. J. G. Farrell que se crió en Irlanda y en Inglaterra crea en el comandante en cierto modo a su alter ego y a través de él vemos lo que significaba estar entre dos aguas y entender las razones de unos y de otros.  

Os escribo a continuación de mi diario: "Estoy en la página 512 de DISTURBIOS y lloro, literalmente, por la tristeza que me da despedirme sobre todo del comandante, pero también de todo el Majestic: Edward, Sarah, las temibles gemelas, el rebelde doctor... ¿Qué tiene este ruinoso hotel lleno de gatos que te atrapó, Brendan, y me ha atrapado a mí? No quiero decir adiós. Quiero quedarme con vosotros en la polvorienta sala de baile".

Quedan meses todavía para que acabe este año, pero es muy difícil que ningún otro desbanque a este y a los DIARIOS, de Cioran, aun sabiendo que vendrán otras buenas lecturas. Pero libros así, que te cambian y que te reafirman en lo que eres para bien y para mal, no son fáciles de encontrar. Dos autores muy diferentes, uno que pasó su vida pensando en la muerte y otro que murió muy joven, con cuarenta y siete años. Dos libros muy diferentes, pero que en mí los paralelismos se miran y se comprenden. Dos libros para seguir leyéndolos y para que me sigan explicando lo que soy. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

viernes, 3 de julio de 2020


~LA SEÑORITA PYM DISPONE~
de Josephine Tey


Algo triste y desconcertada, como quien descubre inesperadamente que la infelicidad puede irrumpir en plena delicia, apartó la mirada de aquel angustioso cuadro, pero no sin antes vislumbrar por último la cara de la señorita Rouse. Y la expresión que se encontró volvió a sorprenderla. Le recordó a Walberswick.

La contribución de Dakers era un hermoso pastel de chocolate de dos pisos con cobertura de mantequilla escarchada. Lucy decidió entonces que como gesto de amistad (y quizá también de gula) debía olvidarse por el momento de los kilos de más.

El lugar poseía todas las características descritas en la literatura por los habituales clientes de las posadas de los pueblos: la porcelana pintada a mano, las mesas de madera oscura de roble, las cortinas de lino con bordados, los ramilletes herbales en sus pequeños jarrones. Sí, incluso las pequeñas muestras de artesanía local en el escaparate. Para Lucy, que en su época con Alan ya había tenido su ración de niditos de amor polvorientos, el lugar era sencillamente encantador. Nada más entrar la envolvió un delicioso aroma a pasteles y bollos con especias recién salidos del horno. Además del ventanal que daba a la calle había otra ventana orientada a un bonito jardín interior engalanado con flores de vivos colores. En el interior del local reinaba la paz, el frescor y un agradable sentimiento de bienvenida. 

Han sido varias las sorpresas que me he llevado con LA SEÑORITA PYM DISPONE, de Josephine Tey. Comencé su lectura pensando en una novelita intrascendente, de narración muy ligera, con un misterio por resolver, quizás a lo Agatha Christie, y que olvidaría en cuanto acabara su última página. Con esta idea preconcebida me dispuse a leer este libro, con menos expectativas que curiosidad. En su momento, en la adolescencia y primera juventud, leí la mayoría de los títulos que escribió la dama del misterio. Os dejo una fotografía que ya compartí, para quienes no la hayáis visto que os hagáis una idea de mi entusiasmo entonces por ella. ¡Y no están todos! Algunos los saqué de la biblioteca, otros me los dejaron y algunos los presté y nunca regresaron. El caso es que, aunque ya no suelo leer este tipo de libros, como podréis imaginar después de la cantidad ingente que consumí en el pasado me saturaron bastante, una escritora de la misma época, la llamada Edad de Oro de la novela británica de intriga, era de esperar que me despertara cierta curiosidad. Además, con el buen recuerdo que guardo de aquella época es muy posible que al ir a Josephine Tey interviniera también una buena parte de nostalgia. Pues bien, me he encontrado con algo que aun con pequeñas similitudes es muy diferente. Y ha sido fantástico. Porque la lectora impaciente que yo era entonces hubiera preferido sin duda ninguna a Agatha Christie, pero la lectora que soy ahora, mucho más reposada, que aprecia los  pequeños detalles y que espera una mayor profundidad, se queda con Josephine Tey.




Lucy Pym es invitada para dar una conferencia en Leys, una escuela muy prestigiosa de educación física para señoritas que regenta una antigua compañera de clase, Henrietta Modge. Y lo que se suponía que sería una estancia de poco tiempo, se convierte en una larga temporada ante la cariñosa acogida que recibe por parte de las alumnas, de su amiga y del resto del personal docente. La señorita Pym era profesora de francés, pero debido al inesperado éxito que le llega tras la publicación de un libro sobre psicología, abandonó su profesión. Su gran popularidad y elegancia encantan a todo el mundo, lo que le sirve de pantalla que oculta en parte su timidez e inseguridad. 

En cuanto comienzas a leer te das cuenta de que la narración es tan encantadora como la propia señorita Pym y está llena de pequeños detalles que son absolutamente deliciosos. Si sois lectores impacientes, que sepáis que hasta casi la mitad de la novela no se vislumbra misterio alguno. Y el misterio que vendrá es muy sencillo, nada enrevesado e incluso con un culpable predecible. Pero a mí no me importó en absoluto, es más, esta peculiaridad de la autora me enamoró. Josephine Tey lo que hace durante buena parte de la novela es hablarnos de las alumnas, su día a día, y del profesorado. Que a través de sus ojos creamos conocerlas bien. Nos habla con detenimiento de sus impresiones desde un punto de vista psicológico y sus implicaciones morales. Pero ojo no es nada moralista. Será por el conocimiento que tengamos de todos los personajes a través de la señorita Pym y la importante decisión que ella tomará en un momento dado, que el final resulte sorprendente.  Fijaos en lo que os digo, aunque para algunos lectores pueda ser, como os decía antes, la solución del misterio algo predecible, el desenlace es muy bueno, sobre todo porque da pie a un debate muy muy interesante. Es el tipo de libro que me hubiera encantado leer en un club de lectura, hubiera dado para una charla de horas.

Es una novela sobre los prejuicios. Cómo la belleza física o el estatus social nos pueden condicionar, predisponernos a favor o en contra de las personas, incluso cuando nos resistimos o creemos que nuestra mirada está libre de ellos. Lucy Pym no es una detective, no tiene una inteligencia brillante, con las ideas clarísimas todo el tiempo de cómo hay que actuar al modo de un Poirot o un Sherlock Holmes. Es mucho más humana e imperfecta y es por lo que te resulta más cercana y te permite encariñarte con ella y comprenderla, aunque no siempre estés de acuerdo con su modo de pensar. En su deseo de ser justa, puede equivocarse o no. Tendréis que descubrirlo vosotros. Al final, lo prejuicios, ¿serán los suyo o los nuestros?

Que nadie os diga que este es un libro intrascendente, ligero, para leer en un par de tardes. No es complicado de leer, pero da para reflexionar bastante y para debatir extensamente sobre él. 

Como curiosidad, en esos puntos coincidentes con Agatha Christie, uno muy interesante. Josephine Tey escribió esta novela en 1946 y Agatha Christie escribió 'Un gato en el palomar' en 1959. Y tienen similitudes. Me queda la duda de sí la madre de Poirot leyó a su colega de profesión o no. Es uno de sus misterios muy elaborados, con el discurso final del detective belga... Muy diferente al de la autora que nos ocupa, solo me la recordó por pequeños detalles: ambas tienen lugar en la campiña inglesa, en una institución docente muy prestigiosa, hay cierta malicia en algunas alumnas.... Esas similitudes no van tan allá como para pensar mal. Los derroteros de una y otra son muy diferntes. Que quede claro. Según el tipo de lector pensará que con mejores resultados una o la otra. 

Por último, decir que me he quedado enamorada de esta autora. Voy a leer todo lo que pueda de ella. Una mujer bastante reservada, que guardó su vida privada muy separada de su profesión. Su estilo me gusta mucho. Nadie que no tenga un porte una clase increíbles puede llevar semejante pañuelo de cuadritos, como el que se ve en la foto, con tanta elegancia. 

Texto y fotografías: Ana Martínez García.  

martes, 30 de junio de 2020


LA LIBRERA Y LOS GENIOS
-UNA HISTORIA DE NUEVA YORK-

de Frances Steloff



...cuán a menudo nos engañan nuestros prejuicios, o nuestra falta de voluntad para cooperar con el artista, poeta, o compositor. Qué agradecidos tendríamos que estarles por romper nuestros moldes de acero. Sin un corazón abierto, no podría haber una mente abierta.

Lo tuve tan claro en cuanto salió este libro, LA LIBRERA Y LOS GENIOS, de Frances Steloff sobre la mítica librería Gotham Book Mart, que lo tenía que leer sí o sí, que calentito todavía ya estaba en mis manos. Pero siento decir que no ha sido lo que esperaba. Qué ha ocurrido. Pues que aunque intenté no compararlo con el que escribió Sylvia Beach sobre la Shakespeare and company, no he podido evitarlo, porque están a años luz. Precisamente el capítulo que le dedica a ella es uno de los más decepcionantes. Apenas unas pocas líneas y muy muy frías. Está claro que Frances Steloff debió ser todo un personaje, con un enorme carisma, gran persona, además, que dejó huella en todos los que la conocieron y lo mucho que hizo por la literatura de vanguardia es absolutamente incuestionable. El libro, desde luego, contiene abundantes anécdotas y curiosidades, fueron muchos los escritores y personalidades muy relevantes que pasaron por la librería. Destacar su amistad durante años con el, para muchos lectores, entrañable Christopher Morley ('La librería ambulante', 'La librería encantada') y me ha sorprendido especialmente la excéntrica Edith Sitwell, con sus manos llenas de anillos y sus cartas tan interesantes y singulares. Conoció a Gertrudes Stein, Anaïs Nin, Henry Miller, Marianne Moore, etc, etc y a todos los trató con gran deferencia dejando en ellos un imborrable recuerdo de su paso por la Gotham Book Mart. Siempre hizo todo lo posible por darle un lugar de honor a Joyce y durante años se celebraron en la librería "La sociedad James Joyce". Ayudó en la promoción de revistas literarias y dio todo su apoyo a escritores en los que creía, incluso con ayuda económica. Peeeeero es una escritura tan distante y a menudo la narración es tan esquemática que sientes que no transmite ni una quinta parte de lo que tuvieron que ser aquellos años. Son capítulos independientes que Frances Steloff fue escribiendo a lo largo del tiempo, que los editores al parecer ordenaron de forma cronológica y que a menudo resultan algo breves. Incluso hay datos que se repiten en algunos capítulos, lo que ya hemos conocido en uno anterior en el siguiente al comienzo todavía no se ha producido y se comenta de nuevo después.

Me gustaría que quedara muy claro, subrayarlo bien, que no estoy comparando su labor como libreras de Sylvia Beach y Frances Steloff, por favor, ambas fueron mucho más allá de las obligaciones propias en principio de este trabajo, mujeres asombrosas, luchadoras, muy generosas y que amaban los libros sin ninguna duda. ¡Las dos han sido unas figuras fundamentales para la literatura de las vanguardias! Lo que comparo son los libros resultantes. Sylvia Beach transmitió bastante mejor lo vivido en su librería. Es un libro precioso, muy bien escrito, que te traslada a París en aquellos míticos años y casi sientes que puedes caminar entre sus estantes y tropezarte con Joyce, Gertrudes Stein, Hemingway, Fitzgerald o Ford Madox Ford. Es uno de mis libros mimados en mi biblioteca. Este tiene una introducción que está muy bien de José manuel de Prada-Samper y un epílogo del librero Matthew Tannenbaum que trabajó en la Gotham Book Mart y te muestra con más sentimiento a la librera y lo que vivió en su librería. Pero lo narrado por ella te deja todo el tiempo con ganas de que fuera más allá, de que mostrara más emoción y de que te hiciera sentir con mayor intensidad que, en efecto, estaban viviendo un momento irrepetible y con artistas únicos.

Aun así, y aunque os va a parecer una contradicción, merece la pena leerlo. Sabiendo lo que sé ahora, igualmente lo leería. Porque la importancia de esta librera y su librería bien vale ser un poco indulgente con la pluma de la señora Steloff. Es historia fundamental en la lucha por la libertad de creación. Tanto Frances Steloff como Sylvia Beach se enfrentaron a una parte de la sociedad pacata e hipócrita e incluso a la justicia para defender su derecho a vender aquellos libros que creyeran conveniente. Y esto es muy importante. Más lo podemos ver en estos momentos con lo que estamos viendo...

Texto y fotografía: Ana Martínez García.
La belleza de ganchillo que se ve en la foto la ha hecho mi hermana Cati.

lunes, 15 de junio de 2020



ESTÍO,
DE Edith Wharton



La brisa de junio, jugueteando por la calle, sacudió las melancólicas hileras de los abetos de los Hatchard, se apoderó del sombrero de paja de un joven que pasaba por debajo y se lo llevó sin miramientos hasta el otro lado de la calle para arrojarlo al estanque de los patos.

Charity no tenía ideas muy claras sobre la Montaña; pero sabía que era un sitio malo, y vergonzoso como lugar de nacimiento y que, le sucediera lo que le sucediese en North Dormer, debía recordar -tal como la señorita Hatchard se lo había advertido en una ocasión- que a ella la había traído de allí, y que le correspondía callarse la boca y mostrarse agradecida. 

Me gustaría imaginarte más feliz, menos sola... Estoy seguro de que para ti las cosas van a cambiar con el tiempo...

Por un instante el primitivo impulso de la huida la dominó de pies a cabeza; pero era tan sólo el inútil agitarse de un ala rota. 


Charity pertenecía a la Montaña y no iban a permitir que lo olvidara. Su tutor, el abogado Royall, el hombre más notable del pueblo y con el que comparte un oscuro secreto, la trajo siendo niña de allí y la crió en su casa con todas las comodidades de su clase social. Pero es demasiado guapa y orgullosa y no van a dejar de aprovechar la más mínima ocasión para recordarle sus verdaderos orígenes y ponerla en su sitio. Vive con Ellos, parece una de Ellos, pero en verdad no pertenece a su mundo. Con lo que no contaba es que esa Montaña iba a ejercer sobre ella tal poder de atracción que llegara a verla como el lugar en el que un día tal vez podría refugiarse, la única escapatoria y consuelo para su orgullo o su vergüenza. O tal vez sería una trampa aún peor que el sentirse tan sola entre quienes la acogieron.

Charity es bibliotecaria, aunque no muy buena, en North Dormer, un pueblo que se le ha quedado muy pequeño. Es, como decía, guapa, orgullosa, independiente y soñadora. Siempre siente sobre ella la sombra de la Montaña y la de su tutor..., el peso del aburrimiento y el impulso de marcharse del pueblo. Ah, y están los ojos azules de Annabel Balch... Una mañana llega a la biblioteca un joven arquitecto, Lucius Harney y un hecho significativo le permite verlo de un modo especial y salir del tedio que impregna su presente y que tanto teme para su futuro.  

ESTÍO (1917), de Edith Wharton es una novela con descripciones del paisaje bellísimas y evocadoras. Tan solo por estas ya merecería la pena leerla. Pero es, además, la historia de una mujer fuerte y de carácter que se ve sola frente a un inamovible orden social y unas rígidas y crueles normas impuestas a las mujeres. Es una historia muy bien escrita, moderna, turbadora, con un modo de mostrarte la sordidez e hipocresía de la sociedad de un modo elegante, pero sin que quede ninguna duda de lo que te quiere mostrar; lo que hay tras tanta rigidez, lo que espera a quienes se saltan las normas, a quienes se atreven a ser diferentes.

Me pasó, además, con esta novela algo curioso, lo que la ha hecho todavía más especial. De estas coincidencias que te dices: ¡cómo es posible, los libros de verdad que nos hablan y nos llaman de algún modo para que los leamos! Poco ante de leer ESTÍO mi hija se suscribió en período de prueba a HBO para ver una serie que le interesaba. Yo miré las que había de época que son las que más me suelen gustar y encontré Death and Nightingales, basada en la novela de Eugene McCabe. Me vi un o dos capítulos y "quería y no podía", algo me fallaba y me la dejé. Pues bien, poco tiempo después, unos días tan solo, voy a elegir nueva lectura y agarro este título de Edith Wharton. Y a medida que voy leyendo más familiar me resulta hasta que llega a.... Hasta aquí puedo leer. Lo que os puedo decir, es que tienen la novela y la serie similitudes que parecen ir más allá de lo que es una influencia o unos guiños. Eugene McCabe, si la serie es fiel a su novela, que no lo sé, o el guionista, pero parece que alguien se leyó muy bien, ¡pero que muy bien! la de Edith Wharton. Hay algo que no puedo desvelar, que es fundamental para la trama de ambas. Y no me digáis que no es maravilloso. La serie que no me llegaba del todo y la escritora, la gran Wharton, cómo se las apañó ella para decirme, "¡eh, aquí está mi libro. Es el que hay que leer, que no te va a decepcionar! Jajajaj.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.