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viernes, 3 de diciembre de 2021

DISTRITO DEL SUR

UN PAISAJE INGLÉS

de Winifred Holtby



"La relación que entablé con Winifred Holtby, a partir de unos comienzos tan irónicamente poco prometedores, fue el inicio de una amistad que no hemos interrumpido ni desatendido en trece años, y que hoy en día es más íntima que nunca".

TESTAMENTO DE JUVENTUD, de Vera Brittain.

La gran amistad entre Winifred Holtby y Vera Brittain, que se forjó mientras ambas estudiaban en la universidad de Oxford, solo se vería interrumpida por la muerte con tan solo treinta y siete años de la autora de la novela que hoy nos ocupa: DISTRITO DEL SUR. UN PAISAJE INGLÉS. Vera Brittain se encargaría de editar y publicar póstumamente en 1936 este magnífico libro de su amiga, que se convertiría en un clásico indiscutible de la literatura. Desde entonces, de hecho, no ha dejado de reeditarse y ha sido llevado a al cine y a la televisión. 

Dos años antes de su muerte Winifred Holtby, consciente del poco tiempo del que disponía, escribió esta novela en la que nos mostraba a través de un gran número de personajes cómo era la vida rural inglesa del condado de South Riding antes de la Segunda Guerra Mundial y en concreto, se centraba en mostrarnos las complejidades y peculiaridades de un gobierno local y de qué modo sus decisiones afectaban a los habitantes de dicho condado. 

En DISTRITO DEL SUR un cauce principal recorre toda la novela: la eterna pugna entre las tradiciones fuertemente arraigadas y un mundo que se quiere inamovible y el imparable progreso. Las dos corrientes son representadas en contraposición por Sarah Burton, la directora de la Escuela Superior de niñas de Kiplington, mujer avanzada que va con los nuevos tiempos, y el consejero Robert Carne, hacendado y claro defensor de las ideas conservadoras. El choque entre los dos será inevitable nada más conocerse y entre los partidarios de un pensamiento y otro. Pero es la regidora Mrs. Beddows, que estará entre ambos, el alma de la novela. Representa ese personaje femenino de una cierta edad que es todo un carácter y que aporta el toque distintivo de elegancia, sabiduría y contundencia. Aun dicho lo anterior, bien es cierto que es una novela muy coral y que en torno a estos personajes principales aparecerán otros muchos pertenecientes a diferentes extracciones sociales con mayor o menor relevancia para el desarrollo de la historia. 

Es una novela que tiene de todo, amor, amistad, misterio, problemas sociales... Trata incluso la enfermedad mental... La autora de ideología socialista y activa feminista no busca mostrar buenos y malos, sino que representa de forma serena tanto la tradición como el progreso con sus pros y sus contras. Nos muestra la decadencia, lo agónico de las viejas tradiciones, pero también sus atractivos y lo que se les debe. Aun con la vista puesta en un futuro mejor gracias al progreso, hay una parte de agradecimiento en su mirada. Y en ese progreso inevitable diferencia también entre el puramente práctico, frío y distante, que busca el enriquecimiento y no tiene en cuenta lo humano, y el otro, apoyado en las ideas y en la conciencia social. 

Sin duda ha sido una de mis mejores lecturas del año. Me hizo reír y llorar; me impliqué muchísimo con los personajes. Una niña muy inteligente, pero muy pobre, Lydia Holly, me mantuvo en vilo y su historia fue una de las principales para mí. No es una novela idílica, pero tiene pasajes muy bellos. Y si bien, el tema principal es el que ya apunté, la muerte está muy presente y sobrevuela toda la novela. Podría ser que viéramos a la autora en la pelirroja Sarah Burton, no lo sé, pero el miedo que debió sentir en esos momentos que sabía que su vida se acababa está en un personaje inmenso, que es Lyli Sawdon. Aparece con mucha discreción y poco a poco va adquiriendo una gran presencia. Está enferma y lo vamos a sentir todo con ella. Nos disgustará en ocasiones su manera de proceder, pero no queda otra que ser comprensivos. En este personaje, por fuerza, la autora tuvo que dejar una parte importante de sí misma, de lo que estaba sintiendo. 

Por último no quiero dejar de señalar algo que me agradó mucho, aunque sin entrar en detalles para no desvelar demasiado. Se trata de una cierta actualización de 'Jane Eyre', de Charlotte Brontë y ahí lo dejo... También vemos a 'Rebeca', de Daphne du Maurier, que se publicó dos años después. Esta novela últimamente parece que la encontramos por todos lados...

Se podría decir tantísimo de esta novela. No me sorprende lo querida que es y es un pena que Winifred Holtby no la viera publicada. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.










 

lunes, 15 de noviembre de 2021

LA FOLIE BAUDELAIRE

de Roberto Calasso


Existe una ola Baudelaire que lo atraviesa todo. Tiene su origen antes de él y se propaga más allá de todo obstáculo. Entre los picos y las caídas de esa ola se reconocen Chateubriand, Stendhal, Ingres, Delacroix, Sante-Beuve, Nietzsche, Flaubert, Manet, Degas, Rimbaud, Lautréamont, Mallarmé, Laforgue, Proust y otros, como si fueran investidos por esa ola y, por momentos, sumergidos. O como si fueran ellos quienes chocaran con la ola. Arranques que se cruzan, divergen, se bifurcan. Remolinos, vórtices repentinos. Después sigue la corriente. La ola continúa su viaje, dirigida siempre hacia el <<fondo de lo desconocido>>, de donde provenía.

Fue paradójicamente el crítico Saint-Beuve el que nos dio una de las imágenes más certeras de lo que representaba en literatura Baudelaire, comparándolo como sintetiza Roberto Calasso con "...un quiosco solitario, que se alza sobre un paisaje desolado". Lo hizo cuando pretendía minusvalorar e incluso ridiculizar su talento, pero no le pudo salir peor la jugada. Quién recuerda hoy al crítico más temido y venerado del siglo XIX, si no es para recalcar su errado proceder con grandes de la literatura como Stendhal, Balzac, Flaubert, Nerval y el propio Baudelaire. Mientras estos son reeditados una y otra vez y leídos con deleite, los libros de Saint-Beuve no acumulan más que polvo y olvido. Lo mismo que les ocurrirá a muchos de los libros que son ensalzados en la actualidad por críticos interesados, libros que morirán devorados por su propia mediocridad.  

Baudelaire no solo es leído, sino que está allí donde muchos ni siquiera captan su presencia. Estaba en Rimbaud, en Lautréamont, etc. Está, obviamente, en Proust. Cómo se puede reseñar 'En busca del tiempo perdido' y no nombrar a Baudelaire. Me da hasta risa. Está en Walter Benjamin; está en Kafka; en Dostoievski, y en tantos otros. Su "ola" hacia atrás y hacia delante, llega incluso hasta Bolaño y seguirá y seguirá alcanzando, empapando, amparando a otros muchos escritores. Es una ola inextinguible. Él era, es y será la expresión máxima del concepto de decadencia (a la que todo y todos estamos condenados), comienzo de la literatura moderna y el modo definitivo de bajar a los abismos y en un desierto de dolor, entre las ruinas de la civilización, lograr que crecieran las más hermosas flores que la literatura ha dado: LAS FLORES DEL MAL. 

En un rincón, una cama sin hacer

Nos dice Roberto Calasso en 'La folie Baudelaire' que el gran poeta francés era un consumado procrastinador. Cuando en su vida se produce la "gran fractura" que lo aleja de la buena sociedad, de las normas del sistema, para adentrarse libre en las profundidades de París, para ser reflejo de sí mismo, extraño y brillante, para que su mirada del flâneur por excelencia nos mostrara la ciudad en sus más recónditos nudos de luz que él ya veía que agonizaban de oscuridad, lo que estaría haciendo es postergar todo lo que hiciera falta para entregarse a la poesía, acudiendo a todo aquello que le apasionara, mirando sus miedos a la cara y a instalarse en su soledad. Soledad. En su figura siempre la isla, el estandarte, el observador... Sin embargo, serían sus amigos los que protegerían su obra, los que no permitirían que se perdiera. 

'La folie Baudelaire' es un homenaje al gran poeta desde una profunda admiración, realizado de una forma fascinante, siendo una lectura absorbente y a la vez asombrosamente erudita. Y girando en torno a él nos muestra la Francia del  XIX que en esa "ola" que todo lo cambiaría, que superaría las carencias del Romanticismo, que se erigirá como una herencia contestataria, aun a veces sin saberlo. Un ARTE nuevo y del que seguimos siendo deudores. Pero en este libro no solo la literatura y la poesía son celebradas, la pintura también lo es a través del análisis de sus textos para los 'Salons' con Ingres, Delacroix, Manet, Berthe Morisot, Degas y Constantin Guys a quien Baudelaire bautizaría como "el pintor de la vida moderna". Incluso el cine es alcanzado por esa "ola" con representantes como Max Ophuls o Von Stroheim.

Para escapar del error de las apostasías filosóficas, me resigné orgullosamente a la modestia: me contenté con sentir; regresé a encontrar un asilo en la impecable ingenuidad.

Texto y fotografía: Ana Martínez García

domingo, 24 de octubre de 2021

HENRY Y CATO

de Iris Murdoch


"¿Podía aún hallar consuelo en el arte? Hacía mucho que le había abandonado Mozart, pero Bach estaba allí todavía".

"Muchas veces Henry se veía como un artista fracasado. ¿Por qué fracasado?, válgame Dios, le interrogaba Bella. Si no lo has intentado siquiera".

HENRY Y CATO, de Iris Murdoch.

***

Henry y Cato son dos amigos que al terminar sus estudios siguieron caminos separados. Ambos provienen de familias adineradas unidas por vecindad y ciertos vínculos, no les ha faltado de nada material, pero se sintieron siempre incomprendidos en sus hogares. Los dos desprecian ese mundo de comodidades y su pretensión ha sido, cada uno de diferente manera, alejarse lo más posible de su entorno, trascenderlo e incluso en el caso de Henry, dinamitarlo. Buscarán un sentido para sus vidas que vaya más allá de lo esperado para ellos, pero para lograrlo actuarán de manera reprobable con la excusa de alcanzar un fin que creen loable. "En alguna parte existía una vida heroica a la que él creía tener derecho". Cuando tengan que enfrentarse con su propia mediocridad y aceptar que la empresa es demasiado para ellos; cuando tengan que mirar de frente a su realidad, uno de ellos, más cínico lo aceptará, con pena, pero con cierto alivio en el fondo, y el otro se hundirá en una terrible crisis de identidad.

En un momento dado, escribí en uno de los márgenes de este libro del que hoy os hablo, HENRY Y CATO, de Iris Murdoch: "He de decir que ni me interesa Cato ni Henry lo más mínimo. Me quedo en la mansión de Laxlinden con Lucius, Gerda y Rhoda". Sí, mi principal problema con esta novela en un principio fueron ellos dos. Sus motivos los veía, me parecía ver a dónde la autora quería llegar, pero en sus comportamientos me resultaban a menudo muy pesados y los discursos muy confusos. Incluso ocurre un suceso en la segunda parte de la novela que me resultó un tanto peliculero, ejecutado de tal manera que me alejaba de la historia. Mejora para mí ostensiblemente en la tercera parte, que es magnífica, y en las dos anteriores la diferencia siempre la marcó esa mansión y sus habitantes a la que acudía Henry. Aunque a él me daban ganas de cerrarle la puerta en las narices y quedarme dentro con los otros tres. 

Hay un personaje, desde luego, que destaca por encima de los demás, y es Lucius. De todos ellos es el único que creo que está destinado a algo grande, a no zambullirse en esa mediocridad en la que vivimos la mayoría. Pero ya tiene una edad, se ha acomodado al lado de Gerda, tanto que se ampara en culparla por miedo a actuar y ha dejado pasar el tiempo en una vida aburguesada. Veremos sus intentos -o amagos- de volver a la circulación, a luchar por darle forma al talento que él sí parece poseer. Es un personaje muy interesante, culto, sensible, que te conmueve más que ningún otro, aun con su cobardía.

Por Lucius, la mansión y sus habitantes y toda esa tercera parte, la novela merece la pena leerla. No estará entre mis preferidas de mi admirada Iris Murdoch, pero es que entre tantas que escribió alguna tenía que ser un poco más irregular. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

domingo, 3 de octubre de 2021

 EL GABINETE DE LAS HERMANAS BRONTË

de Deborah Lutz


Siento al escribir sobre las hermanas Brontë que la estancia está demasiado atestada de gente. Son tantos los lectores que reclaman un pedacito de tela de sus vestidos que es preciso que tome distancia y me quede en soledad. Caminaré durante un trecho, me adentraré en un bosque y bajo el susurrante sentir de los árboles releeré algunos fragmentes subrayados de "Jane Eyre", recordaré la paz que sentí con "Agnes Grey" o me atrapará de nuevo el misterio de la rama de abeto en la ventana de "Cumbres borrascosas"... El verdadero hálito de las hermanas está en sus libros.

El arte post mortem tan importante en la época victoriana trataba de fijar el instante en el que se exhalaba el último aliento, como si de ese modo pudieran atraparlo y conservarlo. Pero ninguno es tan persistente como el que respira en los grandes libros y en las obras de arte. Es este aliento que le prestan los libros de Charlotte, Emily y Anne a los objetos que les pertenecieron el que me produce una sensación casi desasosegante, un prurito por saber, por poseerlos más allá de su mera naturaleza material. Por poseerlas a Ellas de algún modo a través de los objetos que les pertenecieron y que formaron parte de su trascurrir cotidiano. 

EL GABINETE DE LAS HERMANAS BRONTË, de Deborah Lutz, nos permite a través de algunos de estos objetos personales realizar un singular recorrido biográfico. Están entrelazadas las vidas de las hermanas y las relaciones de cotidianidad que establecían con estos objetos, con las que establecían los propios victorianos con objetos similares. En lo particular de cada cual y en las normas de uso generales que adquirían por hábito, imposición, clase social o incluso por el credo que profesaran. Este libro, por tanto, no solo nos permite atisbar entre las pertenencias de las tres hermanas en su intimidad, así como el papel decisivo que jugaron en sus obras, sino que, además, nos da interesantes detalles sobre las costumbres de la época, tanto de personas anónimas como de otros escritores y artistas, relacionados o no con ellas. Cómo no, su hermano Branwell, presente, de un modo u otro, en sus vidas y en sus obras, se nos muestra inseparable de ese imaginario compartido de juegos y creación artística.  

Deborah Lutz dice que creían entonces que podía existir una conexión a través de los objetos entre los vivos y los muertos. Una conexión para ellos incluso sobrenatural. De algún modo la sentimos leyendo este libro con las propias hermanas Brontë y con una época que a tantos lectores nos fascina. Claro, visitar Haworth siempre supone un placer, pero que se trae los bajos manchados de tristeza. Es inevitable. Ir allí es cruzarse demasiado a menudo con la muerte. Imposible olvidar el desgarro de Charlotte en una carta dirigida a su amiga Ellen cuando Emily muere: "Y ahora ¿dónde está? Fuera de mi alcance, fuera de mi mundo, me la han arrebatado". 

El libro se articula en nueve capítulos y cualquiera de ellos es digno de ser destacado. Todos son interesantes y se leen con deleite. El capítulo de las mascotas me resultó especialmente enternecedor. Los que tenemos animalitos en casa sabemos la relación que se establece de enorme cariño con ellos y que ante la muerte sienten también dolor. El de los escritorios adquiere importancia por razones obvias. Cuando habla de los costureros es precioso. Y el de los álbumes de recuerdos con la locura que les dio a los victorianos por los helechos nos recuerda que la tendencia a la imitación que tenemos las personas se nos va a menudo de las manos.

Ningún objeto tiene mayor valor de fetiche para los lectores que un libro. Un libro sobre los objetos de las hermanas Brontë aumenta aún mas ese valor. Nos gusta mirar en los cajones de nuestros escritores favoritos, leer sus diarios, sus cartas... Pero es el hálito de sus obras el principal generador de vida y la vida en ellas seguirá mientras las leamos y cuidemos.  

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

viernes, 3 de septiembre de 2021

 UNA VILLA EN FLORENCIA

de Somerset Maugham


Se contentaba con sentarse tranquilamente en el jardín y leer algún libro, y cuando le apetecía salir prefería coger el Fiat y explorar los alrededores. Nada podía superar el encanto del paisaje toscano, con su refinada inocencia. Al contemplar los árboles frutales en flor y los primeros brotes de los álamos, con aquel vivo color que tanto contrastaba con el gris perenne de los olivos, la había invadido un sosiego que no esperaba volver a sentir.

Tal vez hubiera algo en aquella suave brisa toscana que la afectaba hasta el punto de que incluso las sensaciones físicas tenían cierta espiritualidad. Despertaba en ella la misma emoción que la música de Mozart, tan melodiosa y alegre, con aquel trasfondo de melancolía, que la llenaba de una satisfacción tan grande que tenía la impresión de liberarse de las ataduras de la carne. Durante unos minutos dichosos se purificaba de toda vulgaridad y la confusión de la vida de disolvía en una delectación absoluta.  

...era un romántico, su forma de hablar grandilocuente y exagerada era propia de un joven que sabía más de libros que de la vida...

***

Hay escritores que llegan a alcanzar una gran maestría, saben contar muy bien una historia, mantener el interés, perfilar unos personajes muy atrayentes y darnos un final en condiciones sin que sintamos que nos han tomado el pelo o que el autor ha sido incapaz de rematar bien la narración. Somerset Maugham conocía muy bien su oficio y los lectores recompensaron su buen hacer logrando en su época una gran éxito de ventas. Es reconocido sobre todo por sus novelas, aunque escribió magníficos cuentos también y obras de teatro. Un hombre muy observador y gran viajero que logró un profundo conocimiento de la naturaleza humana. Sus libros están escritos con sencillez y claridad, resultan de ágil lectura, con descripciones precisas y una estructura muy bien definida. Lo más interesante, sus personajes, que nos muestran lo inútil de ir en contra de su propia naturaleza. Su destino está en ellos mismos y en sus pulsiones, debilidades o ideales. 
La crítica a menudo no lo ha tratado como es debido y como resultado ha ensombrecido su obra, pero afortunadamente esta sigue siendo pertinaz y nos llevamos de vez en cuando una alegría como la de este verano con la edición bellísima que Pequeños Placeres ha tenido el acierto de ofrecernos de UNA VILLA EN FLORENCIA. ¡Ahora queremos más! 

Estamos ante una novelita que se lee en una tarde con dos partes bien marcadas. A Mary Panton, bella viuda con un recuerdo amargo de su matrimonio, le prestan una villa toscana del siglo XVI con unas preciosas vistas de Florencia. Desencantada del amor ahora quiere centrarse en descansar, leer o pasear por su precioso jardín y visitar monumentos. Mary es una protagonista seductora, elegante y serena en su forma de conducirse, que pretende ser más práctica después de lo vivido y decantarse por lo conveniente para ella sin dejarse llevar por el romanticismo. Pero ante una mujer tan hermosa y joven todavía la vida no puede apagar tan pronto sus focos y no podrá resistirse a tejer para ella nuevos y sorprendentes acontecimientos...

De las dos partes a mí me atrajo más la primera, quizás porque en el momento en el que estoy no me apetecen sobresaltos y lo que más anhelo es paz, buenas lecturas y un silencio de alfombra mullida o paseos por el campo. Sin embargo, reconozco que el giro que da esta novela en un momento dado resulta de lo más estimulante dentro de la lectura. Es verdad que torna la narración más predecible y un poco gastada por verla con diferentes disfraces en numerosas tramas literarias o cinematográficas, pero resulta muy interesante ver cómo hasta un acto noble puede tener trágicas consecuencias y el buen oficio del autor no deja que la historia decaiga. 

Este libro ha sido en efecto ideal para una tarde de verano. Es una puerta de entrada idónea para llegar a las grandes novelas de Maugham como SERVIDUMBRE HUMANA, EL FILO DE LA NAVAJA, EL VELO PINTADO o LA LUNA Y SEIS PENIQUES. A mí personalmente me gustó mucho LA ESPOSA IMPERFECTA, una sátira del mundillo literario en el Londres de entreguerras.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

miércoles, 11 de agosto de 2021

CRIADOS Y DONCELLAS

de Ivy Compton-Burnett 


Ha sido una muy feliz coincidencia que mientras veo la mítica serie inglesa ARRIBA Y ABAJO haya llegado a mi vida la escritora Ivy Compton-Burnett (1884-1969) y en particular con este título, CRIADOS Y DONCELLAS. Han sido numerosas las veces en las que una me recordaba a la otra y viceversa. En especial en los diálogos que se establecían entre el servicio en el sótano de la mansión de los Lamb a la que nos lleva la autora en esta novela.

Me viene a la memoria que cuando leía en la adolescencia y primera juventud a Agatha Christie de forma compulsiva -ya lo he reconocido, no sin cierto regocijo, más de una vez- alguien me comentó que no le gustaba esta escritora porque siempre era lo mismo, a lo que yo respondí que eso era precisamente lo que más me atraía de ella, que sabía lo que me iba a encontrar. No siempre queremos los lectores que nos sorprendan demasiado, a veces nos apetece leer a determinados escritores que nos van a dar justo lo que nos apetece o necesitamos en ese momento. Con Ivy Compton-Burnett nos va a suceder así. Ella estableció un esquema para escribir sus novelas y se mantuvo en él durante toda su carrera: en sus diferentes títulos nos llevará a una mansión victoriana y en ella una familia de clase media alta se encontrará en conflicto por culpa de un opresor que ejerce sobre los demás un poder tiránico. Cómo afrontará la familia esta situación a punto de estallar y con qué desenlace más o menos trágico, se nos mostrará a través de un texto lleno de diálogos hasta el punto de darte la sensación en algunos momentos de estar leyendo teatro. Estos diálogos están llenos de sobreentendidos, agudezas, alusiones, salpicados de una oscura ironía y un humor muy particular. Forma también parte de su esquema la aparición de otra familia de fuera que tendrán un papel decisivo en la trama, de nivel social más bajo, pero también con una cuidada educación y modales refinados, que en un principio parece que ventilan un poco con su entrada en escena los cuartos cerrados de la mansión. Hay más particularidades que se repiten, pero estas serían las fundamentales. Claro, por supuesto, en una edificación de estas características que se precie estará el servicio, que en esta novela en concreto tiene un mayor protagonismo y es una maravilla seguirles y ver cómo se relacionan con la familia y entre ellos. ¡Hudson y la señora Bridges!

Contiene esta novela además un magnífico prólogo a cargo del escritor mexicano Segio Pitol, que yo aconsejo que leáis al final, ya que desvela demasiado. En él entre otros datos interesantes, señala algo de lo que se dio cuenta Mary McCarthy y que me llamó bastante la atención mientras leía, y es que una mujer que en apariencia era tremendamente conservadora, con una imagen que yo no he visto nada igual en mi vida, como preservada en formol en un oscuro laboratorio victoriano, con un rictus severo que harían bajar la mirada al más pintado, pues es curioso que en sus novelas dentro de ese mundo cerrado y opresivo, colocara ventanas y respiraderos que se abren para la transgresión y la rebeldía. 

Sin duda, una escritora muy interesante, que me produce ese gratificante cosquilleo de saber con antelación lo que me voy a encontrar cuando vuelva a leer una de sus novelas. Por supuesto dentro de ese esquema cambian los personajes, las tramas, los conflictos y cómo se resuelven. Pero el enorme placer que supone pasar un fin de semana en una gran mansión, con un gran fuego en mi cuarto -aunque en este título el carbón están bastante restringido...- y que Hudson me sirva una taza de té a la espera de unos determinados acontecimientos que me despiertan mucha curiosidad, es indescriptible. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

martes, 27 de julio de 2021

 EL CASO DEL SEÑOR CRUMP

Ludwig Lewisohn

Estamos en EL CASO DEL SEÑOR CRUMP, de Ludwig Lewisohn, ante una novela incómoda, a ratos terrible, en la que llegas a sentir bochorno, indignación y también tristeza. Se bifurca en dos senderos paralelos, en uno nos deleitamos con la más delicada y excelente música clásica y en el otro tenemos la sordidez de un matrimonio desigual. Y desde el principio, un narrador al que tendremos que observar con atención.

Herbert Crump es un joven ingenuo, soñador, que recién terminados sus estudios de música sale al mundo con sus ideas preconcebidas sobre el amor y las mujeres. Al poco sufre un desengaño amoroso y tras este, conoce a Anne, mayor que él y casada. Creyendo que su historia con esta mujer seguirá los debidos derroteros se siente como los jóvenes artistas parisinos que son instruidos por amantes maduras para después seguir su camino de éxito en sus profesiones y contraer nupcias o mantener relaciones con mujeres jóvenes, como es de ley. Pero Anne con varios hijos en su haber y un marido dado a las apuestas, tiene otros planes. De hecho, de la noche a la mañana Herbert se verá atrapado en un matrimonio con esta mujer, manteniendo unos hijos que no son suyos e infinidad de responsabilidades que no le corresponden. Una vida, en resumen, que da al traste con buena parte de sus sueños y de la que todo el tiempo va a intentar buscar el modo de escapar.  

Tiene un determinado tipo de lector tendencia a la inercia, a creerse lo que se le cuenta sin un análisis más profundo; a preferir el blanco y el negro a la complejidad y variedad de los grises, y a buscar en las novelas los buenos y los malos. Henry James nos enseñó a que tuviéramos cuidado con esto, que la realidad que nos puede presentar un libro tal vez sea una realidad subjetiva. Nabokov, al que se alude para la promoción de esta novela, nos mostró como ese tipo de lector podía llegar a creer lo que decía un pederasta y de ese modo convertir a una pobre niña de la que habían abusado, en una nínfula malvada. O peor, creer que un degenerado hablaba en nombre del propio autor. Nabokov nos dio una clase magistral con su novela más conocida y controvertida y le puso un muñegote en toda la frente a ese tipo de lector, a ese mal lector. Pero muchos a día de hoy siguen sin haber aprendido la lección. 

En esta novela de la que os hablo hoy, lo fácil es ponerse en contra de Anne. Se nos dice que va enredando a un pobre muchacho, que aunque mayor de edad es muy inocente y ha crecido protegido por unos padres muy tradicionales y religiosos; no sabía nada del amor, excepto lo aprendido en los libros y en el ejemplo de sus progenitores. Pero hay algo que nos va a indicar que no todo es tan sencillo como parece. Desde el principio vamos a tener la versión de un narrador -¿interesado?- que nos da los detalles más desfavorables sobre ella. Va a centrarse de un modo realmente humillante en sus rasgos físicos, en su edad, en su catadura moral que deja bastante que desear, y en cómo las hipócritas normas sociales, durante la Belle Époque, la favorecían a ella en detrimento del pobre muchacho... Yo os digo, que cuidado con esto. Remitiéndome de nuevo a Nabokov, él diría que lo importante son los detalles y se nos dan algunos en esta novela para que como mínimo dudemos un poco del narrador. No tenemos la versión de ella en ningún momento. Desde el principio el texto nos va a mostrar a una mujer de un modo bastante negativo. Si bien para él se van a buscar eximentes a menudo, para ella, nunca. Hay un momento en esta novela en que se cuenta algo que le sucedió a Anne y yo creo que Nabokov vio a su Lolita en él. Lo que vivió de niña con un adulto en vez de servir para compadecerla, para entenderla en parte, el narrador lo utiliza para mostrar su torcida moralidad desde el principio. Aquí por fuerza hasta los lectores más crédulos con este narrador pueden desaprobar su proceder o al menos sospechar un poco de su objetividad. Digo yo. La edad, de hecho, siempre va a ser lo fundamental para juzgarla, excepto cuando puede servir para entenderla al menos un poquito. A continuación os dejo un fragmento ilustrativo. 

"En resumen, no podía soportar el mínimo ataque a la veneración que su sexo merecía. Nunca dudó de su poder para forzar esta veneración y merecerla. Cuando, a los 60 años, era una mujer sucia y marchita, afligida por las debilidades propias de su edad, su intransigencia en este asunto era tan desmesurada como lo había sido durante su juventud y su joven maternidad".

Lo que sí está clarísimos, es que esta novela no os va a dejar indiferentes, que es absolutamente adictiva, que tiene un final tremendo y que da para un debate de lo más interesante. Y que si creéis que está todo clarito desde el principio, yo de vosotros me fijaría mejor. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.