Bienvenidos

lunes, 20 de enero de 2020


~DUMALA~
de Eduard von Keyserling


Se escuchan pisadas en la nieve. Se aproximan. Un eco persistente: Dumala, Dumala, Dumala... Las ruinas envueltas en un silencio cargado de años, aguardan. El visitante intenta ver algo asomado a una de las ventanas: oscuridad. No, ¡espera! Una leve luz en lo que parece una gran chimenea. Se va agrandando hasta que un gran fuego ilumina la estancia. Al principio los roedores se quedan perplejos en el centro del ruinoso salón, mirando aquel inesperado fulgor. Las rasgadas cortinas se mueven sin viento, se van recomponiendo, adquieren colores que se sacuden de polvo el ajado semblante. A un lado de la chimenea, una silla de ruedas y un hombre demasiado delgado, demacrado, pero de porte aristocrático, impecablemente vestido y peinado. A sus pies, una hermosa mujer le masajea las piernas que tiene cubiertas por una manta roja. Enfrente dos hombres. Quiénes son. Erwin Werner, pastor de Dumala, y Karl Pichwit, secretario del barón Werland, por el que ambos sienten un profundo respeto. Pero es la mujer, Karola, quien concentra toda la atención. Lene, la esposa del pastor ya lo dijo con cierto desprecio, con dolor, que Karola siempre quiere verse rodeada de hombres rendidos a sus pies. La joven esposa, algo torpe, teme todo el tiempo enfadar a su inteligente marido. Se queda tan a menudo en casa, sola. Él es requerido, en su labor de pastor, cada vez con más frecuencia por la baronesa con la excusa del marido enfermo que lo aguarda para debatir sobre Dios y la muerte que sabe cercana. Se mira las manos rojas. Él las comparó con las de Karola, "las tiene tan blancas como la nieve", le dijo. 

El visitante no puede dejar de admirar aquel salón despojado ya de sus ruinas y aun así, lo siente todo el tiempo a punto de desmoronarse. Tras los paneles de madera se oye el ruido de los roedores royendo sin parar. Y aquellos personajes en una tensa armonía de deseo y celos los escuchan como si pudieran detener el tiempo, el deterioro, la decadencia hipnotizados por la mujer y aquellas manos blancas de uñas rojas y brillantes anillos que se mueven solícitos, pero ausentes sobre las piernas de su marido. 

La nieve cae sin parar. El bosque esconde peligros en su blanca densidad. El palacio de Dumala es un edificio de hielo que se derrite en sus cimientos. Las bajas pasiones pueden roer hasta la más resistentes estructuras. El visitante sigue bajo la nieve, se siente cómodo ante la escena que está a punto de estallar. Un caballo se acerca. Quién osa romper en pedazos la imperfecta composición. Los celos, los celos, los celos... ¡la romperán en pedazos! Es el barón Rast. Se aproxima. "Tenga cuidado con las ovejas de su rebaño, pastor. Rast, es un desmesurado consumidor de hembras". Le brillan tanto los ojos a Karola. Escucha el galopar del caballo cada vez más cerca. Se desprende del tedio como de una bata que se le estaba quedando anticuada; las manos se quedan quietas sobre las piernas enfermas de su marido. Aguarda con una sonrisa desmesurada, animal. Los ratones roen la madera cada vez más rápido, cada vez más fuerte...

Texto y fotografía, Ana Martínez García.

sábado, 18 de enero de 2020


~TIEMPOS DIFÍCILES~
de Charles Dickens




Llevo unos años que leo a Charles Dickens en Navidad y es que no hay un escritor que parezca más idóneo para estas fiestas que él.  De hecho, se dice que Dickens inventó la Navidad y qué mejor que acudir a sus libros, sobre todo si te ocurre como a mí que piensas que es la celebración más hipócrita de cuantas existen. He tenido que crearme unas propias, volver a cuando era niña y todavía creía en ella y agarrarme a lo que descubrí entonces, que solo existe de verdad en los libros, lo demás, solo es un espejismo.  El espíritu con el que las identificamos recorre las historias de Dickens y es un espíritu de bondad y de comprensión con el prójimo. Apela a nuestros mejores sentimientos y en esa realidad que denunciaba, entre conocimiento objetivo y creación literaria, logró concienciar de tal modo que muchas de las mejoras sociales que se hicieron se deben de un modo u otro a él. En estos tiempos que todavía las calles están llenas de seres invisibles a los que no se mira no vaya a ser que nos veamos a nosotros mismos, todos deberíamos leer y releer a Dickens. Los malos críticos de este escritor, los que no saben leer sus libros, le han reprochado su exceso de sentimentalismo y de drama, pero fue precisamente gracias a su maestría en manejarse en estos los que pusieron el foco sobre los que eran explotados y maltratados por una sociedad industrial feroz, fría e inhumana. Sus personajes tan exacerbados gritaban de un modo perfecto su desamparo. Él mismo había sido uno de ellos y vivió en su propia carne la invisibilidad y los rigores de las desigualdades sociales, por lo que dotaría a sus personajes de tal sustancia literaria que no dejara indiferente a nadie y que mostraran toda la profunda humanidad de los más débiles, moviendo las conciencias a la vez que nos hacía disfrutar con su enorme imaginación.

TIEMPOS DIFÍCILES es una magnífica novela, no tan extensa como otras de este escritor, pero en la que se dan cita sus características habituales: denuncia social a través de tramas dramáticas y personajes con personalidades muy marcadas, muy literarias. En ella resalta los efectos negativos de un sistema educativo que prioriza los conocimientos prácticos y ahoga con determinación toda manifestación de la imaginación, creyéndola perniciosa y condena todo aquello que pueda alimentarla. De este modos los niños crecen en tal aridez que les condena a un aburrimiento e insatisfacción perpetua. El señor Thomas Gradgrind, director de una escuela donde imparten este sistema educativo, es un hombre bienintencionado, pero dramáticamente equivocado en su convencimiento absoluto de cómo se debe formar a los pequeños despojándolos de todo asomo de fantasía infantil. El futuro le traerá la evidencia de lo desastroso de este proceder y tendrá que ver las lamentables consecuencias en sus propios hijos: Tom y Louisa -"Louisa, ¡nunca imagines!"-. Por otro lado, se nos muestran las terribles condiciones en las que viven los trabajadores de las fábricas y las infames diferencias entre las clases altas y estos, que acaban envilecidos o aplastados. Su socio y empresario, Josiah Bounderby, que tiene bajo su yugo a sus trabajadores, representa a ese hombre que se ha hecho a sí mismo y no pierde ocasión de hinchar pecho y explicárselo a todo el mundo y todo el tiempo, resultando exasperante hasta la náusea y que entiende justificado su trato a los trabajadores por haberlo tenido todo en contra y haber encontrado el modo de enriquecerse sin agarrarse a "pamplinas".

Charles Dickens puede en las tramas dar soluciones un poco inverosimiles, pero siempre las resuelve con una soltura extraordinaria, nada parece forzado, es un fluir de su pluma inagotable, emotivo y emocionante; son tan imaginativas, es tan grande su talento, su poder de creación, que no las quisieras de otro modo. Y sus personajes, ¡qué personajes! Todos son inolvidables. De todos podrían salir nuevas novelas, bifurcarse sus obras hasta el infinito. Sus descripciones que a veces se le reprochan por tan extensas y minuciosas en esta novela están en su justa medida para representar la ciudad industrial con su fábrica-monstruo y ver sus calles y a quienes caminan por ellas con gran nitidez, como si aparecieran en holograma ante tus ojos. ¡Una maravilla!

Como os decía, todos sus personajes son muy interesantes, pero en esta novela son las mujeres las más destacables y me quedo con dos que son antagonistas, aunque a una no le importa absolutamente nada la otra. Louisa y la señora Sparsiy. De Louisa os comparto más abajo un texto que publiqué en Facebook, pero antes os comento algo -sobre todo para quienes hayáis leído esta novela- es sobre un capítulo en el que se ve todo el asco que le da Josiah Bounderby ya desde niña que me dejó anonadada. Ahí Dickens me parece que quiso decir mucho más de lo que dice y no sé si soy yo quién lo veo o es así realmente... La segunda, mujer de posición elevada que baja en la escala social, se ve obligada a trabajar de ama de llaves y tiene tanta doblez que da momentos memorables. De veras, no os lo perdáis. Aunque hacia el final la hace Dickens demasiado grotesca es extraordinaria. 

TEXTO SOBRE LOUISA QUE TRASLADO DESDE FACEBOOK:
El talento de Charles Dickens para crear personajes memorables me sigue admirando cada vez que leo o releo una de sus obras. En TIEMPOS DIFÍCILES (Hard Times), el padre de Louisa Bounderby fanático de los hechos y que abomina de la imaginación como algo absolutamente pernicioso que hay que eliminar para que los niños se eduquen como es debido, sorprende a su hija y a otro de sus hijos espiando en un circo -algo inaudito para él- que ha llegado a la ciudad. Se los lleva diciéndoles cuánto le han decepcionado y que algo así no podrá volver a repetirse. El modo en que Dickens describe cómo Louisa mira a su padre y la forma en que responde a su reprimenda te la resalta de tal forma que tan solo ella te podría mantener aferrada al libro. Lo quieres saber todo, qué piensa, cómo será de adulta, si ha eliminado en efecto su padre todo rastro de fantasía de su interior... Cuando se queda ensimismada durante tanto tiempo ante el fuego o en silencio mira por la ventana te preguntas si queda algo por rescatar de su ser o el método educativo de su padre lo llenó de conocimientos arrasando todo lo demás. Sientes compasión y atracción... Es un enigma. Te la ha metido muy dentro en tan solo unas pocas líneas. Pero es que habrá otros, es que al más aburrido de ellos te lo hará interesante. Las criaturas de Dickens son para mí los personajes por excelencia de la literatura.

"Por completo indiferente, del todo autosuficiente, siempre con respuesta para cualquier pregunta y sin embargo nunca cómoda, con su cuerpo presente entre los otros ocupantes del salón y su espíritu aparentemente perdido en la soledad, no servía de nada lanzarse más allá para intentar entenderla, porque Louisa Bounderby frustraba cualquier posibilidad de comprensión".

No dejar de destacar antes de terminar que la magnífica traducción es de Jose Luis López Muñoz. Marca la diferencia.

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

viernes, 3 de enero de 2020


~EL REINO DE LAS MUJERES~
de Antón Chéjov


Anna Akímovna de orígenes humildes está sin embargo a cargo de una gran fábrica que ha heredado de su familia. Se encuentra entre dos mundos sin sentir que pertenezca del todo a ninguno de los dos. Su actual posición la aleja de los que eran de su misma extracción social, ahora sus obreros que viven en situaciones de pobreza, pero tampoco es aceptada plenamente entre su presente entorno de integrantes adinerados. Encontrándose muy sola, idealiza el matrimonio. No le está siendo fácil encontrar marido. Ya tiene veintiséis años y el tiempo avanza sin saber si el adecuado estará entre los de su antigua clase social o en los de la actual que la menosprecian. Mientras, los preparativos de la Navidad se suceden y favorecen la ensoñación.

Este relato de Antón Chéjov pertenece a su tercera etapa. En él ya no quedan influencias de otros escritores y está lejos de la primera etapa donde abundaban más lo de tipo humorístico. Posee sus principales características de retrato breve, aparentemente sencillo, pero de una enorme profundidad psicológica y bellísima y particular poética. Las descripciones del paisaje invernal, la pobreza del pueblo ruso, los pensamientos de Anna, indecisa y perdida; las diferencias entre el piso de arriba y el de abajo que simbolizan a la perfección cómo en su propia casa no encuentra su lugar; las conversaciones literarias y de su tía y otras ancianas, sabias a fuerza de luchar y vivir, y la celebración de la Navidad, todo nos es mostrado a través de la increíble mirada de Chéjov que va tan allá que acabas mirándote a ti mismo. Dice Jesús García Gabaldón en la Introducción de los 'Cuentos', de Chéjov en Cátedra: "La obra de Chéjov constituye una permanente invitación a mirar en el espejo oscuro del ser humano". Ahí está la clave, a través de un retrato de la realidad exterior e interior de los personajes, con su MIRADA única, este enorme escritor acaba convirtiéndolo en un espejo en el que mirarte y quizás, con suerte, ver el aprendizaje de vida que está contenido en sus magníficos textos.

Chéjov fue un artista incomparable, un artista de la vida... Y la virtud de su obra estriba en que es clara y afín no solo para cualquier ruso, sino para cada persona en general... [...] Era sincero, escribía lo que veía y cómo lo veía, y gracias a esa sinceridad logró crear formas inéditas, en mi opinión, completamente nuevas en el mundo de la escritura. Quien así hablaba era el mismísimo Tolstói. Para hablar de Antón Chéjov he querido acudir a sus palabras del que fue su escritor favorito, apoyarme en tan indiscutible autoridad para afirmar que no puede existir en el mundo un buen lector que tarde o temprano no acabe rendido a sus pies. No suele ocurrir de inmediato. Desde mi propia experiencia lo puedo decir. Lo primero que leí de él fue La dama del perrito y algunos títulos más de una recopilación y recuerdo que me gustaron, los leí bien, pero sin que sintiera que había leído nada excepcional. Pasó bastante tiempo hasta que volví a leer a este escritor y entonces sí sentí algo diferente. Ya sabía, y pudo influirme a la hora de prestar más atención, que era reconocido como uno de los mejores escritores de relatos, para muchos el mejor. Y el "truco" está en acercarte más, mirar bien a sus personajes, verás su vulnerabilidad, su tristeza, sus fracasos, su miedo a la muerte... y ahí radicaba su genialidad. Sus narraciones no tienen un comienzo ni un final y en medio parece suceder muy poco. Sin embargo, sucede todo: es la vida y el ser humano en todo su desamparo. Y la clave está, en efecto, en su modo de mirar y describir lo que nos atañe a todos. No todas las miradas son iguales y la de Chéjov era la de un grande de la literatura, desde la humildad y desde la bondad, pero siendo enorme. 

Es conveniente leer a Chéjov siendo consciente de algunos detalles muy importantes. Su trayectoria literaria puede dividirse en tres etapas. En una primera, acude a los periódicos y las revistas literarias para ayudar en la maltrecha economía familiar y propia y poder estudiar medicina. Sus cuentos los escribe en apenas unas horas, son sencillos, breves y muchos de ellos humorísticos. Vendría después una segunda etapa, de madurez, más sosegada a la hora de escribir, donde ya es reconocido como escritor. Y en la tercera etapa aumenta la complejidad, la profundidad psicológica de sus personajes y el paisaje es un elemento simbólico muy importante y alcanza la excelencia. El retrato exterior de los personajes y el interior discurren ante el lector y acabas conmovido por su desamparada humanidad en un paisaje que lo contiene y al que el escritor le da categoría de igualdad con los seres que lo transitan.

Una maravilla. Siempre tengo cerca sus relatos y cuanto más los leo más grandes me parecen. Leed a Chéjov. Es leeros a vosotros mismos. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

jueves, 26 de diciembre de 2019





~LOS VECINOS~
de Fredrika Bremer

LOS VECINOS, de Fredrika Bremer ha resultado una lectura ideal para la Navidad. Una historia de buenos sentimientos, con descripciones del paisaje preciosas, algunos personajes entrañables y excéntricos, la celebración en un momento dado de estas fiestas con algunas particularidades suecas que me encantaron y unas moralejas muy bien traídas.

En un principio me lancé a leer esta novela porque presentaba una serie de coincidencias que me atraían mucho, como que a la autora -de la que no sabía absolutamente nada- se la llamara "la Jane Austen sueca", que las protagonistas de "Mujercitas" la leyeran y que sobre la narradora de este título la propia Charlotte Brontë le confesara a Elisabeth Gaskell que temía que la gente creyera que la idea de "Jane Eyre" la había tomado de ella. Lo de la "Jane Austen de tal o cual" estamos hartos de leerlo, lo que no significa necesariamente que se trate tan solo de una estrategia comercial. Es una gran escritora que ha inspirado a muchísimos otros autores y es muy lógico que veamos su huella. Esto ocurre con Dickens y con tantos otros grandes. Pero a mí lo de que fuera sueca, pues me llamó más la atención y que tuviese tanto éxito, pues más todavía. Con lo de que la leen nuestras "mujercitas" preferidas ya me convencieron del todo. No lo recordaba y me pareció que ya era razón suficiente para leer este libro. Lo de Charlotte Brontë es que ahí la curiosidad me podía de todas todas, y saber algunos datos biográficos de la autora le sumó aún más puntos.

Fransiska, a la que llaman Fanny, es una mujer de veintisiete años recién casada con Lars Anders Werner, cariñosamente llamado por ella, Oso, médico de Rosenvink, en la región de Smolandia. Desde el principio va a mantener correspondencia con su amiga Maria a la que irá contando cómo es su marido, su día a día en su matrimonio, su relación con su familia política y los vecinos a los que irá conociendo. De inmediato va a destacar sobre los demás, la generala Mansfelt, madrastra de su marido, a quien llaman cariñosamente, ma chère mère. Viuda de fuerte carácter y firmes convicciones, aunque algo anclada en las tradiciones y rígida en su forma de entender las relaciones sociales y los principios que debe regir el proceder de las personas, es una de esas mujeres fuertes que tanto nos gustan en literatura y que tanto juego dan. Trata con firmeza, pero con equidad a sus empleados y a menudo habla a través de refranes y dichos (he subrayado un montón). Es de ella de la que partirá una de las tramas principales de esta novela epistolar, la más dramática, la que más sobresaltos nos causará y de la que es conveniente guardar el misterio y no destripar nada. En la otra, Fransiska, en el transcurrir de los días, se centrará en su aspecto más costumbrista, las descripciones sobre su relación con Oso -y sus peleas- son una delicia y de las visitas para conocer a sus vecinos derivarán anécdotas y equívocos que agilizan la lectura y la enriquecen más todavía. Ella es realmente una narradora encantadora y con mucha personalidad. Es lista, divertida, algo atolondrada a veces y muy buena persona. De las dos narraciones principales la que más he disfrutado ha sido la que partía de sus observaciones sobre su vida conyugal y con sus vecinos. Aunque la otra ofrece más motivos de curiosidad y ambas están bien diferenciadas y muy bien entrelazadas. La irrupción de un forasteros sobre el correrán todo tipo de rumores supondrá un nexo de unión muy importante y os agarrará al libro y por él habrá momentos muy divertidos, pero muy tensos también.

Me ha sorprendido muy gratamente esta novela, ha sido ideal, como os decía para Navidad, en la que yo necesito al menos un libro de este tipo, bien intencionado, que te hace mejor persona y a la vez es muy ameno. ¡Y maravillosamente deminonónico! Bien escrito, con drama, momentos de mucha tensión, seres atormentados, fuertes personalidades, misterios... En fin, ya sabéis.

Fredrika Bremer debió ser una personalidad notable. De clase alta no se quedó cómoda en casa, sino que se implicó muy pronto en los problemas sociales de su época y trabajó de forma muy activa para instituciones benéficas. Buscando conseguir dinero para estas instituciones comienza a escribir y le llega un éxito literario que nunca imaginó. Luchó en defensa de los derechos de la mujer, de los presos y de los niños. Incluso en esta novela destacan las recomendaciones que da para evitarles el mayor sufrimiento posible a los animales, nos habla sobre la esclavitud y sobre la importancia de las segundas oportunidades para los que han caído. Es verdad que algunas veces se excede en su aspecto pedagógico y ma chère mère se pone un poco pesada con los refranes, pero se comprende dadas las encomiables causas a las que estaba entregada la autora. En verdad no entorpece la lectura, aunque desde un punto de vista literario le sobra un poco de intención de aleccionar, que es lo que peor envejece. No obstante, me ha gustado mucho. Son seiscientas páginas que se leen como cien, en nada y la he disfrutado mucho. No os voy a decir si Charlotte Brontë llevaba razón en sus temores, sobre todo porque tendría que desvelar demasiado de una de las tramas. Cuando la leáis, lo comentamos.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

domingo, 8 de diciembre de 2019


~IRIS MURDOCH~
ENSAYO SOBRE LA INTENSIDAD
Ramón Luque


Descubrí este libro por casualidad y no me lo pensé dos veces. Entusiasmada como estoy con esta escritora no podía dejarlo pasar. Y me ha sabido a poco, por lo mucho que lo he disfrutado. Me lo leí en dos tardes y, además, en dos tardes de lluvia, que con lo poquito que llueve en mi pueblo, podéis haceros una idea de lo grata que fue su lectura. Un buen libro y un perfecto clima londinense. 

En Ramón Luque he encontrado a alguien que admira a esta escritora muchísimo y siente el agradecimiento del lector ante unos libros que tantos buenos momentos le han dado. Compartiendo con él la admiración por ella y sintiéndome igual de agradecida he ido encantada de su mano para repasar algunos de los grandes libros de Iris Murdoch y apreciarlos aún más. Declara el autor que lo ha escrito "con una intención crítica más bien subjetiva y poco académica" y que pretende captar futuros lectores. Desde luego si la que os escribe en estos momentos no fuera ya una lectora convencida, hubiese deseado serlo de inmediato leyendo estas páginas. Nos da algunos datos biográficos muy pertinentes; nos habla de las influencias en la autora (profesores, filósofos, escritores...) y cómo traslada sus efectos a su obra y se perciben al leerla; nos descubre a algunos de los "brujos" y "magos" que podemos hallar en todas sus novelas; analiza los temas que trata y cómo los trata, y algo que me ha gustado especialmente, que siendo cineasta el autor encaja a la perfección las referencias a algunas películas con las que podemos comprender aún mejor algunos de esos grandes temas como el amor, la sexualidad, la vejez y la muerte. Destacar un capítulo que me ha sorprendido e interesado especialmente y sobre el que seguiré reflexionando: "La trampa del lenguaje", los problemas que éste nos puede acarrear a los seres humanos con sus mentiras. Todo es más sencillo antes de la aparición del lenguaje... De este capítulo igual os hablo otro día un poco más. Ay, pero por lo que no puedo pasar con rapidez refiriéndolo sin más, es por la parte dedicada a Elias Canetti. 

Cuando nos habla de la relación de la escritora con Elias Canetti, el escritor búlgaro en habla alemana (Premio Nobel de Literatura en 1981) no sale bien parado. Y quienes me seguís un poquito sabéis que es un viejo conocido mío y muy admirado, por lo que al principio me resistía con dolor a verlo tal como nos lo describe. Podéis mirar en mi perfil una fotografía que puse con libros suyos y sobre él. Es un escritor al que he leído mucho y del que espero con ansia la continuación de su autobiografía ("Historia de una vida"), recogida en sus diarios, de los que una buena parte de ellos dejó estipulado que no se publicaran hasta el 2024. Respecto a su autobiografía ya publicada hace años no estoy de acuerdo con Ramón Luque, pues a mí me parece una maravilla y espero releerla algún día. Pero sobre su procede con Iris Murdoch y su rencor hacia ella, me tengo que rendir a la evidencia. Él tenía un sentimiento feo hacía la mujer con la que tuvo una relación de unos dos años y lo llevó demasiado lejos en la forma de capítulo titulado con el nombre de la autora, que es ¡absolutamente demoledor y cruel! incluido en su libro "Fiesta bajo las bombas". Os pongo algunas de mis anotaciones que escribí en los márgenes mientras lo leía en el año 2005: "Señor Canetti, para gustarle tan poco esta mujer, dejó que durara bastante la relación", "me parece que se pasa de cruel", "esta parte ha sido muy desagradable"... Y así unas cuantas apreciaciones más en el mismo sentido. Me sorprendió mucho. No era en absoluto el tono al que estaba acostumbrada con Canetti. ¿Sabéis esa persona a la que creéis conocer bien y un día se desquicia y te quedas con los ojos como platos por la sorpresa? "¡Qué pasó!", exclamas. Pues lo mismo me sucedió cuando leí ese capítulo. Tremendo, os lo aseguro. Pero lo dicho, Luque no lo podía obviar.

En fin, que capítulos dolorosos a parte, el libro me ha parecido que estaba muy bien escrito, con mucho respeto, bien documentado y se aprecia que estamos ante una lector que ha realizado una lectura atenta de los libros de Iris Murdoch, que los ha disfrutado mucho y que sentía la necesidad como de gritarlo. Yo lo expresé en mi anterior reseña de "Monjas y soldados" como agarrar de los hombros a la gente por la calle y gritarles que leyeran a esta escritora, pero es mejor así como él lo ha hecho, escribiendo un libro, que es un precioso homenaje a esta mujer que debería ser más leída y apreciada. Además lo hace poniendo cuidado en no desvelar demasiado, lo que se agradece.

Después de lo escrito es evidente que me ha gustado mucho este libro y que se lo recomiendo tanto a los lectores de Iris Murdoch como a los que tienen dudas. Se lamenta y con razón Ramón Luque de que se la conoce más por la película de Richard Eyre, "Iris" y por la enfermedad que padeció, que por las muchas novelas magníficas que escribió. No lo permitamos. Hay que leer a esta gran escritora. Que en el futuro no la espere el olvido. No lo merece.

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

miércoles, 4 de diciembre de 2019


~MONJAS Y SOLDADOS~
de Iris Murdoch



A todo el mundo le encantan los pintores.

La novela de Iris Murdoch, MONJAS Y SOLDADOS, comienza a los pies de la cama de Guy que está en fase terminal. Aparece en escena el Conde de nacionalidad polaca y buen amigo del moribundo. A través de este personaje vamos a entrar en la casa de Guy y Gertrude y pronto conoceremos a Les cousins et les tantes que se presentan cada noche para saludar al enfermo y acompañar en tan duros momentos a su elegante esposa, que está convencida de no soportar la vida tras su pérdida.

Hacía tiempo que una historia de amor no me tenía tan entregada y la leía con tanto placer como me ha sucedido con la que se narra en MONJAS Y SOLDADOS, de Iris Murdoch. No es una historia de amor ideal, ni muchísimo menos, es muy inesperada y creo que si alguien me hubiera hablado de ella antes es muy posible que no me hubiese despertado demasiado interés. Pero desde la pluma de esta escritora que cada vez me gusta más y me produce más admiración he acompañado a sus protagonistas con una enorme curiosidad e implicación. No quiero, por lo tanto, entrar en demasiados detalles porque el no saber casi nada sobre esta novela a mí me ha permitido sorprenderme a menudo y disfrutarla más. Y no solo tenemos en ella una historia de amor, presenta otros temas como la vejez, la muerte, la enfermedad, la religión, la filosofía, la literatura... y todos tratados con detenimiento y desde una gran hondura. Son tan completas sus novelas que es una experiencia plena y que te deja al cerrar el libro con una sensación de haber leído algo muy bueno. 

Desde que conocí a esta escritora en agosto lo cierto es que me he leído tres auténticos novelones suyos y ya estoy convencida de que con ella es una apuesta segura. Es tener uno de sus libros esperándote y acariciar el momento de comenzar a leerlo y saber que vas a traspasar la puerta de inmediato a unas historias fascinantes y junto a unos personajes intensos, que nunca te van a dejar indiferente. Las tramas se suceden y se entrelazan, hay giros que te dejan con la boca abierta y se resuelven incógnitas, entran y salen personajes siempre de forma muy dinámica y sus acciones tan humanas como en ocasiones, sorprendentes, te mantendrán muy atenta todo el tiempo. Iris Murdoch es sin duda una gran narradora y una gran creadora de personajes. En las novelas de esta escritora desde el principio estos adquieren tal nitidez, los deja tan perfectamente perfilados que de inmediato te atraen y te quedas con ellos. Pero por favor, si hasta en esta lectura última el gato Piglet y el perro Barkiss tienen sus momentos claves y son dos personajazos más. Y es que los animales van a representar, además, un gran papel simbólico. Los paisajes y entornos son muy importantes también el poder que parecen poseer sobre el destino y los sentimientos de los personajes, ya sea en plena naturaleza o en el propio Londres. Sin darlo como cierto te dejan la sensación de que han intervenido determinados elementos mágicos que le aportan a la narración unas cualidades misteriosas muy estimables. Sus descripciones no son nada tediosas ni innecesarias, todo lo contrario. Y nada despreciable, lo que me mueve la naricilla en ese cosquilleo de patitas de mariposa, son las referencias e influencias literarias y filosóficas. Está Shakespeare, muy claro en esta novela con "Hamlet" y otra de sus obras que no digo, pues es como la resolución de una incógnita; que Guy lea la "Odisea", de Homero para despedirse es muy significativo; Platón siempre; Horacio, Aristóteles, Heidegger. Pero si hay unos ecos que me han entusiasmado en MONJAS Y SOLDADOS son los de "Las bostonianas", de Henry James. Escritor muy presente también en toda su obra.

De veras, no entiendo cómo no está todo el mundo leyendo a esta escritora. Yo ya no puedo parar de leer sus libros. Quizás echa para atrás la idea de que como era filósofa sus novelas van a ser demasiado enrevesadas e inaccesibles, lo que no es cierto. Quizá sea por la religión que aparece a menudo en sus novelas que puede hacer pensar a algunos que es un tema superado que ya no interesa. Pero creedme que tal y como ella lo trata resulta de lo más pertinente y actual. Igual sus propias fotografías en las que se la ve a menudo como muy triste o adusta en exceso. En estos tiempos en los que la imagen tiene tanta -demasiada- importancia. No lo sé, la verdad, las razones, pero es una maravilla absoluta. Al menos para mí, sin duda lo es. Saldría a la calle y a todo aquel con el que me cruzara lo agarraría de los hombros y le gritaría que leyera a Iris Murdoch. Yaaa, no hay que gritar a la gente, pero ¡yo les gritaría! Me lo pondría en una camiseta, en una chapa, en la estela de un avión... No estoy siendo seria, pero es que me entusiasma esta mujer. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

domingo, 6 de octubre de 2019


~EL MOLINO DEL FLOSS, de George Eliot (Mary Ann Evans)~


Hace tiempo me construí un siglo XIX como un collage. Recorté aquí y allá y lo convertí en un hogar al que necesito regresar cada cierto tiempo. Un hogar creado sobre todo con retazos de los libros que he leído, una cierta luz de tarde de otoño y sabor en la boca a torta de garbanzos. La apreciación histórica algo tiene que ver, claro, pero en su mayor parte es la literaria. 

El sendero me lleva esta vez al molino de Dorlcote. En el vive una familia, el señor y la señora Tulliver y sus hijos, Tom y Maggie. El molino ha pertenecido desde varias generaciones a los antepasados del padre y gracias a él pueden llevar una vida con cierto desahogo. La gran preocupación del señor Tulliver es proporcionar una buena educación a su hijo, porque es lo que tiene que hacer, aunque se da perfecta cuenta de que es la niña la más inteligente de los dos. La que devora los pocos libros de los que dispone y que habla de ellos con tanta gracia y entendimiento que deja al padre embelesado. Pero nada en sus circunstancias favorece que Maggie pueda estudiar lo que tanto necesita su mente inquieta. Estamos a mediados del siglo XIX, en un entorno rural, con personas que han logrado unos medios económicos que no han ido a la par que su instrucción. Su estrechez de miras y una fuerte presión social los empuja a ser lo que se espera de ellos. Si al niño no le gusta estudiar, no importa, es él el que debe hacerlo y ella, ¿resignarse? 

Me limito a contaros tan solo una pequeña parte de esta hermosa novela. Entraría en tantos detalles. En ella, además, hay litigios, enfrentamientos familiares, descalabros económicos, ansias de venganza, amores... Todo desde una pluma magnífica, la de George Eliot, que era Ella y no él, Mary Ann Evans. Ya sabéis. Con unas descripciones tan bellas que pasear JUNTO al Floss ha sido una delicia y una experiencia maravillosa. Y su Maggie, ¡qué personaje! Inolvidable. De los que desde el principio te encuentran el punto y se te cuelan en tu galería particular. Es inteligente, pero también bondadosa y sensible y siente que todo el tiempo se equivoca ante los demás. Van a ser constantes sus intentos por encontrar su lugar estando siempre en pugna contra su propia naturaleza. 

Pero hay todavía más. La relación de los hermanos, que será clave a lo largo de toda la novela; la ternura del padre, que ella nunca olvidará, ni en los peores momentos; la preferencia de la madre por el hijo y su continúa decepción con ella: por su pelo negro, liso e indomable, por su desaliño, por su interés por los libros...; los familiares maternos siempre desaprobadores y dispuestos a decirles todo lo que hacen mal. 

Es asombroso con qué elegancia, tras un seudónimo masculino, la escritora nos habla de unas desigualdades en la educación y en el trato tan diferente a hombres y mujeres. Pero también entre clases sociales y más aún, en la crueldad para quienes tienen alguna malformación que parece agrandarse a los ojos de los demás, hasta tapar por completo al verdadero ser, sin que la mayoría vea más que ese "defecto" que los hace inapropiados e indignos de ser amados. La ternura y comprensión con las que trata la autora a Phillip Wakem y la dignidad que no le escatima es de lo más estimable en esta novela y teniendo en cuenta en el momento en el que la escribe.

Todo esto y más, vuelvo a insistir, despertando en el lector tales sentimientos por algunos de sus personajes que te llevan a vivir un final tremendo y lleno de emoción. Un final como solo sabían darnos en este siglo. Pero también hay humor y unos personajes secundarios, como Bob Jakin, que tiene un detalle con Maggie que te lo comerías a besos. Y sus tías y tíos... ¡Cómo son! Nos proporcionan unos momentos costumbristas que no tienen precio. Extraordinarios. Con una de sus tías que lo guarda todo tan bajo llave que me temo que cuando muera nadie encuentre nada te puedes morir de la risa. Otra, estricta e intransigente, peeero... 

En fin, una maravilla de libro. Mi siglo, mi hogar, al que llego tras un largo viaje agotador y me pongo cómoda ante el fuego. La lluvia arrecia en las ventanas... Leo y me siento tan lejos, tan bien, tan calentita y segura en la ficción de este refugio. 

Texto y foto: Ana Martínez García.