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miércoles, 20 de enero de 2021


LA HERENCIA DE ESZTER

de Sándor Márai



Los demás nos asignaban a Nunu y a mí, un lugar en el mundo, nos adjudicaban un rincón tranquilo donde podíamos vivir nuestras vidas sin que nadie nos molestara.

Eszter sintiendo cercana la muerte quiere dejar por escrito su historia, la historia de un expolio material y sentimental. Perteneciente a una familia acomodada, vio como el hombre que amaba destruía a sus miembros arrebatándoles cuanto tenían. Todo comenzó cuanto tiempo atrás, reciben en casa a un amigo de su hermano Laci. Pero este amigo, Lajos, encantador y con una arrolladora personalidad, también es un vividor, mentiroso e interesado que trastocará sus vidas para siempre, ya que consciente de su poder de seducción y carente de escrúpulos, no dudará en engañar y manipular para obtener de ellos cuanto le sea posible. Después de veinte años sin verle, cuando ya solo viven Eszter y su fiel Nunu en la casa familiar con el hermoso jardín de forma muy humilde, pero en serena y resignada convivencia, reciben una carta de Lajos en la que les comunica su próxima llegada. Los recuerdos y el temor se apoderan entonces de ella, pero a la vez se siente arrastrada por sentimientos contradictorios. Por un lado es muy consciente de que él no ha cambiado y por otro su ánimo recuerda cómo le hacía sentir su supuesto amor. 

Hay seres que se adhieren a la piel, la traspasan, son invasores que se apoderan de todo lo que encuentran, tan dañinos que incluso cuando descubres su verdadera naturaleza ya puede ser demasiado tarde. Querer desterrarlos del ser es como arrancarse la piel, es como destruir el flujo que mueve la sangre. Lajos es uno de esos seres que subyugan a quienes se acercan y les infunden una clase de entusiasmo por la vida que no conocían. Ante él, como si sus vidas no hubieran sido más que apagados ensayos, sienten un reajuste vital absolutamente dependiente de su influjo. Ya que se puede sentir por una persona algo parecido a una adicción y por más que se razone, por más que se sepa que estamos ante alguien de dudosa catadura moral, su poder es más fuerte que la voluntad de resistir. Es por lo que un estado de inercia se apodera de quienes son arrollados por personalidades semejantes. Se agotan y sin fuerzas no conciben volver a comenzar, volver a reconstruirse.

Las complejas relaciones interpersonales, el amor desde diferentes puntos de vista, la traición, el destino, la vejez y la dificultad -en el caso de las mujeres- para tomar de nuevo las riendas de unas vidas de las que se hicieron cargo otros desde la más tierna infancia, son algunos de los temas que trata Sándor Márai en esta magnífica y redonda novela. Dice Eszter que no sabe apenas nada de la realidad. Vive en una burbuja, en este mundo, pero ajena a él. Otros han dispuesto de su existencia y lo hayan hecho mal o bien, ella esperaba a lo que viniera con resignada conformidad. Pero al tener de nuevo delante a Lajos, que tanto daño le hizo, y conociéndole mejor que nadie, tal vez sea el momento al fin de ajustar cuentas...

Hacía tiempo que no leía al escritor húngaro, Sándor Márai, y jugando con uno de sus mejores títulos, he de decir que ha sido un maravilloso reencuentro. He paseado por el hermoso jardín de Eszter y por un tiempo, dada la situación que tenemos, he querido decir como ella, que sé muy poco de la realidad.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.


viernes, 1 de enero de 2021

 LA TIERRA DE LOS ABETOS PUNTIAGUDOS

de Sarah Orne Jewett


Llevaba un viejo cesto marrón de mimbre en la mano, de esos con tapa, como si saliera habitualmente de visita, y nos miró tan alborozada y exultante como una niña.

... creo que Joanna era una de esas personas condenadas desde el principio a caer en la melancolía. Se retiró del mundo para siempre, a pesar de tener dinero. Solo quería huir de la gente, pensaba que no estaba hecha para vivir con nadie, y quería ser libre. 

Hay algo de especial en esa clase de retiro que irremediablemente estimula la imaginación; los ermitaños son espíritus tristes, pero nunca corrientes.

Todos guardamos recuerdos que nos dañan y otros que nos reconfortan en esta travesía que nos guste o no tendrá más de renuncias y despedidas que de cualquier otra cosa. Poder refugiarnos en los hermosos momentos vividos en el pasado una vez que sabemos que el futuro es una estela de pérdidas es uno de los bálsamos para nuestra melancolía que más estimaremos a medida que pase el tiempo. Los resortes que nos ayuden a correr hacia los brazos de nuestros seres queridos que ya nos dejaron, aunque sea por breves momentos, serán como llaves mágicas que abran las puertas chirriantes de un mundo perdido, pero que todavía nos pertenece. 

Quería para mi primer texto del año 2021 sobre un libro leído una de esas llaves grandes y antiguas que te llenaban la mano. Una lectura del color de la nostalgia. Es LA TIERRA DE LOS ABETOS PUNTIAGUDOS, de Sarah Orne Jewett, ese resorte como el de una caja de música, nuestra particular música de antaño, que me ha permitido realizar dos viajes, el de la narradora, una escritora que nos llevará hasta el pueblo costero de Dunnet Landing buscando un lugar tranquilo donde escribir y a mi propia infancia en la que la naturaleza tenía para mí el tacto rugoso de las manos de mi padre, de la tierra fértil que agarraba con las mías tan pequeñas entonces, cuando le seguía a todas partes, y el aroma y color de la manzanilla.

Por qué este libro me ha llevado hasta mi padre. Dunnet Landing no se parece a mi pueblo en absoluto, pero en él vamos a conocer a seres peculiares, donde su soledad adquiere tonalidades que se corresponden a la perfección con las de todas aquellas personas que no parecen como los demás, que son diferentes, que a menudo son mejores y que dejarán una huella más duradera, que tardará más en confundirse con la del resto cuando el peso de los años borre todo rastro. Mi padre era uno de esos seres que no son de este mundo, que parecen que vinieron ya con las alas puestas y que tienen historias como las de este libro, que te llenan la mirada de un horizonte más amplio, más colorido y que alejan el hastío que nos provocan los que son tan iguales al resto. Estos seres no siempre son comprendidos, ni aceptados, ni se le sabe mirar ni escuchar para extraer toda su belleza, pero qué duda cabe que permanecerán en quienes tuvimos la suerte de conocerlos y su influencia se verá en aquello que hagamos. 

Nuestra escritora se alojará en la casa de la señora Todd, mujer extraordinaria que posee una gran sabiduría sobre las plantas, lo que le permite mantener un cordial entendimiento con el médico del pueblo para aliviar las dolencias físicas y del alma de los habitantes de este acogedor y encantador pueblo costero. Junto a ella conocerá a diferentes personalidades y sus historias y disfrutará con ello enormemente. Pero no puede olvidar que ha venido a terminar su libro y los continuos requerimientos de sus convecinos la empujan a  refugiarse para escribir en una escuela a la que no acuden los niños durante el verano. Sin embargo, a menudo las excursiones junto a la señora Todd la alejarán de allí y a nosotros con ella, para recoger una gran variedad de plantas y compartir apacibles momentos con los diferentes personajes. Caminando o montadas en carromato o calesa veremos el hermoso paisaje de Nueva Inglaterra que es descrito con mimo y se nos muestra en todo su esplendor; conoceremos las costumbres de esta zona rural y en los hogares el ritual del té, las antiguas labores de aguja y el contar viejas historias. Nuestra narradora no querría irse nunca de este lugar. Ni nosotros tampoco. Que las vacaciones se alargaran y la señora Todd no dejara de transmitirle su saber y de inundar su sentidos en cada despertar con sus plantas. 

Es una narración serena, de mirada amable, de entender a los demás en sus particularidades, de sentir la naturaleza como parte inseparable de nuestro ser. 

Cada día mi padre me ponía un pañuelo en la cabeza, me subía delante de él en su moto y nos íbamos a nuestra pequeña huerta que era su lugar preferido, su refugio, su relax. De allí volvíamos con fruta, verduras y diversas plantas como la bella, aromática y humilde manzanilla. Mientras la cortaba yo permanecía a su lado y observaba cómo la iba dejando dentro de un cesto de esparto hecho por él, pero el último ramillete siempre lo depositaba en mis pequeñas manos y me lo entregaba con su permanente sonrisa bondadosa. 

No siempre le entendí, en algún momento al hacerme adulta perdí la mirada de niña que solo ve lo que de verdad importa en una persona, su absoluta bondad, su mano grande y rugosa siempre tendida hacia mí. Pero nunca esa mirada se fue del todo y cuando él se marchó con esas alas que tenía desde que nació agarré fuerte el pañuelo que colocaba sobre mi cabeza para que lo acompañara a su lugar preferido en la naturaleza, entre plantas. Aun así a veces el fuerte viento de esta vida me lo arrebata de las manos y son libros como este, tan hermosos, tan verdaderos, tan apegados a la tierra como a las buenas personas que me devuelven mi bonito pañuelo de niña, la mano de mi padre y su eterna sonrisa.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.  

domingo, 13 de diciembre de 2020

MARCIA DE VERMONT

CUENTO DE INVIERNO

de Peter Stamm


"No puedo sino recordar a Marcia, el momento en que la conocí muchos años atrás, una Navidad".

"La decoración del piso era muy elegante. Tenía grandes ventanales que, en mi recuerdo, se parecen mucho a los de James Stewart en La ventana indiscreta, pero puede que me equivoque".

"Había conseguido toda la libertad que te proporciona el dinero, pero jamás volví a tener aquella sensación de libertad de la primera vez".


Un paisaje nevado, sin mácula, luminoso, casi cegador. Así son nuestras vidas al principio. Somos conscientes cuando ya es demasiado tarde de lo fácil que es ensuciar esa nieve, de que una vez emprendido el camino es imposible volver sobre nuestras huellas, restablecer la destrozada lisura y comenzar de nuevo. Otras vidas, otra nieve, otras pisadas modificaran un paisaje que ya no nos pertenece y al volver la vista atrás la nieve deshecha habrá empapado los viejos recuerdos y entre las manchas de humedad nos buscaremos inútilmente. Solo queda seguir caminando hacia delante, hasta que nuestro paisaje se acabe y cuidar de no embarrar demasiado.

Peter, de mediana edad, con un pesado equipaje a cuestas de proyectos manchados con el barro de los años, durante los dos meses que va a pasar en una colonia de artistas de Vermont, sintiendo el aislamiento del lugar, rodeado de nieve por doquier y sin apenas relacionarse con nadie, comienza a recordar cuando de joven viajó a Nueva York para emprender su andadura como artista y fortuitamente conoce en un cruce a Marcia, una joven extraña, con una vivencia muy triste en su pasado que la empuja a desdoblarse para poder reírse del dolor. 

A través de los recuerdos de Peter sobre lo vivido con Marcia comprobamos cómo después de transcurrido mucho tiempo corremos el riesgo de que la memoria dibuje los hechos de forma muy diferente a como realmente fueron. Cuando nuestro presente se nos despoja de la ilusión y el empuje que teníamos de jóvenes es fácil, demasiado fácil, dejarse seducir por un pasado idealizado y creer que podemos volver y retomar lo que dejamos a medias o que abandonamos en una de esas encrucijadas tan decisivas para el resto de nuestras vidas. 

Con esta novelita, no llega a las cien páginas, ha tenido mi primera experiencia con Peter Stamm. Es un escritor, al parece reconocido y apreciado, del que Acantilado ha publicado numerosos títulos. Pero a mí, siento decirlo, no me ha conquistado. Esta pequeña historia se lee muy bien, de una sentada, es muy ágil... Sin embargo su escritura me ha parecido demasiado sencilla, no busca en las descripciones ningún recurso que las embellezca, es una prosa que no es placentera, resulta algo fría y distante. En un cuento de invierno con un paisaje nevado y en Navidad me ha faltado sentimiento, emoción, pero sobre todo un mínimo toque poético. Además, la historia que nos cuenta, no está mal, pero ocurre que lo más interesante sobre la chica que recuerda, Marcia, aunque no se dice, yo creo que se inspira en una controvertida fotógrafa real, Irina Ionesco, y al reconocerla me distanció de la criatura que él crea como ficción. Claro, entre esta prosa tan despojada de todo y que lo más destacable se toma de la realidad, pues a mí no me ha convencido y me ha dejado con pocas ganas de aventurarme en otras novelas de este autor. Aunque sinceramente creo que en esta ocasión es más cuestión de gusto personal y que a otros lectores que no tengas ganas de enredarse demasiado en una narración y quieran una lectura rápida les puede atraer más este libro.

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

viernes, 4 de diciembre de 2020

EL FANTASMA Y LA SEÑORA MUIR

de R. A. Dick 


No es que su vida hubiese sido infeliz, es que sencillamente no había sido suya en modo alguno.

No le habían dejado nada propio. Le escogían los sirvientes, los vestidos, los sombreros, las lecturas, los placeres, hasta las enfermedades.

En EL FANTASMA Y LA SEÑORA MUIR, de R. A. Dick hay dos reflexiones fundamentales para entender el significado que esta novela encierra más allá de una simpática historia sobre un fantasma. Una es sobre el destino y la otra sobre la soledad. 

A Lucy Muir, por su condición de mujer, su pequeña estatura y aspecto frágil, siempre le han marcado el camino a seguir, primero su padre, después su marido, la madre de este y dos hermanas de fuerte carácter. Cuando enviuda, quedándole una renta insuficiente, su situación con dos hijos es complicada y de inmediato su familia política parece saber muy bien lo que tiene que hacer. Espantada por la visión de un futuro gris en el que ve de nuevo su existencia dirigida por todos, menos por ella misma, reacciona rebelándose y por primera vez toma las riendas de su destino, mostrando una determinación y fortaleza inesperadas.  

-¿Destino, por favor? -preguntó el taquillero mientras ella vacilaba al otro lado de la ventanilla.

-Al mar -respondió Lucy de manera impulsiva.

El lugar elegido es Whitecliff, un pequeño pueblo costero, y allí va a alquilar Gull Cottaga, una casa cerca del mar, amueblada y bien situada, por una cantidad sospechosamente baja. Y es que algo ocurre en esta vivienda de la que todos acaban huyendo cuando intentan vivir en ella... Tal vez su antiguo dueño, el capitán Daniel Gregg se resista a que le molesten en su descanso eterno.

En esta novela a través de una historia encantadora, romántica, divertida e irónica supo la autora con habilidad introducir un mensaje sobre la necesidad de alcanzar su libertad las mujeres, que lucharan por ser dueñas de su destino; está en ella la influencia de Virginia Woolf  en cómo Lucy conquista un espacio propio y lo defiende a ultranza y cómo ganar su propio dinero es imprescindible para que nadie  maneje su vida.

¿Existe el fantasma del capitán Gregg o es producto de la imaginación de Lucy? En todo caso es un símbolo de los miedos y dificultades que las mujeres que daban el gran paso de depender de sí mismas iban a sentir y sufrir y su necesidad de una guía que les diera seguridad. Es símbolo de su fortaleza, de su dualidad, la interior y la exterior ante la sociedad. El fantasma también es un ideal. Ese compañero divertido, que apoya, que orienta sin imponer, que tiene en cuenta el parecer de su compañera.

Decía al principio que se habla en la novela del destino y la soledad. Y es que esta a menudo era el precio que había que pagar por la libertad conquistada, pero que no era tan temible, desde un espacio propio, como la que se podía sentir entre los demás: "Era imposible de explicar, ni siquiera a Anna, que sentirse solo no tenía nada que ver con la soledad, sino con el espíritu, y que por esa misma razón esa sensación se veía agravada a menudo estando en compañía". Hay en esta novela también una desmitificación de la maternidad y más aún, una resistencia, además, a ese ejercer como entregadas abuelas en el futuro, entendiéndolo la sociedad como el paso ineludible y anhelado por las mujeres.

Basada en este libro, como muchos sabéis, se hizo una película magnífica, dirigida por el gran Joseph L. Mankiewicz, en 1947, dos años después de su publicación. Yo la conocí gracias a un texto de Javier Marías sobre ella absolutamente maravilloso. Cómo no, la busqué y la compré y la he visto tantas veces que a día de hoy es una de mis películas más queridas. Dado mi cariño de años por esta película cuando supe que Impedimenta editaba el libro sentí una gran alegría, pero también temor por una posible decepción. No ha sido así, la novela me ha gustado mucho y la terminé muy emocionada. Aunque la Lucy de la película me gusta más, en el libro hay detalles de los que ya he hablado, que me han parecido tratados de una forma sutil y muy ingeniosa, por lo que el círculo lo he podido al fin completar y ha sido una gozada: libro, película y texto de Javier Marías. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

sábado, 21 de noviembre de 2020

BERLÍN ALEXANDERPLATZ 

de Alfred Döblin 


Walter Benjamin dijo que 'Berlín Alexanderplatz' era <<el más avanzado, vertiginoso, último y adelantado escalón del viejo Bildungsroman>>, pero también dijo Muschg que Döblin estaba, con algunos otros -Kafka, Musil, Barlach, Jahnn-, <<en las filas de los narradores que fueron despertados o fustigados por el expresionismo y forzaron en Alemania el derribo de las murallas de la tradición burguesa>>.


Franz Biberkopf sale de la cárcel después de cuatro años con el firme propósito de ser honrado. En el Berlín de 1928, en la Alexanderplatz, proletario, ex presidiario, hombre de proceder primitivo no lo va a tener nada fácil para lograr su propósito. Alejarse de antiguas amistades y subsistir trabajando sin delinquir le supondrá una lucha diaria y en ella los golpes de aquellos en quienes va a confiar pondrán a prueba su determinación, "...qué pasa con este hombre. Siempre tiene mala suerte". "Un hombre en cambio, tiene unos ojos, y en él hay muchas cosas, todas desordenadas; puede pensar un infierno de cosas y tiene que pensar (su cabeza es terrible) en lo que le va a ocurrir". 

Alfred Döblin en un collage de multitud de elementos nos presenta a un antihéroe en su batallar diario a la búsqueda -confusa en su sentir rudo y primario- por el significado de su vida siendo golpeado una y otra vez. Caerá y se volverá a levantar en un Berlín que es capital de la modernidad, en continua trasformación, donde las vanguardias nacen al son de la música en los cabaret; una sociedad que se mueve entre el hedonismo y una realidad de grandes desigualdades; el enorme desempleo genera desencanto, amargura y crispación en los ciudadanos, dando lugar a una inestabilidad social y política que con el tiempo acabaría desembocando en el ascenso al poder del nacismo. La violencia serpentea por las calles como un monstruo ciego y embestirá sobre las criaturas que encuentra a su paso. Los bajos fondos, la prostitución, la delincuencia, están a un paso, enfrente del proletario que se mantiene en el límite. 

El primer sentimiento que despierta Berlín Alexanderplatz es de desconcierto. La forma peculiar de narrar de Alfred Döblin cuesta al principio y la lectura es más lenta hasta que te acostumbras y entonces ya no puedes dejar de leerla y sin duda te das cuenta de que estás ante un libro realmente excepcional. En ella coloca un sinfín de componentes, con un cambio continuo de puntos de vista del narrador, sintiendo que es el propio Döblin que ahora se acerca, después se distancia o incluso interpela a Biberkopf y habla con él; se vale de diálogos, pensamientos, monólogo interior y hasta el subconsciente en una alternancia vertiginosa con fragmentos de coplas populares, descripción de carteles publicitarios, anuncios en los periódicos, etc, etc. Toda esta amalgama de un realismo expresionista resulta estimulante y una magnífica representación de la infinidad de sensaciones que se dan en una gran ciudad y sobre sus perdidas criaturas. No llega al grado de complejidad del Ulises, de Joyce con el que a menudo es comparada esta novela, y aunque tiene momentos en el que cuesta avanzar algo más en otros es absolutamente vertiginosa. Franz Biberkopf es un personaje que detestas, pero al que no puedes dejar de observar y seguir, el autor nos lo muestra de tal modo en su descarnada humanidad que acabas queriendo que logre su propósito.

Una gran obra de naturaleza didáctica y literariamente experimental que tuvo un extraordinario éxito cuando se publicó, pero que no le dio sin embargo a su autor el reconocimiento que sin duda merecía y hasta después de 1945 no comenzaría a posicionarse en el importante lugar que hoy ocupa: "... gozne en definitiva entre una tradición que acaba y otra que empieza, debe situarse seguramente la verdadera importancia de Berlín Alexanderplatz". 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

domingo, 8 de noviembre de 2020

2666

de Roberto Bolaño

- La parte de Fate

- La parte de los crímenes

- La parte de Archimboldi




LA PARTE DE FATE

En la tercera parte de 2666, Fate, periodista afroamericano que escribe sobre temas políticos y sociales, es enviado a Santa Teresa para cubrir un combate de boxeo en sustitución de un compañero que ha sido asesinado. Realizando su trabajo va a saber de los crímenes de mujeres y va a conocer a Rosa, la hija de Amalfitano. 

La urdimbre que Bolaño ha ido tejiendo en estas tres partes tiene un momento cumbre al final de la de Fate que te deja sobrecogida por lo que implica en la trama principal de la novela y por cómo lo orquesta el autor. En esta tercera parte la sensación de peligro va ir in crescendo hasta un desenlace en el que confluyen infinidad de filamentos sensoriales que el autor ha ido templando. Bolaño, si hubiera querido, hubiese podido terminar la novela en esta parte y, sin duda, ya sería una gran obra. Pero va más allá, porque en ella lo que nos viene a decir es que ese final satisfactorio con el que exhalas un suspiro de alivio ha sido un espejismo, que la pesadilla continua y en la siguiente parte te va a lanzar al mayor de los abismos. 

LA PARTE DE LOS CRÍMENES

Esta parte es una travesía por el infierno. Inevitable no tener presente a Dante. Son casi cuatrocientas páginas de horror. No voy a suavizarlas. Bolaño no se regodea, pero nos da la medida exacta con pasmosa sobriedad y de forma notarial de lo que allí sucedió. Y no sabes qué hacer con semejante realidad, te descose a tirones, a desgarrones. Tu concepción del mundo se desmorona. Es la maldad con mayúsculas. No hay alivio en esta parte. No lo hay porque si terribles son los crímenes, el descuido, la falta de interés, la desgana, la corrupción que arrastra a casi toda la policía es tal que no quedan nada más que muertes y más muertes. Pero no intentar agarraros a ese "casi", porque no sirve de nada o de apenas nada. Los pocos, poquísimos, que intentan hacer bien su trabajo, que les duele, que les preocupa, son de un modo u otro alejados de los casos, boicoteados, desanimados. Se pierden pruebas continuamente, no se observan con atención los lugares donde aparecen los cadáveres, si hay un policía que comienza a elaborar teorías, a seguir ciertas pistas que se repiten o parecen importantes, poco menos que se ríen de él. Esas mujeres, muchas unas niñas, no parecen importar a casi nadie. A sus familias, las que la tienen, pero las autoridades no les hacen ningún caso. Son pobres la mayoría, trabajadoras de las maquiladoras: "... en medio de la colonia La Preciada, como una pirámide de color melón, con su altar de los sacrificios oculto detrás de las chimeneas y dos enormes puertas de hangar por donde entraban los obreros y los camioneros". Hay un momento de chistes machistas contados por los propios policías que llamarlos vomitivos es quedarme muy corta. 

A qué se agarra el lector en semejante infierno, pues a lo único que brilla en el desierto de Sonora, manchada de sangre y arena, la Literatura de Roberto Bolaño, que se erige inmensa y es lo que te permite seguir y por lo que sigues. El mal, el horror del mundo y la literatura van paralelos en 2666, se entrecruzan, se fusionan a veces, hay momentos en los que no sabes distinguirlos. Es la búsqueda de la pepita de oro, la escapada de la pesadilla, los brazos extendidos en alguna parte, entre la muerte, el horror y las alucinaciones. 

LA PARTE DE ARCHIMBOLDI

A esta parte llegas exhausta después de la anterior. Aunque tiene momentos duros también, pero es ya muy diferente. Junto con la primera es con la que más disfruté. Si recordáis, en 'La parte de los críticos' estos persiguen la figura del escritor Benno von Archimboldi. Este no deja de estar presente en mayor o menor medida a lo largo de toda la novela y aquí por fin lo vamos a conocer. Desde su infancia -es un niño extraño-, adolescencia, su paso por la guerra, cómo descubre un cuaderno que va a ser decisivo para él como escritor... Su paso por la casa de campo de un barón, con una familia aristocrática decadente y muy particular; inolvidable la baronesa von Zumpe y el deleite que supone su aparición durante toda esta parte; ¡estará Drácula!... Muchísimas referencias literarias entrelazadas con las historias de los diferentes personajes. Esta parte es una novela en sí misma y en la que los nexos, como ocurría con las otras partes, son muy importantes y al ir reconociéndolos completaremos algunos círculos, mientras el texto se sigue bifurcando una y otra vez en diversos caminos por los que seguir adentrándonos. Esta parte es la gran recompensa de 2666, aunque emerjas de ella llena de cicatrices que dolerán siempre.

Se dice que 2666 es una novela inacabada. No es así exactamente. Roberto Bolaño, cuando ya la muerte le dijo que no esperaba más, la tenía terminada. Le podían quedar detalles por pulir, pero lo fundamental estaba. Es que no se puede terminar del todo algo así, es imposible. Pero después de casi mil doscientas página en las que te da tantísimo, en la última no te quedas con la sensación de algo incompleto. Quedan las respuestas que nunca se responden, como sucede en la propia vida a menudo, Pero la experiencia ha sido tan grande que no le haces ni un solo reproche y la terminas satisfecha y segura de que ha sido una gran lectura.

No sé si ya lo dije en mis textos anteriores sobre esta novela, si lo he dicho, lo reitero, y es que en todas esas páginas he sufrido lo indecible y he disfrutado mucho, pero ni en una sola me he aburrido. Ni en un párrafo siquiera. Cómo no mostrarme agradecida ante este escritor. Está en mi altar. Un altar imperfecto, pero el mío. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.


miércoles, 28 de octubre de 2020

EL CORAZÓN VERDADERO

de Sylvia Townsend Warner


En EL CORAZÓN VERDADERO, de Sylvia Townsend Warner, Sukey Bond, huérfana de dieciséis años que acaba de dejar el orfanato por el fin del período reglamentario de permanencia en este tipo de establecimientos, es enviada para trabajar en una granja de Esses. Allí conoce a un muchacho muy peculiar del que se enamora. Pero a Eric todos lo consideran un ser que no es como lo demás, que algo no va bien en él, por lo que su relación es contemplada como un imposible y los separan al poco de conocerse. Sukey es muy ingenua, de sentimientos puros y de una confianza en la mayoría de sus congéneres todavía no quebrada por la experiencia, que con una determinación digna de admiración toma la decisión de luchar por estar junto al ser amado, ignorando lo que otros piensen sobre él.

Sylvia Townsend Warner, nacida a finales del siglo XIX, musicóloga, novelista y poeta, se inspiró para escribir esta novela en la historia de Cupido y Psique, recogida en EL ASNO DE ORO, de Apuleyo y la ambientó en plena época victoriana. Para los que no conozcáis esta historia que nos dejó el escritor romano, os hago un pequeño resumen. Psique, representación del alma en forma de divinidad griega, es tan hermosa que la propia Afrodita celosa de su belleza envía a su hijo Eros (Cupido) para que le lance una de sus flechas y se enamore de alguien de fea apariencia y de malos sentimientos. Sin embargo, es Eros el que cae rendido de amor por Psique y se la lleva a su palacio. Es una historia de amor preciosa que en parte reconoces en la novela de la que hoy os hablo. Claro, no exactamente. Pero es bonito buscar las similitudes.

Cuando salió este libro me lancé a él de inmediato sobre todo por esta historia de la que os he hablado y la comencé con muchísima ilusión. Siento decir que el interés se me fue quedando en las manos, ahí exangüe y casi agonizante. Estuve a punto de dejármelo en la página cincuenta más o menos. Sukey me parecía demasiado ingenua y no terminaba de sentirme interesada por lo que tenía que contarnos. Pero las descripciones del paisaje y de las costumbres victorianas me parecían muy bonitas y me retenían. Decidí proseguir y mejora en la parte central bastante, tiene unas páginas que las disfruté mucho. Ella es tan cándida, tiene tan poca experiencia en la vida que en su viaje para buscar al muchacho se dan una serie de mal entendidos muy divertidos. Me quedo en especial con su encuentro con un vagabundo y cuando acude a buscar trabajo en una casa de lenocinio, sin imaginar ni por un solo instante a lo que se dedican allí. Peeero, vuelve a decaer en la última parte. Ya a esas alturas no me la iba a dejar y la terminé aburrida como una mona, quedándome de nuevo tan solo por las descripciones. La trama es demasiado simple. Uno de los fallos principales que le he encontrado, es que resuelve las situaciones complicadas demasiado rápido y hasta de un modo brusco, algunas muy importante resultan bastante inverosímiles. Además con recursos un tanto facilones. No entro en detalles por no destripar demasiado. 

A ver. No tenéis que hacerme caso a mí. Creo que puede ser un libro que guste a otros lectores. La autora escribe bien. Yo venía de la enormidad literaria que es 2666, de Roberto Bolaño y de Stefan Zweig, además con un libro con una historia muy especial para mí por lo que ya os conté. El argumento se me quedaba aquí muy corto en comparación. Pero leída en Navidad, por ejemplo, se me ocurre que puede resultar una historia sencilla muy bonita. En este mundo tan cínico, en el que ya parece que no creemos en casi nada, es reconfortante dejarse fuera el propio descontento y seguir a Sukey, que es toda inocencia, pureza y bondad. Cómo no se deja convencer por lo que piensan los demás, ni arrastrar por sus prejuicios de todo tipo y sigue su viaje sin decaer su amor en ningún momento es algo muy destacable y para estimarlo. Por lo que si os llama la atención, olvidar lo que os cuento. Era imposible que pudiera competir con los libros que yo acababa de terminar. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.