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martes, 8 de junio de 2021

~EL CUSTODIO~

de Anthony Trollope



Era un lugar tranquilo, al que daban sombra los árboles del jardín del custodio. En el lado que miraba al río se alzaba una hilera de asientos de piedra, desde donde los ancianos contemplaban a los pececillos en sus evoluciones por la corriente. Del otro lado del río había un verde prado de tupida hierba que se extendía hasta la residencia del deán y tan cerrado al público como el mismo jardín del deán. 

Había muchos libros y largas hileras de sofás. ¿Existe algo en el mundo más lujoso que un sofá, un libro y una taza de café?

El reverendo Harding es el Chantre de la catedral de Barchester y custodio del asilo de esta tranquila ciudad catedralicia. De unos sesenta años, bondadoso, de buen carácter y enemigo de los conflictos, vive en grata armonía con su hija Eleanor en una bonita y confortable casa adjunta al asilo. El trabajo no es excesivo y le permite como aficionado a la música que es ocuparse con esmero del coro de Barchester y tocar a menudo el violonchelo, motivos para él de felicidad. Pero "las voces del escándalo" azuzadas por el reformador John Bold vendrán a perturbar su plácida existencia. Y es que se va a cuestionar la cuantía que recibe por desempeñar su puesto como custodio. El acaudalado John Hiram, años ha, dejó en su testamento estipulado que sus tierras y lo beneficios que de ellas se extrajeran serían para favorecer a doce ancianos que lo necesitaran y que un custodio que se ocupara de su bienestar recibiría parte de esas rentas. Con el tiempo, a medida que las tierras iban dando más rendimiento, la diferencia entre lo que recibían los ancianos y el custodio se fue haciendo mayor a favor de este, por lo que Bold plantea que no se esté siguiendo lo estrictamente estipulado por John Hiram y la Iglesia se esté aprovechando de una donación con fines caritativos. Ante esta situación, las dudas le quitarán el sueño al reverendo Harding. Hombre bueno y honrado no se había planteado hasta ese momento que se pudiera estar cometiendo una injusticia con los ancianos del asilo y que esa injusticia le beneficiara directamente a él, para quien lo más importante es actuar con rectitud. Actitud diferente a la de su yerno, defensor de los privilegios de la Iglesia que tratará de vencer a los enemigos de esta con todas las armas legales a su alcance.

EL CUSTODIO, de Anthony Trollope, uno de los novelistas victorianos con más éxito, es la cuarta de sus novelas y la primera de sus "Crónicas de Barsetshire" formada por seis títulos ambientados a mediados del siglo XIX, que aunque se pueden leer de forma independiente todos giran en torno al mismo condado imaginario y desde la ciudad de Barchester. Es una novela que a partir de una trama sencilla, pero muy verosímil, dibuja perfectamente unos personajes de carne y hueso con unos planteamientos éticos y morales que trascienden el tema eclesiástico y el paso del tiempo. Nos lo señala de forma magnífica el gran traductor y autor del postfacio de esta edición de Alfaguara, Jose Luis López Muñoz: "El custodio examina la posición moral del titular de un cargo de responsabilidad social y de esa manera formula preguntas inquietantes sobre las conexiones entre virtud privada y vicios públicos, al mismo tiempo que pone en duda el valor de la integridad personal en un sistema corrupto".

Desde que leí "Ojo por ojo" de este autor he querido conocerle mejor. Con la lectura de su relato "La cueva de Malachi" que tanto me gustó, me entraron las prisas y este año pretendo dedicarle más tiempo. Después de leer esta novela, desde luego, más me apetece. Una elegante ironía en su texto, sosegadas descripciones de la vida inglesa de provincias, junto a unos personajes que se salen de las páginas con sus diferentes personalidades e incluso con sus tics, que te atrapan e implican en sus vicisitudes y conflictos morales, sin exabruptos, pero de forma amena y con más alcance del que algunos le conceden. Por las incómodas preguntas que se plantean en EL CUSTODIO y la lección de integridad que nos da el reverendo Harding, que es definido en algún momento como quijotesco, este libro sobrevive al tiempo y nos da sobrados motivos para leerlo con gusto y provecho. Y he de decir que no me había encontrado con un señor que me despertara tanta ternura como me ha ocurrido en EL CUSTODIO, de Anthony Trollope, con Septimun Harding, desde que leyera "Pnin", de Nabokov. Se queda para siempre en mi álbum de personajes íntegros y entrañables.

Ah, y como curiosidad, no puedo olvidar señalar los ataques a Dickens y Carlyle que aparecen en esta novela, a los que nombra como señor Popular y Antihipocresía respectivamente y que no tienen desperdicio. Cómo son los grandes escritores con sus compañeros de profesión. Luego dicen de Nabokov ja, ja, ja. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

lunes, 24 de mayo de 2021

 BERLÍN SECRETO

de Franz Hessel


Un día soñamos con una vida plena de significado y se nos quedó el sueño inerte en las manos, como un famélico y laxo muñeco de goma al que iremos cambiando de lugar, temiendo tirarlo de una vez, pero sin que ya sirva para nada. Sueños creados en serie que irán sustituyendo los perdidos en cada nuevo cumpleaños, caídos tras las puertas cerradas, golpeados por los esbirros de la realidad. Quién diseña esos sueños que solo se pagan con dinero y no son más que plástico muerto. 

Hay personas a las que otros miran no por lo que realmente son, sino por lo que representan. Así ocurre con Wendelin, joven de vida bohemia al que su madre por carta le exige que deje Berlín y se haga agricultor. Pero él lleva el sueño primigenio todavía vivo en la mirada y a su alrededor se quedan prendados de su brillo. 

Karola, bella y amada, se desentiende de responsabilidades de las que se hace cargo su hermana; mientras, su marido, metido en sus libros, aguarda a que regrese de vivir las últimas madrugadas de inconsciente juventud. En la minúscula pensión de Wendelin, en los cabarets, cafés y avenidas de Berlín, siempre rodeada de amigos vive la noche, vive planeando un futuro en el que huya de esa rutina que le roba las posibilidades de una existencia plena.

Pero una manita tira de Karola y Wendelin no es consciente de ello, solo nota que ella se le escapa. Tal vez estuvo demasiado distraído... Quizás pensó en otra mujer, en buscar la esencia de sus caderas. No puede permitir que se le escape; huirán juntos, huirán de todo. Hay que seguir hablando del Viaje.

"¿Pero quieres volver a ser un bebé, mamá?". "Sí", dije, "quiero volver a empezar desde el principio y ser del todo diferente". Entonces vi en el vidrio cómo su carita, que antes había estado risueña, se iba desfigurando, cuánto lo desconcertaba pensar que yo tenía otras posibilidades, no solo la de... ser su madre... en realidad sólo "mamá".

El dinero es un problema, claro, siempre lo es. Hay que ceder ante los que lo tienen para seguir viviendo en la aventura, en la ilusión, no ser como el resto, no dejarse atrapar. Y el precio es muy alto. La juventud se ahoga en las madrugadas frías cuando al apurar las copas, las responsabilidades están siempre en el fondo aguardándote. 

***

Franz Hessell (1880-1941) fue un conocido intelectual alemán, representante por excelencia del flâneur moderno, que tiene su origen en Baudelaire y al que se le llamaría "el constructor de Berlín". He de decir que me llevó a él mi admirado Walter Benjamin, para el que representó un gran influencia a la hora de escribir su libro de LOS PASAJES. Y, claro está, que Benjamin no me iba a llevar hasta un mal escritor. En sus largos paseos juntos por la ciudad, las obras de ambos se iban construyendo en sus insignes cabezas. El deleite que supondría escuchar sus conversaciones no lo podremos vivir, pero esta una parte importante en sus escritos. Cómo no leerlos. Cómo no pasear de alguna manera junto a ellos por Berlín o París. Nos mostrarán las ciudades como nunca las hemos visto.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

jueves, 20 de mayo de 2021

 JALNA

SAGA DE LOS WHITEOAK

Mazo de la Roche



*** 

Se sirven casi tantas tazas de té en esta novela como en las de la mismísima Barbara Pym. Y la nonagenaria abuela, Adeline Court, con su loro Boney en el hombro, las pide continuamente. Ella siempre está hambrienta y sedienta; lo quiere acaparar todo. Al conocerla podríamos pensar que si se le concediese la inmortalidad comiéndoselos a todos, aceptaría sin dudarlo. De momento, sin otra opción que la de resistir de la forma tradicional, pretende llegar a los cien años y que se la agasaje con una gran fiesta de cumpleaños. Es su máxima aspiración.

La escritora canadiense Mazo de la Roche (1879-1961) escribió de la Saga de los Whiteoak dieciséis volúmenes, consiguiendo un enorme éxito. Este primer tomo está ambientado en la década de 1920, aunque se remontará la narración a 1854, para conocer los orígenes de esta familia de terratenientes. En su finca en Ontario los hijos de Adeline Court, sus nueras, nietos y numerosas mascotas la rodearán consintiéndola por edad y lugar que ocupa en la familia. Y, claro, esperando algunos de ellos ser los elegidos en su testamento. Ella, desde luego, es una presencia poderosa que se siente incluso cuando duerme y condiciona a los demás, por más que les pese a algunos de los nuevos miembros. 

Es una historia que te atrapa por las descripciones del paisaje de Ontario; por sus singulares personajes; el que te permita conocer el mundo privado de una familia acomodada, con sus taras y secretos; por sus amores e infidelidades... Y por todo el té que beben y los muchos pasteles que se sirven. También el que haya animales en la casa algunos muy consentidos me animaron de manera especial esta lectura. La abuela tiene, como os decía, un loro; sus dos hijos mayores, uno tiene una gata y otro un Yorkshire, y su nieto Renny, dos perdigueros. Además de los caballos. 

Qué me ha fallado entonces en este libro para haberme dejado un tanto dividida. En principio, que a esta familia le falta algo que a mí en las sagas familiares -en otro tipo de libros no me parece tan importante- me resulta casi imprescindible: cierto refinamiento. La abuela llega a ser incluso grotesca y algunos personajes son demasiado rústicos para mi gusto. Le dedica además muchas páginas a una historia amorosa que no me interesaba demasiado. Y hay otra historia que me atraía más, pero que llega a presentar algunos detalles de novela rosa que casi me dan urticaria. Está también un niñito, Wakefield, que se supone que me tenía que enternecer y divertir y en realidad me resultaba pesadísimo. A mí lo niños en literatura tienen que ser muy singulares para que me interesen. La prosa de la escritora tiene momentos muy buenos y otros como si le faltara algo para terminar de afinar el estilo. Hasta aquí lo que menos me ha satisfecho. Y me doy cuenta de que no sé si es muy buena señal que primero haya descrito lo negativo. En fin. En lo positivo, hay algunos personajes muy atrayentes. Meg me fascinaba. Una mujer anticuada que cuida de todos con gran celo y que presenta la particularidad de que apenas come cuando está en familia, pero se lleva enormes bandejas a su cuarto para degustar los alimentos en soledad. Están también los hijos mayores que son muy interesantes, sobre todo Ernest, experto en Shakespeare y que siempre tiene cerca a su gata Shasa. Y mi preferido de todos, Finch. Diferente a los demás, de psique más compleja y que sufre las burlas, incluso los palos de alguno y las exigencias de todos. Aunque solo fuera por saber cómo evoluciona este chico, me merecería la pena continuar con la saga. También está muy lograda la sensación opresiva que se llega a sentir en la casa, sobre todo en invierno con las lluvias.

Y en esas estoy. Un tanto dividida. Ha sido un libro en el que han volado las páginas, de lectura fluida, que en general me ha gustado, pero no me ha enamorado y me ha chirriado en algunos momentos. Si Siruela continúa con la saga es muy posible que lea el segundo, sobre todo por lo que os decía de Finch. Pero ya veremos llegado el momento. 

ATENCIÓN: Agradezco muchísimo que Siruela incorpore un árbol genealógico, pero revela más de la cuenta y con algunos personajes no solo para este primer tomo. Yo lo aviso. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

jueves, 6 de mayo de 2021

 ~CUENTOS DE AMOR VICTORIANOS~

Decidí que este libro, CUENTOS DE AMOR VICTORIANOS sería perfecto para la hora de irme a dormir y cada noche me deslizaba desde la tibieza de las sábanas hasta sus páginas de encajes decimonónicos. Olor a membrillos maduros me quedó en los dedos, el tacto de terciopelo de las rosas marchitas, un velo en la mirada de ocres contornos y una sensación de añoranza y de no querer regresar al presente. 

Desde el primer cuento ya comencé a disfrutar este libro. En 'Una prueba de amor', de Mary Shelley, la gran amistad entre Angelina y Faustina correrá el peligro de romperse por culpa de un hombre. ¿Superarán la prueba? Un final muy interesante del que se puede extraer un aprendizaje importante.

A continuación Elizabeth Gaskell en 'Por fin se hace justicia' pone de manifiesto cómo la verdad puede ser liberadora y sus consecuencias aunque negativas serán preferibles a la ponzoña que va creciendo en torno a lo oculto entre dos personas que se aman. Este relato aún me gustó más que el anterior. El toque de la Gaskell es único, desde luego. 

En el tercero Willian M. Thackeray con 'La mujer de Dennis Haggarty" nos deja una historia triste sobre un amor desigual. Muy bueno también. Además, desde que leí LA FERIA DE LAS VANIDADES estoy loca con este escritor. Hay que leer sus libros, sus cuentos. ¡Todo!

Por supuesto en una selección de cuentos victorianos no podía faltar Dickens. En 'El auxiliar de la parroquia' sentí una gran compasión por su protagonista que se enamora de alguien que no parece estar a su alcance. Este escritor siempre logra conmovernos con sus personajes más bondadosos e ingenuos que no son tratados con la consideración que merecerían por su calidad humana. No fue uno de mis cuentos preferidos, pero Dickens es Dickens.

El quinto cuento 'La cueva de Malachi', de Anthony Trollope me sorprendió, me emocionó y me dejó un personaje femenino inolvidable. Mally es fuerte, lista, aguerrida y atemporal. Podría perfectamente ser un personaje del siglo XXI. Me dejó fascinada. Este año que quiero leer más a este escritor, no podía comenzar mejor. Si tuviera que elegir mi cuento preferido sería este, sin duda. 

El de Wilkie Collins, '¿Quién mató a Zabedee?' ya lo había leído, pero me lo volví a leer y me tuvo en vilo durante toda la narración igual que la primera vez. La investigación de un asesinato por parte de un policía novato que puede que se trate de un crimen perfecto... No lo puedes soltar hasta que lo terminas y tiene un final espectacular. Si tenéis dudas si leer o no a este escritor, sería una buena idea comenzar con este relato. 

'El veto del hijo', de Thomas Hardy es un cuento  hermoso y duro. Una joven dama en silla de ruedas, conducida por un hijo un tanto impaciente y condescendiente, tiene una historia detrás que vamos a ir conociendo. De mis preferidos también. 

Henry James es uno de mis escritores favoritos y con 'Un día único' me vuelve a conquistar. Sus personajes femeninos son de los mejores de la literatura universal. Es el detalle delicado, a veces casi imperceptible del agua movida por una suave brisa y bajo la superficie toda un vasto universo. Ese es James. Escribía como quería. 

El octavo cuento es de Robert Louis Stevenson, 'La puerta del señor de Malétroit'. Se remonta al año 1429 en el que un soldado se pierde por las calles de una ciudad desconocida. Dará con una extraña puerta y al traspasarla vivirá una aventura extraordinaria. He de decir que este relato me gustó más que 'Olalla', que fue lo anterior que leí de este escritor y me reconcilió con él. 

'La esfinge sin secreto', de Oscar Wilde también lo había leído ya, pero sin dudarlo lo volví a leer y de nuevo me pareció magnífico. No os digo nada de él, pero leedlo. Es un relato perfecto. De mis preferidos de esta selección y de cualquier otra. Enorme Wilde. 

En 'El padre escrupuloso', de George Gissing me vuelvo a encontrar con este escritor después de leer MUJERES SINGULARES, que me gustó tanto. Qué pena que no se traduzca más a este hombre. Por favor, más títulos suyos. En este relato tenemos a un padre demasiado preocupado por salvaguardar la reputación de su hija Rose, con prejuicios sociales y muy anticuado. Pero durante unas vacaciones en un balneario tras el encuentro con otro huésped, Rose comienza a rebelarse.

Otro de mis preferidos, 'Amy Forster', de Joseph Conrad. Este relato me aburría un poco al principio, pero va in crescendo y lo terminé llorando. Desgraciadamente el tema que trata está de plena actualidad y poco parece que hemos avanzado. Trata de la emigración, de quienes se aprovechan de la desesperación de los demás, del miedo al extranjero y de la soledad y tristeza que éste puede sentir en una comunidad que ni lo acepta ni se preocupa de sus sentimientos.  

De E. Nesbit no había leído nada hasta ahora. 'La boda de John Charrington' de carácter sobrenatural te da un buen susto al final. Una promesa es una promesa y se cumple sea como sea...  Y si no que se lo pregunten a la May, la belleza de su círculo social cuando el insistente John le pide matrimonio. No me pareció de los mejores, pero me gustó y pretendo buscar más lecturas de esta escritora. 

En estos relatos que los hay de todo tipo, con una mayor o menor importancia del amor en sus páginas, no podía faltar el humor. El cuento más divertido de todos es el de Arthur Conan Doyle, 'El matrimonio del brigadier'. Cuánto me reí con él. Como con el de Conrad comenzó aburriéndome, pero va mejorando y si el otro lo terminé llorando por la pena, este también lo acabé llorando, pero por la risa. Es la primera vez que leo algo de este escritor fuera de sus historias sobre el mítico detective Sherlock Holmes y me ha encantado. 

'La flor del membrillo', de Henry Harland, es otro de los más destacables. Un escritor del que no me sonaba ni el nombre. Theodore Vellan regresa a Inglaterra después de tres décadas de ausencia. Nadie sabe por qué se marchó ni por qué ha tardado tanto en volver. La señora Sandryl-Kempton, su amiga del pasado, intentará averiguarlo cuando se reencuentren. De los que tiene un final que te deja con la boca abierta. 

'Georgie Porgie', de Rudyard Kipling, es uno de los que menos me gustaron. Es un buen cuento, pero me dejó mal sabor de boca. Georgie Porgie trabaja al sur de Birmania y allí se casa con una nativa pagándole una cantidad al padre de la muchacha. Pero aunque es feliz y ella se desvive por hacerle la vida cómoda y agradable, él no considera legítimo su matrimonio y comienza a anhelar volver a Inglaterra para casarse con una mujer de su condición. 

Si he dicho antes que 'La cueva de Malachi' sería mi cuento preferido, 'El corazón de la señorita Winchelsea', de H. G. Wells, estaría ahí casi casi a la par. Qué bueno. Irónico, divertido, descripciones de los personajes encantadoras y lo mejor, un giro muy ingenioso que lo lleva a un final que aunque lo ves venir no por ello pierde valor. Precisamente el imaginar lo que va a suceder a partir de cierto momento te hace disfrutarlo más. ¡No os perdáis este relato! En este libro o en cualquier otro, ¡buscadlo! En un viaje a Roma que emprenden con entusiasmos tres amigas conocerán a un  pasajero solitario y aficionado a la poesía que cambiará sus vidas. 

'El estatuto de las limitaciones', de Ernest Dowson, fue definitivamente el cuento que menos me gustó. Al parecer este escritor era un gran poeta yW. B. Yeats llegó a decir que estaba en deuda con su poesía. No sé lo que me parecería a mi, pero el cuento elegido para esta selección me incomodó un poco. Un hombre se marcha en busca de fortuna para casarse con una jovencita. Obsesionado con la imagen juvenil y candorosa de la joven comienza a inquietarse pasado el tiempo con los cambios que imagina que se operarán en ella. 

El siguiente me gustó mucho más. No podía ser de otro modo siendo John Galsworthy con 'Un asunto de otro tiempo'. Una delicia. Después de treinta y nueve años Hubert Marsland para durante un viaje ante la casa donde solía pasar sus vacaciones de niño. Allí el pasado regresará ante él y recordará su amor por una mujer, la señora Monteith, "<<la separada>>, ¡así la llamaban!".

'Algunas formas de amar', de Charlotte Mew, es un cuento curioso, en el que el modo de proceder de los personajes responde a un modo de pensar muy particular. Es un relato que me dejó pensando y sigo pensando. Además su autora fue una mujer peculiar, con problemas mentales que terminaría su vida suicidándose. Por sus antecedentes familiares y por poseer una gran lucidez, aun sufriendo por su salud mental, me ha recordado a Virginia Woolf, que además la admiraba. Igual que Thomas Hardy que la consideraba la mejor poetisa inglesa de la época. 

En el penúltimo relato nos encontramos con 'El cortejo de Anthony Garstin', de Hubert Crackanthorpe. Otro escritor para mí muy desconocido. El cuento me gustó, aunque tampoco lo encontré muy destacable. Me recordó un poco a Hardy en algunos momentos, pero sin estar a su altura, ni lograr unos personajes tan atrayentes como él, ni las descripciones del campo son tan bellas. Al menos en este relato. No he leído nada más de él. 

Y el último, que también lo había leído 'La hija del tratante de caballos', de D. H. Lawrence y que disfruté de nuevo, pero bastante menos que la primera vez, siento decirlo. Lawrence es un escritor que durante un tiempo me gustó mucho, pero que hace tiempo que no leo y que creo que se me pasó el interés. Quizás en el futuro me vuelva a atraer. Sin duda me ha dado en el pasado con sus libros grandes momentos. Recomiendo encarecidamente el que para mí es su mejor obra, 'Hijos y amantes'.

Ay, cómo no se me iba a quedar en la mirada el anhelo de seguir dentro de este libro. Lo hubiera comenzado de nuevo nada más terminarlo. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con una selección de cuentos. Mis noches en su compañía han forjado unos amores inolvidables. 

Texto y fotografía: Ana Marínez García. 

 

domingo, 25 de abril de 2021

 'La casa de Asterión', perteneciente a su libro de cuentos EL ALEPH, de Jorge Luis Borges


Hace unos días alguien me decía que soy una soberbia y recordaba entonces este cuento de Borges. Siempre me he sentido identificada con Asterión en algunos aspectos. Él en su casa es libre y prisionero a la vez como en cierto modo me sucede a mí y se protege de la plebe en ella como yo me protejo de mis semejantes en la mía. Conforme vas leyendo este magnífico relato te das cuenta de que la soberbia, la misantropía e incluso la apariencia de locura de Asterión no son más que un escudo ante la incomprensión de la gente por un destino que lo incapacitó para comunicarse y convivir con los demás. Pero la casa es hogar, refugio y fortaleza, es su reino, y pese a que te infunde cierto temor por tamaña singularidad, "hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra", cuando comenta la quietud y soledad que en ella habitan, te puede parecer un lugar ideal donde apartarse del mundo y su ruido. La grandeza de su linaje y la posesión de esta casa pueden confundirte sobre su realidad. 

Ah, pero llega el siguiente párrafo y aquí asistimos con estupor a lo que dice. Rechaza lo que los hombres pueden transmitir a los demás y niega la validez de los textos escritos. Pero a continuación viene la explicación y es que no sabe leer. Lo que pretende es disfrazarlo y lo muestra como algo que le exigía su propia grandeza. Aunque se lamenta de ello a veces "porque las noches y los días son largos". De la comprensión paso a alejarme por su arrogancia para de inmediato sentir conmiseración por él, porque comprendo que habla su ignorancia y que esta lo aisla aún más. 

En el tercero es ternura lo que despierta en ti. Es como un niñito que juega solo y que entiende que únicamente con alguien como él podrá entenderse, así que sueña con otro Asterión que lo visita y entonces le enseña feliz su particular casa y ríen juntos... En sus fantasías es feliz, pero en el párrafo siguiente veremos que su realidad pesa cada vez más. 

De nuevo en el párrafo cuarto nos habla de esa casa que es todo para él. Ciertamente no se parece a ninguna otra. Dice que es tan grande que tal vez sea del tamaño del mundo o incluso sea el propio mundo y que quizás él ha creado el sol y las estrellas. Pero que en realidad no se acuerda. El lector se pregunta si en efecto está ante un Dios o ante un lunático. De lo que estamos seguros es de su cansancio, de sus dudas y de su gigantesca soledad, tan grande como su casa que es el mundo. 

Llegamos al penúltimo párrafo donde la soberbia se diluye en la esperanza para él -y para nosotros-. Un redentor vendrá a salvarlo. Él lo espera en su cansancio, en su soledad, "ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas". 

Y en el último párrafo el ser único, soberbio, el monstruo, recoge en su cuerpo inerme nuestras lágrimas.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

miércoles, 21 de abril de 2021

OLALLA

de Robert Louis Stevenson




Cuando piense en este libro será la madre de Olalla quien me siga aterrando. Su mirada vacía será la que me persiga como si una de mis muñecas se girara y me mirase con un atisbo de vida en las pupilas, para acto seguido volverse a sumir en su perpetua inmovilidad. Será la madre de Olalla a la que vea indolente en los cuartos llenos de retratos de muertos. Será el abismo de sus miembros exangües los que quieran abrazarme y dejarme entre sus brazos atrapada para siempre. Será la madre de Olalla con su instinto de araña quien me aguarde en la enorme casona donde cientos de fantasmas se arremolinan en sus estancias de siglos. Algo insano debe crecer entre sus paredes, algo que apague la luz del sol, la risa fresca, el brillo en la mirada de los jóvenes enamorados. En ella el polvo es un ser más que se abate en toneladas sobre quienes la habiten venciendo con su peso de años y años; posado sobre los hombros como un cansancio monstruoso del que no te puedes desprender. El cansancio que parece poseer a la madre de Olalla. Qué la hará despertar... 

En OLALLA, de Robert Louis Stevenson tenemos a un oficial herido que por recomendación de su médico se aloja, para continuar con su recuperación en óptimas condiciones, en un caserón español situado en un lugar idílico por su aire puro y hermoso paisaje. Este caserón pertenece a una familia de rancio abolengo que ha ido degenerando en su aspecto económico y en su conducta hacia sus congéneres. El que su sangre se mezclara en matrimonios inconvenientes, que se diera cierta endogamia, que existieran casos de locura entre sus miembros y el prolongado aislamiento, les ha convertido en seres extraños que desean evitar todo tipo de intimidad con los demás. Ante tales antecedentes, estos le hacen prever al oficial que le aguardan experiencias un tanto turbadoras alojándose en este caserón. Y aunque el buen doctor lo tranquiliza al respecto, ya la primera noche, instalado en su aposento, el cuadro de una hermosa mujer lo trastorna hasta tal punto que sus temores parece que se convertirán en realidad y un amor oscuro y malsano puede apoderarse de él.  

Este patrón se ha seguido en literatura hasta la náusea: casa aislada con habitantes extraños y misteriosos que ocultan algún secreto, visitante más o menos incauto y todo ello entre elementos a menudo sobrenaturales o inquietantes. Es un patrón que a muchos lectores nos apasiona, pero no siempre es desarrollado con igual destreza y leídos muchos libros con este modelo cada vez te vuelves más exigente y reclamas elementos novedosos que te sorprendan. Qué duda cabe que Robert Louis Stevenson era un buen escritor y así lo he apreciado siempre, pero en esta novelita aunque está bien narrada, maneja bien los elementos tétricos de la historia y tiene momentos de gran intensidad, no me aportó nada nuevo. Excepto la figura de la madre y las descripciones de la casa, el resto caerá en el olvido de mi memoria sin pena ni gloria. Lo que no me ha ocurrido con otros libros suyos. 

Y tendría que haber hablado de Olalla. Pero es que ella no me ha interesado demasiado a pesar de su hermosura, de sus libros esparcidos por el suelo... Era su madre quien no me dejaba en paz desde sus dos túneles vacío, y sin embargo hermosos, que eran sus ojos, casi sin vida, sin  alma, araña a la espera. Olalla es un ser idealizado que no lograba ver entre su zafio y embrutecido hermano y su madre enferma de abulia que se me hicieron mucho más palpables.  

Librito que puede gustar, pero que a quienes gozáramos en su día de Poe o Gustavo Adolfo Bécquer, entre otros, e incluso tenemos muy presente la poesía de Baudelaire, se nos puede quedar un poquito corto y no por su tamaño, sino por su alcance y desarrollo en particular en su tramo final. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

viernes, 9 de abril de 2021

PERSUASIÓN

de Jane Austen


PERSUASIÓN, de Jane Austen es la última novela que terminó y se publicaría póstumamente en 1918. De carácter otoñal y un tono a veces impregnado de melancolía y toques líricos, como señaló tan acertadamente Virginia Woolf, nos habla de un momento en el pasado de Anne Elliot, nuestra protagonista, en el que toma una decisión muy importante persuadida por su buena amiga Lady Russell. Y es que Anne rechaza la propuesta de matrimonio de Frederick Wenworth, considerado por su familia como inadecuado dada su posición social inferior a la de ella. Anne renuncia a él aun estando enamorada. Pero la vida volverá a reunirlos ocho años después..., para tener una conversación pendiente, separarlos de nuevo o para que retomen lo que quizás no debió interrumpirse. Tal vez Anne dejó pasar su oportunidad de ser feliz.

De nuevo como en "Mansfield Park" encontramos ecos de Cenicienta, como nos indicó Nabokov en su Curso de Literatura, y en la introducción de esta novela lo subraya José Luis Caramés Lage. Es Anne Elliot marginada dentro de su propia familia, sobre todo por su padre y su hermana mayor, personajes de una vanidad y vacuidad casi caricaturescas. Además de no ser tenida en cuenta, es requerida a menudo para ocuparse de las tareas engorrosas, siendo ese familiar de segunda al que nadie presta atención y al que humillar es casi como una costumbre. Pero Anne es inteligente, bondadosa, resolutiva y muestra un increíble temple en situaciones en las que los demás pierden los nervios. Está muy segura de sus sentimientos y estos los conoceremos desde el principio de la novela, pues en todo momento sabremos lo que piensa. Es una mujer que despierta simpatías, comprensión y admiración fuera de su entorno familiar. El egoísmo de su padre y su hermana mayor y la irritante hipocondría de su hermana menor no les permiten verla tal cual es.

Con PERSUASIÓN termino las relecturas de las novelas de Jane Austen. Aunque ha bajado unos puntillos en mi valoración, la he vuelto a disfrutar como no podía ser de otro modo. Si durante mi primera lectura fueron "Emma" y "Persuasión" mis dos novelas preferidas, ahora "Mansfield Park" se coloca en primer lugar pisándole los talones "Emma". Quedaría así mi -subjetiva- clasificación:


Primer puesto: "Mansfield Park" y "Emma".
Segundo puesto: "Persuasión".
Tercer puesto: "Orgullo y prejuicio".
Cuarto puesto: "Sentido y sensibilidad".
Quinto puesto: "La abadía de Northanger".

Voy a explicar la razón por la que dejo compartido el primer puesto. La novela que más admiración me ha causado y que llegó a emocionarme por ser con ella más consciente que con ninguna otra del enorme talento que tenía esta escritora, fue "Mansfield Park". Hasta su final tan criticado a mí me pareció el más idóneo. Fanny Price, te agrade más o menos, actúa en todo momento con la mayor coherencia según su carácter y sus circunstancias, sin que la autora fuerce un final que pudiera agradar más a sus lectores. No me quiero extender sobre ella, tenéis en mi cuenta una reseña que le escribí hace un tiempo. Pero es en "Emma" donde encontré al mejor personaje de todos los que conforman su obra. Con sus virtudes y defectos resulta divertida y muy interesante. Una maravilla de personaje. Además, en esta novela hay algo que me complació mucho, la buena relación que tiene con su hipocondriaco padre. Demuestra una ternura hacia él que no se encuentra en sus otras novelas.

Seguramente habrá una tercera lectura y entonces tal vez los puestos cambien de nuevo. Aunque creo que Emma siempre será mi personaje preferido, Anne el que más simpatía y comprensión me despierte y "Mansfield Park" la novela que me hizo llorar de pura admiración.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.