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martes, 22 de enero de 2019

Me he leído MADE IN ENGLAND, de Doris Lessing con verdadera ansia. Es el último libro que he terminado y saltándome tres o cuatro que tengo pendientes para escribir sobre ellos me he venido a gritaros mi entusiasmo. ¡Es que hacía demasiado tiempo que no leía un libro suyo!

Ella siempre tiene la facultad de bajarme los pies a la tierra y cuando voy comenzar a reprocharle su falta de romanticismo ya llevo tres cuartas partes del libro y me ha conquistado de nuevo. Por un motivo u otro leer sus libros dejan en mí una huella imborrable, a veces molesta, y es que me hace pensar demasiado. Nunca sus títulos me dejan indiferente, me dejan reflexionando y llegando con disgusto a conclusiones incómodas. Me digo, "vaya, ahora que me había leído un libro que me hacía soñar y he podido largarme lejos de la ingrata realidad me pongo con la Lessing y lo estropea todo". Y es que ella era una grande y los grandes tanto en sus ficciones como en sus libros autobiográficos -este lo es-, nos van a dar verdades incómodas y como son tan buenos no vamos a poder rebatírselas. Pero es tan necesario, maldita sea, a los grandes no podemos dejar de leerles, aunque nos den cuatro bofetadas bien dadas. 


Recuerdo cuando leí "El quinto hijo". Ya lo he contado mil veces, pero me gusta repetirme por mi propio placer, rememorar una y otra vez el primer contacto con un escritor que pasaría a formar parte de mi caminar como lectora. Compré el libro y me puse en una terraza de Murcia a leerlo con un yogur helado. Me veo a mí misma pasando las páginas y ya diciéndome que no era nada romántica la señora; pasando las páginas y darme cuenta de que está anocheciendo y tengo que coger un autobús. Lo leí en nada igual que este y nunca lo he olvidado, como no olvidaré este tampoco. 

Qué puedes hacer cuando en la primera página ya lees lo siguiente, "Debo confesar, para dejar de lado las confesiones ya desde el principio, que tendría unos seis años cuando llegué a la conclusión de que mi padre estaba loco", sino seguir leyendo. Doris Lessing vive en Zimbabue y desde niña ha deseado ir a Inglaterra, "Inglaterra era para mí un grial". Al fin en 1949 viaja  hacia el mito inglés, pero Londres todavía acusa los destrozos de la II Guerra Mundial y no va a ser tan fácil amar la ciudad y encontrar ese temperamento típico inglés. "Por entonces, yo todavía no había aprendido a disfrutar de Londres. Se lo dije. Negó con la cabeza y contestó que eso requería tiempo. Pero que si yo quería, me enseñaría algunas cosas. Después subió corriendo para bajar una reproducción del Puente de Charing Cross, de Monet". No llega, además, en su mejor momento, atraviesa una mala situación económica, depende de ella su hijo pequeño, arrastra las secuelas, seguramente, tras dos divorcios y el haber dejado atrás a sus dos hijos mayores -aunque no menciona en este libro ni a sus ex maridos ni a sus hijos-, pero también tiene el firme propósito de poder dedicarse a la escritura en el país de sus ancestros y su determinación no la dejará rendirse.

Doris Lessing no es de quejarse, ella no te va a estar vertiendo lagrimitas. Describe la situación tal cual es, desde el punto de vista de la escritora que observa a su alrededor con objetividad, lo plasma sin adornos, sin eufemismos, sin colorear la realidad. Se echa de menos saber más de sus sentimientos y se agradece cuando estos aparecen muy rara vez. Pero por su escasez los hace más preciosos. No hay en su libro hombres ni mujeres ideales, solo son personas con sus miserias y sus carencias tratando de vivir y sobrevivir con sus castillos de ilusiones desmoronándose cada día. Ese futuro de renuncias, de la grisura de los días, de los desafectos y abandonos los aguarda a todos, pero cómo avenirse a él sin más, con descarnado cinismo. 


Una buena lectura muy recomendable. Para reflexionar, para poner lo pies en la tierra, para saber más de esta gran escritora. Visitarla en aquellos años, en su cuarto lleno de grietas ante su antigua máquina de escribir y saber que lo logró pese a los momentos tan complicados que tuvo que vivir. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.
Fotografía en blanco y negro no he encontrado quién fue el fotógrafo. 

martes, 15 de enero de 2019

Desde que comencé en la red social Facebook en mis publicaciones han tenido un protagonismo especial los libros y los gatos y a menudo me ha divertido presentar fotografías de escritores con estos fascinantes animales. Entre mis preferidas estaba la que os muestro a continuación de Barbara Pym y que también viene en mi ejemplar de "Mujeres excelentes". De inmediato sentí mucha curiosidad por esta novelista inglesa y me hice el propósito de leer sus libros. Ha transcurrido más tiempo del que era mi intención en un principio, desde que di con su fotografía hasta que he leído un título suyo, pero al fin le ha llegado su momento y estoy muy feliz. Una vez he comenzado ya no voy a parar porque ha sido como encontrarme con una persona con la que era inevitable trabar amistad tarde o temprano. Me pareció que la escritora me guiñaba un ojo y me decía: "sabía que acabaríamos encontrándonos" y yo le respondí que, además, estaba segura de que nuestra amistad sería para siempre.


Este año pasado algunas de las lecturas que me han acompañado me han dado mucha paz. Me ocurrió con "Agnes Grey, de Anne Brontë , "Gloria", de Nabokov, "Cranford", de Elizabeth Gaskell o los cuentos de Chéjov. A estas les añado "Mujeres excelentes", de Barbara Pym. Desde que comencé a leer este libro se impusieron una serie de realidades: que no podía parar de leerlo, que me daba una serenidad muy estimable y que todas las tazas de té y café que en sus páginas se preparan me eran ofrecidas con unas deliciosas pastas en un trayecto de suave traqueteo en el que lo más importante era la charla durante el viaje y poco importaba a dónde me llevaría. Ya lo decía mi admirado Nabokov: "lo más importante son los detalles" y esta escritora sabía de detalles también. Son los que te enamoran y los que durante todo el tiempo te ponen una sonrisa. No importa la trama, no me importó no tener nada en común o apenas nada con sus personajes, solo quería seguir escuchando a Mildred, su narradora y personaje principal y que no dejara de prepararme más y más tazas de té o café. Sentarme junto a ella en su humilde, pero ordenado y encantador apartamento y que me contara sobre sus nuevos vecinos, sobre la parroquia y sus feligreses durante horas al calor de la estufa mientras la lluvia golpeaba los cristales de la agradable estancia.

A Barbara Pym se la compara con Jane Austen. En ambas se habla de una finísima ironía. Creo que fue en mi diario donde anoté un día tras haber pasado unas agradables horas de lectura, que su mordacidad era mayor tanto en una como en la otra de lo que se puede esperar, pero aunque su fin no es tan malintencionado, tampoco tan inocente como aparenta. 

Las "mujeres excelentes" serían las prudentes y siempre dispuestas a echar una mano solteras que alcanzada una cierta edad se les predispone un anhelo por el matrimonio que tal vez no se vea satisfecho. Se les presuponen pacientes esperas de próximos y adecuados enlaces y no se contempla las virtudes y pequeñas felicidades de la vida en soledad. Se les asigna un rol que Mildred desmiente en muchos momentos con su inteligencia, aunque no tanto con sus actos.

"...y para distraerme encendí la radio. Pero era un programa de mujeres, y todas ellas se mostraban tan casadas y espléndidas, con una vida tan plena y al mismo tiempo tan bien organizada, que me sentí más solteril e inútil que de costumbre".

Mildred es, en efecto, inteligente, pero ha adoptado el papel que la sociedad cree que le corresponde y sus pequeñas insurrecciones son tan tímidas y prudentes que pueden incluso pasar desapercibidas, pero los lectores tenemos el privilegio de conocerlas y aunque a menudo nos gustaría aconsejarla al respecto y animarla a ser más tajante, sabemos que nos miraría con condescendiente ironía. Son los años cincuenta y la sociedad todavía espera que los bucles no se salgan del primoroso peinado y que los roles se adopten de forma natural, sin embargo, que los cacharros se queden sin fregar comienza a ser una costumbre no tan escandalosa, por la inevitable incorporación al trabajo de muchas mujeres. Nada cuesta tanto como acostumbrarse a las rebeliones domésticas y en esas transiciones es esperable la confusión y el desconcierto. Y Mildred parece tener la facultad de poner orden por donde pasa, por lo que unos y otras, unas y otros van a agradecer siempre sus tazas de té o café y después todo será más fácil y la vida transcurrirá de nuevo como corresponde. 

Una novela encantadora, menos inocente de lo que parece, de "mujeres excelentes", pero quiénes son realmente estas mujeres. Nuestra -mala- costumbre de etiquetar, agrupar y simplificar propicia la duda constante en cuanto miramos a través de la lupa de Barbara Pym.


Ya tengo en casa esperando dos títulos más de Barbara Pym editados en Gatopardo ediciones y de otro que saldrá a la venta en junio apuntadísima la fecha. Además he encontrado en segunda mano, baratito y en perfecto estado un título más de Lumen. Cuánta felicidad nos dan los libros, no tiene ni idea la tal Maríe Kondo.

Texto y foto: Ana Martínez García.
Foto en blanco y negro de la fotógrafa Mayotte Magnus. 

miércoles, 2 de enero de 2019

Puede suceder a menudo que lo que se relate en una novela, emocione, pero lo que no sucede con tanta frecuencia es que la emoción la sientas al ser consciente de que estás ante un libro desde un punto de vista literario de una maestría que te sobrepasa. Tuve momentos en los que paraba la lectura para exclamar con una admiración absoluta, "qué grande era esta escritora". La relectura de este libro ha sido una experiencia de felicidad. He disfrutado cada página. Como lectora, ante un libro así, ante las sensaciones que me ha provocado, no puedo menos que manifestar mi agradecimiento más sincero.

Fanny Price es acogida por unos familiares, sus tíos sir Thomas y lady Bertram -ella hermana de su madre-, poseedores de una posición económica más desahogada que su padres, que se encuentran en una desfavorable situación en parte debido a su gran prole. La casi inexistente resistencia y la escasa tristeza que muestra y siente su progenitora al despedirse de su hija, un tío demasiado preocupado ante la responsabilidad que supone hacerse cargo de ella, una tía que la trata como a una dama de compañía, unos primos que la miran desde un sentimiento de superioridad, así como la presencia constante de una segunda tía, la señora Norris, también hermana de lady Bertram y de su madre, viuda, para más señas, que pasa la mayor parte del tiempo dirigiendo la vida de los demás miembros de la familia y que no le permitirá olvidar a Fanny ni un instante esa condición de inferioridad respecto a todos ellos, la convierten en una clara Cenicienta, como bien señaló Nabokov, se indica en esta edición y que no es difícil de ver al poco de comenzar la lectura. En un primer momento todos estos elementos nos va a predisponer en favor de Fanny y de inmediato queramos saber de su suerte y si la fortuna le sonreirá en el futuro para dejar de ser un miembro menesteroso y siempre obligado a mostrar la más absoluta humildad y un agradecimiento continuo.

Qué ocurre, entonces, durante la lectura para que este personaje a menudo sea señalado como uno de los menos apreciados de la producción literaria de Jane Austen y a veces los lectores muestren hasta un gran enojo con la pobre Fanny. Pues que se nos muestra como una persona demasiado prudente, humilde hasta rebajarse y con escaso espíritu para defenderse. Los primos no nos van a seducir tampoco, egoístas e inmaduros, ni siquiera Edmund, que sería la excepción, el más bondadoso de sus primos, el único que defiende a Fanny ante los demás y charla con ella a menudo. Van a ser los hermanos Crawford quienes traigan la diversión y con los que comiencen los juegos de amor. ¡Pero ellos son los antagonistas!

AVISO: Proceso gore a partir de este momento, destripamiento literario. Si no la habéis leído no sigáis. 

La primera vez que leí esta novela también sentí bastante impaciencia con este personaje principal y no me atraía nada. En esta relectura, si bien Fanny sigue sin ser ni de lejos uno de mis personajes más queridos, sí la he comprendido y respetado más y, bueno, he estado de acuerdo en que su elección era la más acertada y coherente con su forma de ser. Así como con los hermanas Crawford no podíamos esperar que dejarán de ser como son y actuaran como nosotros los lectores quisiéramos, ella tampoco lo iba a hacer. Tal vez el final hubiera sido más chispeante y en un principio nos hubiese agradado, pero en el fondo, todos sabemos que Fanny y Edmund son la pareja más probable y que ni ella hubiera sido feliz con el veleta y vanidoso Henry Crawford, ni su primo con la superficial Mary. En mi primera lectura segurísimo que deseé que se quedara con el malote, porque, además, es que el primito Edmund me parecía muy aburrido. No puedo decir lo contrario. Pero realmente era la elección esperada la que se nos da y con su comportamiento posterior de los dos hermanos, que deja bastante que desear, Jane Austen así no lo quiere indicar. Es cierto también que el final puede ser incluso algo triste visto desde determinada manera. Nos puede dar la sensación de que es demasiado apresurado, que aunque la pareja, por caracteres, más evidente y coherente sea, en efecto, la de Fanny y Edmund, él seguramente no va a olvidar a Mary... Y Fanny en su fuero interno lo sabe. Con su talento enorme la escritora lo presenta de manera que quede más o menos arreglado, pero es una pareja que envejecerán bien juntos, en buena armonía, como buenos amigos, pero no saltarán chispas en ningún momento. 

La novela es espectacular lo bien construida que está. Los diálogos son muy interesantes y los personajes creíbles y muy coherentes con su modo de proceder. No da pie al aburrimiento en ningún momento y hubiera sido fácil, ya que los dos personajes principales, pues lo dicho, son tan poco atrayentes. Pero está tan bien hilada que yo por lo menos no puedo decir que me haya aburrido en ningún momento. Y señalar  en especial lo bien descrita que está esa dualidad -que todos poseemos- entre comportamiento ante los demás de Fanny y sus pensamientos. El flujo interior de ella es de lo más destacable de la novela. Muy divertido todo el proceso de la obra de teatro. Lo disfruté muchísimo. El juego que se muestra de atracciones, celos, inseguridades, vemos cómo es cada uno de ellos... Una maravilla.  Creo que es la mejor novela de Jane Austen. Luego cada cual tiene sus preferencias, pero "Mansfiel Park" es, para mí, desde un punto de vista literario, la que más calidad tiene. No he terminado mis relecturas, igual lo veo de otro modo más adelante, pero creo que no, y desde luego de las que llevo, me quedo con Emma y el señor Knightley como personajes, como amigos, como pareja, como todo y con "Mansfield Park" como historia, con lo que tiene de cuento, de juego, de atracciones peligrosas..., etc. No estoy de acuerdo con Nabokov, -madre mía, cómo me atrevo- cuando le reprocha el recurso fácil de ir aclarando la trama cuando Fanny visita a su familia a través de la correspondencia que mantiene con lo personajes que están lejos. Para mí ha sido tan perfecta, que hasta me permito disentir con el Maestro. Aunque él en su "Curso de literatura europea" se ve que la admira y le gustó mucho. Solo le pone ese pequeño "pero".

En fin, leer a Jane Austen es una gozada absoluta. Como he dicho al principio una experiencia de felicidad literaria para sentirse muy agradecido como lector y quitarse el sombrero una y otra vez. Quiero un lugar en el cielo junto a ella para leer sus novelas que allí estará escribiendo durante toda la eternidad. Delicia, delicia, delicia, delicia y delicia esta escritora. Y es como lo siento. ¡Los diálogos!, por favor, qué buenos. Con lo que amo una buena conversación. Qué maravilla. No me voy a contener nada, absolutamente nada, no quiero hacerlo, ha sido una relectura increíble. Estoy superada por esta escritora. Qué buena era. Qué feliz me ha hecho. Seguiría así hasta el año que viene jajajaj. ¡Paradme!

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

sábado, 15 de diciembre de 2018

~Libros Mayorquecero~ me envió Cecilia en la noche, de 11 autoras cubanas para escribirle una reseña y de inmediato me apeteció leerlo. El año pasado leí a un escritor cubano y aunque elegí una novela policíaca y ya siento a menudo que me saturó este género, por lo que no lo disfruté en ese sentido demasiado, toda la parte de la cultura cubana me enamoró y me interesó, por lo que tenía muchas ganas de volver a pasear por las calles de Cuba entre sus gentes y empaparme de su color, de sus olores, de su alegría y de sus tristezas. Es por lo que me pareció que Cecilia en la noche me presentaba una ocasión ideal para volver allí. Además, sentí mucha curiosidad, pues estas escritoras se dedican a profesiones, la mayoría de ellas, muy diferentes, escribir no es su trabajo habitual ni con el que se ganan el sustento, aunque todas tienen libros publicados y han sido premiadas todas ellas en concursos y certámenes literarios. Algunas son ingenieras, doctora, hay una farmacéutica, una psicóloga, una dependienta de cafetería, una artesana e incluso una costurera. Un amplio abanico de diferentes profesiones para una pasión común, la literatura. En estos once relatos hay mucha variedad y desde luego, talento.

Me voy a recrear, para que o hagáis una idea de lo que o vais a encontrar, en algunos de mis relatos preferidos. El primero es genial, Fulana y el fuego, de Gleyvis Coro Montanet, y es que ella tiene una misión muy importante, "limpiar el planeta de abusadores" y va a entrenar de un modo un tanto curioso. Os dejo un fragmento muy significativo: "Porque solo hay que sentarse un minuto frente al ordenador con Internet para ver que hay una causa de muerte femenina más frecuente que la malaria, el cáncer de mama y todas las guerras actuales juntas. Y esa causa de muerte son los maridos".

Filosófía poética de Marcelo Pascuale, de Hayde Sardiñas, el protagonista sufre el abandono de su amada Claudia y un amigo trata de distraer su dolor con la historia de un poeta, que como estas autoras cubanas desempeña otros oficios y busca tiempo para escribir. Un cuento dentro de otro cuento en el que tras las frustraciones de la vida tratamos como podemos de rescatar o inventar un poco de alivio y al fin dar con una pizquita de felicidad: "La felicidad consiste en la adaptación de nuestras necesidades a la realidad mediante recortes sucesivos. Se pueden recortar tanto nuestras necesidades como la realidad". Este cuento tiene uno de los finales mejores del libro y con el giro más inesperado en el último fragmento.

Se trata también la homosexualidad en varios cuentos y está muy bien tratada, ya sea como tema  principal o secundario. Desde los que narran una renuncia a lo que uno es y siente y tiene que llegar a un acuerdo con las personas con las que convive para soportarlo como en Los guiones posibles, de Yasmín Silvia Portales Machado. O en Anna Lidia Vega Serova lee un cuento erótico en el patio de un museo colonial, de Mariela Varona Roque, donde hay un aporte muy interesante sobre la homosexualidad femenina integrado en un relato sobre las diferentes caras del placer en una narración extraña que ofrece diferentes lecturas. En uno de mis preferidos Rosa duerme a mi lado, de la artesana Ketty Blanco, aparece como tema de fondo. Este cuento me llegó a emocionar. Los problemas entre una madre y una hija son tratados de forma muy realista; es fácil identificarse, ya sea con madre o con la hija. Uno de los que más me sorprendieron y de los que pensé que quería seguir leyendo más escritos de esta autora.

El espantapájaros, de Aymara farramola, es muy duro, pero muy bello. Uno de los más ricos en símbolos y que quiero releer porque hay algún significado que se me escapa. Un relato sobre la miseria más absoluta, el dolor y la desesperación que enajenan y trastocan los sentimientos. De los más imaginativos. El que más he subrayado. Una de las frases que leí y releí, que degusté en boca, porque me pareció preciosa, aun con toda la dura realidad que contiene, pues describe cuando una persona pierde la cabeza por pura hambre, es la siguiente y es muy linda: "...ya están caminando guayabitos por la azotea debido al exceso de ayunos".

Y el último de los cuentos es mi preferido, con el que más ganas he sentido de seguir leyendo a esta escritora. Ventolera, de María Elena Llana, me parece precioso y muy triste. El desdoblamiento del dolor y el disfrazar los recuerdos para llevarlos-soportarlos con mayor dignidad. ¡Quiero leer más de María Elena Llana!, por favor.

Es un libro que se lee muy bien, en apenas dos tardes me lo terminé y puedo decir que lo disfruté y me sedujo en todo momento. Aunque hay algún cuento que me gustó menos y algún otro que el final me decepcionó un poco o hubiera preferido otro, en general, mantiene el interés y todos sus relatos te aportan ese placer de dejarte mecer por el alma cubana, una cadera contundente de vaivenes pausados, de fuerte personalidad con los pasos firmes de unas voces que quieren ser escuchadas y respetadas y que tienen mucho que decir. Un libro al que merece la pena dar una oportunidad. Una selección de cuentos muy acertada; una lectura que se disfruta y nos permite mirar desde el buen armazón literario otras realidades y otras culturas. La cultura cubana seduce y seduce el talento de estas escritoras.
Texto y foto: Ana Martínez García.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

      No puedo evitarlo, una y otra vez me veo arrastrada a los páramos junto a las hermanas Brontë y llevada por el fuerte viento traspaso sus evanescentes figuras con el engañoso deleite de creer que soy la única que conoce un secreto oculto al resto de mortales; ellas están entre mis fantasmas preferidos y hay momentos que las siento solo mías y es hermoso mirarlas desde mi soledad, pero otras veces quiero hablarles de ellas a todo el mundo, para que acudan junto a mi a visitarlas en su aislamiento, que nos asomemos por encima de susu hombros para ver sus escritos y que me confiesen que también sienten su tristeza como yo.

    Puede parecer una tumba la casa parroquial con un único bastión en pie resistiendo a la muerte y que ésta finalmente venciera, pero que sesgara sus jóvenes vidas tan pronto no significa que dejara yermo el lugar. Cada lector que sigue venerando sus libros se burla un poco de la muerte que tan cruel fue con esta familia. Leer sus libros, entrar en sus pensamientos, pretender saber hasta el último detalle de sus vidas, explorar hasta el más recóndito rincón de sus almas, hasta en el interior de sus huesos. Pero no es posible llegar a aprehenderlo todo. Las vemos cogidas de las manos, elusivas, caminando siempre en círculo hacia sí mismas, siempre un misterio, siempre una duda, para siempre el último y más importante resquicio de su intimidad solo para ellas.


    Cuando supe del libro que hoy os traigo, La historia secreta de Jane Eyre  -Cómo escribió Charlotte Brontë, de John Pfordresher, sabía que no desentrañaría todos los misterios y aun así se me hizo irresistible. Creo que perseguiría un papel por la calle, un minúsculo papel que llevara escrito Brontë; me quedaría bajo una ventana que en una lectura privada llegara hasta mí uno de sus nombres; alguien que por el contrario al pasar por la calle lo dejara caer en mi puerta; perseguiría un eco, una nota musical, un suspiro que me acercara a ellas. Cómo no iba a ser un placer para mí este título como una pequeña y preciosa pieza más del rompecabezas.

    En él se analiza Jane Eyre, la novela de Charlotte Brontë, en relación con su propia vida. Dice: "El éxito inmediato" de Jane Eyre se debe a la claridad con que Charlotte Brontë comprendió desde el principio que trabajaría con la Verdad y la Imaginación: realismo y fantasía". Por lo que nos habla de los diferentes acontecimientos y experiencias de su vida y cómo Charlotte los traslada a su novela y por medio de la ficción los convierte en algo diferente, pero tan suyos que temía en su pudor victoriano ser reconocida y señalada como la dueña de sentimientos tan intensos y tan privados. Sabemos de una fuere pasión que sintió por un profesor, de sus temores ante ciertas mujeres de carácter muy fuerte, de cómo incorporó como en un collage las diferentes personalidades de los hombres de su vida en sus personajes masculinos, incluida la de su padre; sabemos de su enorme dolor ante la muerte de su madre y sus hermanas. Nos habla de sus libros preferidos, de sus amigas, de lo que sintió por su eterno compañero de juegos y creaciones literarias, su hermano Branwell, cuando cae por una pendiente de alcohol y apatía por vivir.

    Son muchos, en efecto, los datos interesantes que vamos a conocer, pero también he echado en falta que no señale y analice con detenimiento la influencia de su hermana Anne a través de su novela Agnes Grey que la escribe antes que Jane Eyre, y que, aunque inferior, en mi opinión, desde un punto de vista literario, no se puede despreciar su enorme valor. Se hubiera agradecido también un estudio de la obra desde un punto de vista más forma. Y otro pequeño "pero" que le he encontrado es que a veces da la sensación de una Charlotte demasiado soñadora que no tuvo otro modo de vivir el amor y ciertas experiencias más que a través de su obra. Y parece que era este su motivo principal y no por dar respuesta a su talento y a una necesidad intelectual de crear una obra.

    Aun con algunas objeciones, es un libro muy ameno, que se lee muy bien y que recomiendo sobre todo a aquellos lectores que se están iniciando con las hermanas Brontë, en especial con Charlotte y que, además, acaben de leer Jane Eyre. Y a todos aquellos que como yo, se lo quieran  leer  absolutamente todo lo que se refiera a estas escritoras.

    Sus vidas fueron muy cortas, pero dejaron una obra magnífica. Merece la pena leerla y releerla e ir a buscar en ella unas naturalezas tan asombrosas y un talento tan genuino que sigue fascinando a cada nueva generación las conoce. Allá en los solitarios páramos siguen con sus vestidos ondeantes y sus rostros graves escondiendo un guiño de triunfo. 

Texto y foto: Ana Martínez García.

    Os dejo también el enlace al programa de radio en Onda Bullas: https://www.ivoox.com/30573835
Cose que te cose... Sigo con el vestuario de mis muñecas que las tengo junto a la estufa de leña en paños menores.


sábado, 1 de diciembre de 2018

Cosiendo la ropa de mis muñecas. Todavía queda mucho trabajo, ya que esta vez voy haciendo tres a la vez. Es un placer al que hay que entregarse sin prisas. No puedo dedicarles todo el tiempo que quisiera, pero cuando puedo darles un par de horas disfruto mucho.

Por supuesto, sin olvidar nunca las lecturas. Aunque voy retrasadísima con las reseñas. Poco a poco...