Bienvenidos

lunes, 22 de febrero de 2021

 HABLA, MEMORIA

de Vladimir Nabokov


Con HABLA, MEMORIA escribió Vladimir Nabokov una de las autobiografías más originales y hermosas de la literatura. Dudo mucho que ningún buen lector se quedara indiferente ante ella. A través de quince capítulos realiza un recorrido por su infancia y adolescencia en San Petersburgo, Rusia, su exilio junto a sus padres y hermanos en 1917, los años que vivió en Inglaterra, Alemania y Francia, hasta que con cuarenta años él, su mujer y su hijo cruzaran el Atlántico hacia su nueva vida en Estados Unidos. Primero se vieron obligados a huir de Lenin y veintiún años después de Hitler.

Aun siguiendo en un principio un orden cronológico en su narración, los numerosos saltos en el tiempo que va realizando en cada uno de los diferentes capítulos y los recuerdos que elige remarcar, aportan la gran diferencia. Son como el vuelo delicado de la más extraordinaria de sus mariposas, una que fuera capaz de atravesar el tiempo y fuese dibujando con sus patas y sus delicadas alas arabescos que señalaran el secreto de lo que la vida tenía planeado para él. Porque no es la intención de Nabokov el realizar un recorrido exhaustivo por lo que fue su vida durante aquellos años, sino que su propósito es otro. Como siempre ocurre en sus mejores novelas, las intenciones ocultas, pero no imposibles de encontrar, como si de un ingeniosísimo juego se tratase, también están en su autobiografía. El gran escritor lo que pretendía era registrar las señales que el tiempo le fue dejando de un "plan invisible". Para él que entendía el tiempo como una cárcel, ve en esas señales que trazan las pautas de su existencia, el modo de trascenderlo. Y ya lo creo que lo hizo. Pero va más allá. Siempre generoso con el lector, también nos dice a nosotros que podemos si estamos atentos encontrar las pautas de nuestras propias vidas. 

Los lectores que estamos familiarizados con la obra de Nabokov, vamos encontrando sus temas recurrentes en este libro: los senderos en los jardines, las espirales de colores, la naturaleza, las mariposas, los trenes, sus espectros... , el amor. No siendo en esta ocasión una ficción, el creador que es no puede dejar de construir una obra artística y, además, como no podía ser de otro modo, tratándose de quien se trata, crea una obra genial. 

Vladimir Nabokov tuvo una infancia y adolescencia privilegiadas. Perteneciente a la aristocracia rusa vivía rodeado de sirvientes, preceptores e institutrices. Pero lo más importante, lo que le daría la fortaleza necesaria para resistir en lo difíciles momentos de su exilio, sería el haber tenido unos padres cariñosos, atentos, cultos e inteligentes que le dieron la firme base por la que caminar durante toda su vida. Cuando en 1917 con la revolución bolchevique tienen que huir con apenas unas pocas joyas escondidas en una polvera, cambiaría su trayectoria de forma radical. Toda su obra futura quedaría teñida de esa nostalgia por su Rusia natal a la que jamás podría regresar.  

Nabokov vivió momentos muy difíciles a partir del exilio, pero hubo un suceso, el más doloroso de todos, que de forma magistral a través de asociaciones, rememora en la autobiografía y le da parte de su sentido. Este suceso fue el asesinato de su padre a manos de un fascista ruso en 1922. Su padre, Vladímir Dmítrievich Nabókov, fue un importante político, al parecer un hombre muy notable, valiente, de una enorme dignidad, que le dejó una impronta a su hijo importantísima. El escritor que no se exalta, que hace gala de una gran serenidad y entereza, pese a lo que te está contando, transmite, no obstante, todo su profundo sentir. Es un bello y conmovedor homenaje el que le hace. Pero es con la educación que Nabokov dio a su propio hijo como termina de trazar el círculo que el abuelo comenzó. Al escritor le interesaba y preocupaba el momento en que los niños toman consciencia de que son seres como tales, independientes de sus padres. Ese momento tan especial y que tan fácil es de malograr, Nabokov siguiendo el ejemplo de sus progenitores y formando un protector y solícito tándem con su esposa Vera, procuró que en su hijo Dimitri no ocurriera. Así el final del libro, cuando los tres se van a embarcar hacia Estados Unidos, es especialmente emotivo. Dimitri debió sentirse muy orgulloso de su padre. De cómo cuidó sus recuerdos y honró a sus padres. 

Siempre decía que lo importante son los detalles. Esos detalles nos dirigen la mirada a sus temas y con sus temas dibujamos, gracias a su enorme talento, el diseño de su interesante vida. En cada capítulo son numerosos esos detalles que te mantienen atenta y son puro deleite. Sus juegos de niño, su viva imaginación desde muy pronto, su particular mirada. Vamos a conocer a aquellos que él quiera que conozcamos y hasta donde crea conveniente. Su mirada sobre sus seres queridos es de una gran ternura y cuidado. Es muy bonito el capítulo que le dedica a su institutriz francesa. Lo divertidas que eran sus excéntricas tías. Están los perros a los que tanto amaba su madre; la gran casa de San Petersburgo, y sobre todo, Vyra, la casa de campo. Es la historia de un gran escritor contada por él mismo con su particular e irrepetible modo, como solo los grandes pueden hacerlo. Una obra maestra.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

Bibliografía: "Vladimir Nabokov. Los años americanos", de Brian Boyd. 

miércoles, 10 de febrero de 2021

EL GOLEM

de Gustav Meyrink


Entonces se despierta subrepticiamente en mí la leyenda del Golem espectral, de ese hombre artificial que hace tiempo formara con los Elementos, aquí en el gueto, un rabino conocedor de la Cábala, quien le dio una existencia autómata y sin pensamiento al situar tras sus dientes una mágica palabra numérica.

-Nunca deberíamos tocar temas como el del Golem delante de Pernath -dijo Josua Prokop con tono de reproche-. Cuando antes ha estado hablando del libro Ibbur nos hemos callado todos y no hemos hecho preguntas; apostaría a que lo ha soñado. 

También en el gueto: una habitación, un cuarto cuya entrada nadie puede encontrar -¡una sombra que lo habita y que sólo de vez en cuando camina por las calles para llevar a los hombres el terror y el pánico!

***

En efecto, este libro es como enloquecer y mirarte a ti mismo desde un rincón lleno de harapos, sin saber dónde estás ni quién eres...

O tal vez la leyenda del Golem es real, aunque nadie te crea.

Puede que el marionetista Zwakh nos cuente la verdad a través de sus muñecos. ¿No es acaso el Golem como un gran muñeco de barro que aspira a ser hombre? Tal vez sea un fantasma que nunca estás seguro de ver o tal vez tan solo un símbolo del terror de los humanos a las eternas preguntas que nunca parecen responderse. "Es el terror que se engendra a sí mismo, el paralizante horror de la nada inaprensible, algo que no tiene forma y que corroe los límites de nuestro pensamiento". Pero muñeco, fantasma o símbolo siempre cada treinta y tres años a su llegada es como un terrible presagio. Los simples hombres armados de palos corren para darle muerte a un ser de tan anticuada vestimenta que nadie puede imaginar su procedencia. Hay un cuarto, miserable, polvoriento, como de ultratumba, ¡para el que no hay acceso! Quién podrá, entonces, llegar hasta él... 

Entre el sueño y la vigilia, nuestro narrador contemplará su propia consciencia a un paso de él, pero como tras un grueso cristal empapado por un aguacero trata de encontrar el resquicio que le abra paso hasta su nublada memoria. Encuentra un nombre en un sombrero: Athanasius Pernath. Parece que vive en la calle Hahnpass del gueto judío de Praga, pero no sabe cómo llegó, ni qué lo llevó hasta allí. Su pasado es una nebulosa y ha de encontrar las respuestas. La Voz le impele a ello. 

EL GOLEM, de Gustav Meyrink, es una novela narrada como desde una consciencia que se abre paso a través del sueño. Los seres, las voces, las propias casas en el gueto judío parecen ocultar misterios insondables. Athanasius Pernath desde su cuarto, adentrándose por las callejuelas del barrio y a través de sus amigos en su búsqueda de desentrañar su propio misterio, va conociendo diversas historias que lo van acercando hasta ese cuarto sin entradas que es su pasado y que es como el lugar donde dicen que habita el Golem. 

Son varios los elementos que convierten este libro en un clásico del género que se reedita una y otra vez y sigue fascinando. La leyenda del Golem articula toda la novela, pero son muchas las historias y los personajes que se entrecruzan y que parecen estar conectados con las de la extraña criatura, por lo que todo el tiempo te mantiene atento e interesado en un ejercicio perfecto de dar respuestas y seguir generando nuevas dudas hasta un final para mí memorable. Tiene además del misterio un componente de sensualidad nada forzado y que se adhiere de forma perfecta con el resto. Son muchos los aciertos de esta novela: la forma de narrarla, la atmósfera que crea y las descripciones del bario judío, que surge como de otro mundo, lleno de enigmas e infranqueable para el común de los mortales. Y sin duda los personajes. La variedad, lo entrañables que son algunos, lo perversos otros, el misterio que los envuelve, las pasiones que los enloquecen, todos son atrayentes y enigmáticos. La historia de venganza entre el estudiante, Charousek y el chamarilero, Aaron Wasserthum, es muy muy buena. Tan solo por ella merecería la pena el libro. Pero también las hay de amores ilícitos; la pelirroja Rosina que atormenta a dos gemelos llevándolos siempre detrás como perrillos; la taberna Loisitschek...; herencias; casas que no todo el mundo ve... 

Su autor, con una vida que supera la ficción, muy interesado por el estudio de la Cábala y el esoterismo se vale de estos conocimientos para recrear la leyenda del Golem, repasar traumas y ajustar cuentas con su pasado, con una importante crítica social, además. 

Nunca he sentido con tanta certeza que un libro me buscaba a mí como me ha ocurrido con este. En muy poco espacio de tiempo desde Instagram y Facebook dos buenos lectores me llamaron la atención sobre EL GOLEM y a los pocos días mirando uno de mis antiguos diarios, buscando ya no recuerdo qué, me apareció apuntado en una lista de libros. "Vale, de acuerdo, lo voy a leer. Deja de presionarme", exclamé. Lo que no imaginaba es que iba a convertirse de inmediato en uno de mis libros preferidos. Desde la primera línea supe que estaba ante un libro muy especial, pero cuando el marionetista Zwakh hizo su aparición, ya no me quedaron dudas de que este libro está conectado a mí de una forma muy particular...

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

lunes, 1 de febrero de 2021

 LAS MITFORD

CARTAS ENTRE SEIS HERMANAS

Edición de Charlotte Mosley

~Ediciones Tres hermanas~


Carta de Nancy a Diana: Me muero de ganas de verte, pero es muy difícil trabajar con las hermanas cerca porque una quiere pasarse el día charlando con ellas.

Carta de Deborah a Jessica: Mañana iremos a la casa de Woman, algo que siempre es complicado para mí porque a cualquier sitio al que voy tengo que llevar dos perros, mi cabra y mi poni en una carreta.

Carta de Diana a Nancy: La noche que pasé en Londres fui (sola) a ver 'La casa de Bernarda Alba', es nuestra historia con Muv.

Carta de Unity a Diana: Has leído 'Lo que el viento se llevó'? Es el libro más fascinante de la Historia. Lo leí en menos de una semana a pesar de que tiene 1.036 páginas & ya sabes que soy una lectora muy lenta, de modo que ahí tienes la prueba. Cuando empiezas sencillamente no puedes parar.

***

Me propuse leer este libro, LAS MITFORD, CARTAS ENTRE SEIS HERMANAS, de forma pausada, alternándolo con otras lecturas, leyendo tan solo unas cuantas cartas cada vez para no saturarme. Pero había olvidado lo fascinantes y adictivas que pueden ser estar hermanas y una vez comenzado ya no pude dejarlo. Lo mismo me ocurrió con su biografía conjunta en Circe hace unos años.

Nancy, Pamela, Diana, Unity, Jessica y Deborah. Todas excéntricas y cada una a su manera, con personalidades muy marcadas, aunque nunca perdieron el elemento unificador por sus orígenes aristocráticos y una particular y estricta educación. Educación algo distante por parte de la madre y en ocasiones colérica, aunque divertida en muchos momentos de su infancia, por parte del padre. "¡Mi mujer es normal, yo soy normal, y sin embargo nuestras hijas están cada cual más loca!", decía el padre, lord Redesdale, según iba viendo como sus hijas tomaban unos derroteros incomprensibles para un aristócrata tradicional y riguroso como él. Fuera por la encorsetada instrucción que recibieron, por los aires renovadores que traía el nuevo siglo, porque lo llevaran en los genes o por la mezcla de estos y otros condicionantes, el caso es que a ellas les crecieron unas ansías de libertad y un deseo provocador y contestatario que dejó consternados a su padres, que esperaban unas vidas para sus hijas más acordes con su género y posición social. Las revistas de la época que sabían que sus lectores adoraban saberlo todo de la nobleza, pronto se harían eco de sus escándalos, irreverencias sociales o incómodas ideologías, convirtiéndolas en personajes habituales en sus portadas. 

Pero serían mucho más que chicas de portada. Desde principios del siglo XX, en un momento histórico que tiene a la nobleza preocupada por la creciente pérdida de privilegios, las Mitford, pertenecientes a esa clase privilegiada, toman posiciones desde las que luchar a favor o en contra del cambio de los tiempos. Se convierten así en testigos de excepción de momentos históricos decisivos y cada una de ellas desde su singular concepción del mundo. 

El libro que hoy os traigo, en una edición magnífica, nos permite conocerlas hasta donde ellas educadas en esconder sus sentimientos, se quisieron mostrar, a menudo parapetándose tras el humor y la ironía. Ese humor tan Mitford y común a todas ellas, aunque la gran maestra sería Nancy. Se divide este libro en nueve períodos y cada uno de ellos viene con unas páginas introductorias que nos dan el contexto del momento en el que se encontraban las hermanas y al final de cada carta sus notas aclaratorias. Pero además cuenta con una semblanza biográfica de cada una de ellas, un índice de apodos, un árbol genealógico y un completo índice onomástico. No le falta detalle a esta edición. 

Nancy, lectora voraz y escritora de éxito, es la más divertida, pero también la más maliciosa y que fue capaz de deslealtades con sus hermanas, que o bien no reconocía o nunca confesó, aunque otras extraordinarias cualidades suplirían sus contradicciones. Pamela, que encontró en la naturaleza su elemento, fue la más discreta de las hermanas, y la menos dada a escribir cartas: Diana, la belleza de la familia, gran lectora como Nancy, escribió reseñas y una controvertida autobiografía, poseía exquisitos modales, adoptó la ideología fascista de su segundo marido y era la destinataria epistolar preferida de la mayoría de las hermanas. Unity, ay Unity, inteligente y creativa, volcó, sin embargo, sus buenas dotes en una lucha a favor de Hitler y sus intenciones desde un fanatismo nefasto que tendría un desenlace dramático. Jessica -mi preferida, sin duda-, que también alcanzó un gran éxito con sus libros, sobre todo con el primero, fue la única que luchó durante toda su vida por sus ideales políticos alcanzando logros decisivos, defendiendo los derechos civiles, la integración racial o cualquier causa que considerara justa, siendo un ejemplo de dignidad y valentía para sus hijos. Deborah, duquesa de Devonshire, la que más ternura me despertaba en su juventud, no quiso saber nada de política y acabaría siendo una avispada mujer de negocios, además de publicar ocho libros que fueron muy bien recibidos, la mayoría sobre Chatsworth, la gran mansión que heredó su marido y que tras una exhaustiva restauración abrirían al público. Deborah, sería la que más nos remitiría a la maravillosa serie Downton Abbey.

Cada una de ellas, con su fuerte personalidad, sus peculiaridades, su rebeldía, sus amores y sus diversos talentos nos dan una idea del siglo XX desde posiciones privilegiadas, no solo por su clase social, sino por sus deseos de libertad y audacia. Con sus luces y sus sombras, aparecen ante nosotros en estas cartas como mujeres únicas, siempre interesantes, que aunque educadas en casa, algo de lo que se quejarían siempre, tenían una vasta cultura. Volver a las Mitford siempre es un viaje increíble al pasado siglo desde un palco en primera fila. ¡No os las perdáis!

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

miércoles, 20 de enero de 2021


LA HERENCIA DE ESZTER

de Sándor Márai



Los demás nos asignaban a Nunu y a mí, un lugar en el mundo, nos adjudicaban un rincón tranquilo donde podíamos vivir nuestras vidas sin que nadie nos molestara.

Eszter sintiendo cercana la muerte quiere dejar por escrito su historia, la historia de un expolio material y sentimental. Perteneciente a una familia acomodada, vio como el hombre que amaba destruía a sus miembros arrebatándoles cuanto tenían. Todo comenzó cuanto tiempo atrás, reciben en casa a un amigo de su hermano Laci. Pero este amigo, Lajos, encantador y con una arrolladora personalidad, también es un vividor, mentiroso e interesado que trastocará sus vidas para siempre, ya que consciente de su poder de seducción y carente de escrúpulos, no dudará en engañar y manipular para obtener de ellos cuanto le sea posible. Después de veinte años sin verle, cuando ya solo viven Eszter y su fiel Nunu en la casa familiar con el hermoso jardín de forma muy humilde, pero en serena y resignada convivencia, reciben una carta de Lajos en la que les comunica su próxima llegada. Los recuerdos y el temor se apoderan entonces de ella, pero a la vez se siente arrastrada por sentimientos contradictorios. Por un lado es muy consciente de que él no ha cambiado y por otro su ánimo recuerda cómo le hacía sentir su supuesto amor. 

Hay seres que se adhieren a la piel, la traspasan, son invasores que se apoderan de todo lo que encuentran, tan dañinos que incluso cuando descubres su verdadera naturaleza ya puede ser demasiado tarde. Querer desterrarlos del ser es como arrancarse la piel, es como destruir el flujo que mueve la sangre. Lajos es uno de esos seres que subyugan a quienes se acercan y les infunden una clase de entusiasmo por la vida que no conocían. Ante él, como si sus vidas no hubieran sido más que apagados ensayos, sienten un reajuste vital absolutamente dependiente de su influjo. Ya que se puede sentir por una persona algo parecido a una adicción y por más que se razone, por más que se sepa que estamos ante alguien de dudosa catadura moral, su poder es más fuerte que la voluntad de resistir. Es por lo que un estado de inercia se apodera de quienes son arrollados por personalidades semejantes. Se agotan y sin fuerzas no conciben volver a comenzar, volver a reconstruirse.

Las complejas relaciones interpersonales, el amor desde diferentes puntos de vista, la traición, el destino, la vejez y la dificultad -en el caso de las mujeres- para tomar de nuevo las riendas de unas vidas de las que se hicieron cargo otros desde la más tierna infancia, son algunos de los temas que trata Sándor Márai en esta magnífica y redonda novela. Dice Eszter que no sabe apenas nada de la realidad. Vive en una burbuja, en este mundo, pero ajena a él. Otros han dispuesto de su existencia y lo hayan hecho mal o bien, ella esperaba a lo que viniera con resignada conformidad. Pero al tener de nuevo delante a Lajos, que tanto daño le hizo, y conociéndole mejor que nadie, tal vez sea el momento al fin de ajustar cuentas...

Hacía tiempo que no leía al escritor húngaro, Sándor Márai, y jugando con uno de sus mejores títulos, he de decir que ha sido un maravilloso reencuentro. He paseado por el hermoso jardín de Eszter y por un tiempo, dada la situación que tenemos, he querido decir como ella, que sé muy poco de la realidad.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.


viernes, 1 de enero de 2021

 LA TIERRA DE LOS ABETOS PUNTIAGUDOS

de Sarah Orne Jewett


Llevaba un viejo cesto marrón de mimbre en la mano, de esos con tapa, como si saliera habitualmente de visita, y nos miró tan alborozada y exultante como una niña.

... creo que Joanna era una de esas personas condenadas desde el principio a caer en la melancolía. Se retiró del mundo para siempre, a pesar de tener dinero. Solo quería huir de la gente, pensaba que no estaba hecha para vivir con nadie, y quería ser libre. 

Hay algo de especial en esa clase de retiro que irremediablemente estimula la imaginación; los ermitaños son espíritus tristes, pero nunca corrientes.

Todos guardamos recuerdos que nos dañan y otros que nos reconfortan en esta travesía que nos guste o no tendrá más de renuncias y despedidas que de cualquier otra cosa. Poder refugiarnos en los hermosos momentos vividos en el pasado una vez que sabemos que el futuro es una estela de pérdidas es uno de los bálsamos para nuestra melancolía que más estimaremos a medida que pase el tiempo. Los resortes que nos ayuden a correr hacia los brazos de nuestros seres queridos que ya nos dejaron, aunque sea por breves momentos, serán como llaves mágicas que abran las puertas chirriantes de un mundo perdido, pero que todavía nos pertenece. 

Quería para mi primer texto del año 2021 sobre un libro leído una de esas llaves grandes y antiguas que te llenaban la mano. Una lectura del color de la nostalgia. Es LA TIERRA DE LOS ABETOS PUNTIAGUDOS, de Sarah Orne Jewett, ese resorte como el de una caja de música, nuestra particular música de antaño, que me ha permitido realizar dos viajes, el de la narradora, una escritora que nos llevará hasta el pueblo costero de Dunnet Landing buscando un lugar tranquilo donde escribir y a mi propia infancia en la que la naturaleza tenía para mí el tacto rugoso de las manos de mi padre, de la tierra fértil que agarraba con las mías tan pequeñas entonces, cuando le seguía a todas partes, y el aroma y color de la manzanilla.

Por qué este libro me ha llevado hasta mi padre. Dunnet Landing no se parece a mi pueblo en absoluto, pero en él vamos a conocer a seres peculiares, donde su soledad adquiere tonalidades que se corresponden a la perfección con las de todas aquellas personas que no parecen como los demás, que son diferentes, que a menudo son mejores y que dejarán una huella más duradera, que tardará más en confundirse con la del resto cuando el peso de los años borre todo rastro. Mi padre era uno de esos seres que no son de este mundo, que parecen que vinieron ya con las alas puestas y que tienen historias como las de este libro, que te llenan la mirada de un horizonte más amplio, más colorido y que alejan el hastío que nos provocan los que son tan iguales al resto. Estos seres no siempre son comprendidos, ni aceptados, ni se le sabe mirar ni escuchar para extraer toda su belleza, pero qué duda cabe que permanecerán en quienes tuvimos la suerte de conocerlos y su influencia se verá en aquello que hagamos. 

Nuestra escritora se alojará en la casa de la señora Todd, mujer extraordinaria que posee una gran sabiduría sobre las plantas, lo que le permite mantener un cordial entendimiento con el médico del pueblo para aliviar las dolencias físicas y del alma de los habitantes de este acogedor y encantador pueblo costero. Junto a ella conocerá a diferentes personalidades y sus historias y disfrutará con ello enormemente. Pero no puede olvidar que ha venido a terminar su libro y los continuos requerimientos de sus convecinos la empujan a  refugiarse para escribir en una escuela a la que no acuden los niños durante el verano. Sin embargo, a menudo las excursiones junto a la señora Todd la alejarán de allí y a nosotros con ella, para recoger una gran variedad de plantas y compartir apacibles momentos con los diferentes personajes. Caminando o montadas en carromato o calesa veremos el hermoso paisaje de Nueva Inglaterra que es descrito con mimo y se nos muestra en todo su esplendor; conoceremos las costumbres de esta zona rural y en los hogares el ritual del té, las antiguas labores de aguja y el contar viejas historias. Nuestra narradora no querría irse nunca de este lugar. Ni nosotros tampoco. Que las vacaciones se alargaran y la señora Todd no dejara de transmitirle su saber y de inundar su sentidos en cada despertar con sus plantas. 

Es una narración serena, de mirada amable, de entender a los demás en sus particularidades, de sentir la naturaleza como parte inseparable de nuestro ser. 

Cada día mi padre me ponía un pañuelo en la cabeza, me subía delante de él en su moto y nos íbamos a nuestra pequeña huerta que era su lugar preferido, su refugio, su relax. De allí volvíamos con fruta, verduras y diversas plantas como la bella, aromática y humilde manzanilla. Mientras la cortaba yo permanecía a su lado y observaba cómo la iba dejando dentro de un cesto de esparto hecho por él, pero el último ramillete siempre lo depositaba en mis pequeñas manos y me lo entregaba con su permanente sonrisa bondadosa. 

No siempre le entendí, en algún momento al hacerme adulta perdí la mirada de niña que solo ve lo que de verdad importa en una persona, su absoluta bondad, su mano grande y rugosa siempre tendida hacia mí. Pero nunca esa mirada se fue del todo y cuando él se marchó con esas alas que tenía desde que nació agarré fuerte el pañuelo que colocaba sobre mi cabeza para que lo acompañara a su lugar preferido en la naturaleza, entre plantas. Aun así a veces el fuerte viento de esta vida me lo arrebata de las manos y son libros como este, tan hermosos, tan verdaderos, tan apegados a la tierra como a las buenas personas que me devuelven mi bonito pañuelo de niña, la mano de mi padre y su eterna sonrisa.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.  

domingo, 13 de diciembre de 2020

MARCIA DE VERMONT

CUENTO DE INVIERNO

de Peter Stamm


"No puedo sino recordar a Marcia, el momento en que la conocí muchos años atrás, una Navidad".

"La decoración del piso era muy elegante. Tenía grandes ventanales que, en mi recuerdo, se parecen mucho a los de James Stewart en La ventana indiscreta, pero puede que me equivoque".

"Había conseguido toda la libertad que te proporciona el dinero, pero jamás volví a tener aquella sensación de libertad de la primera vez".


Un paisaje nevado, sin mácula, luminoso, casi cegador. Así son nuestras vidas al principio. Somos conscientes cuando ya es demasiado tarde de lo fácil que es ensuciar esa nieve, de que una vez emprendido el camino es imposible volver sobre nuestras huellas, restablecer la destrozada lisura y comenzar de nuevo. Otras vidas, otra nieve, otras pisadas modificaran un paisaje que ya no nos pertenece y al volver la vista atrás la nieve deshecha habrá empapado los viejos recuerdos y entre las manchas de humedad nos buscaremos inútilmente. Solo queda seguir caminando hacia delante, hasta que nuestro paisaje se acabe y cuidar de no embarrar demasiado.

Peter, de mediana edad, con un pesado equipaje a cuestas de proyectos manchados con el barro de los años, durante los dos meses que va a pasar en una colonia de artistas de Vermont, sintiendo el aislamiento del lugar, rodeado de nieve por doquier y sin apenas relacionarse con nadie, comienza a recordar cuando de joven viajó a Nueva York para emprender su andadura como artista y fortuitamente conoce en un cruce a Marcia, una joven extraña, con una vivencia muy triste en su pasado que la empuja a desdoblarse para poder reírse del dolor. 

A través de los recuerdos de Peter sobre lo vivido con Marcia comprobamos cómo después de transcurrido mucho tiempo corremos el riesgo de que la memoria dibuje los hechos de forma muy diferente a como realmente fueron. Cuando nuestro presente se nos despoja de la ilusión y el empuje que teníamos de jóvenes es fácil, demasiado fácil, dejarse seducir por un pasado idealizado y creer que podemos volver y retomar lo que dejamos a medias o que abandonamos en una de esas encrucijadas tan decisivas para el resto de nuestras vidas. 

Con esta novelita, no llega a las cien páginas, ha tenido mi primera experiencia con Peter Stamm. Es un escritor, al parece reconocido y apreciado, del que Acantilado ha publicado numerosos títulos. Pero a mí, siento decirlo, no me ha conquistado. Esta pequeña historia se lee muy bien, de una sentada, es muy ágil... Sin embargo su escritura me ha parecido demasiado sencilla, no busca en las descripciones ningún recurso que las embellezca, es una prosa que no es placentera, resulta algo fría y distante. En un cuento de invierno con un paisaje nevado y en Navidad me ha faltado sentimiento, emoción, pero sobre todo un mínimo toque poético. Además, la historia que nos cuenta, no está mal, pero ocurre que lo más interesante sobre la chica que recuerda, Marcia, aunque no se dice, yo creo que se inspira en una controvertida fotógrafa real, Irina Ionesco, y al reconocerla me distanció de la criatura que él crea como ficción. Claro, entre esta prosa tan despojada de todo y que lo más destacable se toma de la realidad, pues a mí no me ha convencido y me ha dejado con pocas ganas de aventurarme en otras novelas de este autor. Aunque sinceramente creo que en esta ocasión es más cuestión de gusto personal y que a otros lectores que no tengas ganas de enredarse demasiado en una narración y quieran una lectura rápida les puede atraer más este libro.

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

viernes, 4 de diciembre de 2020

EL FANTASMA Y LA SEÑORA MUIR

de R. A. Dick 


No es que su vida hubiese sido infeliz, es que sencillamente no había sido suya en modo alguno.

No le habían dejado nada propio. Le escogían los sirvientes, los vestidos, los sombreros, las lecturas, los placeres, hasta las enfermedades.

En EL FANTASMA Y LA SEÑORA MUIR, de R. A. Dick hay dos reflexiones fundamentales para entender el significado que esta novela encierra más allá de una simpática historia sobre un fantasma. Una es sobre el destino y la otra sobre la soledad. 

A Lucy Muir, por su condición de mujer, su pequeña estatura y aspecto frágil, siempre le han marcado el camino a seguir, primero su padre, después su marido, la madre de este y dos hermanas de fuerte carácter. Cuando enviuda, quedándole una renta insuficiente, su situación con dos hijos es complicada y de inmediato su familia política parece saber muy bien lo que tiene que hacer. Espantada por la visión de un futuro gris en el que ve de nuevo su existencia dirigida por todos, menos por ella misma, reacciona rebelándose y por primera vez toma las riendas de su destino, mostrando una determinación y fortaleza inesperadas.  

-¿Destino, por favor? -preguntó el taquillero mientras ella vacilaba al otro lado de la ventanilla.

-Al mar -respondió Lucy de manera impulsiva.

El lugar elegido es Whitecliff, un pequeño pueblo costero, y allí va a alquilar Gull Cottaga, una casa cerca del mar, amueblada y bien situada, por una cantidad sospechosamente baja. Y es que algo ocurre en esta vivienda de la que todos acaban huyendo cuando intentan vivir en ella... Tal vez su antiguo dueño, el capitán Daniel Gregg se resista a que le molesten en su descanso eterno.

En esta novela a través de una historia encantadora, romántica, divertida e irónica supo la autora con habilidad introducir un mensaje sobre la necesidad de alcanzar su libertad las mujeres, que lucharan por ser dueñas de su destino; está en ella la influencia de Virginia Woolf  en cómo Lucy conquista un espacio propio y lo defiende a ultranza y cómo ganar su propio dinero es imprescindible para que nadie  maneje su vida.

¿Existe el fantasma del capitán Gregg o es producto de la imaginación de Lucy? En todo caso es un símbolo de los miedos y dificultades que las mujeres que daban el gran paso de depender de sí mismas iban a sentir y sufrir y su necesidad de una guía que les diera seguridad. Es símbolo de su fortaleza, de su dualidad, la interior y la exterior ante la sociedad. El fantasma también es un ideal. Ese compañero divertido, que apoya, que orienta sin imponer, que tiene en cuenta el parecer de su compañera.

Decía al principio que se habla en la novela del destino y la soledad. Y es que esta a menudo era el precio que había que pagar por la libertad conquistada, pero que no era tan temible, desde un espacio propio, como la que se podía sentir entre los demás: "Era imposible de explicar, ni siquiera a Anna, que sentirse solo no tenía nada que ver con la soledad, sino con el espíritu, y que por esa misma razón esa sensación se veía agravada a menudo estando en compañía". Hay en esta novela también una desmitificación de la maternidad y más aún, una resistencia, además, a ese ejercer como entregadas abuelas en el futuro, entendiéndolo la sociedad como el paso ineludible y anhelado por las mujeres.

Basada en este libro, como muchos sabéis, se hizo una película magnífica, dirigida por el gran Joseph L. Mankiewicz, en 1947, dos años después de su publicación. Yo la conocí gracias a un texto de Javier Marías sobre ella absolutamente maravilloso. Cómo no, la busqué y la compré y la he visto tantas veces que a día de hoy es una de mis películas más queridas. Dado mi cariño de años por esta película cuando supe que Impedimenta editaba el libro sentí una gran alegría, pero también temor por una posible decepción. No ha sido así, la novela me ha gustado mucho y la terminé muy emocionada. Aunque la Lucy de la película me gusta más, en el libro hay detalles de los que ya he hablado, que me han parecido tratados de una forma sutil y muy ingeniosa, por lo que el círculo lo he podido al fin completar y ha sido una gozada: libro, película y texto de Javier Marías. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.