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miércoles, 4 de diciembre de 2019


~MONJAS Y SOLDADOS~
de Iris Murdoch



A todo el mundo le encantan los pintores.

La novela de Iris Murdoch, MONJAS Y SOLDADOS, comienza a los pies de la cama de Guy que está en fase terminal. Aparece en escena el Conde de nacionalidad polaca y buen amigo del moribundo. A través de este personaje vamos a entrar en la casa de Guy y Gertrude y pronto conoceremos a Les cousins et les tantes que se presentan cada noche para saludar al enfermo y acompañar en tan duros momentos a su elegante esposa, que está convencida de no soportar la vida tras su pérdida.

Hacía tiempo que una historia de amor no me tenía tan entregada y la leía con tanto placer como me ha sucedido con la que se narra en MONJAS Y SOLDADOS, de Iris Murdoch. No es una historia de amor ideal, ni muchísimo menos, es muy inesperada y creo que si alguien me hubiera hablado de ella antes es muy posible que no me hubiese despertado demasiado interés. Pero desde la pluma de esta escritora que cada vez me gusta más y me produce más admiración he acompañado a sus protagonistas con una enorme curiosidad e implicación. No quiero, por lo tanto, entrar en demasiados detalles porque el no saber casi nada sobre esta novela a mí me ha permitido sorprenderme a menudo y disfrutarla más. Y no solo tenemos en ella una historia de amor, presenta otros temas como la vejez, la muerte, la enfermedad, la religión, la filosofía, la literatura... y todos tratados con detenimiento y desde una gran hondura. Son tan completas sus novelas que es una experiencia plena y que te deja al cerrar el libro con una sensación de haber leído algo muy bueno. 

Desde que conocí a esta escritora en agosto lo cierto es que me he leído tres auténticos novelones suyos y ya estoy convencida de que con ella es una apuesta segura. Es tener uno de sus libros esperándote y acariciar el momento de comenzar a leerlo y saber que vas a traspasar la puerta de inmediato a unas historias fascinantes y junto a unos personajes intensos, que nunca te van a dejar indiferente. Las tramas se suceden y se entrelazan, hay giros que te dejan con la boca abierta y se resuelven incógnitas, entran y salen personajes siempre de forma muy dinámica y sus acciones tan humanas como en ocasiones, sorprendentes, te mantendrán muy atenta todo el tiempo. Iris Murdoch es sin duda una gran narradora y una gran creadora de personajes. En las novelas de esta escritora desde el principio estos adquieren tal nitidez, los deja tan perfectamente perfilados que de inmediato te atraen y te quedas con ellos. Pero por favor, si hasta en esta lectura última el gato Piglet y el perro Barkiss tienen sus momentos claves y son dos personajazos más. Y es que los animales van a representar, además, un gran papel simbólico. Los paisajes y entornos son muy importantes también el poder que parecen poseer sobre el destino y los sentimientos de los personajes, ya sea en plena naturaleza o en el propio Londres. Sin darlo como cierto te dejan la sensación de que han intervenido determinados elementos mágicos que le aportan a la narración unas cualidades misteriosas muy estimables. Sus descripciones no son nada tediosas ni innecesarias, todo lo contrario. Y nada despreciable, lo que me mueve la naricilla en ese cosquilleo de patitas de mariposa, son las referencias e influencias literarias y filosóficas. Está Shakespeare, muy claro en esta novela con "Hamlet" y otra de sus obras que no digo, pues es como la resolución de una incógnita; que Guy lea la "Odisea", de Homero para despedirse es muy significativo; Platón siempre; Horacio, Aristóteles, Heidegger. Pero si hay unos ecos que me han entusiasmado en MONJAS Y SOLDADOS son los de "Las bostonianas", de Henry James. Escritor muy presente también en toda su obra.

De veras, no entiendo cómo no está todo el mundo leyendo a esta escritora. Yo ya no puedo parar de leer sus libros. Quizás echa para atrás la idea de que como era filósofa sus novelas van a ser demasiado enrevesadas e inaccesibles, lo que no es cierto. Quizá sea por la religión que aparece a menudo en sus novelas que puede hacer pensar a algunos que es un tema superado que ya no interesa. Pero creedme que tal y como ella lo trata resulta de lo más pertinente y actual. Igual sus propias fotografías en las que se la ve a menudo como muy triste o adusta en exceso. En estos tiempos en los que la imagen tiene tanta -demasiada- importancia. No lo sé, la verdad, las razones, pero es una maravilla absoluta. Al menos para mí, sin duda lo es. Saldría a la calle y a todo aquel con el que me cruzara lo agarraría de los hombros y le gritaría que leyera a Iris Murdoch. Yaaa, no hay que gritar a la gente, pero ¡yo les gritaría! Me lo pondría en una camiseta, en una chapa, en la estela de un avión... No estoy siendo seria, pero es que me entusiasma esta mujer. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

domingo, 6 de octubre de 2019


~EL MOLINO DEL FLOSS, de George Eliot (Mary Ann Evans)~


Hace tiempo me construí un siglo XIX como un collage. Recorté aquí y allá y lo convertí en un hogar al que necesito regresar cada cierto tiempo. Un hogar creado sobre todo con retazos de los libros que he leído, una cierta luz de tarde de otoño y sabor en la boca a torta de garbanzos. La apreciación histórica algo tiene que ver, claro, pero en su mayor parte es la literaria. 

El sendero me lleva esta vez al molino de Dorlcote. En el vive una familia, el señor y la señora Tulliver y sus hijos, Tom y Maggie. El molino ha pertenecido desde varias generaciones a los antepasados del padre y gracias a él pueden llevar una vida con cierto desahogo. La gran preocupación del señor Tulliver es proporcionar una buena educación a su hijo, porque es lo que tiene que hacer, aunque se da perfecta cuenta de que es la niña la más inteligente de los dos. La que devora los pocos libros de los que dispone y que habla de ellos con tanta gracia y entendimiento que deja al padre embelesado. Pero nada en sus circunstancias favorece que Maggie pueda estudiar lo que tanto necesita su mente inquieta. Estamos a mediados del siglo XIX, en un entorno rural, con personas que han logrado unos medios económicos que no han ido a la par que su instrucción. Su estrechez de miras y una fuerte presión social los empuja a ser lo que se espera de ellos. Si al niño no le gusta estudiar, no importa, es él el que debe hacerlo y ella, ¿resignarse? 

Me limito a contaros tan solo una pequeña parte de esta hermosa novela. Entraría en tantos detalles. En ella, además, hay litigios, enfrentamientos familiares, descalabros económicos, ansias de venganza, amores... Todo desde una pluma magnífica, la de George Eliot, que era Ella y no él, Mary Ann Evans. Ya sabéis. Con unas descripciones tan bellas que pasear JUNTO al Floss ha sido una delicia y una experiencia maravillosa. Y su Maggie, ¡qué personaje! Inolvidable. De los que desde el principio te encuentran el punto y se te cuelan en tu galería particular. Es inteligente, pero también bondadosa y sensible y siente que todo el tiempo se equivoca ante los demás. Van a ser constantes sus intentos por encontrar su lugar estando siempre en pugna contra su propia naturaleza. 

Pero hay todavía más. La relación de los hermanos, que será clave a lo largo de toda la novela; la ternura del padre, que ella nunca olvidará, ni en los peores momentos; la preferencia de la madre por el hijo y su continúa decepción con ella: por su pelo negro, liso e indomable, por su desaliño, por su interés por los libros...; los familiares maternos siempre desaprobadores y dispuestos a decirles todo lo que hacen mal. 

Es asombroso con qué elegancia, tras un seudónimo masculino, la escritora nos habla de unas desigualdades en la educación y en el trato tan diferente a hombres y mujeres. Pero también entre clases sociales y más aún, en la crueldad para quienes tienen alguna malformación que parece agrandarse a los ojos de los demás, hasta tapar por completo al verdadero ser, sin que la mayoría vea más que ese "defecto" que los hace inapropiados e indignos de ser amados. La ternura y comprensión con las que trata la autora a Phillip Wakem y la dignidad que no le escatima es de lo más estimable en esta novela y teniendo en cuenta en el momento en el que la escribe.

Todo esto y más, vuelvo a insistir, despertando en el lector tales sentimientos por algunos de sus personajes que te llevan a vivir un final tremendo y lleno de emoción. Un final como solo sabían darnos en este siglo. Pero también hay humor y unos personajes secundarios, como Bob Jakin, que tiene un detalle con Maggie que te lo comerías a besos. Y sus tías y tíos... ¡Cómo son! Nos proporcionan unos momentos costumbristas que no tienen precio. Extraordinarios. Con una de sus tías que lo guarda todo tan bajo llave que me temo que cuando muera nadie encuentre nada te puedes morir de la risa. Otra, estricta e intransigente, peeero... 

En fin, una maravilla de libro. Mi siglo, mi hogar, al que llego tras un largo viaje agotador y me pongo cómoda ante el fuego. La lluvia arrecia en las ventanas... Leo y me siento tan lejos, tan bien, tan calentita y segura en la ficción de este refugio. 

Texto y foto: Ana Martínez García. 

jueves, 12 de septiembre de 2019


Pensé en aquella mañana y en cómo se nos había antojado disponer de todo el tiempo del mundo. Y ahora parecía que ya no quedaba tiempo.


Podemos decir que esta novela nos habla del arte, de la literatura, del amor, de las relaciones familiares. Podemos decirlo y es cierto, pero el mensaje más importante de esta novela lo tenéis arriba: el tiempo que juega con nosotros -y nos dejamos, somos colaboradores entusiastas- toda nuestra vida. Vivimos de mañanas y cuando llega la tarde, una tarde de invierno, oscurece demasiado pronto y ya no podemos hacer otra cosa que irnos a dormir. 

Esta novela debía ser la confirmación de algo: que Iris Murdoch llegó con "El unicornio" y con "El príncipe negro" se queda para siempre. Pero además será la que me empuje a releer "Hamlet", de William Shakesperare -de nuevo él-; de la referencia encantadora a "Emma", de Jane Austen; la de mi desdoblamiento; la que me dijo que aun en un mal momento me podría acompañar. Y ha sido la de seguir complacida a un personaje complejo, que se queda conmigo, al que le he hablado mucho, desde ese desdoblamiento que mencionaba, que me agradaba, con el que me congratulé en muchas de sus reflexiones sobre el arte, pero que, pese a todo, tuve que recriminarle su comportamiento a medida que va degenerando. No podía ser de otro modo. Pero es que, el pobre, como tantos de nosotros, tal vez perdió la mañana y dejó todo lo pendiente para esa tarde de invierno. 

Bradley Pearson ha pospuesto gran parte de su vida ser el escritor que cree ser. Pero al fin ha llegado el momento de ponerse a escribir la gran novela que lleva dentro y lo ha dejado todo preparado para que nada se lo impida. Sin embargo, no será tan sencillo. Como en uno de esos sueños en los que necesitas con desesperación llegar a un lugar o alcanzar un propósito y van surgiendo todo tipo de impedimentos, a Bradley así le sucede y saltan a escena su hermana con una crisis matrimonial, su ex mujer, la mujer de su mejor amigo, el hermano de esta, un antiguo compañero de trabajo y, quizás, ¿el amor? Pero sobre todo, hay una figura central, su amigo, Arnold Baffin, escritor cuyo gran éxito y facilidad para escribir no dejan de mortificarle. Y en su intento de huir cada vez se verá más y más embrollado hasta un desenlace... Ahí lo dejo.

Dice Álvaro Pombo, en su magnífico prólogo, que quizás algunos le recriminen a Iris Murdoch sus perfectos acabados. Que puedan parecer inverosímiles, dado que la vida no es así, no tiene finales perfectos. La muerte no espera para que todo te quede bien cerrado. Pero, la creación artística, literaria no tiene por qué imitar la realidad, sino representarla, sus reglas no son las mismas. A mí no me molesta en absoluto una novela bien acabada. Detesto más una en la que se vea la ineficacia del escritor que no ha sabido dar con el mejor final. A menudo, no se trata de uno cerrado o no, sino del más adecuado a la creación ante la que estamos. Esta reflexión tomada de la mano de Álvaro Pombo, pasando por mi propia experiencia y preferencias como lectora, me llevan a "La información", de Martin Amis. Gran admirador de Iris Murdoch, alcanzó el final más adecuado, un final magnífico en esa novela. Una novela que es deudora de "El príncipe negro". No sé si alguna vez Amis lo ha reconocido, pero es imposible no ver en "La información" la influencia de esta historia sobre una gran rivalidad entre dos escritores. 

Y es que Iris Murdoch, puedo ya decirlo sin dudarlo, era muy buena escritora. La construcción de sus novelas responde a un propósito que sin perderse se bifurca en otros secundarios. Su literatura se ha expandido, sigue viva. Están bien pensadas, bien desarrolladas y, lo que decía, bien acabadas. Pero sobre todo, encuentran un acomodo en el lector perdido en mañanas somnolientas que olvidan las escasas horas que nos quedan en las tardes de invierno. El lector tiene la responsabilidad para sí mismo de saber lo que es para él una buena obra, de elaborar su propio esquema al que responder y saber argumentarlo. Lo categórico sin desarrollo razonado no sirve para nada. Esta escritora encaja a la perfección en mi esquema y a medida que vaya leyéndola iré argumentándolo. Y será un placer hacerlo. Quien quiera acompañarme, será bienvenido. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

lunes, 24 de junio de 2019


"¡Sí, claro, soy un raro, un rarito como Thoreau y Gandhi!".

"Todos conocían muy bien los límites de sus capacidades mentales. Todavía tenían que explorar los límites de sus capacidades físicas, pero descubrir que era posible despabilar una vela, por ejemplo, suponía una experiencia casi abrumadora para un hombre a quien había paralizado el miedo cuando la compañía eléctrica le había comunicado que le cortarían el suministro si no pagaba la factura antes del día quince del mes corriente".

"Por las noches, en el gran salón, a la luz de las lámparas de aceite, empezaron a organizar conferencias y lecturas de poetas y filósofos. Montaron una obra de Molière. El pastor oficiaba un servicio los domingos, al que asistían sobre todo por curiosidad. Descubrieron una catarata en el bosque y nadaban en la piscina natural que se formaba al pie, mientras Taub los observaba desde una roca como una deidad ctónica en bermudas. Compraron bicicletas; fueron de pícnic por los alrededores. [...]".


La sociedad me parece un ente incompresible al que me tengo que adaptar, pero que por más que lo intento no lo consigo. Quizás en el fondo no lo quiera lograr, porque sería la gran concesión a algo que me parece profundamente equivocado. El deseo de huir es constante, pero no sé cómo hacerlo, ni hacia dónde ir; no sé cómo romper estas cadenas que nos atan a todos. Me siento a menudo como en medio de una multitud, intentando ir en dirección contraria, pero me resulta imposible, me arrastran hacia un precipicio que nos aguarda tras las grandes puertas de un centro comercial con un brillante cartel que pone: REBAJAS. Y todos caemos y todos morimos bajo una inmensa pila de productos desechados. 

Claro que me planto ante determinadas prácticas, pero no me quita la insatisfacción ni la sensación de angustia. Tratar de no perder mi individualidad en este mundo globalizado, cuando devorarlas es su razón principal, requiere un esfuerzo que te depara a menudo más incomprensión de lo que sería lo razonable. Muchos nos quejamos, pero no sabemos qué hacer. Solo me alivian mi malestar -este y otros- los libros y últimamente en especial aquellos en los que se narra el intento de hacer algo diferente, de apearse de esta locura cada vez más deshumanizada. Incluso en los libros donde la experiencia no se logre me parece que me da claves para algún día alcanzar cierto equilibrio entre lo que me marca mi naturaleza y lo que la sociedad me exige. Es por lo que EL OASIS, de Mary McCarthy me llega en el momento en el que más siento que lo necesitaba y mi malestar encuentra un diálogo posible. Qué falla en una utopía: el propio ser humano que no ha alcanzado su pleno desarrollo, su madurez adecuada que le permita desprenderse de aquello que nos enfrenta e impide lograr un propósito común más razonable.

Mary McCarthy en EL OASIS así nos lo muestra. Crea una maliciosa e irónica narración en la que un pequeño grupo de personas a finales de los años cuarenta se marchan a vivir a un entorno natural, recuperando las formas de subsistencia más sencillas y compartiendo el trabajo manual sin jerarquías. Forman una comunidad que llaman Utopía y es su forma de negarse a ser parte de un mundo que entraba en la Guerra Fría con las dos superpotencias adoptando posiciones para echarse un interminable pulso en el que el que casi todo valdría y fuera cuales fuesen las pérdidas humanas. El silbido de la amenaza de la bomba atómica sonando en sus oídos podía ser para muchas personas una amenaza insoportable que los impeliera a actuar. El propósito, cómo no, es loable y el dar el paso es asombroso. No es el "sálvese quien pueda", sino hacer algo, demostrar su desacuerdo y tal vez lograr mostrar un mejor camino. Pero aun dándose momentos en la novela de idílica comunión con la naturaleza y reconocimiento de vivir algo hermoso, estos momentos son muy escasos y los conflictos pronto se apoderan de la convivencia. Se han formado en Utopía dos grupos, los realistas y los puristas y comienza la "guerra", siempre las guerras, porque algunos están más pendientes de defender sus posturas que de lograr que el proyecto común triunfe. 

Esta novela no muy extensa augura, en efecto, el fracaso de un experimento de apearse ante unos acontecimientos amenazadores e impuestos, ante unas formas obligadas de conducirse. Pero con su aguda mirada, la autora, nos puede dar algunas claves que junto a las de otros escritores que han escrito sobre la inconformidad de grupos de personas, nos pueden servir para lograr creer en una nueva formulación de lo que podría ser un modo de vida en la que se logre al fin dar con un modelo válido y alternativo a lo que nos viene dado. Vivimos tiempos en los que se ha instalado un gran cinismo, que parece que no son posibles otras alternativas, pero resignarnos a un mundo tal cual es supondría un fracaso que nos llevará a un retroceso humano de incalculables consecuencias. Me parece que para muchas personas se están cruzando unos límites que son cada vez más inaceptables y ante los que ya no se puede fingir inocencia y mirar para otro lado. 

Mary McCarthy tomó como modelo para esta novela a algunos de sus amigos, a compañeros de trabajo, a conocidos intelectuales de la época e incluso a parejas que había tenido, ridiculizando sus posturas y creando una sátira que no los dejaba muy bien parados. Se creó un gran revuelo en su momento y enfadó mucho a algunos de ellos. A mí es lo que menos me importa en la novela. Sientes curiosidad, pero entiendo que el autor puede tomar los modelos de alguna parte. Mary McCarthy es verdad que lo hizo disimulando muy poco y sin suavizar nada sus descripciones, pero como lectora lo que me interesa es lo duradero que obtengo de su lectura y quizás esas claves de las que hablaba. A mi entender ella no se burla de los propósitos, sino de las pequeñas miserias y egos de este grupo, de sus miedos no afrontados y de la hipocresía que esconden tras sus fachadas de gente comprometida que al final quiere imponer su razón e impide que esos buenos propósitos se lleven a cabo. Su gran amiga Hannah Arendt definió esta novela de "pequeña obra maestra". A ella, desde todo lo vivido con anterioridad, la sorprendía la ingenuidad de todos aquellos intelectuales que encontró tras su exilio a Estados Unidos. Ella decía que "la utopía es el verdadero opio del pueblo". Que así surgían los totalitarismos. El escollo es siempre el mismo, lo que no se está haciendo bien es la formación plena del ser humano que no ahogue los individualismos, sino que los potencie en la más positiva de sus acepciones y buscando un ético equilibrio de convivencia en sociedad con la imperiosa necesidad de conservar la naturaleza y no destruirla como estamos haciendo. ¿Es posible? No lo sé. Pero no buscar alternativa mejores, dejarnos conducir por lo imperante tampoco me parece la mejor solución. Hay que seguir buscando, hay que seguir planteándose modos de vivir más éticos. 

Confieso mi incapacidad para encontrar soluciones, solo puedo gritar que el ser humano cada vez más me parece el menos humano de los seres y, desde luego, el más destructor. Busco claves en estos libros, busco al menos crear la pequeña ilusión de que es posible.

Foto y texto: Ana Martínez García. 

jueves, 6 de junio de 2019



Conocí TRILBY, de George du Maurier a través de El mago, de John Fowles. Tras investigar un poco de inmediato sentí una gran curiosidad por su trama y el interés se agudizó aún más al saber del enorme éxito que tuvo cuando se publicó en la última década de la época victoriana. Fue tanta la fascinación de los lectores por esta novela que se habló de la "Trilbymanía". En el postfacio de esta edición de Funanbulista escrito por Max Lacruz Bassols, nos da, además, el dato curioso de que el autor, en realidad caricaturista e ilustrador, se la ofreció a su buen amigo Henry James y que este la rechazó, aduciendo que era un regalo demasiado generoso y que debía escribirla la propia persona que la había ingeniado.

Tras leerla me encuentro dividida. No me ha parecido una buena novela. Se nota demasiado la inexperiencia del autor y resulta un texto un tanto inconexo, ingenuo a menudo y tiene unos personajes estereotipados con los que no logras ni empatizar ni sentirte demasiado atraída y en los que a menudo el discurso es incoherente con lo que realmente parecen ser. Se translucen unos pensamientos del autor más avanzados, que necesitara mostrarlos, pero se frena y no se atreve a ir demasiado lejos y da pasos adelante, para enseguida volver al redil de nuevo. Aun así, para la época, fue una novela que al lector inglés impactó y deleitó. Ese mundo de artistas, de bajos fondos, con personajes de "mal vivir", mujeres "perdidas" y una trama basada en la hipnosis que atraía muchísimo en esos años, la convirtió en una obra muy leída.  

Dicho lo anterior, y aunque parezca lo contrario, me ha merecido la pena leerla y en algunos momentos la he disfrutado verdaderamente. George du Maurier desarrolla, en efecto, una trama tan simple que con unas cincuenta páginas o menos, tal y como la trata, le hubieran bastado. Hasta más allá de la mitad del libro no se centra en ella. Pero el resto del tiempo se dedica a describir la vida bohemia de París a finales del siglo XIX y es lo que para mí salva el libro. Tuve una época en la que me obsesionaba viajar en el tiempo hasta la ciudad de la luz, al Barrio Latino, Montmartre, en resumen a la margen izquierda; subir a las buhardillas de artistas y conocer a pintores y escritores, grisetas y modelos e inconformistas que odiaban y huían de una vida encorsetada. Buscaba libros, películas, cuadros y fotografías que me llevaran hasta allí y cuando daba con ellos los leía o visionaba una y otra vez. En este sentido me ha gustado mucho y me ha sido amena la lectura. Sí, es verdad que es una historia que se regodea en los tópicos, de bohemios de buen corazón, con un malvado, cómo no, una damisela de dudosa reputación, pero de inmenso corazón y una trama atrayente que bien desarrollada se le hubiera podido sacar mucho más partido y que te deja muy a medias. Y el final es un auténtico horror, pues una Trilby que se la dibuja al principio muy interesante, moderna, acaba siendo una caricatura de la griseta que arrepentida por amor poco menos que están a punto de canonizarla y todos quedan obnubilados por su luz de santidad. Pero, como decía, luego también tiene toda esa parte de descripciones de lugares emblemáticos de París, de asomarnos a través de las ventanas de las buhardillas y las escuelas de arte y ver un mundo fascinante, entre real e inventado, que me ha gustado mucho. Adolece de lo que adolecen muchas novelas hoy en día, como puede ser mucha documentación histórica, diversos datos entre medias, echar mano de la propia biografía y que no se mezcle bien con la ficción, divagaciones que no siempre tienen sentido ni razón de ser y quedan, ahí arrinconadas, una trama y un valor literario mínimos. Es una novela de más de cuatrocientas páginas con mucho relleno. Digamos que la carne está cruda y el relleno delicioso. 

No la recomiendo a quien busque una buena novela decimonónica bien trazada, redonda, con grandes personajes. Para los que la trama sea lo principal ni acercaros. Pero, para aquellos que como a mí este mundo os haya atraído u os atrae, nostálgicos de aquel París de finales del siglo XIX, podréis encontrar provechosa vuestra lectura y disfrutarla en una buena parte. Se lee bien, en especial la primera mitad del libro, las referencias musicales, literarias, pictóricas son una auténtica gozada y las ilustraciones del propio autor son muy bonitas. Si no os decidís a leerlo, al menos investigar sobre todo lo que rodeó a la publicación de este libro, pues es muy interesante. Y en su relación con Henry James  y abuelo de Daphne du Maurier y de los niños que inspiraron Peter Pan, pues también os puede resultar muy atrayente y os apetezca conocer más de este artista. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

jueves, 23 de mayo de 2019



No había que burlarse de los muertos. Sobre todo, no había que provocar a los fantasmas.

Desde aquella sesión de manicura, no me interesaba en absoluto convertirme en una jovencita. Miraba el suelo apisonado por el peso de mi cuerpo repitiéndome que no quería sujetador, ni medias de nailon , ni laca de uñas, ni sangre entre las piernas. Quería árboles para trepar, quería mis mocasines llenos de barro, que corren cien veces más que los zapatos nuevos y que las sandalias de adolescente. Y, sobre todo, no quería aceptar que lo que hasta ahora me había empujado a saltar de la cama cada mañana acabaría importándome muy poco, mientras que la vida continuaría sin mí. Me dolía demasiado pensar que la vejez me lijaría las mañanas, dejando serrín de madera nueva en la puerta de la habitación.

BONDRÉE LA FRONTERA DEL BOSQUE, de Andrée A. Michaud.


Se pueden erigir furiosos los fantasmas ante los intrusos que entren sin ser invitados, invadiendo los lugares sagrados, donde un dolor invisible, pero todavía latente, continúa reclamando su altar.  

Bondrée es un lugar de veraneo rodeado de bosques donde las familias despojadas de responsabilidades y prisas, disfrutan de sus vacaciones sordos y ciegos a los insistentes avisos de peligro inminente que la naturaleza que los rodea intenta transmitirles; el idioma de los árboles hace siglos que los hombres lo olvidamos. Necesitarían, arropados por el tiempo laxo y de una sensación de vida sin más sobresaltos que los raspones en las rodillas de los niños, de una prueba más contundente. Y así, la desaparición de la joven Zaza Mulligan los sorprende dormitando al sol, en medio de una canción; los gritos de terror por un momento se cuelan entre las risas, entre el propio griterío de los veraneantes. Y entonces, alguien baja la música y el verano acaba de golpe, con el ruido espantoso de una trampa de animales que asoma en la tierra -¿olvidada?- su rostro atroz.

Bondrée la frontera del bosque es un thriller muy bien trazado, con un desarrollo sin altibajos que impide que decaiga el interés y un final que sorprende, bien cerrado y que no decepciona. 

Quienes le pedimos a este género que sea algo más que una trama bien urdida, no nos sentimos defraudados con Andrée A. Michaud, destacando sus descripciones del bosque, escenario de los crímenes, que lo muestran en toda su belleza y misterio, con una atmósfera inquietante, entre irreal y tangible, y la psicología de los personajes, reflejando con precisión los cambios profundos y permanentes que se producen en las personas ante la presencia de la crueldad humana.

Mencionar, por último, a dos personajes de los que quisieras seguir sabiendo tras cerrar la novela. El hombre de los libros: "Los libros nunca te hieren, por eso los había elegido" y una niña inteligente y muy especial a la que vemos dejar atrás la niñez antes de tiempo, tras la aparición de un miedo diferente y la pérdida irreparable de esa sensación de seguridad, de arropamiento que se siente en la infancia en el entorno familiar. La vida ya no será esperar los largos veranos, meter tesoros en su caja de hojalata y el futuro que parecía no significar demasiado será una nebulosa de la que estar pendiente con el temor de no saber que se esconde tras ella. 

Este es uno de los libros que me tocaron en el sorteo de Alianza Editorial y aunque no me ha enamorado tanto como "Hermano", de David Chariandy, he disfrutado de su lectura y en ningún momento se me hizo pesada y mucho menos aburrida. Se lee muy bien y con un final bien rematado, que para mí es muy importante en este tipo de libros. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

lunes, 13 de mayo de 2019

...conozco un lugar, de hecho, donde toda una colonia de literatos fue víctima de un demonio particularmente emprendedor.

La gente, sin embargo, confunde a menudo el talento literario con la integridad moral. Tiende a medir su propia existencia con el metro de la literatura más banal, esa en la que se exaltan los valores positivos, donde todo se resuelve en función del bien colectivo, en la que los malvados pierden y el bien triunfa. Pero si todo fuera tan sencillo yo no estaría aquí contando esta historia.

UN ASUNTO DEL DIABLO, de Paolo Maurensig.


El escritor italiano Paolo Maurensig en Un asunto del diablo elabora una sátira vestida de thriller sobre cómo el deseo de trascender a través de la escritura puede apoderarse de todo un pueblo y propiciar que el mismísimo diablo, adoptando la figura de un importante editor, haga de las suyas. Tan solo un extraño sacerdote sabrá de su existencia y tratará de detenerlo. 

Si extrapolamos lo que sucede en este pequeño pueblo, en el que todos se vuelven locos por publicar, a la actualidad en la que son numerosos los que creen -o creemos ja,ja,ja- llevar dentro un escritor en potencia, nos damos cuenta de que estamos ante una novela que de un modo muy ingenioso reclama cierta depuración del oficio de escritor y se burla de la arrogancia de tantos que ante la accesibilidad de las sencillas herramientas de escritura confunden vanidad con talento. En este pueblo sus habitantes con tal de ver sus escritos publicados o ganar un concurso literario serán capaces de amordazar su dignidad y sentido común y libres de las protestas de éstas "aguafiestas" caer en el esperpento e incluso en lo delictivo. Así vemos a menudo escritores o aspirantes a escritores que en las redes pueden llegar a comportamientos que van más allá de la legítima promoción de su trabajo que nos producen un poco de vergüenza ajena. 

Por medio de una trama ingeniosa, desarrollada con agilidad, que nos despierta el interés desde el principio y un desenlace que no está nada mal, el autor pretende aportarnos algo más importante que la mera resolución de un misterio y nos invita a la reflexión sobre el abanico de vanidades que airean la parte menos bonita de la comunidad literaria. Y así como a menudo los thrillers nos impelen a leer demasiado rápido y a no fijarnos en detalles que nos parezcan superfluos para el esclarecimiento de un crimen, en esta inteligente novela se disfruta de toda la lectura y no se desecha nada. Se lee con gusto y te deja con ganas de repetir con este escritor. 

Además, si os fijáis en la bonita portada del libro hay un precioso zorro. No está ahí por mero adorno. Este animal es muy importante en la novela. El autor aprovecha su simbología para aportarle un plus inquietante a la trama y dotarla de un mayor significado. Deciros que a medida que iba leyendo sentía más y más curiosidad por este animal e investigando descubrí numerosos detalles muy curiosos en interesantes sobre él. Además, como dato anecdótico, averigüe que dependiendo de nuestra fecha de nacimiento tenemos un animal espiritual y me coincidió que es el zorro, precisamente, el mío. Si leéis esta novela, no dejéis de lado la simbología de estos bellos e inteligentes animales, ya que enriquecerán vuestra lectura. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.