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viernes, 3 de julio de 2020


~LA SEÑORITA PYM DISPONE~
de Josephine Tey


Algo triste y desconcertada, como quien descubre inesperadamente que la infelicidad puede irrumpir en plena delicia, apartó la mirada de aquel angustioso cuadro, pero no sin antes vislumbrar por último la cara de la señorita Rouse. Y la expresión que se encontró volvió a sorprenderla. Le recordó a Walberswick.

La contribución de Dakers era un hermoso pastel de chocolate de dos pisos con cobertura de mantequilla escarchada. Lucy decidió entonces que como gesto de amistad (y quizá también de gula) debía olvidarse por el momento de los kilos de más.

El lugar poseía todas las características descritas en la literatura por los habituales clientes de las posadas de los pueblos: la porcelana pintada a mano, las mesas de madera oscura de roble, las cortinas de lino con bordados, los ramilletes herbales en sus pequeños jarrones. Sí, incluso las pequeñas muestras de artesanía local en el escaparate. Para Lucy, que en su época con Alan ya había tenido su ración de niditos de amor polvorientos, el lugar era sencillamente encantador. Nada más entrar la envolvió un delicioso aroma a pasteles y bollos con especias recién salidos del horno. Además del ventanal que daba a la calle había otra ventana orientada a un bonito jardín interior engalanado con flores de vivos colores. En el interior del local reinaba la paz, el frescor y un agradable sentimiento de bienvenida. 

Han sido varias las sorpresas que me he llevado con LA SEÑORITA PYM DISPONE, de Josephine Tey. Comencé su lectura pensando en una novelita intrascendente, de narración muy ligera, con un misterio por resolver, quizás a lo Agatha Christie, y que olvidaría en cuanto acabara su última página. Con esta idea preconcebida me dispuse a leer este libro, con menos expectativas que curiosidad. En su momento, en la adolescencia y primera juventud, leí la mayoría de los títulos que escribió la dama del misterio. Os dejo una fotografía que ya compartí, para quienes no la hayáis visto que os hagáis una idea de mi entusiasmo entonces por ella. ¡Y no están todos! Algunos los saqué de la biblioteca, otros me los dejaron y algunos los presté y nunca regresaron. El caso es que, aunque ya no suelo leer este tipo de libros, como podréis imaginar después de la cantidad ingente que consumí en el pasado me saturaron bastante, una escritora de la misma época, la llamada Edad de Oro de la novela británica de intriga, era de esperar que me despertara cierta curiosidad. Además, con el buen recuerdo que guardo de aquella época es muy posible que al ir a Josephine Tey interviniera también una buena parte de nostalgia. Pues bien, me he encontrado con algo que aun con pequeñas similitudes es muy diferente. Y ha sido fantástico. Porque la lectora impaciente que yo era entonces hubiera preferido sin duda ninguna a Agatha Christie, pero la lectora que soy ahora, mucho más reposada, que aprecia los  pequeños detalles y que espera una mayor profundidad, se queda con Josephine Tey.




Lucy Pym es invitada para dar una conferencia en Leys, una escuela muy prestigiosa de educación física para señoritas que regenta una antigua compañera de clase, Henrietta Modge. Y lo que se suponía que sería una estancia de poco tiempo, se convierte en una larga temporada ante la cariñosa acogida que recibe por parte de las alumnas, de su amiga y del resto del personal docente. La señorita Pym era profesora de francés, pero debido al inesperado éxito que le llega tras la publicación de un libro sobre psicología, abandonó su profesión. Su gran popularidad y elegancia encantan a todo el mundo, lo que le sirve de pantalla que oculta en parte su timidez e inseguridad. 

En cuanto comienzas a leer te das cuenta de que la narración es tan encantadora como la propia señorita Pym y está llena de pequeños detalles que son absolutamente deliciosos. Si sois lectores impacientes, que sepáis que hasta casi la mitad de la novela no se vislumbra misterio alguno. Y el misterio que vendrá es muy sencillo, nada enrevesado e incluso con un culpable predecible. Pero a mí no me importó en absoluto, es más, esta peculiaridad de la autora me enamoró. Josephine Tey lo que hace durante buena parte de la novela es hablarnos de las alumnas, su día a día, y del profesorado. Que a través de sus ojos creamos conocerlas bien. Nos habla con detenimiento de sus impresiones desde un punto de vista psicológico y sus implicaciones morales. Pero ojo no es nada moralista. Será por el conocimiento que tengamos de todos los personajes a través de la señorita Pym y la importante decisión que ella tomará en un momento dado, que el final resulte sorprendente.  Fijaos en lo que os digo, aunque para algunos lectores pueda ser, como os decía antes, la solución del misterio algo predecible, el desenlace es muy bueno, sobre todo porque da pie a un debate muy muy interesante. Es el tipo de libro que me hubiera encantado leer en un club de lectura, hubiera dado para una charla de horas.

Es una novela sobre los prejuicios. Cómo la belleza física o el estatus social nos pueden condicionar, predisponernos a favor o en contra de las personas, incluso cuando nos resistimos o creemos que nuestra mirada está libre de ellos. Lucy Pym no es una detective, no tiene una inteligencia brillante, con las ideas clarísimas todo el tiempo de cómo hay que actuar al modo de un Poirot o un Sherlock Holmes. Es mucho más humana e imperfecta y es por lo que te resulta más cercana y te permite encariñarte con ella y comprenderla, aunque no siempre estés de acuerdo con su modo de pensar. En su deseo de ser justa, puede equivocarse o no. Tendréis que descubrirlo vosotros. Al final, lo prejuicios, ¿serán los suyo o los nuestros?

Que nadie os diga que este es un libro intrascendente, ligero, para leer en un par de tardes. No es complicado de leer, pero da para reflexionar bastante y para debatir extensamente sobre él. 

Como curiosidad, en esos puntos coincidentes con Agatha Christie, uno muy interesante. Josephine Tey escribió esta novela en 1946 y Agatha Christie escribió 'Un gato en el palomar' en 1959. Y tienen similitudes. Me queda la duda de sí la madre de Poirot leyó a su colega de profesión o no. Es uno de sus misterios muy elaborados, con el discurso final del detective belga... Muy diferente al de la autora que nos ocupa, solo me la recordó por pequeños detalles: ambas tienen lugar en la campiña inglesa, en una institución docente muy prestigiosa, hay cierta malicia en algunas alumnas.... Esas similitudes no van tan allá como para pensar mal. Los derroteros de una y otra son muy diferntes. Que quede claro. Según el tipo de lector pensará que con mejores resultados una o la otra. 

Por último, decir que me he quedado enamorada de esta autora. Voy a leer todo lo que pueda de ella. Una mujer bastante reservada, que guardó su vida privada muy separada de su profesión. Su estilo me gusta mucho. Nadie que no tenga un porte una clase increíbles puede llevar semejante pañuelo de cuadritos, como el que se ve en la foto, con tanta elegancia. 

Texto y fotografías: Ana Martínez García.  

martes, 30 de junio de 2020


LA LIBRERA Y LOS GENIOS
-UNA HISTORIA DE NUEVA YORK-

de Frances Steloff



...cuán a menudo nos engañan nuestros prejuicios, o nuestra falta de voluntad para cooperar con el artista, poeta, o compositor. Qué agradecidos tendríamos que estarles por romper nuestros moldes de acero. Sin un corazón abierto, no podría haber una mente abierta.

Lo tuve tan claro en cuanto salió este libro, LA LIBRERA Y LOS GENIOS, de Frances Steloff sobre la mítica librería Gotham Book Mart, que lo tenía que leer sí o sí, que calentito todavía ya estaba en mis manos. Pero siento decir que no ha sido lo que esperaba. Qué ha ocurrido. Pues que aunque intenté no compararlo con el que escribió Sylvia Beach sobre la Shakespeare and company, no he podido evitarlo, porque están a años luz. Precisamente el capítulo que le dedica a ella es uno de los más decepcionantes. Apenas unas pocas líneas y muy muy frías. Está claro que Frances Steloff debió ser todo un personaje, con un enorme carisma, gran persona, además, que dejó huella en todos los que la conocieron y lo mucho que hizo por la literatura de vanguardia es absolutamente incuestionable. El libro, desde luego, contiene abundantes anécdotas y curiosidades, fueron muchos los escritores y personalidades muy relevantes que pasaron por la librería. Destacar su amistad durante años con el, para muchos lectores, entrañable Christopher Morley ('La librería ambulante', 'La librería encantada') y me ha sorprendido especialmente la excéntrica Edith Sitwell, con sus manos llenas de anillos y sus cartas tan interesantes y singulares. Conoció a Gertrudes Stein, Anaïs Nin, Henry Miller, Marianne Moore, etc, etc y a todos los trató con gran deferencia dejando en ellos un imborrable recuerdo de su paso por la Gotham Book Mart. Siempre hizo todo lo posible por darle un lugar de honor a Joyce y durante años se celebraron en la librería "La sociedad James Joyce". Ayudó en la promoción de revistas literarias y dio todo su apoyo a escritores en los que creía, incluso con ayuda económica. Peeeeero es una escritura tan distante y a menudo la narración es tan esquemática que sientes que no transmite ni una quinta parte de lo que tuvieron que ser aquellos años. Son capítulos independientes que Frances Steloff fue escribiendo a lo largo del tiempo, que los editores al parecer ordenaron de forma cronológica y que a menudo resultan algo breves. Incluso hay datos que se repiten en algunos capítulos, lo que ya hemos conocido en uno anterior en el siguiente al comienzo todavía no se ha producido y se comenta de nuevo después.

Me gustaría que quedara muy claro, subrayarlo bien, que no estoy comparando su labor como libreras de Sylvia Beach y Frances Steloff, por favor, ambas fueron mucho más allá de las obligaciones propias en principio de este trabajo, mujeres asombrosas, luchadoras, muy generosas y que amaban los libros sin ninguna duda. ¡Las dos han sido unas figuras fundamentales para la literatura de las vanguardias! Lo que comparo son los libros resultantes. Sylvia Beach transmitió bastante mejor lo vivido en su librería. Es un libro precioso, muy bien escrito, que te traslada a París en aquellos míticos años y casi sientes que puedes caminar entre sus estantes y tropezarte con Joyce, Gertrudes Stein, Hemingway, Fitzgerald o Ford Madox Ford. Es uno de mis libros mimados en mi biblioteca. Este tiene una introducción que está muy bien de José manuel de Prada-Samper y un epílogo del librero Matthew Tannenbaum que trabajó en la Gotham Book Mart y te muestra con más sentimiento a la librera y lo que vivió en su librería. Pero lo narrado por ella te deja todo el tiempo con ganas de que fuera más allá, de que mostrara más emoción y de que te hiciera sentir con mayor intensidad que, en efecto, estaban viviendo un momento irrepetible y con artistas únicos.

Aun así, y aunque os va a parecer una contradicción, merece la pena leerlo. Sabiendo lo que sé ahora, igualmente lo leería. Porque la importancia de esta librera y su librería bien vale ser un poco indulgente con la pluma de la señora Steloff. Es historia fundamental en la lucha por la libertad de creación. Tanto Frances Steloff como Sylvia Beach se enfrentaron a una parte de la sociedad pacata e hipócrita e incluso a la justicia para defender su derecho a vender aquellos libros que creyeran conveniente. Y esto es muy importante. Más lo podemos ver en estos momentos con lo que estamos viendo...

Texto y fotografía: Ana Martínez García.
La belleza de ganchillo que se ve en la foto la ha hecho mi hermana Cati.

lunes, 15 de junio de 2020



ESTÍO,
DE Edith Wharton



La brisa de junio, jugueteando por la calle, sacudió las melancólicas hileras de los abetos de los Hatchard, se apoderó del sombrero de paja de un joven que pasaba por debajo y se lo llevó sin miramientos hasta el otro lado de la calle para arrojarlo al estanque de los patos.

Charity no tenía ideas muy claras sobre la Montaña; pero sabía que era un sitio malo, y vergonzoso como lugar de nacimiento y que, le sucediera lo que le sucediese en North Dormer, debía recordar -tal como la señorita Hatchard se lo había advertido en una ocasión- que a ella la había traído de allí, y que le correspondía callarse la boca y mostrarse agradecida. 

Me gustaría imaginarte más feliz, menos sola... Estoy seguro de que para ti las cosas van a cambiar con el tiempo...

Por un instante el primitivo impulso de la huida la dominó de pies a cabeza; pero era tan sólo el inútil agitarse de un ala rota. 


Charity pertenecía a la Montaña y no iban a permitir que lo olvidara. Su tutor, el abogado Royall, el hombre más notable del pueblo y con el que comparte un oscuro secreto, la trajo siendo niña de allí y la crió en su casa con todas las comodidades de su clase social. Pero es demasiado guapa y orgullosa y no van a dejar de aprovechar la más mínima ocasión para recordarle sus verdaderos orígenes y ponerla en su sitio. Vive con Ellos, parece una de Ellos, pero en verdad no pertenece a su mundo. Con lo que no contaba es que esa Montaña iba a ejercer sobre ella tal poder de atracción que llegara a verla como el lugar en el que un día tal vez podría refugiarse, la única escapatoria y consuelo para su orgullo o su vergüenza. O tal vez sería una trampa aún peor que el sentirse tan sola entre quienes la acogieron.

Charity es bibliotecaria, aunque no muy buena, en North Dormer, un pueblo que se le ha quedado muy pequeño. Es, como decía, guapa, orgullosa, independiente y soñadora. Siempre siente sobre ella la sombra de la Montaña y la de su tutor..., el peso del aburrimiento y el impulso de marcharse del pueblo. Ah, y están los ojos azules de Annabel Balch... Una mañana llega a la biblioteca un joven arquitecto, Lucius Harney y un hecho significativo le permite verlo de un modo especial y salir del tedio que impregna su presente y que tanto teme para su futuro.  

ESTÍO (1917), de Edith Wharton es una novela con descripciones del paisaje bellísimas y evocadoras. Tan solo por estas ya merecería la pena leerla. Pero es, además, la historia de una mujer fuerte y de carácter que se ve sola frente a un inamovible orden social y unas rígidas y crueles normas impuestas a las mujeres. Es una historia muy bien escrita, moderna, turbadora, con un modo de mostrarte la sordidez e hipocresía de la sociedad de un modo elegante, pero sin que quede ninguna duda de lo que te quiere mostrar; lo que hay tras tanta rigidez, lo que espera a quienes se saltan las normas, a quienes se atreven a ser diferentes.

Me pasó, además, con esta novela algo curioso, lo que la ha hecho todavía más especial. De estas coincidencias que te dices: ¡cómo es posible, los libros de verdad que nos hablan y nos llaman de algún modo para que los leamos! Poco ante de leer ESTÍO mi hija se suscribió en período de prueba a HBO para ver una serie que le interesaba. Yo miré las que había de época que son las que más me suelen gustar y encontré Death and Nightingales, basada en la novela de Eugene McCabe. Me vi un o dos capítulos y "quería y no podía", algo me fallaba y me la dejé. Pues bien, poco tiempo después, unos días tan solo, voy a elegir nueva lectura y agarro este título de Edith Wharton. Y a medida que voy leyendo más familiar me resulta hasta que llega a.... Hasta aquí puedo leer. Lo que os puedo decir, es que tienen la novela y la serie similitudes que parecen ir más allá de lo que es una influencia o unos guiños. Eugene McCabe, si la serie es fiel a su novela, que no lo sé, o el guionista, pero parece que alguien se leyó muy bien, ¡pero que muy bien! la de Edith Wharton. Hay algo que no puedo desvelar, que es fundamental para la trama de ambas. Y no me digáis que no es maravilloso. La serie que no me llegaba del todo y la escritora, la gran Wharton, cómo se las apañó ella para decirme, "¡eh, aquí está mi libro. Es el que hay que leer, que no te va a decepcionar! Jajajaj.

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

miércoles, 3 de junio de 2020



EL VIENTO
De Dorothy Scarborough

La tormenta de arena duró tres días.

Justo cuando en los ojos de Letty empezaba a vislumbrarse una mirada demente, cuando ya había
empezado a hablar sola, en un tono tan bajo que impedía que Lige la oyese y preguntase <<¿Qué dices, cielo>>, el viento amainó.



El viento, su ulular enloquecedor, a cada momento, sin descanso; un viento salvaje en un lugar y un tiempo en los que todavía no había sido domeñado, y la arena que entra por todos lados, por cada minúsculo resquicio: está en los muebles por más que limpie, en la almohada al irse a dormir, en los ojos al despertar... Hasta en la comida. Por más que Letty la tape, al servirla ahí está, la comen. 

Letty apenas tiene dieciocho años, pero pronto su piel se ajará, sus ojos se empequeñecerán, su precioso pelo rubio perderá su brillo. El viento inmisericorde, que parece reírse de ella, quiere arruinar por entero su belleza, es un gigantesco reloj de arena, roto en su conducto, deformado, que se ensancha para acelerar su tiempo. Y es tan bonita, tan delicada... 

Sueña a cada momento con volver a su amada Virginia. La comparación es continua y es lo que la sostiene, esa escisión entre su mundo exterior tan árido y el interior donde vuelve a casa.Vino en un tren desde el que había sido su hogar hasta entonces. Un tren con estufa de hierro, una anciana que "tejía un encaje de punto" y un extraño que la inquietaba y que se introdujo en sus sueños pisoteando unos y enalteciendo otros. Una niña mimada, que vivía sin lujos, pero en una casa confortable con servicio doméstico. Y estaban las flores, el bosque y el clima tan disciplinado, en un suceder ordenado de cambios de estaciones. En el tren siente la incertidumbre en el estómago, desconoce lo que le espera, pero todavía puede soñar con una bonita casa, un pequeño jardín y encantadores animalitos... Sin embargo, pronto Virginia será para Letty "el lugar de donde manan los sueños"; en cambio, Texas, el Oeste, es el lugar donde mueren: ¿Acaso volvían a despertar los sueños, una vez muertos...?".

Al menos la espera su primo de la infancia, Bev. Qué entrañables recuerdos... Hablar de nuevo con él durante horas, recordar los viejos tiempos, todo lo que ambos vivieron, conocieron y amaron. ¿Y Cora, su esposa? Tan hermosa, tan alta, con su pelo de fuego..., y sus celos, y su necesidad de ser siempre el centro de atención. 

El viento, Cora y aquel tren que la llevó hasta allí. Y ese roto e inmisericorde reloj de arena. Todo inexorablemente la ha empujado hasta una vida donde teme enloquecer. 

Bella y angustiosa novela. No hay fenómeno atmosférico que me desasosiegue más que el viento cuando está descontrolado. Cómo sacude las ventanas, cómo parece aullar a los lejos y amenaza con aproximarse hasta meterse dentro de ti y destrozarte por entero los nervios. A cada momento he sentido una enorme comprensión y compasión por Letty que se ve arrastrada a un mundo durísimo, que ni en sus peores pesadillas hubiera podido imaginar. El anhelo continuo de que pare el viento, de la llegada de la primavera y de la lluvia que parece que nunca volverá a caer; su vida que siente arruinada empujada por las circunstancias y que la colma de tristeza. La arena, más arena y mucha más arena. Pobre Letty, "tienes que endurecerte y luchar", le digo a cada momento. ¿Lo logrará? ¿O el viento salvaje vencerá?

No os perdáis esta novela. Merece la pena. El viento no es tan solo en ella un fenómeno atmosférico, sino que representa mucho más. Entre otras cosas, una metáfora de la sociedad que desampara y lanza a las mujeres como un vendaval a una vida que no desean si no disponen de los medios suficientes para mantenerse o no se les han dado los estudios suficientes para conseguir un trabajo y ser dueñas de su destino. Las reflexiones de Letty al respecto son muy estimables y están muy bien ensambladas en la historia. Es una historia muy bien escrita. Comienza bien, sigue bien y va subiendo en intensidad. Y algo que os va a gustar de la autora. Tenía un taller de escritura y tuvo como alumna a Carson McCullers. Menuda maestra y menuda alumna. Ojalá la editorial decida traducir más títulos suyos, por favor. 

Ahora a disfrutar de la película que me apetece muchísimo. El cine mudo me fascina y si bien ya tenía esta novela apuntada para leerla, en cuanto supe de la película me lancé a leerla. Fue adaptada en el año 1928 por Victor Sjöström y por expreso deseo de la maravillosa Lilian Gish. Y es que Letty es Lilian absolutamente. Le va el papel como anillo al dedo. La fragilidad, esos ojos grandes y bellos, su rostro soñador... 

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

domingo, 17 de mayo de 2020


~MARIDO Y MUJER~
de Wilkie Collins


Pese a que una hilera de lujosas butacas, en medio de la biblioteca, invitaba al lector de literatura sólida a delatarse en el acto de cultivar una virtud, había también una hilera de cómodos y pequeños nichos ocultos por cortinas, que se abrían regularmente en una de las paredes y permitían al lector de literatura ligera ocultarse en el acto de disfrutar de un vicio.

En el capítulo XVII de MARIDO Y MUJER, de Wilkie Collins habla de esta biblioteca habilitada para permitir que se ocultaran aquellos lectores que se entregaban a un tipo de libros no tan bien considerados, mientras los demás leían a Milton o Shakespeare o... Dickens, ¿quizás? No, incluso entonces a Dickens se le hubiera leído también tras las cortinas, pues era la ficción la que no era bien valorada en general. Sin embargo, desde hace muchos años leer al amigo más ilustre provoca el asentimiento generalizado y Collins sigue siendo de algún modo, un placer un poco más oculto.

Así es, la novela sensacionalista "sensation novel", nunca ha gozado de buena fama. La crítica ante ella ha levantado la ceja y le ha aplicado los adjetivos más despectivos, ha sido denostada y minusvalorada. Yo misma, cuando veía en este libro que hoy os traigo, en los capítulos transcurridos en una posada, que Collins echa mano de uno de los golpe de efecto más parodiados de este subgénero, ¡el relámpago! no pude evitar sonreír con un poco de indulgencia: "Otro relámpago traspasó la oscuridad y mostró la figura de Blanche en el umbral de la puerta". Lo que no me impidió que continuara pasándolo muy bien leyendo esta novela, pues nada me entusiasma más que un buen melodrama victoriano. Y los de los de Wilkie Collins eran sin duda los mejore. Sus tramas son muy buenas, nadie las ha urdido tan bien como él, ni siquiera su gran amigo, Charles Dickens, y se le considera uno de los padres de la novela policíaca y de detectives, con buenas dosis de misterio, suspense y, como indicaba, melodrama. La significativa aportación de este escritor le da un lugar nada desdeñable en la historia de la literatura, aunque quizás merecería uno aún más alto. Él lograría con este subgénero un éxito enorme y algunos de sus personajes, a menudo sus malos, son realmente memorables y dan momentos de mucha intensidad.

Hoy no voy a dar demasiado datos de la trama, ya que lo que sucede en un principio va a ser determinante para el destino de posteriores personajes y no quiero destapar nada. Tan solo decir que esta novela tiene una fuerte intención de denuncia social contra la institución del matrimonio -se centra sobre todo en las leyes matrimoniales de Escocia- que favorecía de un modo muy injusto al marido y que permitía dejar a la mujer en numerosas ocasiones en una situación muy complicada no solo económicamente, sino también en su consideración social, ya que podían ser incluso repudiadas convirtiéndose sus matrimonios en papel mojado. Todo comienza con dos amigas que se adoran, Anne y Blanche, despidiéndose entre lágrimas en el camarote de un barco con la promesa de volver a reunirse algún día. Cada una de ellas se encamina hacia un destino muy diferente al de la otra...

Aunque está lejos de sus grandes novelas como 'La mujer de blanco', que es mi preferida, o 'La piedra lunar', de la que Borges dijo maravillas, la historia te atrapa desde el principio, con un desarrollo en el que no decae el interés y en el que hay momentos en los que no te permites ni parpadear. Sin escamotear el autor el sentido del humor, el suspense siempre en alto y dándote sobrados motivos para querer apuñalar a algunos de sus personajes te lleva hasta un final tremendo, ¡qué final! Inolvidable.

Hacía años que no leía a este escritor y ha sido un placer. En su momento me empaché un poco con sus libros y ha estado bien este tiempo para agarrarlo de nuevo con muchas ganas. Tan solo me ha sobrado que Collins se pone un poco pesado tratando de demostrar que el hombre moderno -victoriano- centrado en ejercitar sus músculos le da prioridad al cuerpo en detrimento de la mente y que la sociedad admirada ante estos hercúleos ejemplares de la época pierden interés por cultivar la mente, con el consiguiente embrutecimiento de sus integrantes, que los puede llevar incluso a delinquir. No le aporta nada a la trama y a él se le veía demasiado empecinado en demostrar su tesis. Por lo demás, muy recomendable, lectura adictiva, sin duda. Aunque es cierto que yo he necesitado alternar esta lectura con otras que me exigieran más reflexión, como los 'Cuadernos' de Emil Cioran, combinándolas las dos se favorecían la una a la otra. Pero esta particularidad ya va en cómo es cada lector. Se quedan conmigo un personaje muy enigmático como la cocinera Hester Dethridge o el pícaro señor Bishopriggs; la descripción de la biblioteca de Windygates y las confabulaciones en ella, y esa posada respetabilísima donde se acaba liando todo.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.


martes, 5 de mayo de 2020



~EL LEGADO DE MUJERCITAS~
Construcción de un clásico en disputa, 
de Anne Boyd Rioux




Según Mary Pipher (autora de 'Reviviendo a Ofelia. Salvando las identidades de las adolescentes), las muchachas tienen cuatro maneras de reaccionar a la presión que experimentan para adaptarse a los sofocantes estándares de la feminidad: "Se pueden ajustar, retraer, deprimir o enojar". Meg y Amy por lo general se ajustan, Beth se retrae y Jo se enoja y por un tiempo se deprime. Alcott retrata cuatro posibles respuestas al crecimiento que todavía hoy reflejan las diferentes maneras en que las mujeres atraviesan el camino hacia la madurez. 

Ya en 1907, G. K. Chesterton manifestaba que 'Mujercitas' "se anticipó al realismo unos veinte o treinta años; tal como Jane Austen se le anticipó al menos cien años".

Según el especialista Gregory Eiselein: "antes que Simone de Beauvoir (lectora devota de 'Murjercitas'), Alcott comprendió que alguien no nace sino que se transforma en mujercita". La novela también muestra que los hombres son educados para desempeñar su género: Laurie debe dejar la música y prepararse para hacerse cargo del negocio de su abuelo.

***

Mi primera lectura de 'Mujercitas' fue en una antigua edición que se caía a pedazos. Recuerdo que se le veía la tela de la encuadernación y que algún niño -quizás yo misma cuando era más inconsciente- la había "adornado" en abundancia con unos atroces garabatos trazados ¡con bolígrafo! e incluso había tachado algunas frases aquí y allá. Aun con tan castigado tomo y siendo seguramente una de esas ediciones adaptadas para la infancia -¡odio que mutilen y trasformen los libros para mí sagrados!-, es su lectura uno de los recuerdos más entrañables que conservo de la joven lectora que fui y desde luego se convirtió en un título fundamental en mi evolución como tal. Años después lo volví a leer en una edición más bonita comprada en Círculo de Lectores y volvió a enamorarme absolutamente, y aun llegarían dos ediciones más. Soy consciente de que siendo como soy una nostálgica incurable, siempre mi concepción de esta obra se verá coloreada por una porción importante de sentimentalismo, lo que no le impide a la lectora de la actualidad valorarla como merece: como un clásico por derecho propio. Un libro no cumple ciento cincuenta años en tan buena forma si no tiene algo muy importante entre sus páginas.

Sin embargo, como bien nos dice el subtitulo del EL LEGADO DE MUJERCITAS, de Anne Boyd Rioux, es un clásico que a menudo es cuestionado. La autora en él va a tratar de analizar por qué ocurre esto con un libro que al poco de publicarse se convirtió en un auténtico fenómeno cultural e hizo célebre a su autora, permitiéndole ganarse la vida y ayudar a su familia como siempre había querido y soñado: escribiendo, y que desde entonces, con picos más o menos altos de popularidad ha sido un título fundamental para muchísimos lectores y ha influido en una larga lista de escritoras y mujeres -y también hombres- de todo el mundo con diversas profesiones.

A lo largo de nueve capítulos veremos cómo se construyó 'Mujercitas', qué tiene de autobiográfico y en qué se vio obligada Alcott a transigir; veremos también su influencia cultural y literaria y cómo se ha mantenido su popularidad en estos cientos cincuenta años; cómo otras manifestaciones artísticas: radio, cine, teatro lo mantienen vivo y lo más o menos fieles que han sido con el texto original. En una última parte se ocupará de cómo lo vemos hoy y por qué un libro que en un principio era leído por todos los lectores, niños y adultos, y sin distinción de género, ahora es encasillado en literatura para niñas y cómo esta clasificación se convierte en algo peyorativo y en uno de sus mayores inconvenientes a la hora de ser valorado como merece. Lo que no les ocurre a libros como por ejemplo "Las aventuras Huckleberry Finn", de Mark twain. Muy ilustrativo el capítulo dedicado a la crítica feminista.

Un libro ameno, riguroso, honesto: contemplando todas las opiniones favorables y adversas sobre un Clásico que mantiene vivo el debate y el interés a lo largo del tiempo. Y es que pese a las etiquetas reduccionistas basadas a menudo en lecturas parciales y lastradas por prejuicios, "Mujercitas" mirado con detenimiento, bien analizado, aparece como un texto bastante más complejo de lo que se piensan muchos de los que se acercan a él. A menudo, aquellas obras que por presiones de la época tienen que ser desarrolladas echando mano del ingenio para salvar el mensaje principal sin que escandalice a los lectores de la época, poseen una profundidad y un simbolismo muy estimables y que sorprenden ante una mirada más atenta o autorizada.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.


lunes, 27 de abril de 2020


~EN LA JAULA~
de Henry James


En justicia, debería decirle que reconozco en Cocker's algunos alicientes. Vienen todos ustedes. Me gustan todos los horrores.
-¿Los horrores?
-Los que me muestran todos ustedes, Ya sabe de quiénes hablo, de los de su clase, con la conciencia tan tranquila como si yo no tuviera más sentimientos que un buzón.

***

Henry James es el gran escritor de la realidad interior y desde el proceso íntimo que tiene lugar en sus personajes vamos conociendo la experiencia vivida del exterior y cómo les afecta y su particular mirada respecto a ella. Lo fiables en sus narraciones que puedan ser estos personajes deberemos dilucidarlo los lectores. Así a menudo sus novelas en las que utilizó el recurso del punto de vista nos pueden parecer si no estamos atentos que no llegan a un desenlace demasiado claro. Pero en todas sus novelas tiene lugar un progresivo desentrañamiento. Nos va dando todas las claves y ese significativo mensaje que debe alojar toda buena obra literaria nos es entregado al final. Existen escritores que dotan sus libros de mucha complejidad y solo son picar piedra para no llegar a ningún lado. No ocurre así con un escritor tan grande como James. A medida que fue evolucionando como escritor es cierto que sus obras se fueron haciendo más complejas, así en su primera y segunda etapa requieren una atención menor, aunque importante, y ya en su tercera etapa, debemos tener más paciencia y no pasar por alto ningún detalle. Pero en todas está la recompensa. Es por lo que sus novelas hay que degustarlas con calma, disfrutar de cada matiz. En sus escritos nada es gratuito. Su vida la entregó a la literatura y su obra es puro arte y de ella siempre regresamos con una mayor profundidad en la mirada. 

EN LA JAULA nos encontramos con una novela corta de su segunda etapa y con un Henry James más preocupado por las dificultades sociales. Una joven, que pertenecía a un estatus más elevado y que había caído en la pobreza, trabaja tras el mostrador de una oficina de correos en un elegante distrito londinense. Desde la elevada posición de sus clientes alguien como ella no debe contar demasiado. Sin embargo, a través de los telegramas que se envían puede tener acceso a secretos e intimidades muy significativas y que le darán una aureola a su trabajo más interesante. Desde la "jaula" dejará volar su imaginación cuando atenta a los sujetos más atrayentes se fijará en el capitán Everard y en Cissy o Mary, aunque estos tal vez no sean sus verdaderos nombres. En estas, su prometido la presiona para mudarse a un puesto que esté más cerca de él, pero ella lo va demorando, pues antes tiene algo muy importante que resolver.

El modo en que describe todo el proceso mental de la joven protagonista es de un virtuosismo asombroso. Su evolución emocional y moral. Y muy destacable siempre con este escritor su percepción y su análisis de las sutilezas sociales propias, que nos hablan de un gran observador. Nunca podría imaginarme a James como un miembro participativo de la sociedad, sino como un atento testigo de lo que en ella acontece y de los entramados a menudo despiadados entre sus componentes. Lo imagino a cierta distancia disfrutando de cada gesto, cada palabra con doble significado, las rivalidades, las disimuladas zancadillas... Un hombre con tanta curiosidad, mundo interior y talento que jamás se aburriría.

Hace unos días ponía unos textos extraídos de esta novela y todos tenían algo que se repetía: las novelas de medio penique. Las menciona hasta en cuatro ocasiones en una novela que no llega a las doscientas páginas. ¡Luego diremos que no nos das pistas suficientes de a dónde quiere llegar! En los grandes no hay engaño, siempre hay recompensa y si no la vemos es porque o no hemos estado atentos, no hemos sabido verlo o no es un buen escritor el que tenemos delante. Henry James era de los mejores. De todos modos, es esta una novela más accesible y muy pocos lectores se les escaparía su principal sentido y el razón de que citara estas novelitas.

Una delicia que hace tiempo quería leer. Pero ha sido en estos momentos de confinamiento que me pareció que el título adquiría un mayor significado y que no debía demorar más su lectura. Su protagonista debe echar mano de su imaginación para no perecer de aburrimiento en un trabajo tedioso y gris, donde su orgullo, además, es puesto a prueba a menudo. Desde nuestras "jaulas" los libros y nuestra imaginación nos permiten abrir puertas y ventanas e incluso colarnos por entre los huecos de las rejas. No lo olvidemos y ayudemos en la medida que podamos a las pequeñas librerías, los templos de los libros que desde el primer momento debieron verse como artículos de primera necesidad.

Texto y fotografía: Ana Martínez García.