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lunes, 8 de abril de 2019


Si se asomaba lo suficiente podía ver una procesión perezosa y revoloteante, las damas de Morgana bajo sus parasoles, intentando mantenerse fresquitas camino de la casa de la señorita Nell. Su madre se fundió con los etéreos y transparentes colores. La señorita Perdita Mayo estaba charlando y los tacones de las damas repiqueteaban y silenciaban -silenciaban algo...

Había sillas doradas de patas quebradizas y curvadas como bastones de caramelo, que sólo con tocarlas se deslizaban por el suelo; y estaban prohibidas -eran para el público del recital y eran frágiles a propósito. Había veladores con estatuitas rosa y conchas de carey del color de las adelfas. Las cortinas de cuentas de las puertas se agitaban y repiqueteaban de cuando en cuando durante la clase, como si viniera alguien, pero, a no ser que fuera la hora de un alumno, no tenían más significado que el perezoso parloteo de los petirrojos al aire libre. (Los McLain vivían casi enteramente arriba, excepto por la cocina, y entraban por la puerta lateral). Las cuentas tenían un suave olor dulce y te hacían pensar en largas filas de higos y frasquitos de caramelos llenos de líquido violeta, y regaliz. La Madre de Cassie decía que el estudio era un poco como la casa de la bruja en Hansel y Gretel , "incluyendo a la bruja".


Como una tarde perezosa de verano que se demora recostada en las hamacas de las casas de madera sureñas, con los ojos un poco hinchados por la siesta y que todo lo ve a través del color de una limonada muy fría. Así es la escritura de Eudora Welty en los siete relatos de LAS MANZANAS DE ORO. Es como verse atrapado en una ensoñación por momentos más profunda y en otros más consciente. La música suena siempre y proviene de una ventana alta, con sutiles cortinas blancas que se mecen al viento; un gramófono tal vez o alguien que toca un viejo piano. El sonido sube y baja, adormece unas veces y otras deja notas pegajosas en las tripas.

Desde una ciudad ficticia, Morgana, situada en Mississippi, Eudora Welty nos relata la vida de sus habitantes con su estricta estructura social, las relaciones que establecen y sus dificultades para comprenderse. Los relatos aunque independientes comparten personajes que se irán alternando y adquiriendo más o menos protagonismo en unos y otros. Sin una estricta sujeción temporal sí transcurren siguiendo un particular hilo narrativo que nos lleva a conocer el desenlace de algunos personajes en diferentes relatos.

Eudora Welty nos muestra los recovecos y miserias, grandeza y humanidad de sus personajes a través de una narrativa realista, pero con un inconfundible halo de misterio, como un vaho mágico que convierten cada párrafo en construcciones de una gran belleza y todo sin perder la elegancia en ningún momento, como una dama sureña de irreprochables modales, observadora inteligente que ahonda en el alma humana y en la idiosincrasia sureña. 

No se puede leer a esta escritora con prisas, su narrativa poética, onírica, con abundancia de referencias a mitos, leyendas y cuentos populares para resaltar, no obstante, la realidad de los seres humanos, su misterio y su constante búsqueda de un algo inalcanzable, no permite leer sin detenerse, sin saborear a no ser que obviemos lo mejor del camino, las ondulaciones de un río tranquilo tras el baño de unos niños, con los últimos rayos del sol al atardecer.  

De los siete relatos voy a resaltar "El recital de junio" y "El lago de la Luna" y son los personajes marginales los más interesantes e inolvidables. Destacar muy especialmente la relación de Virgie Rainey, una niña muy particular, y su profesora de piano, que tocarán por siempre juntas en mis recuerdos Für Elise con momentos de contenida crispación y de fondo el suave entrechocar de esas cortinas de cuentas con olor a caramelo. 

Ganadora en 1972 del Premio Pulitzer por "La hija del optimista", es una de las grandes escritoras sobre el sur de Estados Unidos. Siempre vivió en su Jackson natal en la misma casa familiar. Aunque viajó a menudo por su trabajo como fotógrafa y tras dejar la fotografía y dedicarse a la escritura era solicitada con frecuencia para dar conferencias.


Soy una escritora que ha llevado una vida resguardada. Una vida resguardada puede ser también una vida atrevida. Porque todo atrevimiento serio procede del interior. 


Texto y primera fotografía: Eudora Welty. Desconozco el fotógrafo de la foto de la escritora. 

2 comentarios:

  1. Querida Ana:
    Hoy sí puedo comentarte en el blog, por fin!!
    Te decía ayer lo mucho que me gusta Welty, es una autora con un estilo muy personal, heredera del sur más auténtico de los EEUU y creadora de un clima en sus novelas, que me entusiasma. Si además la publica Cátedra, pues eso, apuesta segura para disfrutar.
    Me llevo este libro a la lista de prioritarios.
    Un abrazo!!

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  2. Ana. Muchas gracias por escribir sobre una lectura y una escritora, que te trasladan a esa vida atrevida, que define Eudora...Quienes leemos, en ocasiones, permanecemos resguardados...pero es cierto...estamos viviendo quizá la mayor aventura de la vida, quizá haciendo un descubrimiento increíble, que se nos muestra en la intimidad, en lo escondido...Hoy en día, rodeados de tantas redes sociales, parece inconcebible vivir de una forma que no se cuente lo que se hace...que se viva,...disfrutando del momento presente...viviendo en el silencio...en fin. No conozco el lugar...ese rincón de relatos de Eudora y ahora también tuyo. Quizá algún día visite Morgana y las manzanas de oro...Tal vez los dos relatos que destacas. De momento, visitaré la biblioteca de casa...que creo que hay algo de Eudora en ella. Y sí no...volveré por aquí para tomar nota más formal sobre el asunto. Besos grande y un abrazo chillao. Buen fin de semana.

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