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martes, 27 de julio de 2021

 EL CASO DEL SEÑOR CRUMP

Ludwig Lewisohn

Estamos en EL CASO DEL SEÑOR CRUMP, de Ludwig Lewisohn, ante una novela incómoda, a ratos terrible, en la que llegas a sentir bochorno, indignación y también tristeza. Se bifurca en dos senderos paralelos, en uno nos deleitamos con la más delicada y excelente música clásica y en el otro tenemos la sordidez de un matrimonio desigual. Y desde el principio, un narrador al que tendremos que observar con atención.

Herbert Crump es un joven ingenuo, soñador, que recién terminados sus estudios de música sale al mundo con sus ideas preconcebidas sobre el amor y las mujeres. Al poco sufre un desengaño amoroso y tras este, conoce a Anne, mayor que él y casada. Creyendo que su historia con esta mujer seguirá los debidos derroteros se siente como los jóvenes artistas parisinos que son instruidos por amantes maduras para después seguir su camino de éxito en sus profesiones y contraer nupcias o mantener relaciones con mujeres jóvenes, como es de ley. Pero Anne con varios hijos en su haber y un marido dado a las apuestas, tiene otros planes. De hecho, de la noche a la mañana Herbert se verá atrapado en un matrimonio con esta mujer, manteniendo unos hijos que no son suyos e infinidad de responsabilidades que no le corresponden. Una vida, en resumen, que da al traste con buena parte de sus sueños y de la que todo el tiempo va a intentar buscar el modo de escapar.  

Tiene un determinado tipo de lector tendencia a la inercia, a creerse lo que se le cuenta sin un análisis más profundo; a preferir el blanco y el negro a la complejidad y variedad de los grises, y a buscar en las novelas los buenos y los malos. Henry James nos enseñó a que tuviéramos cuidado con esto, que la realidad que nos puede presentar un libro tal vez sea una realidad subjetiva. Nabokov, al que se alude para la promoción de esta novela, nos mostró como ese tipo de lector podía llegar a creer lo que decía un pederasta y de ese modo convertir a una pobre niña de la que habían abusado, en una nínfula malvada. O peor, creer que un degenerado hablaba en nombre del propio autor. Nabokov nos dio una clase magistral con su novela más conocida y controvertida y le puso un muñegote en toda la frente a ese tipo de lector, a ese mal lector. Pero muchos a día de hoy siguen sin haber aprendido la lección. 

En esta novela de la que os hablo hoy, lo fácil es ponerse en contra de Anne. Se nos dice que va enredando a un pobre muchacho, que aunque mayor de edad es muy inocente y ha crecido protegido por unos padres muy tradicionales y religiosos; no sabía nada del amor, excepto lo aprendido en los libros y en el ejemplo de sus progenitores. Pero hay algo que nos va a indicar que no todo es tan sencillo como parece. Desde el principio vamos a tener la versión de un narrador -¿interesado?- que nos da los detalles más desfavorables sobre ella. Va a centrarse de un modo realmente humillante en sus rasgos físicos, en su edad, en su catadura moral que deja bastante que desear, y en cómo las hipócritas normas sociales, durante la Belle Époque, la favorecían a ella en detrimento del pobre muchacho... Yo os digo, que cuidado con esto. Remitiéndome de nuevo a Nabokov, él diría que lo importante son los detalles y se nos dan algunos en esta novela para que como mínimo dudemos un poco del narrador. No tenemos la versión de ella en ningún momento. Desde el principio el texto nos va a mostrar a una mujer de un modo bastante negativo. Si bien para él se van a buscar eximentes a menudo, para ella, nunca. Hay un momento en esta novela en que se cuenta algo que le sucedió a Anne y yo creo que Nabokov vio a su Lolita en él. Lo que vivió de niña con un adulto en vez de servir para compadecerla, para entenderla en parte, el narrador lo utiliza para mostrar su torcida moralidad desde el principio. Aquí por fuerza hasta los lectores más crédulos con este narrador pueden desaprobar su proceder o al menos sospechar un poco de su objetividad. Digo yo. La edad, de hecho, siempre va a ser lo fundamental para juzgarla, excepto cuando puede servir para entenderla al menos un poquito. A continuación os dejo un fragmento ilustrativo. 

"En resumen, no podía soportar el mínimo ataque a la veneración que su sexo merecía. Nunca dudó de su poder para forzar esta veneración y merecerla. Cuando, a los 60 años, era una mujer sucia y marchita, afligida por las debilidades propias de su edad, su intransigencia en este asunto era tan desmesurada como lo había sido durante su juventud y su joven maternidad".

Lo que sí está clarísimos, es que esta novela no os va a dejar indiferentes, que es absolutamente adictiva, que tiene un final tremendo y que da para un debate de lo más interesante. Y que si creéis que está todo clarito desde el principio, yo de vosotros me fijaría mejor. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

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