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martes, 21 de junio de 2022

~MARIANA~

de Monica Dickens




"Monica Dickens captura la vida misma en sus libros", Rebecca West.

Fueron decisivas estas palabras de mi admirada Rebecca West que nos aporta la editorial y que las encontramos en la faja de la novela de la que hoy os quiero hablar, MARIANA, para que la leyera. Pero cuando llegó el momento de su lectura, la propia West estuvo también a punto de convertirse en su peor enemiga. Reciente la lectura de los dos primeros tomos de la trilogía de la familia Aubrey me parecía que su autora era superior como escritora y si me encallaba comparándolas saldría perdiendo Monica Dickens. Qué la salvó, entonces, para que acabara disfrutando de su lectura y que en el futuro la recuerde con cariño. Qué me hizo darme cuenta de inmediato que estaba ante una novela destacable por muchos motivos.  

Uno de los mayores acierto de MARIANA está en presentarnos una novela aparentemente ligera, divertida, que parece más para entretener que para ahondar en profundas reflexiones y, sin embargo, está condicionada por dos terribles momentos históricos, dos guerras mundiales. Lo que le dará a la narración una mayor transcendencia. Están ahí las secuelas que deja la Gran Guerra. La propia Mary, el personaje principal, pierde a su padre en ella y pasados los años verá marchar a su joven marido para luchar en la nueva contienda. Y como guía, como referencia, toma el magnífico poema homónimo de Lord Alfred Tennyson, que no solo le permitirá encontrar en él el leitmotiv de la novela, sino que aprovechará con acierto algunos elementos que le aportarán un mayor dramatismo a lo que le suceda a Mary. Entre las risas, las dudas, los viajes, la amistad y el amor enmarcados en los elegantes años treinta, ondea una cortina que esconde una sombra inquietante: "Mientras esperaba acostada, mirando la forma borrosa de la cortina, que se movía a merced de la ventana entreabierta, y oyendo el viento, la lluvia y el ladrido de un perro insensato en las marismas, pensó en las cosas que se habían ido, en los años que la habían conducido a esa noche..., la crisis de su vida". Igual que en el poema de Tennyson, la cortina simboliza la incertidumbre, el temor por lo que el futuro pueda traerle. 

En el primer capítulo nos encontramos con una Mary adulta que aguarda el regreso de su marido, que sirve en la marina durante la II Guerra Mundial, alojándose, con tan solo la compañía de su perro Bingo, en una apartada cabaña de las marismas de Essex. Mientras espera escucha en la radio que su buque se ha hundido y aunque hay supervivientes, muchos ha muerto ahogados. Debido al temporal las líneas están cortadas y tendrá que esperar a la mañana siguiente para viajar a Londres y saber si su marido está entre los que han logrado salvarse o no. En la angustiosa espera se refugiará en sus recuerdos del pasado desde que era una niña. Esta Mary del primer capítulo es muy diferente a la que nos encontraremos al rememorar sus etapas vitales desde la infancia hasta convertirse en una joven adulta. En cada etapa Mary irá cambiando con cada vivencia, en la felicidad y los desengaños, en el fracaso, en la amistad y en el amor. Así podemos encontrarnos a una niña fantasiosa, traviesa, creativa y a la vez egoísta, como a menudo se puede ser en la juventud: "Al abuelo se le antojó sufrir un derrame cerebral justo la víspera de partir hacia Somerset". "Mary solía tomarse las desilusiones como una afrenta personal, como si dijera: <<¿Por qué me tiene que pasar esto precisamente a mí?>>, actitud a la que respondía el tío Geoffrey con un exasperante: <<¿Y por qué no?>>" Conoceremos a una adolescente que pierde un poco la cabeza por amor y acude a una cacería dejándose llevar por la emoción del momento junto al ser amado, mientras no deja de desear con todas sus fuerzas que el zorro logre escaparse. Una adolescente a la que le cuesta relacionarse, pero que puede ser la mejor amiga, aunque también mostrarse injusta en su apreciación sobre algunas personas. Una joven que anhela experiencias y tal vez se enamore más del amor que de la persona... No es una Mary perfecta, es una Mary humana que va madurando según avanza la narración, lo que la hace más creíble. La coherencia en la evolución del personajes está muy conseguida. Es precisamente lo que más me molestaba en ella lo que la hace más creíble. Cierta ambivalencia en su proceder y el modo que tenía de señalar los defectos físicos de algunas personas me desagradaba, pero, ¿no lo hemos hecho todos alguna vez? Me parecía ese tipo de chica que oscila entre los convencionalismos y cierta extravagancia para reafirmarse, pero sin exponerse demasiado y que se salva -se salvó para mí- por su notable buen talante. 

Precisamente el talante, un humor muy particular y la manera deliciosa que tiene la autora de resaltar detalles encantadores de sus personajes, de los lugares importantes para ellos o de situaciones que viven es lo que eleva esta novela: "Mary descansaba tranquilamente hundida en un sillón, con una taza de café en uno de los brazos y la bata de seda abierta a los lados de las piernas cruzadas, balanceando una zapatilla en el dedo del pie". "El olor a sábanas limpias le recordó a lo que de niña llamaba el <<olor a Charbury>>. Era lo primero que se percibía al entrar por la puerta principal, una mezcla indefinible de todas las cosas aromáticas de la casa: rosas, humo de leña, suelos encerados, pan y lavanda guardada entre la antigua ropa de cama". 

En resumen, una novela menos ligera de lo que pueda parecer  y con un final muy bien cerrado, con un toque..., que no olvidaré. Una protagonista que no me enamoró, pero a la que sí tomé cariño, con la que me he reído a menudo y a la que doy la razón cuando dice: "Toda su vida había necesitado refugiarse en la soledad...". Un lugar de veraneo, Charbury, que se quedó entre mis lugares de paz y felicidad para siempre: "Pero no era Charbury...", pensé también más de una vez. Abrí una sección de dulces en mis anotaciones y he deseado durante toda la lectura comprar la ropa de la tienda de su madre. Es más. Si viviera Monica Dickens le pediría una novela en la que la señora Shannon fuera el personaje principal. No voy a decir que se convierte en una de las novelas de mi vida como me ocurrió con LA MIRADA DEL ÁNGEL, de Thomas Wolfe, ni me ha entusiasmado tanto como la trilogía de La familia Aubrey, de Rebecca West, por mencionar dos de las lecturas que más me han marcado en lo que va de año, pero, sin duda, la he disfrutado y me ha dejado muy buen sabor de boca. Creo, incluso, que según vaya pasando el tiempo irá creciendo más en mi estima y será uno de esos recuerdos que rememoran un momento que no fue perfecto, pero sí inolvidable. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.

miércoles, 8 de junio de 2022

~LA NOCHE INTERRUMPIDA~ 

de Rebecca West


"Cuando bajé las escaleras me encontré a Mary sentada a la mesa, bebiendo un té fuerte, tal y como ya nos permitían tomarlo ahora que éramos mayores, y a Kate sentada en su silla de caña leyendo en voz alta la novela por entregas de Daily Mail".

"Ah, Mary, qué felices podríamos haber sido si no fuera por la guerra".

En LA NOCHE INTERRUMPIDA continuó Rebecca West con la trilogía sobre la singular familia Aubrey. Cuando terminé de leer el título con el que se inicia, tan entusiasmada estaba con la autora que quería saberlo todo sobre ella e investigando aquí y allá por Internet descubrí entre otros detalles interesantes que el segundo y tercer tomo se publicaron póstumamente debido a que ella no creía que estuvieran a la altura del primero. Pues bien, si tuve algún temor de que esto fuera así y que me decepcionara su lectura, se disipó nada más comenzar a leer. De inmediato me sentí muy a gusto, tan entre ellos otra vez y con la misma o más curiosidad por lo que acontecía como en el primer título. Es cierto que en "La familia Aubrey" la belleza de las descripciones es mayor, están más pensadas, más en tinta de poeta, pero en este te sientes ya tan encariñada con sus personajes que tan solo por acompañarles, ver cómo han evolucionado y el conocer a los nuevos, a cual más excéntrico, que aparecerán en sus vidas suple con creces que no aspire a una poética más elaborada. 

En "La noche interrumpida" la música sigue siendo el eje en torno al que giran las vidas de los Aubrey. Lo que les da su razón de ser sobre todo a las siempre peculiares y adelantadas Mary y Rose. Imposible no adorar de nuevo a Richard Quin, el hermano menor, o dejar de encontrar encantadora a la prima Rosamund. La relación tan especial entre ellos dos, de lo más bonito que he leído nunca: "Rosamund y Richard Quin intercambiaron unas sonrisas claras y brillantes entre los dos, como si fueran el príncipe y la princesa de un cuento y se prepararan para su desdibujada y eterna felicidad. Richard Quin no quería que nada estropeara aquel momento de armonía que yo sabía exquisito, por mucho que estuviera excluida de él, de modo que se volvió bruscamente, sopló todas las velas y dijo con una voz un poco temblorosa: -Buenas noches, mis estúpidas hermanas, buenas noches, Rosamund". Continúan las numerosas referencias literarias, los debates sobre literatura entre taza y taza de té con bollitos y aunque se considera inapropiado lo hacen en la misma cocina, la cocina siempre impoluta de Kate... 

He vuelto a disfrutar muchísimo con esta familia. Deseando seguir por el tercero y a la vez dándome muchísima pena leerlo, porque no quiero que se me acabe esta maravilla. Rebecca West era una escritora extraordinaria. Con una enorme capacidad para crear personajes inolvidables y ahondar en sus motivaciones psicológicas y razones sentimentales. Logra absorberte entre las páginas de sus libros de un modo tan absoluto e inmediato que quedas fuera de cualquier otra realidad que no sea la que ella te muestra con tan increíble maestría. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.    






lunes, 23 de mayo de 2022

LA NINFA CONSTANTE

de Margaret Kennedy


"La música era lo primero para todos ellos, por eso hablaban como si nadie más tuviera derecho a la música. Una vez Florence les había querido mucho; ahora que les comprendía mejor, le daban miedo. Quería desafiarles, hacer una demostración de su poder, llamarles de vuelta al mundo de necesidades y de transigencias que ignoraban de modo tan sublime, pero que tendrían que reconocer al fin".

Después de leer a Vera Brittain, Winifred Holtby y Margaret Kennedy (1896-1967), escritoras contemporáneas que coincidieron, además, realizando sus estudios universitarios en Oxford, es esta última la que más me ha sorprendido. Al menos en esta primera novela que he leído de ella. Por trama, amenidad e intencionalidad subyacente. En LA NINFA CONSTANTE, novela de 1924 que alcanzó un enorme éxito, traducida a numerosas lenguas y llevada al teatro y al cine en varias ocasiones, me he encontrado una obra que pudo muy bien influir en una escritora de la talla de Rebecca West e incluso a Vladimir Nabokov. Una novela que parece encantadora y muy divertida, pero que deviene en... 

Más allá de una historia sobre una excéntrica familia y de un triángulo amoroso, con el dato turbio que supone que uno de sus miembros sea una niña de quince años, subyace la clara intención de la autora de reflexionar sobre la libertad en el arte, al que si se le ponen reglas muere, de la importancia de innovar y no estancarse, y de si las implicaciones morales de las exigencias del arte deben coartarlo o por el contrario la creación artística está por encima de cualquier otra consideración. Lo más complicado en esta novela es que la autora tenía que encontrar un difícil equilibrio entre no romantizar una relación improcedente, pero que tampoco pareciera que daba lecciones morales. Lo logra en gran parte gracias a los magníficos diálogos entre los personajes.

Los Sanger, son un caos de familia, en la que todo gira en torno al patriarca, compositor de gran renombre en el extranjero, pero desconocido en Inglaterra, mujeriego y brutal con sus diferentes esposas e indiferente con la educación de sus numerosos hijos, a los que no obstante sí les ha inculcado el amor por la música por encima de todo lo demás. Los Sanger conforman un grupo cerrado y excluyente que resulta muy atrayente para unos y escandaloso para otros en su modo de vivir ajeno a las normas sociales imperantes. 

Muy recomendable este libro. Lo disfruté de principio a fin y de inmediato me lancé a buscar más títulos de tan interesante autora. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García.











 

miércoles, 4 de mayo de 2022

 LA MIRADA DEL ÁNGEL,

de Thomas Wolfe


"Matar a la muerte y matar al amor"

Estamos en LA MIRADA DEL ÁNGEL, de Thomas Wolfe, ante el reconocimiento, a través de los recuerdos, con todo lo que implica, de los particulares resortes activados en el seno familiar para la inmersión en el mundo. Una novela de formación en la que contemplamos el extraordinario crecimiento interior de su figura central, Eugene Gant, y cómo las personas importantes de su vida van a dificultar o favorecer su desarrollo. 

Todos llevamos dentro la gran inmensidad de nuestra soledad, seamos más o menos conscientes de ella, escuchemos su voz o intentemos silenciarla por todos los medios. Nacemos en una familia determinada que no elegimos y de su mano y con ese boquete de angustia, tenemos que aprender a contender con lo que nos aguarda. Y nos crece un aliado o un demonio en nuestro interior que luchará por hacerse oír entre la materia imperfecta moldeada por nuestros progenitores con su propia humanidad, su propio bagaje de miedo y perplejidad. Con los propios resortes que les impusieron a ellos.  

La gran originalidad de esta, sin duda, obra maestra es que Wolfe compone una sinfonía existencial, una letanía incluso, súplica no dirigida a ningún dios en concreto, en la que va repitiendo un estribillo de dudas, soledad, miedo, ansia por salvarse: por no ser hoja que se pierda entre el resto. Solo el amor parece calmar el desasosiego, pero el daño que también puede infringir sumerge aún más en la confusión. Cómo lograrlo entonces, cómo emerger, cómo escapar de alguna manera de ese pozo de oscura nada al que estamos abocados, de que todo no sea en vano. "Ay, Ben, mi fantasma, dame una respuesta". 

En LA MIRADA DEL ÁNGEL conoceremos el devenir de Eugene Gant en ese sur norteamericano con la doliente melodía de los negros de fondo, cargada de toda la opresión y el dolor de generaciones y generaciones. Y a partir de esa melodía se va componiendo la de Eugene a lo largo de toda la novela, enredándose en ella de forma bellísima, surgiendo una escritura fluida como la propia música, triste y dolorosa a veces, divertida otras e imbuida de momentos de gran patetismo. Enigmática también como la antigua sabiduría que hay que desentrañar. El gran logro de Thomas Wolfe es componer una pieza grandiosa e inmortal con los instrumentos de la literatura, desde la que se elevan los personajes principales. De entre la inmensidad de hojas que se pierden en los infinitos pliegues de la historia de la humanidad, de esa rueda que no cesa, él los rescata, los hace carne y ser para la eternidad. 

Entre otros personajes destaca el padre, Oliver Gant, que ahoga su miedo y sensación de fracaso en el alcohol. Su puerta estaba en los ojos de un ángel.... La madre, tacaña, obsesionada con el dinero, con comprar terrenos... Helen, la única capaz de calmar al padre. Impagables los momentos en los que lo abofetea y le da sopa: terrible, divertido y patético a la vez. Y ese Ben, no os lo perdáis, es inclasificable, es hermoso en su rabia, es un fantasma... Se me queda este personaje cosido a las entrañas de por vida. Las etiquetas pierden todo su significado con él. Wolfe refleja toda la imperfecta humanidad para lo que nunca basta con unas pocas palabras. A él le fluyen como ese río que lo obsesiona. "Una piedra, una hoja, una puerta". Trascender a la muerte. Encontrar el sentido de la vida estando tan "perdidos". Atados unos a otros en una infinidad de momentos compartidos, surge la ternura entre los reproches, el triste entendimiento de lo inevitable: "-¡Déjalo estar! -le pidió él, frenético-. Siempre será así. No es culpa suya, ¿no te das cuenta?". Pero también la necesidad de cortar los hilos para encontrar el camino; dar con la puerta: "... era el esfuerzo de su espíritu extraño y solitario para encontrar alguna entrada a la vida, para hallar éxito, posición y compañerismo".

Obra grandiosa de principio a fin. Ha sido una lectura inolvidable, tremendamente hermosa y emotiva. Que pide reflexión, saborearla, vivirla, pero no es complicada. Toca temas universales, los dos grandes temas de la literatura, la muerte y el amor -los demás son subsidiarios de estos- y el autor en esa cadencia te deja claro su propósito. Gracias a Jan de Trotalibros editorial, a su traductor, "in memoriam", Miguel Ángel Pérez Pérez, a Marisa como correctora y a todos los que hacen posible que libros tan maravillosos lleguen a nuestras manos. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 







miércoles, 30 de marzo de 2022

DOLENCIA

de Hélia Correia


Miss Siddal tenía libros, algunos de ellos prestados por Ruskin. Le gustaba sentarse en los jardines, entre las hojas de otoño. Aunque corpulenta, su compañera se enfriaba fácilmente. <<Vuelve a la pensión>>, le decía Lizzie. Soportaba las bajas temperaturas como recurso para quedarse sola, pensaba Mrs. Kincaid. Pero, si se retirase, existía el peligro de que confundiesen gravemente a Miss Siddal. Ella parecía impermeable al exterior, tanto para los hombres como para el clima.

El otoño a su alrededor, adquiría la forma de un vórtice dorado en el cual Miss Siddal, con su pelo, con su delgadez, era absorbida como si fuera también un elemento vegetal. <<Autumn>>, la llamó Gabriel. A veces el viento conseguía levantarla. Él la obligaba a volver al suelo. Aquello se parecía a un ensayo, a una preparación para la pérdida. Respiraban apretados el uno contra el otro, sin que la lluvia los llevase a refugiarse.

***

La culpa destruyó al pintor y poeta Dante Gabriel Rossetti. Pero en su descargo podemos decir que es muy difícil estar a la altura si estás enamorado de un ideal, del fulgor de una melena pelirroja tan inapropiada entre los cánones de belleza de la buena sociedad decimonónica, de una mujer a la que hacían pasar por la puerta de atrás, pero con el porte de una reina. Elizabeth Siddal fue para Rossetti su Beatriz y tras pintarla John Everett Millais y convertirla también en Ophelia, como una lúgubre predestinación se instaló en su ser en forma de una misteriosa dolencia. El amor que los unió surgió para crear una leyenda y las leyendas, de todos es sabido, a menudo precisan de la mano helada de la muerte para convertir a sus protagonistas en inmortales.

Hélia Correia en DOLENCIA se instala en plena época victoriana donde unos jóvenes pintores recorren las calles buscando modelos para sus cuadros. Estos artistas formarían la Hermandad Prerrafaelita y pasarían a la historia por el impacto que causaron sus pinturas inspiradas en la naturaleza, el arte medieval y la literatura, pero también por las relaciones que establecieron entre ellos y con algunas de las modelos que les acompañaron. Aunque sobre todo es Ella, miss Siddal, el gran misterio que recorre todas sus páginas y el magnetismo de Rossetti, que fue destructor y destruido en ese enigma, que atraía en torno a él a grandes creadores de la pintura y la literatura. Rossetti, mimado, egoísta, anhelando libertad, pero sin poder desenredarse de los cabellos de su Beatriz, de su Guggum.

Es Ella, su misterio, su reserva, su resistencia a que Rossetti se alejara, sus intentos de ser creadora y no solo musa. Lees sintiendo su mirada, su silencio hosco entre las líneas, anhelando desentrañar la incógnita. Sin embargo, según iba avanzando en la lectura me iba costando enfocar el "objeto", los mismos que le cerraban el círculo o de los que ella quería huir, atraían mi atención en ocasiones más de lo que lo hacía ella. Y es que están todos en este libro y los escándalos, los dimes y diretes de esa época, de la gloriosa etapa a partir del surgimiento de la Hermandad, desde 1948 hasta el momento, 1969, en que Rossetti se deja convencer por el portugee... Están también muchos de los que fuera de sus márgenes influyeron o se vieron influidos por ellos. Tantos y todos tan interesante. Ruskin, el crítico más influyente que apoyó a los prerrafaelitas cuando la mayoría abominaban de su obra; personalidad singular y parte de un triángulo amoroso que ruborizó a las jovencitas de la época. Qué obligaría a su esposa Effie Gray a pedirle el divorcio para casarse con John Everett Millais sabiendo que la sociedad le daría la espalda. Está su hermana, Christina Rossetti, tan fascinante o más que Gabriel; el gran poeta Tennyson, Ford Madox Browm, la valiente e inteligente George Eliot, los Browning, la primeras feministas, la pintora Jemima Blackburn...Y cómo no, William Morris y ese maravilloso proyecto de una comunidad de artistas en The Red House, donde miss Siddal tenía que enfrentarse a ese otro ideal de los prerrafaelitas, Jane Burden... 

Ya había leído sobre esta hermandad, pero nunca de un modo tan bello. El estilo de la autora me enamoró. Claro que su historia es fascinante y la de muchos de los artistas que en este libro aparecen, pero la autora lo lleva más allá. Sobre cada personaje hay una palabra, una mirada, un acertado y poético comentario que es como un foco dorado que te lo destaca. Estamos ante un misterio, como decía, el de Elizabeth Siddal y cada cual jugó su papel. Y el papel de la autora es el de tejer la historia con las hebras de oro de la buena literatura. 

Lizie al final me disculpaba por distraerme tirando de tantos hilos interesantes. Sabía que todo en el libro confluía en Ella. Y al fin y al cabo siempre estaba pendiente de Gabriel y lo esperaba tal vez como si fuera Lucy Westenra con su bellísima melena pelirroja refulgiendo en la noche eterna. 

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

domingo, 13 de marzo de 2022


PEYTON PLACE 
de Grace Metalious




Es el rosa el color que más que ningún otro nos recuerda lo que esperábamos que fuera nuestra vida y que nunca será. Es el rosa el color que mejor representa la pérdida de la inocencia. El paso inevitable, cada cual con sus condicionamientos, al entendimiento de lo que es el mundo, las personas y la sociedad que forman, y decidir en qué lado estar, entre los que acatan las normas, aunque sean injustas, o el que tratará de ser íntegro y abrir camino, aunque le traiga indeseadas consecuencias. Tal vez, ni uno ni otro, sino andar entre dos aguas, permanentemente perdido. 

El libro del que hoy os hablo, que tantos secretos desvela de un pequeño pueblo inventado por la autora, pero trasunto de tantos otros, nos muestra el paso a la madurez de dos muchachas que viven en entornos familiares muy diferentes. Un mismo pueblo con apariencia de transcurrir sosegado que parece, sin embargo, no poder más con el peso de los prejuicios, la hipocresía, las mentiras y sus miserias. En Peyton Place,  situado en el norte de Nueva Inglaterra, va a suceder de todo, porque es el momento de que se rompan los conductos. 

Grace Metalious, que creció en un entorno de pobreza, escribía desde niña, pero nunca imaginó que con la publicación en 1956 de su novela PEYTON PLACE alcanzaría el éxito mundial y que de la noche a la mañana millones de lectores devorarían su obra. Menos aún pudo imaginar el escándalo que supondría y que los críticos se ensañarían con su criatura. Se cree que a consecuencia de lo que se formaría en torno a su obra, la autora cayó en el alcoholismo, que la llevaría a la muerte con tan solo cuarenta años. Destroza saber la causa de su fallecimiento cuando lees algunas de las páginas más duras de su libro, en el que describe con gran crudeza, los terribles efectos de la toma continuada de alcohol. 

El problema con PEYTON PLACE es que se atreve a hablar de la sexualidad de las mujeres como no se había hecho antes, del abuso dentro de la propia familia, del aborto, del racismo, de la lucha de clases, del caciquismo... Da unos pasos enormes hacia delante, sacude el polvo de debajo de las alfombras, orea los cuartos enrarecidos abriendo puertas y ventanas y muestra lo que en las familias se venía ocultando y que tanto dolor causaba a sus miembros. Y para más desconcierto, lo hace una mujer. Es una novela que hoy podemos considerar revolucionaria. Si todavía hablar de sexualidad sigue creando incomodidad y si lo hacen las mujeres, más todavía, en los años cincuenta el asombro fue mayúsculo. Grace Metalious pone de manifiesto las indeseables consecuencias de la falta de una educación sexual o lo que es peor, de una errónea educación desde parámetros religiosos y pacata moralidad y cómo los impuestos roles a ambos sexos son causa de confusión y dolor. 

Al escándalo se sumó el maltrato de la crítica. El desagrado ante lo explícito de algunas escenas se le llamó mala literatura. Pero la influencia que tendría a lo largo de todo el siglo veinte en otras novelas, películas y series es incalculable. De la propia novela se haría una película en 1957 y una serie en 1964. En 1959 la autora escribiría una continuación de la que también se haría una película en 1961. 

Dicho lo anterior, solo me queda decir lo principal, que es un libro adictivo de principio a fin. Que su desvirtuada estela no os confunda. Es una novela muy bien narrada, que tiene drama, misterio, secretos inconfesables, es novela de formación, tiene referencias literarias... Os la beberéis sin parpadear.  

Texto y fotografía: Ana Martínez García. 

sábado, 26 de febrero de 2022

LOS CANTOS DE MALDOROR,

de Isidore Ducase,

Conde de Lautréamont


LOS CANTOS DE MALDOROR, del Conde de Lutréamont (Isidore Ducase), cuando se publicaron en París en 1869 pasaron completamente desapercibidos. Durante mucho tiempo quedarían la mayoría de sus ejemplares olvidados y acumulando polvo en un viejo almacén, hasta que los surrealistas en el siglo XX le darían el lugar que le correspondía a una de las obras más atípicas e inclasificables de la literatura universal. Comenzaría así un interés denodado por desentrañarla y conocer al singular autor que le dio vida. Entonces se toparían para su consternación y la de futuros lectores con "la biografía de un fantasma". La mayoría de los datos que se conocen de Isidore Ducase no son seguros. Ni siquiera de la única fotografía que se conserva de él se puede afirmar al cien por cien que pertenezca a tan elusivo y misterioso creador. Se sabe que nació en Montevideo (capital de Uruguay) en 1846, de padres franceses, y que permanecería allí durante once años. Moriría  en Francia con tan solo veintitrés años. Apenas un año después de la publicación de sus Cantos.

Sumergirse en los Cantos es entrar en una pesadilla tan bella y fascinante como atroz. Caer en las profundidades de su poesía te ahoga en dolor, en horror y en belleza. Como decía en el párrafo anterior se dice de esta obra a menudo que es inclasificable, y, en efecto, así es. Todas las palabras que se utilicen para definirla caen como mojadas, sin la suficiente fuerza ante semejante creación sin igual. Tan solo OBRA MAESTRA se ajusta a la perfección a su inconmensurable grandeza. 

En esta pesadilla nos advertirán en un principio para que no sigamos con la lectura. Conoceremos a Maldoror, que es un criminal de una gran crueldad, y a otros seres de diferentes naturalezas. Algunos nos darán asco como los piojos, otros nos causarán espanto o pena. Hay seres crueles y otros inmersos en un dolor insoportable. Junto a nosotros sentiremos como a una consciencia que puede ser la que va de la vigilia al sueño y que contempla lo mismo que los lectores, pero sabiendo mucho más; el espanto ante lo que ve y la debilidad que le causa la sentimos con este ser. Es una consciencia que entre tanto horror, de algún modo nos acompaña y alivia y con la que empatizas por su conmiseración. Lo más asombroso para mí de los Cantos es cómo Lautréamont nos introduce esta voz que no sabemos desde cuándo está, ni quién es exactamente. 

Los Cantos es un enfado terrible, un dolor, un desgarro poético por la crueldad del ser humano: "Obtenga una victoria desastrosa o sucumba, el combate será hermoso; yo solo contra la humanidad". Hay, por tanto, también un reproche brutal contra el Creador, al que zarandea y se le baja de su divinidad con imágenes que llegan a ser hasta grotescas. Quien crea a una criatura como el ser humano, debe ser alguien aún peor. Hasta el propio demonio desprecia a Dios por su proceder. 

Es esta una obra para leer despacio, no olvidando que estamos dentro de una pesadilla y sus leyes no serán las mismas que las de la realidad o las de otra obra menos atípica. Es conveniente salir a respirar para apreciarla mejor, para pensar en lo leído. No te puedes quedar en la superficie, porque te pierdes gran parte de su grandeza, pero adentrarte en sus profundidades, te ahoga. Es, sin duda, fascinante, y si te dejas llevar, es de una enorme y oscura belleza, que se adelanta a su época. Precursora del surrealismo, pero también en su mirada comprensiva y de conmiseración con los seres despreciados por la sociedad, como las prostitutas, los vagabundos... En todo ello encontramos algo muy destacable y encomiable. Es muy sorprendente que un muchacho tan joven escribiera algo tan diferente a todo lo que se había escrito hasta entonces, con ese desaliento y enfado por la maldad del ser humano. Como no podía ser de otro modo, Baudelaire es una gran influencia, pero Lautréamont logra crear con su talento singular un universo nuevo. Y su influencia en escritores futuros será enorme también. Llegando hasta nuestros días, es imposible no ver a Mircea Cărtărescu, uno de los mejores autores actuales, en algunos de sus pasajes.  

Texto y fotografía: Ana Martínez García.